Ciclismo antiguo
Fernando Escartín era el hombre de los triunfos colectivos
El recuerdo de Fernando Escartín es el de un ciclista que volvía con el cargador vacío a casa
Fernando Escartin tuvo algo como ciclista que lo hizo magnético, pocos dieron en la llave del corazón de la afición como él, menos aún lograron un palmarés que sin ser extenso, es de calidad.
Un corredor que manejaba lo que manejaba, un físico resilente pero no explosivo que alargaba hasta el extremo la virtud del esfuerzo y entrega.
Aún hoy, cuando hablamos de ciclistas destartalados, dicho sea con todo el cariño, sobre la bicicleta, nos viene a la mente su imagen retorcida, dejando la vida en cada pedalada, desafiando a los propios gatos y sus siete vidas, haciendo cómplice al espectador agradecido de aquellos que en cada contienda volvían con el cargador vacío a casa.
La jornada que Fernando Escartín ganó en el Tour del 99 fue icónica, por plasmar con triunfo una trayectoria que necesitaba una guinda similar a aquella que recordamos no hace tanto de Marino Lejarreta en Millau, nueve años antes.
Pero no sólo eso, también por que si una cosa tuvo la mejor versión de Fernando Escartín, el que corrió en el Kelme, fue que sacaba petróleo del equipo verde.
Ese día Pipe Gómez, Javier Pascual y Javier Otxoa pusieron las miguitas en el camino de Escartín.
Recuerdo cuando ganó la Volta, estaba yo en esa carrera, cómo se retorcía camino de una meta en una urbanización de Platja d´ Aro, una carrera que lo aupó al Tour aquel, el del 97, en el que caminaba, remaba y hacía todo lo posible para que Ullrich y Virenque no se le fueran muy lejos.
Aquel año en la Vuelta a España pisó el podio, con una jornada mágica en la niebla de Covadonga, una jornada de trabajo impecable de Juan Carlos Domínguez.
Por que siempre fue así, Fernando Escartín fue el hombre que cuando recogía el premio lo hacía en nombre del colectivo de su equipo y la admiración de la gente que siempre apreció su sincero gesto de esfuerzo.
Como cuando casi se mete en el podio del Tour que acabaría abandonando, en la jornada de Les Deux Alpes y Marcos Serrano dejándose todo por él.
Hoy le vemos en la Vuelta y con su marca de ropa, podríamos decir que es frío, incluso distante, por eso preferimos recordarle con el empeño de aquel ciclista que ganó corazones y conquisto cimas reservadas para los mejores de cada tiempo.
La buena estrella que tuvo entonces la conserva hoy, ocupando la plaza que anteriormente regentó Abraham Olano, a quien sacaron a empujones por algo que cuesta creer que el propio Escartín no hiciera también durante su época de ciclista.
Sin esas cosas que todos saben y nadie saca, no sea que…
Imagen: Arainfo



