Ciclismo
Didi el Diablo, robado en Barcelona
Por primera vez Didi el Diablo no ha podido seguir una etapa del Tour
El Tour arrancó su edición de 2026 desde Barcelona con todo el despliegue mediático y la pompa habitual que rodea a la mayor carrera del mundo, un eventazo para quienes pudimos verlo en directo y para quienes lo siguieron por televisión.
Sin embargo, más allá de los vatios, los maillots de estreno y las estrategias de los equipos en la contrarreloj por escuadras inicial, la intrahistoria de la salida la protagonizó un hombre que lleva más de tres décadas siendo parte inseparable del paisaje de la ronda gala.
Dieter Senft, Didi el Diablo, sufrió un desagradable revés que le impidió cumplir con su tradicional ritual durante la primera etapa.
El carismático aficionado alemán de setenta y cuatro años vio cómo la delincuencia urbana empañaba el inicio de su viaje siguiendo la carrera.
Los ladrones asaltaron su nueva autocaravana negra rompiendo la ventanilla del copiloto mientras se preparaba el inicio de la competición en la capital catalana.
El botín, lejos de tener un gran valor económico, resultó casi anecdótico pero profundamente molesto para el veterano animador.
Se llevaron una pequeña nevera portátil que contenía algo de jamón y queso, un cepillo de dientes, un peine y un pequeño altavoz.
Por fortuna para la mística de la prueba, los asaltantes pasaron por alto su celebérrimo tridente, el mismo que lleva agitando desde su debut en los Pirineos en 1993.
Este percance obligó a Senft a tomar una decisión inédita en su trayectoria: quedarse custodiando el vehículo dañado y acudir a la comisaría a interponer la correspondiente denuncia, perdiéndose por primera vez en su historia una jornada completa del Tour.
Para realizar los trámites policiales, el entrañable personaje tuvo que contar con la ayuda desinteresada de dos personas que ejercieron como intérpretes improvisados.
Fiel a su habitual sentido del humor y demostrando la resiliencia que le caracteriza, Didi cubrió provisionalmente el hueco de la ventana rota utilizando una tela roja que él mismo describió en sus redes sociales como diabólicamente elegante.
A pesar del mal trago inicial y de pasar el primer día entre formularios y llamadas en lugar de animar a los ciclistas en directo, el Diablo no permitió que el suceso detuviera su viaje.
Tras subsanar el imprevisto, Dieter Senft pudo reincorporarse a la ruta en las siguientes etapas, volviendo a su posición habitual al borde del asfalto para el deleite de las cámaras y los corredores que ya enfilaban los Pirineos.
Imagen: ASO/Louis Legon







