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Ciclismo antiguo

Las historias más surrealistas de Stephen Roche

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Stephen Roche Giro JoanSeguidor
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Pocos campeones tan caricaturescos como Stephen Roche

La profusión de Tours de los ochenta y en especial aquel de 1987 que fue tremendo nos dio por pensar en un perfil de quien fue el coco en aquella edición y uno de los ciclistas más atractivos de ese ciclo: Stephen Roche…

 

Los amantes del mundo Marvel conocerán a Arma XI.

Kern Pharma

Un ser creado en el laboratorio que reúne los poderes de cada mutante; capaz de teletransportarse, lanzar el láser de Cíclope y manejar la catana con la destreza de un maestro ninja.

Stephen Roche va a ser un Arma XI ciclista: el resultado de meter en una batidora a ciclistas históricos para obtener lo mejor de cada uno.

A su vez, emula a ese personaje de ficción en el sentido de que un ligero defecto de fabricación le impide dominar el planeta.

Roche va a aunar la pasión de amasar patrimonio de Van Steenbergen (aunque no le pirran tanto los pelucos poligoneros, es de cash), la precocidad para brillar en la élite y el uso de elementos aerodinámicos de LeMond, el talento innato de Perico para pegar talegadas en los contratos, los problemas iniciales de Rominger en asimilar la tercera semana de GV y por último la vena pugilística de Hinault.

Nuestro protagonista nace a finales de 1959, está por tanto encasillado en la generación del 60.

Si la del 64 (Indurain, Bugno o Breukink) pertenece a una época de ciclismo espectáculo, la del 60 con los LeMond, Fignon, Delgado y Roche se puede considerar como la última de puro ciclismo. Ésta tuvo su apogeo en los 80; un mundo del pedal más ofensivo todavía que en los 90, pero con más descontrol y con la certeza absoluta de que los ganadores eran los más talentosos. Por entonces el dopaje (más antiguo que la orilla del río) en este deporte ofrecía una ganancia residual.

Stephen Roche JoanSeguidor

El caprichoso azar decide que en Dublín, apenas con unos meses de diferencia, vengan al mundo Stephen Roche y Paul David Hewson (cuyo nombre artístico es Bono).

Ambos van a arrancar la década de los 80 a todo trapo: U2 se situará en los primeros puestos de la Billboard con su disco Boy, mientras que un Roche imberbe se impondrá en una París-Niza con participación de primerísimo nivel.

Pese a vencer en lo que es la mejor carrera de una semana -por entonces con mejor palmarés que la propia Vuelta a España- los inicios del irlandés no son un camino de rosas.

Tiene que en enrolarse en el equipo amateur ACBB y sufrir una novatada propia de Kuznetsov con Berzin (después de machacarte en el velódromo te haces unos larguitos en la piscina), en su caso le va a tocar disputar la París-Roubaix amateur.

Lo más divertido de su participación es que Roche ignora por completo que es una estratagema para que le den la patada ante el vaticinio de una actuación random… pero resulta que el de Dublín se impone en la «Pascale baby».

Esta peformance le supone pasar a profesionales, nada menos que con Peugeot.

Por desgracia varios van a ser los talones de Aquiles del bueno de Stephen: al igual que su compatriota Kelly no digiere bien las elevadas temperaturas, esto te elimina prácticamente de la victoria en un Tour de Francia… o te va a hacer depender en exceso de una edición en la que pegue poco el Lorenzo.

Roche y Kelly JoanSeguidor

www.welovecycling.com

A esto hay que sumarle sus continuos problemas de espalda y rodillas.

Con estas premisas Roche apenas va a tener continuidad en su carrera profesional, irá picoteando actuaciones top, como un 2º puesto en Amstel y una medalla mundialista; también va a suponer que encuentre similitud con Juan Carlos Domínguez en cuanto a brillar en años impares (para bajar el rendimiento en los pares), sólo que en el caso del corredor de Irlanda la puja de vueltas de una semana de una tacada subirá a un montante bastante más suculento.

1985 va a ser un gran ejercicio para él, deja clarinete que Lieja es una carrera que tiene en las piernas con su tercer puesto (aunque hasta la bochornosa edición del 88 el recorrido perjudicaba a los que no tenían buen sprint).

Ya tiene continuidad de grandes resultados y por fin le pilla el punto a una GV; Roche va a ser 3º en un Tour de Francia en el que la Vie Claire inicie su monopolización de la Ronda Gala. Como guinda a su gran temporada firma un 7º puesto en el Mundial, resultado que no va a reflejar una pseudo victoria moral.

Estuvo muy cerca de vencer, pero finalmente fue atrapado al ser una rueda muy vigilada y un abuelete que pasaba por allí se llevó el arcobaleno a casa.

La temporada que viene a continuación, la 86, va entrar dentro de la maldición de las pares, un quiero y no puedo que no deparará más alegrías que levantar un hype tras su más que potable crono larga en el Tour para posteriormente fracasar en las etapas de montaña.

Y amigos, hemos llegado a la temporada de 1987.

Hablar del 87 de Roche es como hablar de Pecharromán en su mes desrtroyer.

Este año del irlandés seguramente sea por palmarés bruto la mejor temporada ciclista de la historia… excluyendo claro al Chuck Norris del ciclismo.

Dice la leyenda que el Récord Guiness en realidad es una compilación de segundas mejores marcas, ya que las primeras todas son de Chuck; en ciclismo Eddy literalmente tiene todas las mejores marcas: Tours, Giros, días de amarillo, monumentos, mundiales, carreras ganadas o comerse donuts de una tacada.

Antes de meternos de lleno en esta temporada vamos a despachar el resto para así poder centrarnos en su año mágico.

Roche terminó la temporada 87 conquistando el mundial y en el ejercicio del 88 va a vivir de lleno el gafe del arcoíris.

Por fortuna no tendrá el liderato de las maldiciones como el trágico suceso de Monseré con su fallecimiento, pero sí que va a vivir un año prácticamente en blanco, como acontecerá posteriormente con Leblanc en el 95.

Seguirá la tónica de año bueno impar-malo par (victorias en Itzulia 89 y Criterium Internacional 91) para terminar protagonizando un come back en Carrera donde nos obsequiará con una victoria de etapa en el Tour del 92.

A su vez habrá que sumarle su alta cuota de pantalla en la etapa de Mont Blanc de esa edición de la Ronda Gala.

Jornada en la que de nuevo convivió con Perico en lo que fue una fuga de supuestos gregarios que fueron a su bola.

En esta fase final de su carrera Stephen va a perpetrar bochornos como el de la CRE del Tour del 91

Celoso de Delgado quiere emularle en Luxemburgo y llega tarde a la CRE, tal es su retraso que cuando toma la salida sus compañeros están ya en Cuenca.

No le queda otra que cascarse los casi 40 kms en solitario y finalizar con el «short delay» del doble de tiempo máximo para el cierre de control.

En todas las escuadras que milita la va liar parda.

Los contratos que firmó Roche

Pega sablazos en los contratos, como en Fagor para al final marcarse una temporada tirada al retrete.

A su vez genera disputas que terminaran en los tribunales como con Histor.

Otro daño colateral de sus andanzas es el impuesto revolucionario que va a dejar en Carrera. A esta escuadra le endiñará tal púa que al equipo italiano no le quedará más remedio que llevar publicidad de Peugeot en el culotte.

Para saciarse por completo de fechorías va a tener el valor de desafiar a uno de los mayores machos alfa de la historia: Roger De Vlaeminck, su director en Tonton-Tapis.

El año perfecto del ciclismo irlandés

Turno por fin para su gran curso del 87.

La temporada 86 del irlandés fue un verdadero desastre dentro del conjunto Carrera, todo ello agenciándose un gran contrato.

Para que sea más divertida la historia, Visentini (también enrolado en Carrera) viene de ganar el Giro de Italia y es de cajón que siendo italiano va a querer plenos galones en la Corsa Rosa para retener corona.

A este cocktail le sumamos que Zimmermann (también integrante del equipo de Boifava) ha sido podium en el Tour, y mejor no Vie Claire, y claro, va a demandar protagonismo.

La situación coge tintes Woody Allen cuando el corredor suizo salta a la palestra reclamando una mejora salarial y echando en cara a Roche que está sobrepagado, su año 86 no justifica para nada su elevada ficha.

Roche replica que los contratos reflejan con ceros a la derecha la trayectoria profesional de cada corredor, «yo soy un corredor molón y tú Zimmermann no eres más que un one-hit wonder, hasta la fecha…» le vino a decir y así fue eternamente.

El caso Zimmermann es para comer aparte.

Se vio metido en unas movidas de cuidado con una novia becaria periodista que se convirtió en su peor pesadilla.

Rompieron la relación en pleno Tour y la becaria dedicó al «salsa-roseo»: haces mal el amor y te encontré unas pastillas raras raras, con el pretexto (no cuela ni de Blas) de que eran para la tos.

El año 87 se inicia con la muerte de Gribaldy (mentor de Sean Kelly).

Precisamente en París Niza vamos a tener un duelo entre los dos irlandeses que se saldará con la sexta Carrera hacia el Sol consecutiva para Sean Kelly y una victoria moral para Stephen.

Éste fue el más fuerte pero perdió toda opción de victoria por una avería mecánica.

Paralela a Niza se ha disputado una Tirreno-Adriático en la que Greg LeMond ha tenido que retirarse por rotura de muñeca.

Para su recuperación se instala en su rancho de Murieta (California) con la fatalidad de ser tiroteado por su cuñado.

Salva la vida por tener un físico privilegiado ya que un ciudadano de a pie no habría sobrevivido a tal desangrado.

Pero por desgracia se va a perder el Tour de Francia, Roche se ha librado en apenas unos meses de los dos primeros de la última edición del Tour.

Por estas fechas Stephen es de nuevo ganador moral en otra carrera de prestigio: Lieja.

Pero se puso a hacer el canelo con Criquielion y se la levantó Argentin.

Error de principiante, ya que con Moreno no hay que jugarse nunca los cuartos, corres el riesgo de terminar en cueros y tener que pagar un suplemento para poder taparte con un barril.

Llegamos al Giro, pero vamos a aparcarlo hasta el final ya que es el episodio más descacharrante de toda esta novela.

En el Tour de Francia Roche se beneficia de un clima benigno en lo caluroso, es superior a Perico en la lucha contra el crono, puede superar su May Day en La Plagne (bastante teatro en meta, eso sí) y en Morzine empieza a guisar su victoria recuperando unos segundos en una jornada en la que en principio tenía que mitigar pérdidas (como sucederá en la Vuelta 2002 en Ávila entre Aitor González y Roberto Heras).

Tour de Francia - Perico Delgado JoanSeguidor

Queda por disputarse el campeonato del Mundo de fondo en carretera.

Esta vez la sede es Austria y Roche acude con la intención de sacrificarse por Kelly.

Su compatriota Sean además de ser el favorito es un corredor que en el Mundial tiene la misma laguna en el palmarés que Jalabert y Valverde (hasta 2018 éste), con lo que a un Stephen en principio con la tripa llena no se le van a caer los anillos por hacer de currela esta tarde.

Así acontece, Roche en la última vuelta enfila el grupo, seca ataques y cuando se forma un corte de cinco muy cerca de meta no para de mirar girar el cuello buscando a su líder.

Pero no llegan y arranca pegado a las vallas para conseguir la triple corona.

A su vez se confirma como el mejor corredor del año al conquistar el Superprestige Pernod International, trofeo que con Kelly de por medio asolando carreras de una semana y clásicas no queda otra que hacer una animalada si lo quieres tener en tus vitrinas… y esto es lo que realmente ha hecho Roche en el 87.

Para terminar el relato vamos a retroceder unos meses y así situarnos en el Giro de Italia de ese año 87

La carrera arranca con la victoria en el prólogo de Visentini y por tanto primera maglia rosa. Posteriormente viene la WTF cronobajada al Poggio que se la lleva Roche (gran bajador) aunque la maglia pasa a propiedad de Breukink.

El conjunto Carrera se impone en la CRE y la prenda rosa vuelve a las espaldas de Roche.

El liderato lo mantiene hasta la primera CRI larga, en la que Visentini le arrebata el maillot y con Roberto de líder llegamos a la ultramítica etapa de Sappada.

Os recomiendo permanecer sentados porque vamos a vivir un episodio que, en cuanto a pelea interna, va a dejar el cabreo de Marc Soler en la Vuelta en una riña por ver quién pilla en el bus ventana o pasillo.

Ante ustedes el que seguramente sea el episodio más divertido de la historia del ciclismo:

Roche es compañero de habitación de Eddy Schepers, personajazo que ya ha estado trapicheando en jornadas previas, dejándose superar en la etapa que se impuso Bagot para así obtener como contraprestación ayudas futuras de Fagor.

Pero ojo, todo ello sin que su director Boifava tenga conocimiento alguno, ya que se la da con queso, le justifica su derrota con una falta de fuerzas en los metros finales.

Curiosamente Schepers en el 88 correrá en Fagor, como Roche.

El irlandés en vez de comentarle que ya te vale lo ve con buenos ojos, ya que asume que Carrera va a quemar todas sus naves en proteger a Visentini y van a pasar de él.

Ahora por fin llega Sappada. El desternillamiento comienza con un Roche que empieza a salir a ataques ante lo que Visentini decide marcar a su compañero como si fuese su peor rival, todo ello aderezado con que anda metido en la fiesta Bagot del Fagor, equipo en principio untado… pero no por Carrera en bloque sino únicamente por los dos compis de habitación… de risa tía Felisa.

 

Roche que es un gran bajador se larga en el descenso y lo hace en compañía de Bagot, que no se corta un pelo en colaborar, aunque por desgracia pincha el francés y se queda cortado.

Con Stephen escapado y tirando a muerte quién es el que tira en el pelotón… pues un tal Chiappucci de Carrera.

Esto empieza a ser Babilonia.

Ante todo este esturreo a Boifava no le queda otra que acercarse a Roche, la orden es clara: PÁRATE.

El irlandés tampoco deja interpretaciones a su respuesta: pues va a ser que no.

Roche continúa con su cabalgada, en el grupo de favoritos se producen ataques que hacen pasar apuros a Visentini… pero Schepers pasa olímpicamente de esperar.

Ni Telekom y ZG como equipo mixto en el Tour del 95 fueron tan a su bola, tela.

La escena se vuelve más delirante cuando Schepers no es que no colabore, es que se pone A RUEDA de un Visentini en modo Houston Houston.

Roche es atrapado por el grupo de Visentini pero, lejos de dejar un desarrollo más normal, cuando empieza a ceder el italiano lo que presenciamos es algo inédito: la maglia rosa quedándose y tiene a dos compañeros delante que pasan de su cara.

Roberto se pilla un melocotón del bueno y pierde la maglia con Roche.

En Carrera imaginad la que se monta con un Boifava que pese al liderato amenaza con expulsar de carrera al irlandés.

Stephen Roche Giro JoanSeguidor

La prensa italiana no perdona la actuación de Stephen y le pone el cariñoso apelativo de «Judas»

Visentini lejos de comentarios todo queda en casa no se corta un pelo y afirma que a Roche le va a dar una tunda por su comportamiento.

El italiano pese a proceder de una familia millonaria es un macarra de cuidado, como si Poli Díaz fuese hijo de Emiliano Revilla.

Tras el «Sappadazo», Roche barrunta que se va a largar del equipo para la temporada 88, pero ignora si le van a dejar tomar la salida por su rebeldía.

Al final puede competir pero ahora vienen sus yuyus ante un posible sabotaje y porque los tifosi empiezan a inflarle a lapos.

No se vayan todavía, aún hay más.

Continúa el lapidamiento a Roche y cuando Visentini parece que se pone en paralelo para echarle un capote es para intentar mandar a la cuneta a la pareja rebelde.

Cuando llegan a la Marmolada Roche tiene un problema mecánico (raro, raro) y claro, Visentini aprovecha para atacarle en el descenso.

Hay reagrupación y en meta Visentini sigue subiendo su energumenismo: afirma que la próxima vez le soltará un mantecado a su compañero de equipo.

El duelo fratricida termina con caída, hundimiento y retirada de Visentini

Roche mantiene la maglia rosa y se permite el lujo de imponerse en la crono final.

La guerra interna vivida en este Giro de Italia perdurará hasta la eternidad como el caso más extremo de lo que se conoce forerilmente como «equipo casa de putas» y en esta historia el protagonista no podía ser otro que el singular Stephen Roche.

Por Miguel González

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Ciclismo antiguo

Briançon, Lieja & Valkenburg, las 3 esquinas del ciclismo

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Grandes vueltas, monumentos, ciclocross… esto ocurre en Lieja, Briançon y Valkenburg

Hay lugares en el bello globo bendecidos por la naturaleza, la belleza o el azar. En ciclismo hay tres en concreto que beben de su ubicación y extraordinaria tradición. Supongo que podréis añadir alguno más, pero a mi se me ocurren estos tres: Lieja, Briançon y Valkenburg.

La primera la conocéis de sobra, es noticia una vez al año, fijo, cuando no más.

Es la cuna de la decana, la Lieja-Bastogne-Lieja porque era el trayecto que encajaba para que los periodistas fueran y vinieran en tren el día de carrera, siguiendo al pelotón.

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Por Lieja además pasa el Tour de forma recurrente, si no es directamente, en tránsito

Por Lieja discurrió incluso una edición de la Vuelta a España y en Lieja se han jugado varios campeonatos del mundo.

Incluso Lieja ha albergado el mundial, recuerdo uno en tiempos de Mariano Cañardo cuando los italianos monopolizaban la contienda.

Luego está Briançon, ahí en el valle, encajada entre Izoard y Galibier, en medio de un océano de cimas con nieves perpetuas, en una encrucijada, cerca de Italia, de Sestriere, la puerta al valle de Aosta.

Briançon y su ciudadela han visto el mismo año el Giro y a las pocas semanas el Tour de Francia 

Si no es final de etapa, es ciudad de paso. En el olimpo de los lugares ciclistas, está tocada.

Ciudades bendecidas por el ciclismo: Lieja, Briançon y… Valkenburg.

Aunque si queréis que os seamos sinceros, lo de Valkenburg es rizar el rizo.

Encajada en el Limburgo, la ceja de las Árdenas donde los Países Bajos dejan de ser bajos.

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En el corazón de la vieja europa la ciudad neerlandesa es al ciclismo lo que Old Trafford al fútbol, la catedral del circo de las dos ruedas, un idilio del lugar, de la gente y el paisaje con la bicicleta.

Valkenburg tiene por descontado el ciclismo anualmente siendo ciudad de paso, mil veces, y meta de la Amstel Gold Race, la fiesta nacional neerlandesa de la bicicleta y el ciclismo.

Valkenburg ha puesto en el mapa un enclave como el Cauberg, la violenta subida en la que Philippe Gilbert hace estragos, habiendo ganando varias veces la Amstel Gold Race y siendo, incluso, campeón del mundo.

La ciudad del Valkenburg, modesta en dimensiones y población ha sido sede de los Campeonatos del Mundo de ciclismo en carretera cinco veces. Nada más y nada menos.

Cinco mundiales de ciclismo han acontecido en Valkenburg

Viajamos a 1938 y conocemos a marcel Kint, alemán, que se convierte en campeón mundial.

Diez años después, y tres ediciones más allá, por el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial, Valkenburg corona a Alberico Schotte, el belga que sacó petróleo de la increíble rivalidad de Bartali y Coppi, anulados en un marcaje imposible.

Año 1979. Jan Raas, el especialista en la Amstel, saca oro de Valnkenburg que bate al sprint a Thurau y Bernaudeau.

Ya en el 98, Oskar Camenzind, suizo de Mapei, se corona campeón el día que todos miraban a Michele Bartoli bajo el diluvio de septiembre limbugués.

El Tour tambièn ha aterrizado por Valkenburg, dos veces además. Ganaron Giles Delion, prometedor francés, en 1992, y Matthias Kessler, alemán de final infeliz, en 2006.

Pues bien, con este bagaje, con una infinidad de carreras, pruebas y eventos relacionados con las dos ruedas, el Campeonato del Mundo de ciclocross aterrizó hace cinco años en Valkenburg.

Imagen: G.Demouveaux

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Ciclismo antiguo

1994: La Flecha Valona que cambió el ciclismo

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Nada fue igual tras la Flecha Valona de 1994 y los azules haciendo pleno

La primera parte de los noventa se tiene como la época más oscura de la historia del ciclismo y muchos toman la Flecha Valona de 1994 como el cénit.

No son pocos los testimonios que hablan de un ciclismo psicodélico, de corredores que no corrían, volaban, de cosas raras, de podencos hechos caballos de carreras,…

Testimonios no faltan.

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Dos son elocuentes. Greg Lemond justifica parte de su declive por las dos velocidades de aquel ciclismo, un salto de rendimiento que apuntaba una sustancia cuyas siglas eran EPO. David Millar habla en su libro de sus primeras carreras como algo inalcanzable, no había ni roto a sudar que el pelotón ya les había dejado de rueda.

#DiaD 20 de abril de 1994

En el año 94, la Vuelta a España seguía disputándose en abril.

En la antesala de la misma estaba el tríptico de las Ardenas, pero en orden diferente al actual. Una semana después de Roubaix, se corría la Lieja, luego la Flecha Valona y finalmente la Amstel, posteriormente vendría la Vuelta que en esa ocasión dominaría a placer Tony Rominger.

La Flecha Valona se presentaba como la reválida para Eugeny Berzin. El ruso de rubia cabellera había ganado en Lieja días antes y era la punta de lanza del potente Gewiss. Por nombres el equipo celeste copaba las apuestas, sin embargo, los italianos no querían ganar, querían sencillamente coparlo todo.

En el llano que precedía el muro de Huy, Berzin, que iba insultantemente fácil, tomaba unos metros sin que nadie osara seguirle, salvo sus dos compañeros Moreno Argentin y Giorgio Furlan. En la cima de Huy Argentin culminaba la masacre, siendo primero por delante de sus dos colegas.

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Ellos ruedan y nosotros nos quedamos. Hacen que ir en bici parezca sencillo, no necesitan ni preparar estrategia alguna” dijo Gérard Rué, el gregario de Miguel Indurain, preso de la incredulidad.

Los peores temores que circulaban por el pelotón se hacían realidad y las sospechas no tardaron en plasmarse cuando al día siguiente en una conversación entre Michele Ferrari y varios periodistas, en una pedanía de Lieja, el galeno afirmaba sin pudor:

Si yo soy ciclista y sé que hay una sustancia que mejora el rendimiento y otros la usan, yo también la utilizaría. La EPO no es mala, sólo lo es si abusas de ella, como si te atiborras de zumo de naranja”.

En efecto, el ciclismo de dos velocidades ya era un secreto publicado y público, la caja de pandora se había abierto, estallaría en pocos años…

Imagen: Cronoescalada

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Ciclismo antiguo

Amstel Gold Race by Jan Raas

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Nadie dominó la Amstel Gold Race como Jan Raas

Jan Raas fue una de las esas buenas figuras que tuvo el ciclismo a finales de los setenta y principios de la siguiente, que hizo de la Amstel Gold Race su feudo, se la llamó «Amstel Gold Raas».

Nacido en 1952, fue posiblemente el primer ciclista con pinta de intelectual.

Todo un espejo donde se miró el maître Fignon.

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Fue posiblemente el gran valedor de esa megaestructura neerlandesa llamada Ti Raleigh comandada por Peter Post.A Raas la victoria le gustaba más que a un tonto un lápiz 

Era perrete, parecía italiano más que ciudadano del respetable reino neerlandés.

Gustaba, además, de tomar el pelo a los rivales.

Su último gran triunfo fue en el Tour de 1984, una etapa donde puteó con tino al visceral Marc Madiot, hasta que le rebañó la victoria toda vez que le había asegurado que no estaba para dar relevos.

Sin embargo tuvo gestos encomiables, como cuando renunció al amarillo en un prólogo muy condicionado por la furiosa lluvia.

Eso sí, al día siguiente se empleó a fondo para vestirlo en buena lid.

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Éste era Jan Raas

Integraron con él el Ti Raleigh, Gerrie Knetemann, Henk Lubberding y un ciclista de apellido impronunciable, Bert Oosterbosch, quien posiblemente alimente parte del exorcismo presente que mantienen en Países Bajos frente al dopaje.
El de Eindhoven pudo ser por edad y ciclo competitivo uno de los pioneros en el uso de EPO.
Hay opiniones encontradas, pero lo que es constatable es que fue encontrado muerto por paro cardiaco a la edad de 42 años.
Con el tiempo Raas sería mentor de otro gran equipo holandés, la Buckler, ese bloque de los noventa compuesto por tremendos gigantones, el origen del actual Jumbo.

En 1977 Jan Raas ganó su primera Amstel, poco después de hacerlo en San Remo

Abrió por entonces el mejor periodo jamás logrado a título individual en la fiesta ciclista nacional y holandesa.
En sus orígenes, la Amstel debió partir de Amsterdam para acabar en la zona del Limburgo, lo que viene a ser la única montaña del plano estado bañado por el mar del Norte.
Las primeras salidas se tuvieron que ir finalmente a Breda, donde la rendición.
Mucho más joven que sus coetáneas valonas, la Amstel nació en 1967 si bien antes su creador, Herman Krott, logró que la empresa cervecera patrocinara un equipo amateur.
La Amstel surgió en cierto modo como culminación a los muchos critériums que poblaban el calendario nacional.
Eran muchos pero casi sin entidad.
Los Países Bajos que tan buenísimos ciclistas tenían necesitaban un acontecimiento de primer orden.
Si Limburgo es su hábitat, el Cauberg, su faro.
Raas tiene aquí su lugar fetiche, pues al margen de ser campeón del mundo, encadenó cuatro éxitos aunque alguno embarrado en la polémica como en un raro transitar de los coches de carrera que le acabó por beneficiar frente a Francesco Moser en 1979.
El ciclo de Raas lo interrumpió Bernard Hinault, cuando lo relegó a la quinta plaza una vez batió a De Vlaeminck.
Al siguiente Raas volvería a ganar.
Cinco veces campeón, el fenomenal ciclista tulipán es destacadísimo recordman de esta carrera pues lejos se ubican Knetemann, Merckx y Jaermann, dos veces ganadores, y Gilbert, con triple corona cervecera

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Ciclismo antiguo

El Tourmalet, Indurain, Chiapucci…

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1991, en aquella subida y bajada al Tourmalet no sólo sucedió el gran salto de Miguel Indurain

No sé cómo, aunque puedo imaginarlo, el otro día el algoritmo me recomendó echarle un ojo a este vídeo que me llevó directo al Tour 1991, el Tourmalet, Indurain, Chiapucci y cia.

Dicen que el tiempo da perspectiva, que alejarte de proporciona mejor visión de los sucedido y sin duda de las consecuencias y en esta ocasión pude corroborarlo.

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Ver aquella grabación me gustó, con los cortes de voz de Pedro González en TVE y Javier Ares y Luis Ocaña en las retransmisiones de radio de José María García.

Total que me papeé toda la subida y bajada a aquel histórico paso por el puerto más emblemático del Tour de Francia, una jornada que 33 años después sigue siendo histórica por lo mucho que pasó en aquella subida.

Recordad que la carrera venía de España, de Jaca, donde la hinchada se había decepcionado fuertemente con la actitud de los Banesto por no empezar a asediar el liderato de facto de Greg Lemond, dorsal 1 y gran favorito.

De hecho, durante un momento de la subida, el narrador de TVE, Pedro González, afirmaba que al americano se le veía seguro y fuerte, con visos de salir de amarillo aquella jornada de 250 kilómetros.

Sin embargo, Luis Ocaña no tenía tanta confianza en el americano, su lenguaje corporal no invitaba al optimismo y acertó.

Estábamos presenciando un cambio generacional en toda regla y no éramos conscientes de ello.

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Con Chiapucci abriendo camino en el Tourmalet, e Indurain siempre pegado a su rueda, Perico ya había cedido, Fignon nadaba contracorriente y Lemond acabaría descolgado.

Los de la generación del 64 -a la que perteneció también nuestro invitado del otro día, Raúl Alcalá, aunque en esa etapa ya se había retirado- habían derribado la puerta a por el trozo gordo del pastel.

Y no se irían en unos años, encabezados por Miguel Indurain.

Sin saberlo en esos instantes, estábamos viendo un cambio de orden y la marcación de las jerarquías en ese mismo orden, puesto que el momento de duda de Gianni Bugno, una vez pasado el descenso del Tourmalet le sacaría para siempre de las quinielas del Tour de Francia.

El Tourmalet siempre ha sido mágico, el gran anfiteatro del ciclismo, ha tenido mejores y peores ediciones, pero aquella tarde de julio de 1991 fue el gran «revolucionario» del ciclismo que nos asaltaba y marcaron los años más felices viendo este deporte.

Por suerte, mirándolo ahora, aquella magia, el cosquilleo anterior a las grandes carreras sigue y sólo espero que esa llama no se apague.

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