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Ciclismo antiguo

Su majestad el Agnello

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WorldTour 2022 – TopPost

En junio de 1994 el Giro de Italia caminaba magullado por las emociones de los Dolomitas. Berzin, en rosa, había pasado las pruebas más duras, correr casi en solitario frente a Miguel Indurain, el doble y triple ganador de Giro y Tour, y Marco Pantani, el paradójico escalador romagnolo, que no subía volaba y casi tan liso como la alopecia que engañaba sobre su edad. El asalto a los Alpes se hizo por Cuneo, otra de las grandes villas piamontesas, y acababa en Les Deux Alpes, cima que perpetuaría Pantani cuatro años después.

Por medio desde Chianale se ascendía un coloso cuyas dimensiones hablaban claro: 2744 metros y una subida casi ininterrumpida de 51 kilómetros. Envuelto en la locura, Pantani saltó de lejos, en el susodicho Colle dell´Agnelo, como corresponde llamarlo, por estar en la vertiente italiana la clásica, la de siempre. Pantani aquel día pereció,pero abrió un corto romance con el sitio, seis años después granjearía en la subida las bases para la posterior victoria de su delfín Stefano Garzelli minando la resistencia de Francesco Casagrande.

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El el 94 Pantani volvió al grupo, neutralizado, pero había puesto la pica en la cima sombreada por el mítico Monviso, cuya silueta dicen inspiró el logo de la Paramount, algo que incluso preguntándole a los responsables de la cinematográfica ni siquiera admiten. El pelotón del Giro, a comando de una maglia rosa tan sólida como la de Stven Kruijswijk, caminará por las faldas de célebre pico de cuya entraña surgen las aguas del Po, el río que atraviesa la parte continental de la bota itálica para morir en el Adriático.

En la misma dirección que el río turinés, cuenta la leyenda que atravesó Aníbal al “galope” de sus elefantes camino de Roma en la Segunda Guerra Púnica. Son los cuentos, las fábulas de su majestad Agnello, un poco más bajo que el Stelvio y el Iseran, pero rey con trono en la corte de grandes cimas del ciclismo.

Por donde suben, por sus curvas de ingeniería de caminos, el que fuera ciclista, hoy caricatura de sí mismo por los chiringuitos televisivos, Oscar Pereiro se cayó y cortó la respiración en aquella famosa etapa del Tour que Simon Gerrans destapó la ingeniudad de Egoi Marínez. Por donde hoy suben el Giro pasó a Francia, como hoy, camino de Briançon, con Yoann Le Boulanger al frente en 2007, el Giro del terrible Di Luca.

Es su majestad Agnello, la menos conocida, pero la más dura, una de esas cimas que el ciclista lleva grabada en las piernas de por vida, en las piernas y en los ojos, porque sus paredes nevadas empequeñecen el alma. El Bkool lo tienen para que lo experimentes en tu mismo salón.

Imagen tomada de killingmontezoncolan.blogspot.com

INFO

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Hay un Giro latente, más próximo, entre nosotros, para algunos imperceptible, pero para otros, un reto mayúsculo. Se corre en salones, desvanes, habitaciones, jardines y garajes. Entornos domésticos. Y no de Italia, también de aquí, en España, y por medio mundo.

Para este Giro, Bkool ha lanzado la primera edición virtual de la gran ronda italiana, una forma nueva de entender el ciclismo, sin horas, ni horarios, ni lluvias que estropeen las salidas, ni inclemencias que perjudiquen.

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Ciclismo antiguo

Marino Lejarreta siempre viajó en la clase noble del Giro

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WorldTour 2022 – TopPost

En el Giro Marino Lejarreta hizo grande su historia

El marationano Marino Lejarreta, el bien llamado “junco de Berriz, ha sido una de las grandes personalidades del ciclismo español en el Giro de Italia. E

l ciclista vizcaíno firmó siete participaciones en la grande rosa y todas las concluyó entre los diez primeros.

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A esa benigna estadística, cabe añadirle que en cuatro de esas ediciones, Lejarreta concluyó las tres grandes el mismo año.

Su historia con Italia viene de dejos, del mismo momento que comprendió que allí podría tener una salida natural a su talento en una grande que le iba como anillo al dedo.

En ese tiempo conoció con monstruos como Saronni, Moser, Hinault, Roche y Visentini, entre otros.

 

Corría el año 83, el joven Marino debutaba en el Giro recién llegado de una Vuelta memorable en la que tuvo que declinar ante Hinault. Al fin, el de Berriz se veía en el Giro: “Llevaba cinco años de profesional pero hasta la fecha nunca había estado en el Giro, sí en alguna clásica italiana. Era una prueba que me apetecía mucho conocer”.

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Con los colores del Alfa Lum, cierto sinsabor recorrió el cuerpo de Marino en su debut. Fue la edición que ganó Saronni y el recorrido dejó mucho que desear. “Fue una carrera muy suave –recuerda-. Se desvirtuó algo la idea que tenía de la carrera con esos grandes puertos de los que tanto había oído hablar”. En el balance, amén del sexto puesto, destaca la segunda plaza en Val Gardena donde perdió ante Mario Beccia, “me ganó al sprint tras haberlo intentado a 2 kilómetros” rememora. Un año después ganaría en ese mismo escenario, “mi día más feliz en Italia” admite. Allí vivió también uno de sus días más duros: “Bajábamos con frío y nieve y lo pasé muy mal. No controlas la bici, te duelen las manos y nunca ves el final”.

Para Marino “el ciclismo que se ve en el Giro es el típico italiano, muy de clásicas. Se ejerce un gran control por parte de los equipos de velocistas y uno se da cuenta que luchar contra eso es absurdo. La batalla suele platearse al final, sobretodo cuando la televisión entra en directo”.

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Ese ciclismo a la italiana también se prolonga en las cuentas. Marino, muy querido siempre en Italia, no escatima elogios: “El público italiano es ciclista de toda la vida. No suele ser muy joven, pero sí muy entendido. Posiblemente sea el mejor que haya”. De sus siete Giros se declara admirado por “las Tres Cimas de Lavaredo. Estábamos a un kilómetro de meta y veía tanta gente montaña arriba que pensaba que habían subido más allá de meta”, para su desgracia el gentío se acaba en meta.

El Mortirolo es la subida más dura, pero fue en la Marmolada donde vivió un auténtico calvario en 1991. Ese día descubrió a uno de los corredores que más le ha impresionado: Franco Chioccioli. Lo mismo reconoce de Gianni Bugno, “ganó su Giro con una pierna” recuerda, y de Bernard Hinault.

Marino en el Giro

1983: 6º

1984 y 1987: 4º

1985 y 1991: 5º

1989: 10º

1990: 7º

Dos etapas ganadas

 

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Ciclismo antiguo

El casi pleno de Miguel Indurain en el Giro de Italia

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WorldTour 2022 – TopPost

Indurain en el Giro: dos victorias y una tercera plaza 

Sólo con esa estadística tan apabullante, uno toma conciencia de la naturalidad con la que ganaba el mejor ciclista español de la historia. Una naturalidad, sea dicho, no exenta de sufrimiento y obstáculos.

Indurain tuvo su estreno en el Giro en 1992, llegaba como ganador del Tour y un saco de incógnitas sobre sus opciones.

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Preparar su segundo asalto a la Grande Boucle era su único objetivo en Italia pero, ganó: “Llegué con la incertidumbre propia de quien llega a una carrera que no conoce. Todos me comentaban que era una carrera muy a la italiana, donde los italianos atacaban mucho. Mi idea era preparar el Tour, aunque si la carrera se ponía tiro no se podía desaprovechar. Una vez salvamos la primera parte nos dimos cuenta de que podríamos luchar por la victoria”.

Se vistió de rosa en Arezzo y reforzó su liderato un día después en la crono de Sansepolcro.

Reconoce que “no fue una victoria fácil por que en definitiva no dejas de ser un rival para todos los italianos”, pese a ello reconoce haberse sentido “muy bien acogido por el público.

En alguna ocasión se oía hablar de alianzas entre corredores italianos –sobretodo en su segundo Giro- pero al final cada uno fue a lo suyo”.

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Recuerda haberse sentido muy impresionado por los Dolomitas: “Son realmente impactantes por la cantidad de roca que se ve en las montañas y el gran ambiente que rodea la carrera. Son puertos que no tienen nada que envidiar a los del Tour”.

Un puerto, por encima del resto, es el más duro a su entender: el Mortirolo.

Pero no es el único: “El Stelvio no tiene tanto desnivel pero su longitud lo hace muy duro. La característica de las etapas de montaña del Giro es que los puertos se suceden casi sin descanso”.

Mortirolo y Stelvio son dos cimas que entraron en aquella fantástica jornada de ciclismo que fue la 15ª etapa del Giro de 1994 entre Merano y Aprica.

Un día extraordinario que hizo vivir a Miguel todos los estados del ciclismo, de la euforia del Mortirolo al calvario del Valico di Santa Cristina. Sobre aquel día ha sido peguntado mucho: “Fui muy bien, pero se me olvidó hidratarme y lo pagué caro”.

Indurain pasó de acariciar el rosa que vestía Berzin a despedirse de él, en espacio de media hora fruto de una tremenda pájara que sepultó sus opciones en el que podía haber sido su tercer Giro.

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Sobre lo que rodea a la carrera está totalmente de acuerdo con que nos contó Marino Lejarreta hace unos días: “Para Italia el Giro es una fiesta. En mi época veíamos pueblos enteros que dejaban de trabajar por ver la carrera. No obstante la gente no sólo vive el Giro, sino todo el calendario en general. Sea en el norte o sur, siempre hay mucho seguimiento”.

Miguel en el Giro

1992 y 1993: 1º

1994: 3º

Cuatro etapas

 

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Ciclismo antiguo

Cuando Moser robó todo un Giro a Fignon

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WorldTour 2022 – TopPost

Aquel Giro del 84 a favor de Moser olió mucho

Francesco Moser sigue siendo un hombre con poder en el ciclismo.

Desde su cargo en la Asociación de Ciclistas Profesionales ha trepado hasta conseguir que su voz tenga cierto peso.

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En ocasiones habla de ética, buenos modos. Omite su pasado, como otros tantos.

Un pasado que habla de una edición del Giro escandalosa, la de 1984, la de hace casi 40 años, cuando le robó con todas las letras la carrera a Laurent Fignon, aquella sensación rubia que fue a Italia a ganar y no a rodar como tantas otras figuras.

A inicios de 1984 Moser había batido dos veces el récord de hora, aquello que l distinguió por encima de otros logros, luego ganaría en San Remo. Vicenzo Torriani le había dibujado un Giro a su medida, con la única inclusión del Stelvio como gran dificultad.

Eran los años de los “Giros de mierda”, asumidos como único expositor de sus estrellas, ajenos al mínimo decoro y equilibrio.

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De salida los dos cocos, Fignon y Moser, se pusieron los galones.

Un mal momento en Blockhaus alejó al francés de vanguardia.

A los pocos días Fignon devolvía el golpe.

Consenso en el pelotón: Baronchelli, Panizza y Argentin protegían a Moser.

La carrera caía a partir de entonces en una serie de desdichas.

A causa de una caída colectiva en un túnel mal iluminado, los italianos armaban una huelga en la base de la subida de Pisticci, donde Fignon quería atacar. Al poco organización decretaba impracticable la subida al Stelvio  “a causa de una nevada”.

Aquella fue una información desmentida por una fotografía de un diario local que probaba que la ruta estaba totalmente limpia. El itinerario alternativo evitaba el paso por Aprica

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El director deportivo de Renault, Cyrille Guimard, se declaraba estafado pero Fignon no desistía. Lo probaría en Selva di Val Gardena hasta un inoportuno salto de cadena a seis kilómetros de meta.   Roberto Visentini se vestía de antihéroe y no se escondía al acusar a los organizadores de favorecer Moser.

“Este Giro es un burdel, una farsa. Se ha decidido que Moser gane a cualquier precio. Siento nauseas”. Dijo ganándose de la repulsa de los aficionados.

Camino de Arabba, Fignon volvía a armarla, ahora a 50 kilómetros, sacándole 2´19´´ a Moser, quien tenía auxilio extra, hasta empujones del público.

La última crono de Verona presentaba a Fignon con 1´21´´ sobre Moser, quien bajo la supervisión del profesor Conconi, había modificado la forma de abordar las cronos mediante una bicicleta entonces revolucionaria, con cuadro elevado, un manillar con los cuernos de vaca y ruedas lenticulares de diámetros diferentes.

Contra todo pronóstico Moser relegaba a Fignon a 2´24´´. Luego se supo de las ayudas del helicóptero de RAI propulsando al trentino.

Como decimos de aquello han pasado 28 años, pero la vergüenza de saberse ganador en tales circunstancias no prescribe. Aquel Giro figura en el  palmarés de Moser, pero ¿se sabe ganador en buena lid?. Lo dicho hay gente de otra pasta.

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Ciclismo antiguo

El Ventoux no admite bromas

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WorldTour 2022 – TopPost

Las historias del Tour en el Ventoux hablan de respeto impuesto

Aquel Tour iba camino del desastre en las mismas lomas del Ventoux.

A unos 2 km de su cima encontramos otro auténtico tesoro para el cicloturista: el monumento a Tom Simpson, lugar de peregrinación para todos los aficionados al ciclismo que, desafiando las duras rampas del Gigante de Provenza, se acercan hasta aquí, con reverencia y respeto, y suben los peldaños que dan acceso al monolito para depositar ofrendas de todo tipo: bidones, maillots, banderas, hasta piedras con la fecha escrita con rotulador… tal y como manda la tradición.

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En el recuerdo, la muerte en estas rampas del inglés Tom Simpson, en el Tour de Francia de 1967. Aquel día Tom ya se había levantado mal, no se encontraba bien, pero decidió correr lógicamente por dinero. Tenía que acabar al menos entre los cinco primeros para asegurarse los critériums post-Tour. Tom cayó hasta tres veces antes de la definitiva

Los espectadores y el mecánico de equipo lo subieron literalmente a la bici mientras el inglés se convulsionaba con espasmos. Aún pedaleará unos 300 metros más, completamente hipnotizado, con la cabeza inclinada antes de caer definitivamente al asfalto. Cuando llegó el médico, ya estaba muerto.

Aún y así le hace el boca a boca y le aplica un masaje cardíaco. Incluso le suministra solucamphre, un potente estimulante cardíaco. Demasiado tarde. La organización del Tour comunicó oficialmente que murió durante el traslado al hospital. Falso.

El final ya lo conocéis. Se le encontraron en los bolsillos del maillot anfetaminas y se le demonizó y utilizó como referente en la lucha contra el dopaje. Pura hipocresía. Sólo asistió un corredor a su funeral en Inglaterra: Eddy Merckx, su amigo y compañero en el equipo Peugeot.

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El propio Merckx sufrió en sus carnes el martirio del coloso. El 10 de julio de 1970, y a la misma altura del monumento a Tom, el belga está a punto de explotar, quedando al borde del colapso. No pedalea. Sus piernas tiemblan y a la llegada se desploma literalmente sobre los brazos de un policía: “siento como un fuego en el pecho”, fueron sus palabras antes de subir a la ambulancia.

Estas historias, y muchas más, han forjado la leyenda del Mont Ventoux, y es que su nombre lo dice todo, ya que es con diferencia la montaña donde más sopla el viento: el mistral puede superar fácilmente los 200 km/h. Aunque parezca mentira, nadie se pone de acuerdo ni en su altura ni longitud exacta. Algunos dicen 1905 m. Otros 1909.

El Tour le da 1912 m en su libro oficial, pero Armstrong dice que “parece más alto.

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En su paisaje lunático (la característica cima “nevada” debido al color blanco de fragmentos de roca calcárea) sólo viven algunas extrañas especies de flora y alguna que otra víbora. La montaña también padece fuertes contrastes de temperatura en verano: las zonas más bajas pueden llegar a convertirse en un auténtico horno y sin embargo en la cima puede hacer frío. La diferencia a veces puede llegar a los 30ºC.

Otras curiosidades: el poeta florentín Petrarca realizó una primera incursión en el año 1336. Posteriormente lo consagraría con una oda. En su cima ya existía un observatorio meteorológico desde 1894, y en 1902 se corrían carreras automovilísticas en sus curvas. ¡Ah! Y en el Chalet-Reynard, a 6 km de la cima, se hacían tortillas de trufas.

Por Jordi Escrihuela

Imagen:A.S.O./Aurélien Vialatte

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📢📢📢 "tras tantas críticas, Mikel Landa está ante la oportunidad de su vida" @IgorAntonH

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De mayor quiero rodar como Dries De Bondt
Para quienes hace no tanto decían que Alpecin eran VDP y cía
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