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¿Cómo es narrar el Tour entero?

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DT – 2022 post

Llevo comentando en Eurosport desde el año 1994, cuando empezaron las emisiones en castellano, aunque al principio el ciclismo no fuese el deporte que más hacía. Poco a poco me fueron poniendo en más carreras y desde 1997 ya pasé a comentar la mayoría de las que emite el canal. Casi siempre con exciclistas a mi lado para hacer la labor de analista. El primero con el que hice pareja habitual fue Peio Ruiz Cabestany y desde 2009 Eduardo Chozas. Ocasionalmente hemos recurrido a otros; o a estar yo en solitario si son carreras en diferido o resúmenes.

Además del ciclismo profesional de carretera, el canal emite de pista, montaña y ciclocross. El ciclismo es uno de los deportes con más presencia en la parrilla, más aún desde que hay dos canales emitiendo a la vez. Se emiten las tres grandes, el resto de competiciones del actual World Tour así como muchas otras vueltas y carreras. Fue una pena que los mundiales dejasen de emitirse en 2013, pero afortunadamente se han recuperado los derechos para 2017, de ahí que Bergen vaya a estar en la parrilla en septiembre, como es habitual con la emisión de todas las competiciones de la semana, lo cual es importante para los que siguen el ciclismo de esa categorías no profesionales.

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Al margen del ciclismo suelo comentar atletismo y deportes de invierno. He podido narrar todos los JJOO de verano e invierno desde 1996, a excepción de los dos últimos: 2014 en invierno y 2016 en verano.

Afortunadamente el canal ha recuperado los derecho de emisión y los de invierno 2018 y verano 2020 volverán a la parrilla. Tengo en ese sentido una buena anécdota, pues narré las pruebas de curling de los Juegos Olímpicos del 98 y a gracias a ver esos programas comenzó a jugarse en España. Cuando se disputó el primer campeonato nacional en el 2000, me mandaron una réplica de trofeo del ganador, el cual conservo con cariño.

Suelo decir que el biatlón (esquí de fondo con paradas en zonas de disparo, del cual se emiten todas las pruebas de Copa del Mundo, unas 60 entre todas las modalidades de diciembre a marzo) es el deporte más atractivo de los que comento. No hay un instante sin emoción por lo que cambian las posiciones con las penalizaciones por errores en el disparo. Mucha gente se ha enganchado a ver este deporte aunque apenas haya practicantes en España. Incluso deportistas de elite me suelen decir que les encanta verlo… me quedé flipado cuando una vez me lo dijo Indurain, que disfrutaba viéndolo en casa con sus hijos.

En Eurosport solemos narrar desde el estudio en Madrid, pocas veces se va in situ. En mi caso he ido a bastantes campeonatos europeos y mundiales de atletismo, a mundiales de ciclismo y hasta alguna vez a deportes de invierno como bobsleigh y biatlón.

Pero para una vuelta ciclista es mejor narrar en el estudio. A veces hemos ido a etapas de la Vuelta a España o Pais Vasco; pero para el trabajo de comentarista no es necesario, incluso diría que es peor. Para hablar con ciclistas ha de ser en la salida, y los comentaristas tenemos que ir directamente a meta, de ahí que sea raro que puedas tener contacto con los ciclistas, como mucho si hay algún equipo en tu hotel.

En la cabina tenemos la pantalla principal con la imagen de carrera, más las de ordenador o tableta con los datos y referencias de carrera y lo que cuenten los equipos en sus redes sociales. Si estás en la meta, tendrías esos mismos datos, pero teniendo cada día que montar la cabina y hacer muchos kilómetros en coche. El que el canal tenga varios enviado para hacer entrevistas y reportajes en salida y meta es una gran ayuda; ellos sí que tienen contacto con ciclistas o directores y aportan cosas que nosotros no podemos.

Son entrevistas que se emiten en la imagen general, para todos los países, y a no ser que sean en español hay que traducirlas en directo. Entre los que hacen ese trabajo están los españoles Juan Antonio Flecha y Laura Meseguer. Aparte están las llamadas que podamos hacer nosotros desde Madrid ya sea a directores en carrera o a gente del mundillo que lo está viendo por TV.

En este caso la entrevista sólo sale en la versión española. En cambio, como decía antes, en un mundial en el que estás toda la semana en el mismo sitio, ves el paso de las vueltas en vivo y tienes a los ciclistas a mano en los hoteles, sí que merece la pena ir. Pero eso ya depende del presupuesto general del canal, no de los comentaristas.

La novedad para el Tour 2017 ha sido la emisión íntegra de todas la etapas. Hasta ahora se solía hacer con algunas, cuatro o cinco, mientras que del resto se daban aproximadamente las tres horas finales. Y en el Giro, sin llegar a emisión íntegra, se ha pasado a dar cuatro horas, lo que en muchas etapas ha significado emisión íntegra.

Para ello la dirección de la sede española del canal, a cargo del periodista Fernando Ruiz (quien también ha comentado ciclismo), ha optado por incorporar una tercera voz en directo, lo cual para mí ha sido un gran avance.

Por tanto conmigo sigue conmigo Eduardo Chozas, quien es muy metódico, se toma muy en serio su trabajo, tiene experiencia en la radio y hasta ha hecho cursos específicos de locución para mejorar. Y con quien por supuesto me llevo muy bien fuera de antena, tenemos relación personal, aunque al no vivir cerca, casi nunca salimos juntos en bici.

El tercer pilar es Josu Garai, quien aporta conocimiento y estadística, dada su amplia trayectoria en el Marca. Ha tenido que cambiar su manera de trabajar pues en el periódico estaba en salida y meta, escribiendo las crónicas tras acabar la etapa. Ahora ha pasado a hablar y se ha adaptado perfectamente.

Cada uno de los tres tiene su estilo y su función y creo que nos complementamos bien. Además el que tengamos opiniones diferentes sobre ciclistas o situaciones de carrera hace que se generen interesantes debates que sirven para rellenar momentos en los que en la carrera no está pasando nada relevante. También en esos momentos aprovechamos para contestar lo que nos preguntan los espectadores por Twitter. Aparte tenemos a otro locutor, Luis Jiménez, quien hace los bloques de introducción y el de tras meta, en los que hay entrevistas y análisis; y el programa resumen de cada noche en el que está Greg Lemond como protagonista.

El hecho de comentar toda la etapa, aunque suponga más horas en la cabina, no supone más horas de trabajo en general. Cuando emitíamos tres horas había que estar pendiente de la etapa desde el principio, buscando la información en la web oficial, en los medios online o en las redes sociales.

Es decir que puedo decir que es incluso más cómodo dar la etapa entera, porque no se te escapa ningún detalle, que sí se te podría haber escapado cuando no habías visto la primera mitad. Y tras meta, aunque la labor de comentarista haya acabado, hay que seguir al tanto de lo que pueda suceder, de la reacciones de los protagonistas o decisiones del jurado. El día del incidente Sagan-Cavendish fue un claro ejemplo de tener que seguir toda la tarde pendiente.

Soy muy consciente de que se nos mira con lupa. Valoro mucho las críticas, sobre todo si son constructivas igual que huyo de las alabanzas desmesuradas. Puedes cuajar cinco horas de narración sin fallos y por uno en el nombre de un ciclista te crucifican.

Mucha gente no se limita a ver la pantalla, sino que tiene a mano similar información en cuanto al recorrido, medios online o redes sociales que nosotros. Yo soy de sangre caliente y me cuesta contenerme, pero con el tiempo he conseguido frenar mis ímpetus y no entrar al trapo de quien te escribe para provocarte, no para una crítica constructiva sino para un menosprecio.

Otra queja suele ser la de la excesivos cortes publicitarios; muchos espectadores creen que es algo que decidimos los comentaristas. Pero no es así, es algo que se decide en la central de Paris para todas las versiones (unas 20). Eurosport es un canal privado (comprado hace dos años por el gran grupo Discovery) y vive de la publicidad. Pero resulta que en redes sociales nos pone verdes a los comentaristas por esos cortes.

En definitiva, que aunque estemos en casa, la rutina diaria no es muy diferente a sí estuviésemos siguiendo la carrera, excepto que no cambias cada día de cama ni tienes cientos de kilómetros de coche.

Yo soy un adicto al deporte y trato de hacerlo a diario. Tras mi grave accidente en la marcha Perico de 2016 (por el que no pude comentar la Vuelta al estar hospitalizado ) ya he podido volver a montar sin problemas en bici, pero no correr a pie ni mucho menos competir en triatlones u otro tipo de carreras.

Suelo hacerlo casi todos los días de 2 a 3 horas y toca madrugar, estar pedaleando antes de las 8; aunque en verano lo haría igual sin tener que comentar el Tour para evitar el calor. Los días sin etapa me saco la espina y hago 5 ó 6 horas con puertos, lo que yo llamo «los lunes al sol». De vuelta a casa hago una primera comida para rellenar los depósitos, similar a la que hacen los ciclistas tras las etapas. Luego me llevo al estudio más alimentos en frío: ensaladas de pasta, quinoa, fruta, gazpacho… para ir tomándolo poco a poco, en las pausas. Es decir como los ciclistas en carrera. Y hay que recurrir como casi todo el mundo a algún café si te sientes apajarado.

Y luego, ya en casa por la tarde, al margen de repasar lo sucedido en la etapa y las reacciones de los ciclistas, trato de ver en directo o grabado otros deportes, ya sea de los que comento en Eurosport en verano como el atletismo o de otros que me gustan como simple aficionado y de los que en verano están los grandes torneos o campeonatos: tenis, golf, natación, waterpolo, MotoGP y otros.

A la vez suelo estar haciendo algo de gimnasia o estiramientos, algo fundamental en cualquiera que practica deporte y más aún en mi caso por la rehabilitación de mi fracturas de cadera. Y ya si también me da tiempo a hace unos largos en la piscina de mi manzana, fenomenal, pero ya sin ser una sesión de entrenamiento para el triatlón, como hacía hasta el año pasado antes del accidente.

Y para finalizar el día, una buena cena como hacen los ciclistas, regada con una cerveza o vaso de vino (alcohol de más graduación no tomo) lo cual me sirve para meterme en la cama a gusto y dormir como un tronco. Consciente de que aunque el trabajo sea intenso y extenso, el hecho de que sea algo que ante todo te guste, haga que te consideres afortunado por poder pasar así el mes de julio.

Por Antonio Alix, narrador del Tour en Eurosport

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Vigorelli

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DT – 2022 post

Vigorelli es historia universal del ciclismo, pura y dura

Lo que significa el Vigorelli no es exclusivo de Milán y sí para todo el mundo del ciclismo: es Historia.

Además, en el caso particular de Milán, Vigorelli no es sólo algo monumental, también es una historia actual, podríamos decir que una oportunidad. En los últimos 15 anos Milán, como muchas ciudades de Europa, se ha llenado de bicis y en particular las bicis de pista.

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Hay un movimiento «fixie» que involucra todo el mundo, con muchos jóvenes (y menos jóvenes) que no quieren competir en critérium, pero les gusta el piñón fijo y la cultura de la pista. El Vigorelli es una oportunidad para ellos, como es una ocasión para dar espacio a los niños y a los ciclistas más pequeños para tener un lugar seguro donde aprender este magnifico deporte. Las carreteras en Milán y alrededores son peligrosas.

Vemos que muchos equipos juveniles han cerrado o están en crisis muy profunda: las familias prefieren que los niños jueguen a fútbol o hagan natación, por el riesgo en las carreteras. Nosotros (y el Comitato Velodromo Vigorelli) siempre hemos visto Vigorelli como a la «casa del ciclismo milanés» por eso: a partir de su magnifica historia, en el futuro el Vigorelli deberá que acoger todos esos ciclistas. Hay mucho hambre de ciclismo en Italia y Milán: Vigorelli es el destino final.

La última vez que unas bicis corrieron por el Vigorelli fue al 11 de septiembre del 2001. Después la pista quedó más o menos abandonada, mientras que la estructura fue utilizada por el fútbol americano (un equipo que juega en este campo desde más de 25 años) y otros eventos. Abandonada sin solución, la pista se degradó, con la madera muy estropeada. Pero lo más grave fue que Vigorelli estaba cerrado al ciclismo, y sin ciclismo no había interés en la pista.

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Los ciclistas de Milán llevaban cinco años pidiendo una restauración y una reapertura. Tuvimos que esperar hasta al 2013 cuando una gran empresa de construcción, la que gestiona los rascacielos aledaños al velódromo, ayudó al ayuntamiento para renovar la estructura. El ayuntamiento lanzó una convocatoria publica para los trabajos y premió un proyecto que quería destruir la pista y hacer un pequeño estadio para fútbol americano y rugby, además de competiciones caninas.

Ante estas terribles perspectivas, el ciclismo local se movilizó solicitando que la pista del Vigorelli fuera reconocida como un monumento histórico, sin posibilidades de destruirla. Por suerte, hemos encontrado un ministro que nos atendió, y ahora Vigorelli es un monumento y nadie puede tocarlo para transformarlo en otra cosa. En ese momento, el ayuntamiento empezó a trabajar junto con los ciclistas y puso parte del dinero en un proyecto de restauración que está a punto de acabar.

Salida de la última Milán-San Remo

Ahora mismo queda mucho trabajo: por lo menos un mes de trabajo en la pista, todo el verano para los trabajos en el campo, y luego casi dos años más en las gradas, los vestuarios y el resto.

Lo más importante es que el renovado Vigorelli sea un velódromo abierto a los jóvenes, a los equipos, pero también a la gente que quiere pedalear, entrenarse y divertirse. Claro hay que pensar en las competiciones: como sabéis el Vigorelli es un velódromo «viejo», abierto y con una pista de 397 metros. No puede acoger unos mundiales o unos JJOO, pero es posible hacer todas las otras carreras: locales, nacionales e internacionales.

Tenemos el ejemplo del velódromo de Fiorenzuola, cuyos «Seis Días» siguen desde el 1998 siendo la competición en pista más importante de en Italia habiendo desfrutado de Hoy, Cavendish, Wiggins, Cipollini, Llaneras, Galvez, Risi, Lombardi, Collinelli, Martinello y Viviani. Todos han pasado por ahí. Igual que el Red Hook y otras carreras tipo criterium. El Red Hook de Milán es el segundo más viejo del mundo llevando más de 2.000 personas a la calle.

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Si Milán es la capital italiana del ciclismo de carretera porqué no acoger el Giro del centenario o la salida de la Milán-San Remo. Sólo hay que quererlo.

Como os podéis imaginar, Italia está llena de lugares históricos para el ciclismo. Cada uno tiene su historia. Nosotros tenemos un vínculo muy fuerte con el Museo del Ghisallo, que creemos debe ser uno museos de ciclismo más importantes del mundo. En Ghisallo el Museo está vivo aùn, pero necesita dinero para vivir. Sería suficiente con que los italianos lo vivieran como lo sienten todos los turistas que van allí desde el extranjero.

Nos gustaría que después de Vigorelli otros velódromos volverían a ser abiertos. Hay un montón de velódromos cerrados, y muchos en malas condiciones pero con grandes historias. Hablo de Varese, con un proyecto de demolición encima de la mesa, y el Motovelodromo Fausto Coppi de Turìn, ahora abierto por una asociación pero con la idea de un supermercado en su lugar. Estoy seguro que esto no es un problema solo de Italia, pero creo que la gente tiene ganas de velódromos, de bicis, de pedalear con una joya. Conservar lo que ya tenemos, como nuestros velódromos históricos, mirad lo que hicieron en Herne Hill en Londres. Esta sería la mejor manera para empezar nuestra pequeña revolución.

Por Filippo Cauz

Imagen de Emanuele Barbaro

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El último quebrantahuesos

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DT – 2022 post

Así es la Quebrantahuesos de un ciclista como cualquiera de nosotros

Soy una especie en extinción. Un superviviente del grupo que hemos sobrevolado juntos durante muchos kilómetros todas estas magníficas montañas, donde venimos año tras año miles y miles de ejemplares que como yo anidamos en sus cimas nuestras ilusiones. Unos lo conseguirán. Otros las irán enterrando por el camino. Yo hoy me he quedado solo, no he podido seguir el ritmo de la bandada en la que viajaba. Voy a llegar el último a destino.

Ya sobrevuelo la recta de llegada. Estoy agotado del viaje. Un último esfuerzo para recibir al menos el calor de la gente que me va a recibir con todos los honores. Es lo bueno que tiene el ser una especie protegida, a los más débiles se les cuida más. No en vano vengo muy bien acompañado: ambulancia, policías haciendo sonar sus sirenas y coches de asistencia. Me siento mimado por el recibimiento. Aplausos, vítores, gritos de «campeón, campeón». Esto es lo mejor. Y por fin he llegado. He sobrevivido a una enorme bandada de depredadores que han intentado devorarme. Soy el último quebrantahuesos.

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Esta mañana, hace tan «sólo» 12 horas, me las prometía muy felices. Contento por estar de nuevo aquí, en la línea de salida junto a otros «rapaces». Me encontraba fuerte, con ganas de liarla. Para eso este año había entrenado sobrevolando carreteras, puertos y más puertos. Estaba bien preparado. Había espabilado para llegar pronto y colocarme justo detrás de los ejemplares más feroces, los que llevaban en su dorso marcas de pintura amarilla, rosa o verde. Señales de guerra. Los mejores especímenes, de rostros afilados, los que volaban más rápido y más alto. No me intimidaban. Yo quería estar ahí y aprovechar el rebufo de este enorme grupo de élite. Al menos lo quería intentar.

Pistoletazo de salida. Salimos escopeteados, como una bandada de pájaros asustados por un potente petardo. Volamos. Circunvalamos Sabiñánigo a no menos de 45-50 km/h. Aguanto bien, a rueda del grupo de cabeza. No distingo bien a la gente que nos anima y nos aplaude. Vamos muy rápido. El pueblo se ha volcado, como siempre. Afrontamos las interminables rectas de los llanos de Jaca, cada vez más deprisa. El pulso se me acelera. No bajo el ritmo. Este año voy a por todas y quiero el oro. A velocidad de vértigo nos plantamos en Canfranc. Hasta aquí he llegado. Ahora empieza a endurecerse el puerto y ya no puedo seguir más este ritmo infernal. Levanto el pie y dejo escapar no menos de 500 fenómenos que no corren, vuelan dirección a la primera cima del día. Serán los quebrantahuesos que se jugarán entre ellos la victoria. Me despido de ellos. Ya no los volveré a ver en todo el día.

Subo dos piñones. Me dejo alcanzar por un segundo grupo. Enorme también. A ver si me acomodo entre ellos. Me meto. Me pongo a rebufo. El ritmo también es muy alto. Algunos me miran de reojo como diciendo «¿a dónde ibas pájaro?». Veo que tampoco voy cómodo. Sigo con las pulsaciones por las nubes. No hay manera de estabilizarlas. Esta gente también tira mucho. No puedo aguantar en los repechos. Van a bloque. Y yo que creía que iba bien. Me van pasando y poco a poco voy perdiendo posiciones del numeroso grupo. Calculo que debemos ser unos mil ahora mismo los que viajamos juntos. Me siguen adelantando y yo en vez de avivar el ritmo lo voy perdiendo, voy a menos. Este tampoco es mi grupo. Me voy rezagando y ya voy el último. No puedo seguir ni siquiera al que me precede. También lo voy perdiendo. Me quedo un momento solo en tierra de nadie. Sólo serán un par de minutos. En seguida veo cómo se acerca otro gran pelotón, más grande aún si cabe que el que me acaba de dejar. Me alcanzan. Sigo con ellos un buen rato. Van rápido pero puedo seguirles, aunque en ello me va el ir a tope. Llego con este grupo como puedo a Candanchú. Aún y así estoy contento de cómo he subido. La vez que más fuerte y más rápido lo he hecho.

Llegamos al avituallamiento y veo que la mayoría de los que íbamos juntos ni paran («¡Eh! ¿Dónde vais chicos?»). Del gran grupo que éramos solo quedamos unos pocos. La mayoría ha emprendido el vuelo. Yo tengo que parar. Creo que me he pasado. No me empiezo a encontrar demasiado bien. Como y bebo algo. Tengo que llegar arriba lo antes posible porque por aquí no paran de pasar y nadie para. Han debido pasar más de mil en unos pocos minutos. Tiro para arriba con otro grupo que no ha parado. Coronamos en medio de un ambiente excepcional. Mucha gente, muchos ánimos («aúpa, aúpa»). Y mucha niebla y frío. Paro a ponerme el chubasquero porque la bajada además está húmeda. ¿Qué pasa? ¿Aquí tampoco para nadie? Los que venían conmigo han recogido periódicos de la gente y se los han colocado en el pecho y se han tirado para abajo. ¡Qué valientes! De esta manera, de nuevo, vuelvo a perder otro tren. Ataco la bajada, con más miedo que otra cosa. Me giro y otro numeroso grupo viene decidido a por mí. Me pasan por todos lados, por la izquierda, por la derecha… Me han pasado muchísimos que no sé cómo tienen narices de bajar así. Sigue habiendo mucha niebla. Los abnegados voluntarios hacen sonar pitos avisando de los peligros de la carretera. Son geniales, de verdad.

Finalizamos el descenso y tiramos con decisión hacia el Marie Blanque. Voy en un grupo mucho más cómodo, pero que también tira fuerte. Van por faena. Iniciamos la subida a la Dama Blanca. Las sensaciones no son buenas. Paro, pero esta vez para quitarme el chubasquero. Como la mayoría de los que venían conmigo llevaban periódicos que, por cierto, los han tirado al suelo (¡muy mal!) pues me quedo solo de nuevo. Por poco rato, por eso. Sigo con la escalada. Nada, no voy fino. No tiro. Me siguen adelantando algunos como auténticas motos por ambos lados. Yo sigo a mi ritmo. Llega la parte dura. Meto todo y para arriba. Voy muy despacio. Por suerte la temperatura es buena, pero yo «no voy». Me siguen pasando. Mi corazón quiere pero mis piernas no pueden. Me bajo de la bici. Ando un rato con ella al lado. Soy de los pocos que lo hacen. La gente sigue subiendo a muy buen ritmo. Ya oigo el griterío de la cima. Estamos cerca. Me subo de nuevo a la bici. No quiero ni pensar en toda la gente que me ha pasado. Aquí me olvido del oro, de la plata y de hacer buen tiempo. Ya sólo pienso en acabarla. Llego arriba. Chubasquero y para abajo, con más motivo, ya que ahora se ha puesto a llover. Paro en el avituallamiento que está petado de gente. Intento comer, beber y recuperarme. Una voluntaria, muy amable y con una sonrisa, me da dos plátanos («te irán bien»). Me los como sin rechistar.

Descenso, lluvia y pinchazo. Al llegar al cruce dirección Laruns me encuentro que voy “blando”. Miro la rueda trasera. ¡He pinchado! Indico con la mano al numeroso grupo en el que ahora estaba inmerso de que me voy a parar a mano derecha. ¡Qué mala suerte! Ahora que había pillado un pelotón “cómodo”. Miro de cambiar la cámara rápidamente pero con la lluvia se me antoja si no complicado al menos molesto. Siguen pasando grupos y grupos que me miran algunos con lástima y otros ni me miran. Pero ninguno para. Sigo adelante. Se está haciendo tardísimo.

Me engancha otro pelotón bastante majo y vamos haciendo. Llegamos al cruce del Portalet. Sigo sin ir bien. Cruzamos el túnel y me doy cuenta que hace bastante rato que no como nada. Echo mano de una barrita. La mordisqueo e intento tragar. No puedo. No me entra la comida. Guardo el resto en el bolsillo de atrás del maillot mientras veo como mis compañeros de ruta en aquel momento se van alejando poco a poco y yo no puedo seguirles ni siquiera el suave ritmo que van imponiendo.

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La pájara y el tío del mazo. Las piernas no me van. La cabeza me da vueltas. Sigue pasando gente que para mí, tal y como voy, me producen auténtico vértigo. Pero sigo pedaleando, muy despacio. Ya no miro ni el reloj. Las pulsaciones hace rato que ni me suben. Llevo un globo de cuidado. No sé qué tiempo debo de llevar pero me está cayendo un verano, como diría el Butanito. Hace rato que no veo a nadie ni por delante ni por detrás. La presa de Artouste se me presenta como un muro infranqueable. Paro un momento. Respiro. Vuelvo a intentar comer algo. Nada, no puedo. Parece que a lo lejos viene alguien. Detrás una ambulancia. ¡Deben ser los últimos!

Me subo a la bici e intento ir un rato con ellos. Me dicen que aún queda gente por detrás, poca, pero aún vienen ciclistas. Estos chicos con los que ahora pedaleo un rato en su compañía van tocados, bastante, pero van haciendo, a ritmo de caracol pero van superando rampa tras rampa. Yo voy tan mal que incluso me cuesta seguirles. Los excesos se pagan y yo lo estoy haciendo con creces. En mi cabeza un único pensamiento: intentar pasar el control de las 6 de la tarde arriba del puerto y dejarme caer y finalizar.

Llegamos al avituallamiento. Aquí casi no hay nadie. Paramos todos a rellenar bidones y a comer algo. Seguimos. El puerto se abre. Precioso. La parte más bonita de la marcha. Con mucho dolor y muy despacio, avanzamos. No me puedo poner de pie, me dan amagos de calambre. Digo adiós de nuevo a mis compañeros de viaje y dejo que se marchen. Veo cómo se van alejando. Cómo me duelen las piernas. Y el pecho. El pulso no me sube. Me giro en una curva y ya veo cómo ascienden tres o cuatro grupos pequeños de ciclistas. Les siguen las últimas ambulancias y unos cuantos policías en moto. Éstos sí que son los últimos. Me dan alcance. Me dicen que me ponga a rueda.

¿Dónde está la gente? Por fin, con mucha más pena que gloria, entramos en el último kilómetro de ascensión. No queda casi gente. ¿Dónde están los ánimos? Aquí ya se ha marchado todo el mundo. Apenas quedan dos o tres autocaravanas. Sus propietarios cuando nos ven, salen e intentar darnos el último aliento (“aúpa, aúpa”). Coronamos por los pelos a las seis menos cinco minutos. Nos dejamos caer justo hasta el cruce donde los voluntarios nos vuelven a desviar.

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La hoz y el martillo. Giramos los 8 integrantes del último pelotón de la marcha. Llaneamos e iniciamos la tachuela de Hoz. Aquí mis amigos se vuelven a distanciar. Quedamos un señor mayor y yo. Me bajo de la bici y continuo andando. No puedo más. Estoy al borde del abandono. Pero no lo voy a dejar ahora cuando tengo casi finalizada la marcha. Oigo el ruido de los motores de las ambulancias… y el de las motos. Sigo con mi particular procesión. El veterano ha seguido pedaleando firme hacia arriba. A veces se gira y me mira. Creo que quiere esperarme. Le digo que no, que siga adelante. Aunque no sé si lo hace por eso o para quedarse él el último. Siempre había oído de la gloria al héroe del farolillo rojo. Hasta me hacía ilusión.

Ya está, ya lo he perdido de vista. Ya soy definitivamente el último. Corono. Bebo agua. Este pueblo es una pasada. Aún queda gente aquí animando. Con fuerzas renovadas me veo con ganas de acabar por fin. Afronto las pestosas rectas en dirección Sabiñánigo. Viento en contra. Voy llaneando bien pero no voy muy deprisa. Voy solo, en bicicleta. Las ambulancias, coches de la organización, motos de la guardia civil me acompañan. Soy el último quebrantahuesos.

Por Jordi Escrihuela

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Ciclismo antiguo

En el Pordoi de Fausto Coppi

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DT – 2022 post

En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

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En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

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Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

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Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
DT – 2022 post

El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

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Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Brabante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

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Cruz 400×400

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Muy recomendado para recordar a un gran ciclista como Chozas y confrontandose con las nuevas visiones del ciclismo a través de @raulbanqueri https://twitter.com/JoanSeguidor/status/1544046788226711553

Ahora que estamos tan atentos a Carlos de Andrés y Javier Ares, Angel María de Pablos, junto a @viciosport, nos cuenta cómo era narrar ciclismo en los años ochenta

https://www.ivoox.com/angel-maria-pablos-fignon-me-dio-una-audios-mp3_rf_88884548_1.html

#PodcastJS con @Tuvalum

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En este ciclismo de esperar, proteger al líder, medir y ritmos semi cicloturistas no sé si tendrían sitio esos dinamiteros que entendían todo esto como un todo o nada.
Lo comentan mano a mano @eduardochozas y @raulbanqueri

https://www.ivoox.com/habria-sitio-este-ciclismo-para-corredor-audios-mp3_rf_89340722_1.html

#PodcastJS con @Tuvalum

🎙️🎙️🎙️"El sitio inglés de Calais inspiró las mil réplicas de los Burgueses de Rodin"

@TuristaVuelta
& @FAremberg en #TourParaCuriosos

https://www.ivoox.com/tour-para-curiosos-8211-vol-i-audios-mp3_rf_89093539_1.html

#PodcastJS

A todos nos ha gustado ver uno de esos ciclistas que "molan" como Magnus Cort escapado y espoleando las masas, pero al mismo tiempo la suya ha sido una historia que refleja el nulo interés competitivo que ha tenido el tramo danés en este Tour. 

https://joanseguidor.com/tour-2022-dinamarca-salida/

#TDF2022

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