Ciclismo de carretera
La bicicleta es obligada compañera para entender Flandes
Con la bicicleta podremos ir a las raíces de lo que hoy es y significa Flandes
No es utópico decir que el sol se sale y se pone en Flandes con la bicicleta.
No es utópico decirlo, tampoco pensarlo, porque una vez pisas esa tierra bendecida por la bicicleta, te vas con esa impresión.
Flandes se relaciona con algunos elementos turísticos muy establecidos, una merecida fama de arte y monumentalidad, una gastronomía basada en un líquido dorado llamado cerveza, en todas sus gradaciones, un molusco famoso en los bulevares bruselenses y fuentes de chocolate…
Elementos de la mesa que hablan de la importancia de esta tierra en el mundo, de la cantidad de parajes que pisaron los flamencos y lo mucho y bueno que se trajeron por donde viajaron.
Hay formas de conocer esta cuña de terreno en la vieja Europa, pero sobre una bicicleta, Flandes se desnuda, se abre en canal, en todos sus aspectos y matices, una manera de conocer el terreno mejor que ninguna otra.
La bicicleta por Flandes viaja por las raíces de campiñas eternas, salpicadas de violentas pero pequeñas colinas, llenas de historias, ciclistas y no, caminos estrechos y granjas, muchas granjas.
Porque Flandes es, como dijimos, rural, surge del campo y del cariño por esas enormes campas que tanto y tantos han visto pasar.
Alforjas y bicicletas por Flandes
Sobre el mapa, ese rectángulo se llena de líneas de colores que no dejan sitio por pisar.
Son las nueve rutas icónicas en bicicleta que nos proponen por Flandes, desde las playas del Mar del Norte a la frontera con Países Bajos y Alemania.
Hay rutas geográficas, como la de la costa, de ríos, tipo Escalda y Mosa, también históricas, por la memoria de la Gran Guerra, e industriales, por la antigua ruta ferroviaria del carbón, hasta la de colinas, llenas de iconos del Tour de Flandes, y ciudades del arte junto a dos vueltas la del cinturón verde de Bruselas y la que dibuja el contorno de todo Flandes.
El buen ciclista que quiere conocer Flandes tiene que tener varias cosas por seguras, que las rutas van a estar perfectamente señaladas, que el tráfico será tranquilo y respetuoso, que las subidas no van a ser largas aunque algunas sí que empinadas y que en cada esquina tendrá ganas de apearse de la bicicleta y ver qué se cuece en el lugar.
Nosotros conocimos de primera mano dos rutas.
En la primera, bien remojados por una pertinaz pero agradable lluvia de junio, algunas de las colinas del Tour de Flandes las pudimos probar con alforjas.
Camino de Geraardsbergen, una ciudad que nos recibe entre canales, la ruta es un continuo subir y bajar que acaba en la Grand Place de la ciudad.
Allí, entre terrazas recogidas y gente disfrutando del domingo, apreciamos ese monumento tan belga que no es exclusivo de Bruselas, el Manneken Pis al pie de un ayuntamiento que merece un momento.
Es el kilómetro cero de la subida a la capilla, el Kapelmuur, un sitio que, como Nueva York, nos sabemos de carrerilla por verlo cada año en televisión.
Una tertulia ciclista nos anima en la entrada de la capilla, unos van de excursión, como nosotros, otro viene de Amberes y le pilla el sitio camino de Roubaix, le esperan más de 150 kilómetros bajo una cortinilla de agua estival.

Kappelmuur, un sitio que todo amante de la bicicleta debería conocer
Sin tregua, hacemos el tramo final y antiguo de De Ronde, pues la ruta conduce hasta el vientre del Bosberg, el último gran filtro de Flandes durante tanto tiempo, hoy sugerente, con lluvia densa y niebla baja, un sitio que invita a aislarse del mundo.
El camino de la ruta de las colinas debe ser escogido con cuidado, no todo el mundo puede encajar con alforjas sobre la bicicleta, el desnivel al final del día habla de la dureza acumulada.
En todo caso, que nuestro mapa siguiera camino a oriente, por entre urbanizaciones, pueblos dispersos y limpios campos de trigo y lúpulo pasando por fortalezas, instalaciones de la misma OTAN, tan en boga hoy y prados salpicados de vacas paciendo con placidez
Una advertencia, no es extraño cruzarse con una carrera, sea pro, sea amateur o sea una kermesse, las misas del ciclismo flamenco.
La gran vuelta a Bruselas
En el anillo verde de Bruselas, la variedad de paisajes es brutal.

Ciertos emblemas asoman por la ruta verde de Bruselas
Pasamos de grandes páramos mecidos al viento, a la intimidad de caminos vecinales adoquinados y los alrededores del mismo aeropuerto, sin obviar los vestigios de un pasado industrial muy potente.
Es el corazón de Europa y de la cerveza, pues en el camino varias fábricas toman la cuneta, mientras ciclistas de todas las edades, sin importar si llueve o no, pululan por cada curva.
Fueron dos días, pero podían haber sido muchos más, sin duda, un reto de disfrutar y aprender, en un territorio en el que la bicicleta es algo así como una “vaca sagrada”.
Irse allí, sin más información que el GPS cargado y la mirada afilada para los carteles es más que suficiente para sacarle todo el rédito a una excursión perfecta para disfrutar en bicicleta.











