Mundo Bicicleta
La fotografía ciclista más impactante del ciclismo colombiano
Una fotografía delató que el niño fue a ver una carrera ciclista sin permiso de sus padres
La foto es una de las más famosas de Horacio Gil Ochoa, y también uno de sus mejores disparos.
Gil Ochoa, un fotógrafo de la vieja escuela que se dedicó a seguir la Vuelta a Colombia durante décadas, a registrar con su cámara las carreras menores y mayores de este país que enloquecía con el ciclismo.

A perseguir la caravana por las trochas incógnitas y despiadadas para lograr las mejores imágenes, Horacio, repito, publicó ya muy viejo un libro imperdible que contiene lo mejor de su obra.
El libro se llama “La bicicleta, mi cámara y yo”.
Allí hay momentos emblemáticos y memorables de la historia del ciclismo colombiano, una verdadera colección de anécdotas y paisajes que vale la pena repasar con detalle.
Pero lo que nos interesa de esta imagen es su carácter fortuito, de coincidencia absoluta, de serendipia desafortunada –si cabe el oxímoron– por lo contrahecha de la imagen y lo sugerente de la escena.
Horacio Gil Ochoa captó el momento en que Jairo González se estampilla de frente con un niño atravesado en la mitad de un circuito por la ciudad de Medellín en 1969.
La anécdota es famosa: el niño se había fugado de su casa sin permiso para ver la carrera y medio barrio, sus padres incluidos, se enterarían luego viendo la fotografía en el periódico.
La imagen contiene pues un elemento que quiero explorar con detalle en más fotografías: eso que Cartiez Bresson llamó “el instante decisivo”, el momento justo cuando el fotógrafo tiene que capturar la realidad para que esta quede completa, apresada en una fotografía.
¿Cabe el ciclismo, ese deporte que es una oda al movimiento y la transformación, dentro del marco rígido de ese instante decisivo de los fotógrafos?
Trek y su relación con el carbono
Esta postal, que muestra la faceta más dramática y espectacular de una carrera, nos demuestra que sí cabe: allí está el gesto de dolor, allí está la suerte encontrada en la ruta como una lotería, allí está el pavimento escribiendo el futuro del ciclista y del niño, que no termina de caer porque nos parece aún en movimiento, allí está, en últimas, la terrible belleza contenida en un segundo.




