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Los negros presagios del ciclismo español

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Podríamos decir que la Vuelta a España se puede definir como la gran ronda por etapas donde el ciclismo español se examina y evalúa, donde no sólo se muestra el presente, también empiezan a forjarse las los que deberían tomar el testigo a medio plazo.

Y recién finalizada esta edición, el papel del ciclismo español sólo cabe calificarla como muy decepcionante. Y lo que es peor, el panorama a medio plazo es muy preocupante.

La única alegría para el ciclismo patrio la ha dado Alberto Contador el día que se llegaba al Angliru, en su penúltima jornada como ciclista profesional para ser quinto en la general final, tras haber estado descartado por la victoria, ya desde las primeras de cambio, el día que se llegaba a Andorra. En la Comella ya se vio que Contador tendría que apelar a la épica si quería tener alguna opción de lucimiento personal en su última gran ronda por etapas.

CCMM Valenciana

Con optimismo se puede hacer lectura de la carrera realizada por Marc Soler, Antonio Pedrero e Ivan García Cortina, incluso Enric Mas, muy activos todos ellos. Cortina estuvo muy cerca de lograr la victoria, en Gijón, ante su público, familiares y amigos y mirándole de tú a tú a todo un corredorazo como Romain Bardet.

Fuera de ahí: la nada. Revisando la general, tras Alberto Contador, hay que remontarse hasta el décimo quinto lugar de la general para buscar al siguiente corredor español, Sergio Pardilla, a prácticamente 23 minutos de Froome. David de la Cruz estuvo ahí, pero la suerte no le acompañó.

Ningún ciclista español ha logrado vestir ningún maillot de líder, ni de la general, ni de ninguna clasificación secundaria. En la de de equipos, nuestro único representante en el World Tour finalizó en segunda posición en la general por equipos. Un bagaje bastante pobre para un equipo que es toda una referencia en el World Tour.

Para encontrar un panorama tan desalentador para el ciclismo español, hay que remontarse al año 96.

Aquel año aún el papel del ciclismo español arrojaba bastantes más sombras, en una edición, que curiosamente también significó la despedida del corredor referencia del ciclismo español, Miguel Indurain.

La lectura tras aquel año era casi apocalíptica, sin Indurain, sin ninguna victoria de etapa, sin un español disputando la general, siendo el primero Fernando Escartin, décimo a más de 18 minutos, sin lograr disputar siquiera alguna clasificación secundaria, con el único consuelo era ver como dominaba un equipo español, la ONCE, pero con sus dos líderes extranjeros, Zulle y Jalabert. El panorama no podía ser más desalentador.

La Vuelta del 96 marcaría un punto de inflexión, desde entonces, de forma paulatina, el ciclismo español volvería a ir recuperando poco a poco el protagonismo de su gran ronda, comenzando con Eleuterio Anguita y su agónico triunfo de etapa camino de Jerez al año siguiente y la recuperación del maillot de líder en 1998, por parte de José María Jiménez tras estrenar el palmarés de la cima alicantina del Xorret de Cati.

Habían pasado tres años sin que un español vistiera el maillot de líder, entonces de color amarillo. Esa edición la ganaría Abraham Olano, quien tres años antes había sido segundo, tras Laurent Jalabert, tras una portentosa exhibición de éste en Avila. El propio Olano puso final a tras siete años sin victorias españolas en la general.

En el año 2004 sin embargo se logró alcanzar una gesta casi irrepetible: once victorias parciales y copo de los diez primeros puestos de la general, comandada por Roberto Heras. Y a los pocos días Oscar Freire, campeón del mundo.

Son ya muchas las voces que llevan años diciendo que cuando fue desfilando la actual generación de corredores, vendrían tiempos muy oscuros para el ciclismo español. Los más optimistas se agarraban a lo ocurrido en el 2012, hace escasamente un lustro, cuando la general fue copada en cuatro de sus cinco primeras posiciones por ciclistas españoles, dejando al todopoderoso Chris Froome, aun sin ser el dominador del pelotón internacional, sin pisar el podium, finalizando cuarto.

Ese año el maillot rojo fue portado únicamente por ciclistas españoles, desde Jonathan Castroviejo, para acabar en las espaldas de Alberto Contador, tras apelar, como es característico en él, a la épica y dar un vuelco a la carrera en Fuente De, y arrebatarle el liderato a Joaquín Rodríguez, quien ya se veía a verse ganador.

Hasta esta edición, únicamente en seis ocasiones el ciclismo español no ha tenido representante alguno en el pódium de la Vuelta, pero que se haya producido en dos ediciones consecutivas es más complicado.

El año pasado al menos pudimos alegrarnos con el triunfo de etapa de David de la Cruz en El Naranco, y los lideratos, aunque breves, de Rubén Fernández y del propio David, amén de la victoria en la montaña de Omar Fraile.

Este año, el panorama sólo invita al pesimismo y dan la razón a aquellas voces que ya, tras el 2012, anticipaban tiempos muy duros para el ciclismo español, una vez fueran apartándose de la primera línea los Contador, Purito y Valverde…

El relevo, esa palabra tan utilizada.

Por Nacho Silver

Imagen tomada de FB de Movistar Team

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