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Mundo Bicicleta

“Si queremos Ciclismo 2.0 necesitamos Directores 2.0” por Mikel Zabala

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El ciclismo de ruta es un deporte con un legado histórico excepcional, tanto para lo bueno como para lo malo. Hemos heredado grandes gestas, grandes hitos, pero también hemos heredado grandes vicios. Y en esta ocasión no hablamos exclusivamente del fenómeno del dopaje. Paradójicamente, al menos en el ciclismo profesional de carretera, estamos es un momento de imagen que ojalá esté comenzando a remontar el vuelo cual ave Fénix irremisiblemente mientras a la par se puede afirmar que este deporte jamás estuvo tan limpio como lo está ahora. Es decir, pésima imagen y mejor salud que nunca (¿será La Vuelta 2012 el punto de inflexión que tanto llevamos esperando muchos?).

Pese a que algunos pesimistas afirman lo contrario sin datos en la mano, heredando también ese falso consenso de que todo está mal, todos se dopan…, los datos objetivos de velocidad media, velocidad de ascensión, potencias críticas desarrolladas o los resultados del proyecto “Prevenir para Ganar” de prevención de Dopaje, dicen que estamos afianzados en la buena línea. El ciclismo parece que puede haber tomado una nueva senda, la senda de la credibilidad.

 

Sin embargo, esta senda está llena aún de piedras que nos quieren hacer tropezar. Una de ellas es la del Director 1.0, que aún existe alguno. Realmente este concepto parte de la idea del pretendido Ciclismo 2.0 como aquel que promulgue la abolición de todo cuanto nos ha llevado por el camino a la perdición  y del bien definido “deportista 2.0”  como base de un contexto abierto, transparente, colaborativo, que posibilite un ciclismo que recobre la credibilidad que creemos merece.

Así, asumiendo que se demanda este “ciclismo 2.0” para poder sobrevivir a los batacazos pasados ganados a pulso, para que esto funcione no sólo necesitamos “deportistas 2.0”, “médicos 2.0”… sino primero y ante todo, imperiosamente, necesitamos  “directores 2.0”.

En honor a la verdad, el director es el máximo responsable de lo que acontece en su equipo y quien contextualiza las interacciones entre sus elementos. Contrata a las personas atendiendo a su perfil y determina sus funciones. Es, o debe ser, el mayor responsable del funcionamiento de un equipo.

En el pasado hubo y hoy hay directores que pueden considerarse 2.0 y en el futuro seguirán existiendo los 1.0. No es cuestión de momento histórico sino de una decisión personal y profesional. Se trata de aceptar y trabajar por ese reto colaborativo que es el “ciclismo 2.0”.

Pero, para entender mejor de qué estamos hablando, comparemos en clave irónico-humorística, todo lo que el Director 1.0 puede aglutinar como si de un “Torrente del ciclismo” se tratara, y aquello que el Director 2.0, verdadero coach, debiera pretender:

Director 1.0

El “torrente”

Director 2.0

El “coach”

Confecciona el equipo en base al rendimiento de cada uno de sus integrantes individualmente (los ciclistas más fuertes, el médico que “hace andar más” a los corredores, el masajista que da mejor masaje… Además de al rendimiento deportivo atiende a la ética profesional y a crear el mejor clima de equipo en todas las contrataciones. No quiere a un masajista,  médico… “manchado” ni con mala reputación.
No recurre a un preparador físico, el médico sabe perfectamente qué hacer en cuanto a entrenamiento. Recurre a un equipo de profesionales del entrenamiento para planificar la temporada. Escucha a estos compañeros que le dan valiosa información sobre quién está mejor, pero y porqué. Controlan las cargas y recuperaciones de los corredores para que no lleguen “tostados” ni “verdes” a las competiciones atendiendo también al factor psicológico y personal de los corredores.
No planifica las competiciones a las que inicialmente asistirán sus corredores, ni las rotaciones, ni los periodos de descanso. Es mejor ir “sobre la marcha” según quién esté mejor en ese momento o la necesidad que surja. Planifica con los corredores de acuerdo a su perfil y circunstancias y con la ayuda del equipo de técnicos. Puede haber cambios, pero atienden a criterios y no a subjetividad o aleatoriedad.
El mando directo, hacer las cosas “porque lo mando yo” es su lema. Cree eso de “mejor que te tengan miedo que respeto” es la herramienta. Es reflexivo y hace reflexionar. Manda sin mandar, por su propio ejemplo. Es líder y es respetado porque respeta. Se basa en la explicación y en la lógica, no en el dogma de Fe. Necesita que los corredores comprendan las cosas para llevarlas a la práctica con éxito.
Cuanto menos pague a mis corredores y auxiliares, más margen me queda para otras cosas. Incluso, según quién es preferible que firme por una cantidad y luego cobre mucho menos… Paga justamente a los corredores o al menos según criterios, procura tenerlos contentos y satisfechos con su remuneración.
Repite viejas recetas porque siempre se ha hecho así. Odia la innovación o recurrir a la ciencia, a no ser que sea en pastillas o intravenosa (si se puede). No repite recetas sin fundamento, toma lo que tiene éxito y trata de mejorarlo. Recurre a la ciencia basada en la ética y no se fía de “vendedores de humo”. Se mantiene al margen de “pseudocientíficos” y busca respuesta a preguntas y problemas concretos a mejorar. Cree lo que ve o entiende.
No quiere que el ciclista estudie ni sea crítico o reflexivo, “no te pago para pensar”. Quiere que el ciclista piense por sí mismo con criterio, que sea responsable de sus actos. Quiere que opine constructivamente, que trate de sumar aunque inicialmente suponga una divergencia.
Ve en el pinganillo la forma de jugar con sus cochecitos de “Scalextric”, no la de enriquecer la táctica o mejorar la seguridad de sus corredores. Si hay pinganillo se le saca partido con feedback específico, poniendo orden, y arropando a los corredores. Si no lo hay no pasa nada, ya sabemos qué tenemos que hacer. Aún así, no se censuran comportamientos nobles y valientes, siempre que tengan fundamento, aunque puedan no salir bien. Se analizan las carreras a posterior destacando lo que se ha hecho bien y aquello que se podría mejorar, siempre asertivamente.
Cree que ser director es “llevar el volante” Ser director es ser la batuta en todo, el máximo responsable, quien establece las pautas en todos los sentidos, fuera y dentro de carrera.
Cree que la bici de CRI es como el traje de su boda, sólo para las ocasiones. Lo de preparar la CRE ya es cosa de locos, menudo lio! La CRI y CRE tiene un secreto: trabajo sistemático y organizado, pero requiere tiempo y se trabaja sin prisa en los momentos en que se puede y en los que se debe.
Cree que entrenar elementos técnico-tácticos es “una mariconada”. Cuando hay piernas, hay piernas. Trabaja específicamente el relevo, los abanicos… y además les da un sentido táctico para que los ciclistas sepan reaccionar según las circunstancias de carrera.
En las cronos grita como un verraco, el ciclista ni le entiende. Mejor, solo dirá “vamos, vamos”, “venga, vengaaaaaaa” y como mucho “esto se hace pelota”, “un poco más a la izquierda”. Su feedback será casi siempre inespecífico. En las cronos sabe adaptarse a cada corredor para sacar su 100%, sabe que cada uno es distinto y debe tratarlo como tal. Motiva, da instrucciones concretas, se anticipa a lo que ocurre, grita para animar si es necesario, y su feedback es fundamentalmente específico acerca de regulación del esfuerzo, pedaleo, desarrollo, trazadas… aderezado con el motivacional.
En la CRE se verán los “tirones”, “arrancadas”, “demarrajes”, “quasiafiladores”, trazadas antinaturales, relevos mínimos o interminables… vamos, lo que en algún Tour incluso hemos visto. El equipo funciona como tal y nadie “revienta” a los demás por mala ejecución. Los relevos en cantidad y calidad se adaptan a cada potencial individual y a las características técnicas de cada corredor. Se saca el 100% de cada uno y por tanto del equipo.
Si no tiene estudios dirá que tampoco es necesario formarse, para eso contrata a los mejores en lo suyo. Aunque no tenga estudios se forma y su actitud es de curiosidad, de mejora constante. Procura rodearse de gente mejor que él. No sabe de medicina o biomecánica, pero sabe discriminar si sus profesionales son buenos o no. No le dan gato “por liebre”.
En carrera tomará decisiones a capricho, aunque ello suponga “quemar” a uno o varios corredores. Es que “por mis güevos no se escapa nadie de este otro equipo” (será por los huevos de sus corredores). Sus decisiones en carrera atienden a criterios y a lógica. Nunca castiga a sus corredores en represalia por algo mal hecho ni entra en disputas inútiles con otros corredores. Se lleva bien con los demás  y colaborador si es posible.
No hará reuniones para preparar la etapa del día siguiente, y si lo hace será vaga y en la misma mesa de la cena. Realiza reuniones escuetas, concisas pero suficientes para que los corredores conozcan lo que acontecerá al día siguiente. Analiza con ellos en una habitación adecuada dando pie a sus aportaciones. Incluye soporte audiovisual si es necesario.
No dejará claros los roles en carrera de todos y cada uno de sus corredores porque “la carrera manda, nunca se sabe, hay que estar preparado”, excepto para los que bajarán a por agua (que luego acabarán siendo otros). Los roles de los corredores están claros y son inequívocos, nadie puede “hacer la guerra por su cuenta” sin quedar en evidencia. La nobleza y respeto a los roles asumidos es fundamental.
Fomentará que sus corredores puedan rivalizar entre ellos o que cada uno vaya a hacer su “puestecillo”, la falta de solidaridad, ya que no premia al “noble” y “compañero” sino el frío resultado, o al menos no reprenderá lo anterior. Se fomentará el compañerismo, la lealtad y la amistad, así como la alternancia de roles si es posible para satisfacer el desarrollo del potencial de cada corredor y sus objetivos.
Fomentará que se “pierda” material durante la temporada y, aún habiéndolo de sobra, llevará al extremo de la vejez los culottes de los corredores que “anden menos” o “me caigan peor”. Controla que los inventarios coincidan con lo existente y su responsable hace que a nadie le falte nada que se considere deba tener. No discrimina a nadie ni genera distinciones sin fundamento o sin necesidad.
Cuando los resultados no salgan soltará improperios y basará su feedback en la presión a sus corredores. A buenas no se consigue nada. Asume y aprende de la derrota, que ha sido cosa de todos. Sabe sacar lo mejor de cada uno de forma positiva.
Cree que eso del “coaching” es un palabro en inglés de “maricones”. Todo se arregla “echándole un par de…”. Es un verdadero “coach” aunque quizás no lo sepa. Hace que los deportistas lleguen a sus soluciones porque les escucha mucho y les induce a que se respondan sus propias preguntas. Cree que debe formarse en liderazgo positivo, coaching e inteligencia emocional. Es una persona que “engancha””, empatiza y saca el compromiso de gente por la causa común.
Le encanta hacer rallye en carrera con su coche, preferiblemente de alta gama. Vamos “en carrera” dice… y no piensa si puede atropellar incluso a uno de sus ciclistas. Es responsable al volante y se pone en el lugar de los demás que comparten la vía con él, especialmente ciclistas.
Siente que si no da un “bidón largo” es un “directorcillo”. Eso y “meter el coche” para volver a pillar “sin ton ni son” y siempre que se pueda es de “sabios”. Ah! Si mi sprinter se engancha al coche en las subidas es normal, siempre se hace… Evitará toda “trampilla” que tan poco gusta a los árbitros y jamás permitirá que nadie se enganche indecorosamente al coche. Además no solo no se ve como “un pardillo” sino que se siente mejor director así.
Ve en los árbitros a “los malos”, los enemigos a los que hay que engañar y llevar al límite de su paciencia. Los árbitros están haciendo su trabajo y nos pueden ayudar. Se debe colaborar con ellos y facilitar su ya de por sí difícil tarea.
Los demás directores son jilipollas y no tienen ni idea. Él es el mejor y el que más sabe. Los demás directores son compañeros e incluso pueden ser amigos. Aprenderemos de todos y respetaremos a todos para convivir y recibir todo lo bueno que se haga de vuelta.
No se comunica fluidamente con sus corredores, son “los otros”. Se comunica fluidamente con sus corredores y técnicos, son eslabones de la misma cadena que hay que atender y tener “engrasados”. Son compañeros que quieren el mismo objetivo.
La imagen no nos hará ir más rápido, hay que cuidar que el patrocinador se vea bien cuando se gana y se sale en la foto. No se preocupa por la imagen de su equipo, lleva las cadenas de oro saliendo del pecho y no sabe el significado de “cool”. La imagen es fundamental. No sólo hay que ser bueno sino también parecerlo. Los patrocinadores quieren una imagen cuidada, tenemos que gustarnos y gustar, estar orgullosos e identificarnos con la imagen. A ser posible todo detalle ha de ser tenido en cuenta; para ello y puede priorizarse un patrocinio de una marca de material frente a otra por cuestión de calidad y de estética frente a aquella “que nos da más”.
No es defensor de hacer cenas o actividades fuera de temporada, no es importante socializar el grupo y “hacer una piña” si no se está pedaleando. Cree en el “team building”, en socializar y dinamizar el grupo fuera de competición. Le importa “ser una piña” y propiciar un buen ambiente de equipo porque lo considera esencial.
Prefiere contratar a su “amigo mecánico” que a un “mecánico amigo”, y se jacta de que “no ha venido a hacer amigos”. Cuenta con los mejores profesionales teniendo en cuenta su personalidad, carácter, ética profesional, valores… para que sumen incluso sin pretenderlo. Del trabajo colaborativo, respetuoso y profesional pueden salir grandes amigos, pero no es lo principal.
Trata sólo con uno o, como mucho, dos representantes de corredores por propio interés, pretendiendo sacar algo en los fichajes. Escucha a todo aquel que llama a su puerta para ofrecer un producto que pueda hacernos mejorar, puede que sea interesante de verdad. Huye de “trapicheos” y de “verdades a medias”. La claridad y el respeto van por delante. Sabe dejar de ganar un poco hoy para poder ganar mucho en el futuro.
No interesan ciclistas con estudios ni que lean, eso no hace ir más rápido sobre la bici. Le  interesa que sus ciclistas sean personas que satisfagan sus inquietudes, que lean, se formen y cultiven su mente. Todo ayuda encima de la bici y fuera de ella (en entrevistas, relación con los compañeros…)

 

Y aunque hemos caricaturizado el extremo del Director 1.0 respecto al Director 2.0, creemos que el cambio hacia la nueva versión más moderna debe darse por necesidad. Siempre hubieron algunos directores 2.0 y seguirá existiendo algún 1.0, pero debemos tender a un ciclismo más culto, más “cool”, más colaborativo, más ético, donde el deportista como persona sea el eje de todo y la proyección hacia el exterior sea acorde con lo que la sociedad demanda.

Si sigue predominando el director 1.0, cosa que aun preocupa, debemos hacerle mejorar. No es el enemigo, es una versión antigua a la que podemos hacer evolucionar. Será por el bien de todos. O eso, o seguir muriendo poco a poco.

 

Por Mikel Zabala (@zabalamikel) es técnico y Coach de Ciclismo, Director técnico de la RFEC hasta Pekín 2008, Profesor y Vicedecano en la Facultad de Ciencias del Deporte de Granada

 

Foto tomada de www.elmundo.es

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8 Comentarios

8 Comments

  1. david

    20 de septiembre, 2012 En 23:22

    Otra pregunta, para quién lo lea.

    ¿Para quién tiene mala imagen el ciclismo?

    En caso afirmativo ¿Por qué?

    Señor Vega, ¿se podría hacer una encuesta sobre este tema entre sus lectores habituales?

    • Ibán Vega

      20 de septiembre, 2012 En 23:31

      Hola David. No sé si te refieres a quienes ven mal el ciclismo o los motivos de su mala imagen. Me parece un bien ejercicio de introspección

  2. Raul

    21 de septiembre, 2012 En 12:25

    AMEN

    • David

      21 de septiembre, 2012 En 17:36

      Me refería a los que tienen una mala visión del ciclismo y qué les induce a ello.

      Pura curiosidad, nada mas.

  3. Juanma Marrero

    22 de septiembre, 2012 En 10:07

    Muy bueno el articulo,veo que trabajaste con la RFEC por eso estoy seguro que sabes la solución para que no hallan tantos «directores torrentes» además es fácil y los estamentos lo tienen en sus manos,la solución no es otra si no CUMPLIR EL REGLAMENTO, ahí deja muy claro la titulación que has de tener para ser Director Deportivo según la categoría , Entrenador Nacional para Sub 23 Elite y Elites UCI eso se cumple? No digo que por ser titulado no seas un «torrente» pero esteras conmigo que la limpia seria considerable…

    Saludos

    Juanma Marrero.

  4. pepe garcia

    23 de octubre, 2012 En 10:05

    Jajajajaja, qué hipocresía que lo diga Mikel Zabala, el entrenador de Janet Puiggross, la corredora catalana que dio positivo por Epo, antes de ir a las Olimpiadas de Sydney 2000.

    • Ibán Vega

      23 de octubre, 2012 En 10:21

      Pepe, no sé si Mikel Zabala era su entrenador entonces, pero Janet dio positivo en 2004 antes de Atenas

  5. dani

    25 de noviembre, 2013 En 17:35

    La descripción del 2.0 se ajusta a lo que se ve de Bjarne Riis en el documental ‘Overcoming’ , sobre el CSC del 2004. ( otra cosa es cómo es en realidad)

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Ciclismo antiguo

Tirreno-Adriático: Herminio Díaz Zabala fue almirante entre dos mares

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Herminio Díaz Zabala Tirreno JoanSeguidor
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Cuando Herminio Díaz Zabala ganó toda una Tirreno-Adriático

Si en los años recientes nos hemos acostumbrado a ver a ciclistas españoles hollar nuevas dimensiones, hubo un tiempo que ciertos cotos parecían vedados a los nuestros.
Una de las mejores carreras del calendario, la Tirreno- Adriático, que arranca ya de costa a costa, por el ancho de la bota transalpina, no tuvo acento hispano hasta que aquel ciclista de generosa entrega llamado Herminio Díaz Zabala logró el éxito en el año 1991.
Hace treinta años, ya.
Y es que en el libro de oro de la ONCE, Herminio ocupa plaza afortunada.
Compañero de Perico en su Tour triunfal, le dio al cuadro dirigido por Manolo Sainz su primera gran victoria, esa que dicen nunca se olvida, con una etapa en la Vuelta a España de 1989 con final en Benicassim.
Sin embargo si hubo una victoria que este cántabro pudo saborear con excelente tino fue esa Tirreno que acabó embolsando en un palmarés asimétrico en cantidad respecto a la calidad humana y derroche que generó a favor de otros.
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En esa edición de la Tirreno Herminio debió correr con el pálpito desde el inicio pues entre Pompeya y Octaviano ya estuvo ojo avizor insertándose en fuga buena con muy buenos elementos rodeándole, tales como Taffi, Ghirotto, Wegmuller o Raúl Alcalá. Tercero en esa jornada el equipo decidió trabajar la inesperada baza del ciclista cántabro.
De esta manera la carrera estuvo atada hasta la crono final de San Benedetto del Tronto, ese lugar ya fijo en la carrera, donde Herminio sólo era superado por Erik Breukink, entonces en condición de eterna promesa en el PDM, obteniendo un rédito de cuatro segundos pero definitivo sobre Ghirotto, en el gran éxito de este ciclista entonces bien dotado de cabello, pero luego reconocido por su estampa inclinada sobre el manillar y despoblada testa.
Un ciclista como pocos quedan, como pocos se ven. Un hombre cuyo mejor triunfo siempre era el ajeno.
Foto tomada de www.ciclo21.com

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Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

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Ciclismo Vintage JoanSeguidor
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La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche fue noticia por su anulación hasta el mes de agosto, pero la historia de esta carrera, la misma que no había visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

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Mundo Bicicleta

En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo

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«En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo; ante este gigante, sólo podemos quitarnos el sombrero y saludar con modestia»

La frase de Henry Desgrange, el padre del Tour, exclamada en 1911, define a la perfección lo que el ciclista siente cuando se tiene que enfrentar al gigante alpino en un terreno grandioso, inexpugnable hasta aquel entonces, donde incluso los más grandes campeones empequeñecen ascendiendo por su carretera ganada a los hielos, que cubren tres cuartas partes del año alcanzando los siete metros de manto blanco bajo las órdenes del general Invierno.

Territorio hostil, en su cumbre a 2645 metros sobre el nivel del mar reina el silencio y solo nos queda admirar. Y meditar. Por encima de la cota 2000 hay poca vida en sus laderas, quizás alguna marmota que se despereza del letargo hibernal, pero la actividad humana es prácticamente nula. Es el triunfo de la naturaleza sobre el hombre, en toda su expresión, un monumento hecho montaña donde solo llegar hasta allí arriba supone una victoria y ganar, la gloria, tocando el cielo con las manos.

Así debió sentirse Émile Georget -igual que Neil Armstrong cuando pisó la Luna-, al ser el primer hombre en pedalear por el túnel abierto en su cima, porque el francés, a diferencia del norteamericano, no puso pie durante las 2 h y 38 minutos que invirtió en toda su ascensión, «una gesta sin precedentes en los anales del ciclismo», tal y como tituló L’Auto en su portada del 11 de julio de 1911. Siguiendo con la analogía, el mismo diario aquella fecha podría haber definido la épica etapa como un pequeño paso para el ciclista pero un gran salto para el ciclismo mundial y el Tour, que con aquella montaña adquiría una nueva dimensión.

El túnel que la mayoría de vosotros conocéis ya estaba abierto en aquellos años, ya que fue nada menos que en 1891 cuando se construyó para comunicar a los vecinos de la Saboya con los de la Provenza, bajo 90 metros de piedra y roca y 365 de largo, tantos como días tiene el año. Poco se podían imaginar que 20 años más tarde alguien montado en aquel invento reciente sería capaz de semejante hazaña.

Le habrían tachado de loco, de lunático, pero así fue para asombro de los aficionados a este increíble deporte que se engancharon a un espectáculo sin igual en el que los ciclistas «fueron capaces de ser alados y elevarse hasta unas alturas donde ni siquiera llegan las águilas», como también pronunció en su día el propio patrón de la Grand Boucle. Por aquí volaron Fausto Coppi en el Tour del 52 «escalando como un teleférico deslizándose por su cable de acero» (Goddet), Charly Gaul en 1955, Bahamontes en el 64 o Anquetil dos años más tarde en una de sus mejores vuelos.

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El Galibier es un paso de montaña casi tan viejo como la propia Humanidad. Se dice que esta ruta se fue trazando siguiendo los pasos de contrabandistas y vendedores ambulantes que desafiaban el frío y las ventiscas de nieve incluso en verano. Acceder a uno de los otros valles era como hacerlo a la cara oculta de la Luna, a un territorio desconocido, otro mundo.

Sin embargo no fue hasta 1979 cuando el coloso da su estirón definitivo y crece nada menos que 89 metros, alcanzando los 2645 actuales. En efecto, el viejo túnel se resintió de una sus bóvedas y amenazaba con desplomarse de un momento a otro. Se cerraron sus grandes portalones de madera durante 25 años y se construyó una nueva carretera para cruzar el paso en forma de curvas diseñadas «a la mula», mil metros más de escalada al 10%, convirtiéndose en el tramo más duro de toda la ascensión, siendo Lucien Van Impe, aquel mismo año, el primero en estrenarlo pasando en solitario en cabeza.

“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta

Aunque las puertas del túnel fueron abiertas de nuevo en el año 2003, después de las reformas que ya permitían el paso incluso de autocares, el Tour prescinde de él y prefiere el nuevo tramo que lleva a la cima, para disfrute de los aficionados que sienten en aquellas nuevas rampas toda la épica de los esforzados de la ruta que se convierten en gigantes cuando hollan su cumbre, igual que lo seréis vosotros si superáis el miedo escénico del cartel «Col du Galibier: 35 km», saliendo de St Michel de Maurienne. Más que un fuera categoría, un puerto de otro planeta.

Por Jordi Escrihuela

Imagen: Ciclismo Épico

 

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