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Vuelta España

La Vuelta retrata el momento del ciclismo español

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Ciclismo español Vuelta JoanSeguidor
DT – 2022 post

Uno en el top 10, cuatro en el top 20: la situación del ciclismo español en la Vuelta a España

El ciclismo español, cuánto hemos escrito de él en este mal anillado cuaderno, cuántas veces hemos descrito, desde hace tiempo la realidad que esta Vuelta está retratando.

Es la realidad de un ciclismo español exhausto en cantidad, que no en calidad, cuyos síntomas de hace un tiempo afloran casi todos de golpe en una edición que como bien leemos aquí, no tiene la mejor de las participaciones…

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10218260347411711&set=a.2333293183382&type=3&theater

 

Y es que lo que dice Chema Rodríguez sí, da que pensar.

La general, en la segunda jornada de descanso, sigue teniendo sólo a Alejandro Valverde en el top ten, donde se sostienen ciclistas como Nicolas Edet o Carl Fedrik Hagen, el rookie desconocido de la carrera, como único local.

En el siguiente escalón vienen Ion Izagirre y Mikel Nieve, por detrás de Marc Soler, que va camino de los 27 años y no se ha visto nunca en el papel de líder.

Una situación muy coherente con el rol medio del ciclista español: ayudar a un jefe de filas.

Marc Soler dio un mal paso en Calpe y se descolgó tanto que las opciones de liderar el Movistar se desvanecieron desde el segundo día.

Marc Soler, desde entonces, ha estado ahí, rascando para una etapa que se le resiste y ayudando cuando se le requirió, de mejor o peor gana, pero ayudando.

 

La situación de Marc Soler es paradigmática de la situación del ciclismo español, que no tiene la cantidad que tuvo en la elite, pero sí tiene cierta calidad.

Los sempiternos problemas de Mikel Landa para encontrase de jefe único, la progresión de Enric Mas y si será capaz de seguir creciendo, entendemos que sí, pero habrá que verlo.

Fue segundo en esta misma carrera hace un año, pero el Tour se le descubrió como esa carrera que da y quita razones.

El Caja Rural viste sus mejores galas para la Vuelta a España 

Enric Mas es el ejemplo de «maduración española», más lenta, constante, siempre un poquito más.

Nada que ver con los caníbales que vienen por debajo, chavalucos de veinte años que quieren todo al momento.

Claro comparas unos con otros, y el ciclismo español no sale bien parado.

 

 

Como no sale de esa general que sólo tiene a Alejandro Valverde entre los diez mejores.

Un cuadro real, muy fiel de lo que venimos tiempo comentando, incluso en fechas tan mágicas como aquella Vuelta de 2012 que coparon Contador, Valverde y Purito.

Le llamaban la «edad de oro del ciclismo español»: pasaron olímpicamente de él. 

Aquella carrera marcó la cima, pero también el camino hacia lo que tenemos hoy.

Y hoy no tenemos fondistas, corredores que opten a ganar una grande más allá de Landa, Mas, Valverde, con los asteriscos que queráis ponerle, porque no es eterno…

Mirad las generales del Tour y Giro.

Más allá del mentado Landa, nada.

 

Sin embargo ocurre que, en esta Vuelta, el ciclismo español está rascando etapas de una forma a la que no nos tenía acostumbrados.

En una carrera que no tiene la concurrencia internacional de otros años, los ciclistas españoles están sacando buena tajada, y eso que no es sencillo.

Ganar una etapa en la Vuelta no es sencillo pues ha movilizado estrellas como Sam Bennett, Philippe Gilbert y Jakob Fuglsang, sin obviar las dos que se llevó el fenómeno Pogacar, la crono de Roglic y el golpe de mano de Nairo en Calpe.

Entre esos grandes nombres, emerge la segunda línea de ciclismo español que quizá no venda titulares en grandes medios, pero que ayuda a pasar el trago.

La ilusión, con resultados, de los tres equipos profesionales es el ejemplo.

Murias es la imagen perenne en la carrera y eso proyecta chavales como Oscar Rodríguez, que si no me equivoco se va a Astana, Mikel Iturria, el ganador de Urdax, Sergio Samitier, Héctor Sáez y un corredor que nos encanta, Fernando Barceló.

 

En el Burgos la aventura montañera de Angel Madrazo está copando miradas y líneas gruesas.

Este cántabro se ha ganado la estima del respetable y la mirada de los focos, su presencia en carrera es redonda, aparece antes, durante y después.

Su aportación es apreciable.

 

Y en el Caja Rural no hay tregua hasta que no caiga la victoria.

Creo que al carrera pone en otro escalón un ciclista veloz como Alex Aramburu.

Esta es la foto que la Vuelta nos deja del momento actual del ciclismo español, una foto que retrata un paciente estable, que un día lo fue todo, pero como siempre en la vida, días de mucho…

Imagen: FB de Euskadi Murias

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Ciclismo antiguo

La primera etapa de la primera Vuelta ciclista a España

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DT – 2022 post

Camino de 90 años del nacimiento de la Vuelta ciclista a España

Así conté un día la primera etapa del la primera Vuelta ciclista a España…

El día 29 de abril, a primera hora de la mañana, con el sol asomando sobre la coronilla de la arboleda de la Puerta de Hierro madrileña y una multitud congregada para la ocasión, se dio la salida a la primera edición de la carrera nacional.

Los diarios rezumaban titulares que retrataban el ambiente.

Un fotomontaje ponía en valor los bustos de las esperanzas españolas frente a la pequeña, pero muy experimentada, delegación extranjera. De izquierda a derecha: Federico Ezquerra, faz como desdentada, rehundida, presa de una extrema delgadez, pelo hacia atrás como recién lavado.

Un cadáver sobre la máquina. Luciano Montero, de mirada desconfiada, ceño arrugado y rostro ligeramente escondido, como si una sombra aplacara algún sentimiento frustrado.

Vicente Trueba, como ausente, ido.

Se vio que aquella no fue su carrera.

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Mariano Cañardo, esbelto, frente ancha, peinado marcado, gruesa nariz, ojos vigorosos y cara angulosa. Sonriente, fue el único en vestir camisola oscura, como distinguiéndose entre tan mal disimulado blanco.

Porque Mariano Cañardo era el hombre de la afición. Las miradas de la España que entronizaba su primera Vuelta eran para él. Las esperanzas se cernían sobre sus espaldas anchas y delimitadas por aquellos tubulares de recambio que tenían que llevar cual chaleco, en previsión del seguro reventón. El negro asfalto de la ruta lucía a menudo una marca hecha a mano.

Emborronada y tosca, la leyenda no iba más allá del “Viva Cañardo”, así, simple, escrito por miles de carreteras a yeso, con la muñeca en escorzo imposible.

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Niños, mayores, todos se desgañitaban al paso del navarro.

Espachurraban tiza en el suelo como quien empuja sus sueños hacia el cielo.

Casi de forma premonitoria, las portadas avanzaron lo que el sentir de la gente y la suerte de la competición corroborarían.

Mariano, dorsal uno a la espalda, era el hombre a seguir de salida, y lo fue a cada paso hasta Madrid, esa Madrid que rezumaba obras de Federico García Lorca por los carteles de sus teatros.

Las razones de aquella pasión de Semana Santa por Mariano derivaban de una excelsa lista de victorias en el panorama nacional desde el mismo momento en que decidió ser ciclista y se colgó un dorsal.

Aquel fornido ciclista de Olite, aunque instalado en Barcelona, desde su mayoría de edad presentaba credenciales sobradas en el panorama doméstico, tales como la Volta a Catalunya, la carrera que entonces marcaba el paso, que había ganado cuatro veces, sumada a campeonatos de España y la Vuelta al País Vasco.

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Harina de otro costal era hablar de sus activos más allá de los Pirineos, esa extraña frontera para los ibéricos de la época que Mariano sí que había osado cruzar, pues un año antes había sido noveno nada menos que en el Tour de Francia, en una edición ganada por Antonin Magne, con Vicente Trueba décimo.

No obstante correr en suelo no español, para aquella generación de ciclistas que, más que aprender el oficio, tuvieron que inventarlo, fue un cénit no solo físico sino también mental que habría que trabajar con calma, tiempo y pasión para superarlo.

La carrera partió muy temprano dirección Valladolid.

En el alto de los Leones el suizo Leo Amberg soltó el primer ataque de la primera etapa en la primera edición.

Pronto Mariano se erigió en protagonista. El navarro-catalán se soldó a la rueda del belga Antoon Dignef.

El infortunio quiso que los pinchazos hicieran acto de presencia bien pronto.

Los tubulares de Mariano parecieron de mantequilla durante toda la carrera, cosa que ya se vio en la primera jornada.

Varios pinchazos, y Dignef voló. El belga ganó en Valladolid una etapa para la historia, lo que le supuso ser el primer líder de la carrera.

Se vistió de naranja, algo que por mucho que lo intentara, Mariano no lograría jamás, aunque portara el dorsal uno en tan singular ocasión.

No obstante su historia mereció ser plasmada en los anales del ciclismo. Estuvo llena de grandes gestas, heroicidad y grandeza sin igual.

Pocos días antes de empezar, Cañardo manifestaba un disimulado optimismo ante la Vuelta.

No quiso entrar en el detalle de su estado de forma, no quiso concretar rivales, pero sí puso de relieve que los malos momentos del Gran Premio de la República, disputado poco antes, ya eran historia. Su ambición se tapaba a duras penas.

Confiado en sus posibilidades, la modestia solapaba lo que sus piernas le daban a entender.

Mariano quería ganar, y la magullada teoría de la superioridad foránea no iba a detenerlo.

Texto de libro «El primer campeón, el mundo que vio Mariano Cañardo«

 

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Ciclismo de carretera

La Vuelta 2021 recupera el equilibrio

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DT – 2022 post

La Vuelta 2021 presenta el recorrido más compensado de tiempos recientes

Si hay que dar un veredicto sobre el recorrido, a priori, de la Vuelta a España 2021 que se acaba de presentar, es el de que nos gusta, y lo decimos desde una base muy clara, que el organizador puede crear la mejor carrera del mundo, diseñar las etapas más bellas, pasar por bajo el balcón de nuestra casa… que si el ciclista no quiere, poco hay que rascar.

Como decimos, este balance es a priori y la palabra balance, creo que se ajusta a lo que pensamos de la tercera grande del año.

La Vuelta 2021 vuelve a las fechas de agosto y se instala entre dos de los monumentos más bellos de España, las catedrales de Burgos y Santiago

La combinación de Cruz para tu portabicicletas

Pero esto no será una ruta a Compostela al uso, tres semanas les va a llevar y por toda la geografía, esta vez sí, se van a mover, no hablamos de la Vuelta al norte de España.

Este primer punto de equilibrio se extiende a otros campos: las llegadas en alto se reparten mejor, no van todas en tropel, se realiza un guiño al maltratado colectivo de velocistas, hay una crono al final, sin tachuelas ni muros…

En definitiva una Vuelta más equilibrada, que será la de 2021, pero que nos recuerda a aquellas que se celebraban en abril.

Más de 25 años de eso.

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Aunque el camino hacia Santiago parezca la primera premisa al ver el mapa de la carrera, ésta se embarca en una ruta similar al del Cid en su primer tramo, dirección a Levante desde Burgos, premiando llegadas que recordamos míticas, como aquellas del páramo de Albacete y los destrozos que el viento provocaba.

La carrera sabe que una jornada con el Dios Eolo soplando es oro, lo sabe además de tiempos recientes, como aquella de Guadalajara que se corrió por encima de cincuenta la hora y puso al líder Roglic en un brete.

Las etapas llanas salpican el recorrido, en días que invitan a que los velocistas se animen y vuelvan a una carrera que no hace tanto se vanaglorió de tener a Van Poppel, Abdoujaparov, Cipollini y otros grandes de la velocidad.

Pero no sólo eso, cabe sumarle la dosificación de llegadas en alto, con la inserción de jornadas tipo Balcón de Alicante o la de Mos, Pontevedra, en la previa del final, que ponen acento en ese ciclismo de no dar tregua ni al líder ni a sus compañeros.

Jornadas de alta montaña se prevén sobre todo en dos escenarios, el almeriense con Velefique, esa etapa es terrible, y la incorporación del Gamoniteiro, la otra cara del Angliru, en una novedad que maridará con la tradición de los Lagos de Covadonga.

Asturias de ayer y hoy en la misma carrera.

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Nos gusta mucho la elección de Villuercas, una cima inédita que desmonta el cliché de que Extremadura no tiene dureza, y se le otorga al Picón Blanco, donde Evenepoel sacara el rodillo, el papel de «starter» en la montaña.

En definitiva una carrera que dando un paso atrás creo que gana en boca, mucho más que con esa profusión de muros y llegadas en alto que la habían llevado a la nulidad de movimientos entre los grandes, pues al final había tanto para poder atacar que el problema era elegir dónde.

Veremos qué queda y qué disfrutamos de esta Vuelta 2021, para agosto si las cosas no han mejorado, bien jodidos estaremos entonces, en todo caso la carrera que da continuidad a la mágica edición de 2020 merece la mejor de las suertes, porque ha demostrado saber modular un recorrido que sobre el papel pinta bien.

 

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Ciclistas

#Moment2020 El Roglic vs Carapaz de la Vuelta en Moncalvillo

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DT – 2022 post

La llegada a Moncalvillo fue uno de los grandes momentos de la Vuelta

Cuando Roglic cruzó la meta de Moncalvillo, inédito en la Vuelta, dijimos
No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.
El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.
Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.
A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

Casi dos semanas después de la cima riojana el resultado lo vimos: Primoz Roglic ganó la segunda Vuelta a España.

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En la Vuelta de otoño que guardaremos en la retina, los colores alcanzaron su máxima expresión en la cima riojana que estrenó el Chava.
Veníamos de un mano a mano corto pero intenso, antológico entre el esloveno y Carapaz, un pulso de iguales que decidió Roglic, enjuto en verde para estrechar las distancias que el caos de lluvia y frío de Formigal había generado.
Roglic atacó más de lo que acostumbra, no fue un «pancartazo», expresión que con lo de «fumarse la etapa» se ha adueñado de muchos juicios de este ciclismo que nos ha tocado en suerte.
Carapaz entró al trapo y se dieron hasta en el carnet, hasta que el esloveno, rehecho admirablemente del palo del Tour, marcó puso tierra de por medio.
Moncalvillo fue el descubrimiento de la Vuelta, la llegada de Roglic iluminado por el sol de tarde, el verde de su maillot, los claroscuros que marcaban su rostro, el fondo, una acuarela, una de las muchas que nos dio la edición más singular de la carrera
Imagen: FB de La Vuelta


 

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Enric Mas

Vuelta, no hay que volverse loco con Enric Mas

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La quinta plaza de Enric Mas en la Vuelta es un resultado de doble filo

Cuando hablamos de Enric Mas en la Vuelta o en el Tour se nos olvida una cosa que resulta obvia a la vista, pero invisible en las interpretaciones: lleva el maillot blanco.

En España lo hizo de pleno derecho, en Francia por que el titular de esa prenda, Tadej Pogacar debía priorizar el amarillo, e incluso también tendría el «polka jersey».

El problema de Enric Mas, y en esta Vuelta muchos lo han comentado, es la vorágine de jóvenes que ha tomado el ciclismo de rehén, consiguiendo que un ciclista de 25 años parezca arroz pasado, una sensación que es tan tangible como injusta, pero que se ha impuesto en los últimos dos años.

 

En el balance de Enric Mas cabe por eso ser cuidadoso, como se dice habitualmente somos muy dados a subir y bajar de pedestal corredores que son personas con una velocidad que coquetea con lo obsesivo.

Ni Enric era tan bueno hace dos años, cuando fue segundo en una Vuelta que supo gestionar a la perfección, ni va tan estancado hoy, siendo quinto.

En cualquier trayectoria deportiva, la línea recta es la excepción, en el trazo hay subidas y bajadas, distorsiones que merecen ser matizadas.

En caso del mallorquín, el quinto puesto de la Vuelta es un mal resultado aislado, pero no tanto si lo ponemos con el quinto del Tour.

Si en Francia la sensación fue la de un corredor que sabe sacar la cabeza en la tercera semana, que va a más, mientras otros acaban hincando la rodilla, en la Vuelta, Enric Mas pareció no progresar en la misma dirección olvidándonos que era la primera vez en su vida que corría dos grandes vueltas el mismo año.

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Hablando de la Vuelta, lo cierto es que Mas nunca pareció una amenaza para los primeros.

Su proverbial motor diesel le juega malas pasadas en llegadas tipo Arrate o Laguna Negra frente a ciclistas de rush final tipo Roglic, Martin o Carapaz.

El problema es que con un sistema de bonificaciones como el actual eso abre una sangría en su contra de segundos y segundos que en el ciclismo actual suponen una losa, ya lo vemos, estamos en las diferencias más pequeñas de la historia, que parecen nimias pero son muros infranqueables, para sacarle medio minuto a tu rival hay que echar instancia, los puertos duros, tipo Angliru, no permiten abrir grandes distancias, las llegadas al sprint en subida, dígase Arrate, se llega en grupo, y en las etapas de dureza encadenada, los grandes equipos le pasan lija a los rivales.

Medio minuto hoy es un mundo.

 

Ese motor diésel que tanto le sirve en el gran fondo queda penalizado en esas etapas que si un día salva, podrá aspirar a más en la semana final.

Pero para ello hay que tener la frescura que Mas lució en Francia y no apareció en este lado de los Pirineos.

La crono de Ézaro y la Covatilla en tono menor demostraron que el balear iba pidiendo la hora, y no pudo disputarle la cuarta plaza a un ciclista veterano pero nuevo en estos niveles como Daniel Martin.

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A todo ello se le añade la actitud y lo que transmite el corredor, Enric Mas será un ciclista que bien pulido podrá dar más de sí, pero su carisma está lejos de iluminar, cada uno es hijo de su padre y su madre y el carácter viene de serie, pero la gravedad que transmite en cada palabra que suelta frente a un micro no es el mejor aliado.

Al menos le honra pedir perdón y recular, cuando es necesario, como cuando dijo que una etapa de 230 kilómetros no era necesaria, y cuando no lo es tanto, como cuando se disculpó por no ganar en el Angliru.

Cuando sales a jugar la derrota entra perfectamente dentro de lo posible.

 

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