Opinión ciclista
El ciclista en el arte de la desescalada
La desescalada ciclista es más difícil que el confinamiento
Ya estamos en el momento soñado por el ciclista medio: la desescalada.
El descenso de un puerto es mucho más difícil que su ascenso.
Y esto lo sabemos muy bien los que amamos la montaña, la alta montaña: alpinistas, escaladores, ciclistas, esquiadores…
Para lanzarse hacia la otra vertiente, descender, bajar o como se ha puesto de moda ahora la palabra desescalar, el deportista debe llegar a la cima muy lúcido, sin acusar una fatiga que le haría perder en gran parte sus opciones de éxito en la declinación del pico.
El descenso vertiginoso y con temeridad es peligroso.
Se necesitan reflejos rápidos y se ha de calcular muy bien y con precisión cuándo frenar, escrutando la bajada y sus peligros: una curva con poca visibilidad, un reguero de agua, una calzada deslizante, gravilla, etc.
El buen descendedor muestra calma y habilidad.
Porque una desescalada es también agotadora y nos pone a prueba ya que es continua y exigente.
La tensión ha de ser permanente para no perder el control.
Después de una dura ascensión, de muchos esfuerzos realizados en la subida, la recomendación es no dejarse caer y relajarse de tal manera que nos haga pensar que todo ya está hecho.
Por tanto, como con nuestras bicicletas, desescalemos también moviendo las piernas, como en la escalada a ese puerto, que nos permita estar atentos a todos esos peligros ocultos que parece que hayan desaparecido después de coronar el alto.
Y no es así porque siguen ahí.
Que tengáis tod@s una buena desescalada, amig@s.
Foto: Pau Catllà



