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Ciclismo antiguo

La bicicleta eibarresa

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DT – 2022 post

Estos días rueda la Vuelta al País Vasco, con la incertidumbre que su recorrido le otorga, por parajes que le son trasncendentes: Eibar y su cuenca, toda esa zona encajada en el Deba y su afluente el Ego, un lugar de transición de Vizcaya a Guipuzkoa.

Aunque muchos lo sabréis, que la Itzulia ruede por aquí tiene mucho que ver con aquellos años que Eibar dejó su producción tradicional, la armera, y se pasó a la bicicleta, como producto más obvio y evidente para salir del declive de su principal actividad.

Fue tal la importancia que adquirió la bicicleta que varias carreras surgieron a su calor y del Club Ciclista Eibarrés, que dirigió Eulogio Gárate, quien capitaneaba el club al mismo tiempo que sorteaba la gestión de la mítica GAC. Fue precisamente Gárate quien consideró que para que el tinglado industrial eibarrés alrededor de la bicicleta –no eran pocas las marcas que a ella se dedicaban desde BH a Orbea, pasando por Abelux y la propia GAC- fuera total, había que crear competiciones que le dieran prestigio y resonancia a este producto.

Y así en los años cincuenta, con la población restablecida de los trances de la Guerra Civil, Eibar creó la Bicicleta Eibarresa, una carrera que sin duda plasmaba el enorme valor que este producto tenía para la villa que para siempre se llamará armera. También se creó la subida a Arrate con las vedettes de la época jugándose la suerte en una carrera explosiva. Unos años después se dio vida al famoso Memorial Valenciaga, en honor al industrial que tanto hizo por este deporte y que cada mes de abril, el mismo día que la París-Roubaix, señala a los mejores amateurs de España.

Eran años de opulencia para el ciclismo, seguido en masa, parando poblaciones enteras. Tan importante era el impacto que en las fábricas se decretaba descanso al paso del pelotón, dándose la circunstancia de ver densos pasillos azules marcando la ruta, pues los obreros, enjutos en su buzo fabricado en Bergara, salían a ver pasar a los Viejo, Ocaña, Anquetil y Merckx. Precisamente de ahí, de ese color, surgió el maillot de la Bicicleta Eibarresa, en honor a esos obreros azules que dejaban parada la máquina para ver pasar a los ciclistas.

En la Eibar de entonces fueron míticas la pista desmontable de Ipurua, las llegadas de la Vuelta a España y los no pocos campeonatos de España de ciclocross que se dirimían por laderas generalmente embarradas y a veces abnegadas de nieve. Con el paso de los años, la Bicicleta Eibarresa fue parte de la Vuelta al País Vasco. Al tiempo se volvió a emancipar, llamándose Bicicleta Vasca y abriendo el círculo geográfico, pero siempre con Arrate como fin de fiesta. La Bicicleta Vasca dejó de existir hace unos años y de ella quedó la llegada a Arrate y la salida de Eibar como testimonio vivo, aunque dentro del recorrido de la Vuelta al País Vasco.

En Eibar, hace 175 años nació una empresa familiar, regentada por varios hermanos que fue pionera en muchas cosas. Entraron en el negocio de las armas como marcaba la tradición, primero grandes, luego se sofisticaron, incluso llegaron a tener sus saltos de agua para generar energía eléctrica. Con el cambio de paradigma, se fueron a la bicicleta y fueron sociedad anónima hasta que su gerente Esteban se declaró incapaz de seguir adelante. Los trabajadores cogieron las riendas hace unos 45 años y desde entonces siguen haciendo bicicletas tras superar mil vericuetos. Hoy compiten desde Mallabia, cerca de Eibar, porque en ella era imposible permanecer por no haber más espacio para crecer. Esta empresa es Orbea y se bate en un mundo de gigantes con la innovación y los valores que marcaron sus orígenes, que dibujaron la bicicleta eibarresa.

Imagen tomada de www.rtve.es

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Ciclismo antiguo

Il Lombardía y el ciclismo auténtico

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DT – 2022 post

Todo buen ciclista italiano siempre mira a Il Lombardia

Muchos italianos pululaban por las salidas de la Vuelta a España, inquietos, afinando la forma, cuidando la figura. Están concentrados al 110%. “¿Vais al mundial” les dices. “Sí, al mundial, y a Il Lombardia”.

Es su monumento, el monumento, ese que algunos ven ahí, en octubre, lejos de los otros cuatro, pero que es un canto al ciclismo imperecedero.

Es el camino que nunca cesa, el círculo que nunca acaba. Lombardía a través de los tiempos, el ciclismo que muda, entre villas e iglesias románicas, lagos y enmohecidos bosques que desnudan su belleza cobriza, el ciclismo centenario, que bebió de la “belle époque”, Gino y Fausto, pero de los que vinieron después.

Porque si el ciclismo es eterno en algún sitio, pensad en Italia.

Il Lombardía es la meta desde hace 117 años.

Dios creó la bicicleta para que el hombre la utilizara como en el instrumento de esfuerzo en la dura carretera de la vida” reza el busto de Fausto Coppi, en en Ghisallo, la ermita de los ciclistas desde donde se atisban las lomas que anidan el lago de Como.

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Como toda grande que se precie, Il Lombardía nació para el relato de la prensa.

Era el titular de la época, el que gustaba y duplicaba tiradas.

La Gazzetta dello Sport sacó de cero la carrera. Era otoño, otoño de 1905, la Italia del norte, la que conectaba con la Europa que vivía en la efervescencia de miles de cambios que la acechaban.

Todo fue cosa de Desgrande italiano, Armando Cougnet, que inaugurando su nuevo semanario “Gli Sport”. “No hay tiempo que perder, necesitamos ideas y pasión a raudales, debemos atacar primero, tomar posiciones”.

Así era la prensa de principios de siglo XX, una lucha sin cuartel y pensaron en Lombardía. Estudiaron rutas con el Touring Club, pasaron dos años, madurando y meditando la propuesta, hasta que fueron a la Gazzetta y ésta echó el resto.

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Titulares lustrosos y grandes sobre fondo rosa: “Un critérium de otoño”.

Pensaron en noviembre, y un mes antes lo anunciaron, querían probar a los corredores en medio del incipiente invierno. 53 probaron las “delicias” del trazado, saliendo del sur de Milán, de enfrente de una trattoria, de nombre Boschetto in Rogoredo, a las seis de la mañana de un doce de noviembre.

Un tal Romolo Buni dio la salida ondeando la tricolor.

Buni era prehistoria itálica, estrella de la pista, se había medido contra el caballo de Buffalo Bill.

E Il Lombardía creció, y vivió la época dorada, que arrancó Alfredo Binda, el corredor cuya ausencia en el Giro estaba remunerada para dar opciones a los rivales, que siguió la estela de Constance Girardengo y que vio el florecimiento de un toscano que leyó Dante y comprendió a Miguel Ángel, Gino Bartali, quien antecedió a Fausto Coppi, la leyenda que atravesó generaciones y corazones.

Coppi ganó su quinto Lombardía en 1954, lo pudo hacer a los años, pero lo evitó Darrigade. Luego no hubo grande italiano que no escribiera su nombre en Il Lombardia: Bitossi, el ciclista del corazón loco, Gimondi, Moser, Saronni, Baroncheli, Bartoli, Cunego, Bettini y Nibali como síntoma de que aquí, el alma de ciclismo italiano que sobrevive a los tiempos como el garante de la tradición auténtica.

Imágenes: FB de Il Lombardia

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Ciclismo antiguo

Recuerdos del Txente García ciclista

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DT – 2022 post

Txente García, hoy popular director, fue un ciclista muy interesante

Han pasado once años desde el adiós del ciclismo pro de José Vicente García Acosta, también Chente o Txente, como prefiráis.

Lo hizo semanas después del final de Carlos Sastre, quien se evitó el trago de presenciar cómo un sponsor se esfumaba de un día para otro.

Hoy Txente García Acosta es uno de los directores más populares del World Tour, especialmente en este lado de los Pirineos, con sus sonadas participaciones en los documentales del Movistar, actuaciones que, ya lo dije, caen simpáticas en apariencia, pero que reflejan los tics del equipo, en esencia.

Con entonces 39 años, Txente era uno de los pocos testimonios en activo que convivió con Induráin en la pomada.

Hoy en esa tesitura está sólo Davide Rebellin… 

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Poco a poco se iban yendo los elementos que surgieron de aquella fabulosa época, expresando un adiós que nos dejaba ante la incertidumbre del futuro y eso que el tridente Purito-Valverde-Contador entraba en una fase de gran productividad.

Txente fue un tipo con suerte, lo sigue siendo hoy

Estuvo toda su vida deportiva, diecisiete añitos de pro, nada menos, siempre en la misma estructura, por mucho que ésta permutara su nombre ante las necesidades del patrocinio: Banesto- Illes Balears- Caisse d´ Epargne- Movistar.

Navarro, bonachón, buen ciclista,… tenía todos los números para culminar el tipo de carrera que ha desarrollado.

Siempre fiel al tándem Echávarri & Unzue, emprendió una trayectoria sin estridencias, abonado a la labor de equipo, con contadas perlas en su bagaje personal y ajeno a los muchos problemas que el pelotón español iba acumulando, desde que en 1995 diera el salto a profesionalismo.

Recuerdo la edición del Tour 1998, aquella que acabó con todos los equipos españoles ajenos a la contienda días antes de arribar a París.

Aquella fue una carrera sin victorias españolas.

Txente fue quien más cerca anduvo de ella, pero Danielle Nardello evitó su éxito, en un sprint in extremis que me dejó un mal sabor de boca enorme, pues aquel día Txente fue el más fuerte de la fuga.

Tomó revancha un año después, ganando una jornada antológica en el Macizo Central, con el plus de que aquel era el día nacional de “la France”.

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Ese regusto borró la sinergia negativa de un año antes.

Con el tiempo añadió dos etapas de la Vuelta a su escueto palmarés, que pudo ser un poquito más amplio en el caso de la grande española de no haber mediado aquella increíble jornada con meta en Ciudad Rodrigo, en el año 2000, cuando sus divergencias con Roberto Laiseka cerca del culmen, dieron aire a Vinokourov por detrás.

Esos años, quien más quien menos, soñábamos con aquel armario pamplonés liderando camino de Roubaix.

Pero eso no iba con el equipo y sus mentores.

Txente García Acosta se acopló al perfil de ciclista que querían en la casa,

De hecho Juan Antonio Flecha se había ido, años antes, al Fassa en busca de los estímulos que Banesto no le ofrecía.

Una doctrina que, en mi opinión, adormiló el potencial de Txente en el pavés, para la que muchos pensábamos que había nacido.

Sereno, dotado, fuerte, corpulento, forjado,… son algunos de los adjetivos que grandes del infierno del norte culminaron con el éxito final en el velódromo.

Como Txente coincidieron otros como Tchimil, Duclos Lasalle, Madiot, Tafi,…  que escribieron su fortuna en base a los mismos argumentos que siempre movieron al navarro.

Sin embargo éste nunca optó por ese camino de recompensa personal.

Nos quedará el beneficio de la duda en este tema, en el resto, haber sido leal a los mentores del equipo le ha resultado, como bien vemos.

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Ciclismo antiguo

Este sábado, una maravilla llamada Giro dell´ Emilia

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DT – 2022 post

Aunque no esté en el WT, en el Giro Emilia siempre hay mucho prestigio en juego

Este sábado, una semana después del mundial, viene el Giro dell´ Emilia, una de esas joyas que pervive en el tiempo y sobre los tiempos.

Todo en Bolonia, donde no hay momento que no suceda bajo una arcada.

Una ciudad bajo arcos, de espacios interiores, ajenos a la intemperie.

Un urbanismo paralelo, íntimo, a veces oscuro, testigo de negros eventos y peores presagios.

El Giro dell´ Emilia no es ajeno a esa estampa: Allí donde la ciudad pierde su nombre, trepa un tentáculo de ese pulpo callejero en forma de arcada, desde Porta Saragozza, no lejos de San Petronio y los grandes templos de la gastronomía boloñesa.

Una arcada que al principio es llana, paralela a la vía y que, en el espectacular Arco del Meloncello, corre montaña arriba para concluir en San Luca, iglesia que por fuera promete una belleza que no se corresponde con el interior.

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De entre los lugares que el ciclismo marca en la geografía, éste de San Luca no es el más conocido, pero aquí siempre lo hemos tenido como un sitio especial, muy especial.

Porque en pocos sitios el ciclismo entra en comunión con el entorno como aquí, con la carrera, los ciclistas subiendo paralelos a una arcada barroca que cobija peregrinos desde el siglo XVII hacia las entrañas de la basílica de arriba.

Una basílica que es un teatro, el escenario de una de esas carreras que perviven, a pesar de los tiempos del ciclismo superprofesionalizado.

Hablamos del Giro dell´ Emilia.

Recuerdo una vez que escribimos de ellos, y cómo desde un humilde despacho boloñés consiguen sacar adelante una competición que es un oro, un asidero a donde agarrarse porque todo es pequeño, cercando y amigable, como era el ciclismo que movía masas en la belle époque.

El pasillo hacia San Luca tiene, desde abajo, desde el tramo llano, 666 arcos, la cifra de la bestia, y acoge llegadas del Giro della Emilia desde hace unos años, los suficientes para ver ganar a Jan Ullrich, Gilberto Simoni, Michael Boogerd, Nairo Quintana y Esteban Chaves.

San Luca también ha visto el Giro de Italia, con triunfos de Moreno Argentin y Simon Gerrans.

El último de Primoz Roglic hace tres años, siendo el primer líder del Giro de Carapaz.

El esloveno es además el vigente ganador de la clásica.

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El Giro dell´ Emilia nació en 1909, es una carrera más que centenaria con Constante Girardengo en lo más alto.

Cinco triunfos le avalan.

En el lugar, antes que los citados, ganaron Moser, Coppi, Bartali, Motta, Leoni… hasta Eddy Merckx no ganó un internacional, y eso fue en 1972

Italia es esto, el sitio que se creó para que el ciclismo fuera más bello, el envoltorio perfecto para que este deporte encuentre donde hacerse grande, pero también cercano, un país que sigue presentando un calendario de final de temporada riquísimo, denso y variado, con un muestrario de carreras que ha sobrevivido a los tiempos de la crisis, que por esos lares fue también cruda.

Y todo porque al final del camino hay un monumento, está Lombardía con sus pocas hojas muertas.

Imagen: FB Giro dell´ Emilia 

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Criquielion en la llegada más dramática de un mundial

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El Mundial de Renaix coronó a Fondriest pero condenó a Criquielion

No he hablado mucho en este mal anillado cuaderno de Claude Criquielion, uno de los primeros apellidos que me suenan en mi infancia ciclista, ni siquiera había recordado ese mundial que un día perdió ante los suyos, en los confines de Flandes, en el límite con Valonia, en las calles que le vieron crecer.

Pero así fue, Claude perdió la opción de renovar el irisado de la forma más cruel y truculenta que uno puede imaginar.

Renaix es el nombre que suele salir en el palmarés de los mundiales, aunque si digo Ronse, quizá os suene más.

Al sur de Oudenaarde, esta ciudad es punto de paso de no pocas carreras de la primavera flamenca, siendo presente del ciclismo, pero también pasado con historias potentes.

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A la que protagonizaría el personaje de este artículo, cabría añadirle el polémico sprint mundialista que habían disputado muchos años antes Beheyt y Van Looy, con triunfo para el primero.

Aquello había sido 25 años antes de esta historia que nos lleva al año 1988, el mismo del Tour de Perico, de la etapa del Gavia en el Giro.

Aquella carrera era el típico mundial celebrado en Bélgica, con una expectación fuera de norma y una emoción que iba a más con el paso de cada giro.

En el penúltimo, el pelotón había dado cuenta del ataque de Laurent Fignon, quien no contento con el destrozo hecho, buscó la aventura de nuevo en la vuelta final, hasta que una rampa en el pie le dio la señal de que el físico no le daba para más.

No era el caso de Claude Criquielion.

Motivado por correr en casa, Criqui atizó fuego en la última vuelta, sacando de rueda a todos en el Kruisberg, con excepción hecha de un joven llamado Maurizio Fondriest, italiano de 23 años llamado a cosas grandes, como habríamos de ver.

Por cierto, que ver al trentino hoy en día es un espectáculo, Maurizio creo que está más flaco ahora que en su época de ciclista activo.

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Criqui, campeón años antes en Barcelona, volaba hacia meta con el italiano al son de los «Claudy, Claudy» que chillaban los suyos desde la cuneta.

El ritmo era fuerte, pero no suficiente como para evitar que Steve Bauer, líder aquel año en el Tour justo antes del asalto de Perico, les diera caza a medio kilómetro de meta.

El canadiense se fue cerrando de cara a meta, delante del trío, yéndose hacia su derecha para dejar un pequeño pasillo por el que Criqui quiso pasar sin que hubiera espacio físico.

El belga hacía el afilador, se iba al suelo, Bauer se descentraba y Fondriest tomaba el mando para celebrar su título de campeón.

La desgracia de Criquielion, cruzando a pie la meta de aquel mundial, fue legendaria, formando parte de uno de los episodios más recordados de la historia de la carrera más bonita del año.

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