Ciclistas
#Top2022 Jonas Vingegaard, ¿el ciclista histórico?
El futuro dirá si Jonas Vingegaard fue el primero en parar los pies a Tadej Pogacar
Los ojos vidriosos de Jonas Vingegaard en uno de los grandes parques de atracciones del mundo, el Tívoli de Copenhague, fue el preludio de la historia de amor que el primer danés en ganar el Tour iba a iniciar con la carrera francesa.
Con antecedentes fallidos, dígase Riis y Rasmussen, Vingegaard abrió la cuenta de un país que vive intensamente la bicicleta y el ciclismo en la mejor carrera del mundo en un ejercicio que, como podéis suponer, no era nada sencillo.
Vingegaard llegaba a la gran salida de Tour como segundo en la anterior edición y la contrastada sensación que nunca había sido capaz de ganar a Pogacar.
Se situó arriba de la jerarquía de un super equipo como el Jumbo Visma, un poco a la sombra de Primoz Roglic, pero sabedor que su forma podía ser incluso la del teórico líder.
Semanas antes del arranque del Tour, todos comprobamos como el Dauphiné se lo llevó Roglic un poco con el permiso y aquiescencia de Jonas, consciente que lo importante era en julio y en Francia.
Una segunda línea en la que Vingegaard siempre ha estado cómodo, porque en el fondo la victoria y todo lo que implica le abruman.
Pero no dudó en dar el paso al frente en el mejor sitio posible, en una etapa memorable, el baile del Granon, un concierto gentileza de una marca de supermercados en la que Jonas tenía la nada sencilla tarea de ser la estrella.
Es obvio que su equipo fue clave esa jornada, que a Pogacar había que derrocarle con la estrategia pero también con la valentía y a lo bruto, pero señoras, señores, había que estar ahí, rematar la cosa y ser el mejor cuando todos ya se abrían.
Vingegaard voló en Granon, accediendo a un puesto que casi todos dábamos por descontado para Pogacar con la sensación de que, con el esloveno detrás, no iba a poder dormir tranquilo hasta cruzar la línea de París.
Pogacar lo intentó, pero el danés de esta carrera fue superior en todos y cada uno de los capítulos de la historia, solventando circunstancias nada sencillas como la jornada de Hautacam, en la que los UAE y el esloveno le pusieron al límite, hasta bajando.
Imaginar la presión que hubo de sortear es complicado, como pensar que dentro de unos años, cuando hablemos de este ciclismo como de ciclismo antiguo, Vingegaard pasó a la historia como el primero capaz de pararle los pies a Pogacar.
¿Se los volverá a parar?
Eso queremos ver el año que viene, pero mientras esperamos nos quedamos con la forma de hacer de este ciclista que parece raro en el tiempo que le ha tocado vivir.
Se le ve tímido, abrumado y volcado en los suyos, no le gusta el artificio ni prodigarse en exceso, ha vuelvo, por decirlo de alguna manera, a la vieja fórmula de jugarlo todo al Tour y a ver qué pasa.
No sería justo que su año empezó y acabó en el Tour, pero casi, pues buena parte del mismo ha pensado en la mejor carrera, centrando esfuerzos, mentalidad y horas de trabajo fuera de los focos.
El camino que separa la Tirreno, donde Pogacar fue intratable, del Tour, puede ser entendido como uno de los grandes trabajos individuales de la historia del ciclismo, pues este ciclista cogió toda la frustración que supone correr contra Tadej y la volvió a su favor para impulsarse hacia la victoria, una victoria que, ahora, le toca defender.





