Opinión ciclista
El Giro más apretado del mundo
Quienes hemos visitado el Véneto con cierto detalle y otros rincones de esa maravillosa bota que es la itálica, sabemos que la región en general y Venecia en concreto son otra cosa, pues se da la circunstancia que en estos lares creció una fructífera, sobre todo fructífera, república, como lo recuerdan los cientos de pendones que siembran la ruta, que la hizo crecer con rasgos muy diferentes a sus regiones más próximas.
Como si la regla que confirmara la excepción, ha sido curioso este Giro, que no ha sido ni la mitad de bello que los últimos pero que nos da una crono para el cierre realmentre tremenda, con cuatro ciclistas en menos de un minuto, y otros dos en el ciclo de minuto y pico, algo que muchos estarán ahora buscando por los almanaques pero que yo ni siquiera recuerdo por un csuak
De carácter anárquico, con leve fobia a las multitudes y expectación, Thibaut Pinot está logrando mucho más de lo que imaginaba en este Giro, pues no han sido pocas las veces que pensamos que el francés se descolgaba de la cabeza. No ha estado delante, en vanguardia, en punta, mucos días, el francés, pero ahí está, tercero a veinticuatro horas de llegar a Milán, con una etapa en el zurrón y la opción de subir al podio, su segundo podio en una grande desde el Tour de hace tres años.
Nos alegramos por Pinot, que tuvo un día la lucidez de cambiar el paso e irse allí donde se veía con opciones, demostrando que hay más ciclismo más allá del Tour y de julio, siendo incluso francés y líder de la FDJ. Pinot, por lo que fuere, pareció haber tocado techo en la grande más grande, sobre el papel, un techo que cada año rompe su anatagonista, el ciclista de los pocos pero certeros movimientos, Romain Bardet. Por eso nos alegramos, porque Pinot saca partido a una decisión muy complicada, jugarse el pan lejos de casa y en terreno comanche, que es lo que ha sido este Giro, un todos contra todos y el retrato de más de uno.
La última jornada de montaña de la carrera, a menos de 24 horas de Milán, ha sido el espejo del alma, de lo poco que queda en esas piernas maltrechas piernas tras veintiún días de trasiego por la Península que Garibaldi unificó hace 156 años. Un quiero y no puedo, donde cada uno ha dado la medida de lo que tiene o quiere tener o quiere evidenciar tener.
Ya valoraremos las cosas cuando bajo el Duomo con más agujas del mundo se corone el nuevo propietario del rosa, pero en este Giro hay un antes y un después para algunos, una fina pero tangible linea en el aprecio y cariño que algunos se ganaron un día, pero que sin regar quedó en el recuerdo, en el lejano recuerdo. Sólo espero una cosa, que la crono haga justicia y aunque sangre a muchos, este Giro lo merece ganar Tom Dumolin.
Imagen tomada de FB del Giro de Italia
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