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Mundo Bicicleta

Cuando los ciclistas no llevaban GPS

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Ciclistas GPS JoanSeguidor

Mov_Gore

Hubo un tiempo en que el GPS era el propio ciclista

Ahora que todos me habláis de GPS y otros aparatos…

El otro día me lo volví a encontrar.

Hacía al menos tres años que no lo veía, desde que dejé de salir con mi club de toda la vida por motivos que no vienen al caso.

Sí, lo volví a ver, y como siempre también montado en su bici. Pocas veces lo había visto vestido con ropa de calle, en alguna cena del club o en alguna asamblea, por eso siempre lo recordaba con su maillot de lana con sus franjas horizontales en el pecho rojas y azules.

Incluso lo recordaba con su gorra del club colocada estilo Ocaña, aunque esto fue al principio, cuando el uso del casco era poco habitual.

Y es que ya hace más de 25 años que lo conozco.

Yo también salía con mi bici y nos alegramos mucho de vernos, porque quizás, al menos en mi caso, fue uno de los compañeros al que más llegué a apreciar.

Fueron muchos miles de kilómetros los que compartimos juntos, muchas marchas uno al lado del otro recorriendo un país entero dando pedales, en una época en lo que importante era disfrutar juntos, todos los miembros del club, en las diferentes pruebas de cicloturismo puntuables para el circuito que organizaba la Federación.

Pepe, como se llama mi amigo, debe rondar ya los 60 años, aunque los lleva muy bien.

Yo diría que no ha cambiado nada en estos últimos 20 años.

Siempre lo veo igual.

Él me introdujo en el club y me enseñó a ser «ciclista»: a arreglar un pinchazo rápido, a realizar buenos relevos, a saber centrar una rueda ajustando los radios, a ser un buen compañero…

Muchos y buenos consejos, pero no sólo a mí, si no también a todos los que empezamos en esto de la bici, siguiendo el rebufo de los demarrajes de Perico o el ritmo asfixiante de Indurain.

Él no, él era de mucho antes.

Cuando lo conocí era ya todo un guerrero veterano de cuarenta tacos, un tío fuerte que andaba tanto para arriba como para abajo o en el llano.

Cuando llegaba la montaña pocos podían seguirle, sólo los jóvenes fieras del grupo A, y bajando nadie tenía narices a seguirle.

A veces intentaba colocarme detrás de él, en el descenso, pero sólo para disfrutar de su pedaleo, de su técnica, de su trazada en las curvas.

Era todo un espectáculo.

Y en el llano, parecía aún más fuerte.

Era capaz de ponerse al frente del inmenso pelotón que salíamos de Barcelona y poner un ritmo alto y no pedir ni un sólo relevo en kilómetros y kilómetros, hasta que se enfadaba y mandaba a otros a tirar del carro.

Todo el mundo le respetaba, y aunque a veces mostraba un poco de mal humor recriminando la actitud, con razón, de algunos que campaban a su aire, también todos le apreciaban y querían.

Sin embargo, a pesar de estar fuerte, él nunca iba con el grupo A, él era el capitán del B, el grupo más numeroso, el más difícil de controlar y el más variopinto, donde existían tantos niveles como ciclistas formaban el grupo.

Pero él se sentía cómodo así, digamos con la clase media del club, el elitismo se lo dejaba a los del A, los que iban más rápido y más lejos, por eso él prefería disfrutar más de este grupo, contemplar el paisaje, charlar con los compañeros, aunque si había pique él era el primero en apuntarse.

Lo pasábamos pipa jugando a ciclistas

Él decía que en el A siempre había batalla, en el B casi siempre y que el que no la quisiera se fuera al C.

Las marchas eran otra historia.

Allí teníamos que ir siempre todos juntos, como club, todos bien equipados y dando la sensación de un gran Club.

Así llegamos a ser hasta tres veces consecutivas ganadores de aquel circuito para satisfacción nuestra.

Las cosas ahora han cambiado mucho, yo creo que no son como antes, salvo excepciones.

Pienso que muchos ya vamos a nuestro rollo en las marchas, demasiado pendientes del reloj, pero hace más de 20 años era otra historia, parábamos a almorzar incluso en plena marcha.

Algunas organizaciones nos invitaban a sentarnos cómodamente en algún restaurante.

Todo un lujo.

Eran unos años que disfrutamos muchísimo del cicloturismo, del compañerismo, de la montañas, de las carreteras, siempre capitaneados por Pepe que, perdonadme la expresión, era el «puto jefe», el «puto amo», del club.

Con Pepe no hacía falta GPS

Por todos era conocido que Pepe se sabía los recorridos a la perfección, se adelantaba en los cruces para avisar al grupo para que ningún compañero se desviara y se perdiera.

Era capaz de subir y bajar de aquel gran pelotón que formábamos para ver si faltaba alguien o para avisar de que íbamos a cruzar un pueblo con cruces peligrosos, o con semáforos que, por supuesto, respetábamos todos o la bronca por parte de Pepe estaba asegurada.

Yo siempre lo recordaré así.

Él fue el que me enseñó a ser solidario con los de atrás, a avisar de cualquier peligro, un bache, un obstáculo en la calzada, cualquier cosa que fuera una amenaza para el grupo.

Siempre, con su mano derecha, nos indicaba el peligro y se giraba una y otra vez para comprobar que todo marchaba sobre ruedas.

Se preocupaba siempre.

A la salida, en el punto de reunión, siempre nos explicaba los pormenores de la excursión, los puntos conflictivos, los pueblos que visitaríamos, los puertos que ascenderíamos con sus porcentajes.

Era, y es, un fenómeno.

A la hora de almorzar nos volvía a recordar el camino de retorno, los puntos de reagrupamiento, las fuentes donde parar a rellenar bidones.

Todas las excursiones las tenía controladas en una época en que el GPS ni existía ni falta que nos hacía.

Pepe era nuestra estrella y nosotros su satélites que girábamos en torno a él.

Disfrutábamos mucho y nos daba seguridad.

Era un personaje que en aquellos años existía prácticamente en todos los clubes: era el Gran Capitán, el que lo organizaba todo.

Y después de tres años lo he vuelto a ver con su antigua bici.

Coincidimos bastante kilómetros juntos, los suficientes para recordar viejos tiempos, lo bien que lo pasábamos, cuando aún íbamos con rastrales y con las manetas de los cambios en el cuadro, con aquellos maillots que aún guardamos con cariño, tantas veces sudados y que tanta alegría nos habían proporcionado, pero que ahora podrían pasar perfectamente en una marcha vintage.

Y como siempre Pepe, además de ir charlando, me iba explicando por dónde íbamos pasando, que si cogíamos tal cruce o tal otro iríamos a parar a tal sitio, que tuviera cuidado con un bache que había 50 m más adelante, o con el semáforo del pueblo, o con las obras que se estaban realizando de circunvalación a la entrada del próximo polígono, lo que iba a suponer una mejora para nosotros ya que nos dejarían la vía libre de automóviles.

Un fenómeno este Pepe que sigue conociendo todas las carreteras de este país.

Después de tanto tiempo, allí volvía a estar a mi lado, pedaleando, como siempre, como si no hubieran pasado los años, y como siempre también sin llevar pulsómetro, ni cuenta-kilómetros, ni GPS, ni nada parecido y ni falta que le hacía.

Cuando le pregunté qué cuándo iba a entrar en el siglo XXI y se iba a comprar un aparato de éstos me contestó muy serio:

«¿GPS? ¿Estás de broma? ¿Tú no sabes cómo me conocen ahora en el Club, no? Me conocen como el Pepe, el «Pepe ese«.

Casi me caí de la risa.

Pepe, cuídate, un fuerte abrazo.

Imagen tomada del CC Gràcia

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Cuando la bicicleta desterró al caballo

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Entre los logros de la bicicleta, cabe reseñar cuando sacaron el caballo de las calles

El caballo fue un animal domesticado por el hombre desde tiempos de la prehistoria. Con los años pasó a ser un elemento clave en la movilidad individual, llegando a su apogeo en el siglo XIX. Sin embargo no todos podían permitírselo. Un caballo exigía unos cuidados de personal competente y entendido que sólo la aristocracia y alta burguesía podían costear. Con el tiempo hubo transporte colectivo movido por fuerza animal, pero los costes seguían siendo altos e incluso los espacios para atenderlos bien, en urbes a veces de plano medieval, escasos. El caballo además se fatigaba y el trayecto a pie se cubría en menos tiempo con frecuencia.

Llegaron entonces los ingleses con el pragmatismo que les caracteriza para sacar el “caballo mecánico” o también “hobby horse”, la evolución de la draisiana, el invento de Karl Drais que se demostraba más rápido que el caballo de toda la vida. Ese invento era el predecesor de la bicicleta y “galopaba” a buen ritmo en la mente de la sociedad con la popularización de carreras como la Burdeos-París o la París-Brest-París, incluso la singular Viena-Berlín en 1893 sobre el mismo trazado que se había cruzado tiempo antes a caballo.

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El resultado de aquella prueba fue concluyente. Los ciclistas fueron el doble de rápidos que los caballeros. Casi 31 horas de los primeros frente a las 72 de los segundos sobre nada menos que 582 kilómetros. Un medio el doble de rápido y cuatro veces más económico, los números se imponían y la gente empezó a valorar su forma de moverse por las ciudades.

El caballo había sido hasta el momento ejemplo de caché y prestigio, tenerlo era la evidencia de que la vida te había ido bien o que pertenecías a una familia adinerada, pero su profusión hacía invivibles las ciudades del momento. En 1902 París albergaba un parque “caballístico” de 102.000 unidades, aquello era insostenible, y no sólo en coste, también en higiene y suciedad, con la propagación de enfermedades que ello implicaba.

En contra la bicicleta crecía en prestigio. Asociaciones de velocipedistas y afines empezaron a hacer campaña, a desdeñar antiguos mitos del prestigio y poderío del caballo y divulgando las facilidades del nuevo transporte. Sería la primavera de la bicicleta, su primera explosión, en medio de ciudades donde nada sobraba y asegurar las tres comidas diarias era un reto. Sería la instalación de la flaca hasta que llegó la explosión del motor y los coches en los años cincuenta.

Hoy vemos muchas similitudes con aquella sociedad apestada por la suciedad e incomodidades que implicaba el transporte en caballo: cambiad este noble animal por el coche, mirad lo que son cada mañana nuestras ciudades en cuestión de atascos y veréis que el momento que algunos presumimos histórico se vivió hace cien años con un éxito…

Imagen tomada de Attelages-magazine.com

 

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Mundo Bicicleta

En ciclismo el abanico es sinónimo de tortura

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Hay diferentes perspectivas cuando hablamos de un abanico en ciclismo

Para los amantes del ciclismo, un abanico es un tipo de formación que dibujan los ciclistas en días en los que hace acto de presencia el viento, de forma lateral, por intentar resguardarse de él. Para los aficionados, un abanico es sinónimo de belleza, espectáculo, velocidad…

Para un corredor, es dureza, nerviosismo, tensión, sufrimiento, peligro.

La aparición de viento lateral no es siempre sinónimo de abanico. Para que se produzca, necesitamos un equipo o corredores con ganas de liarla, que aprovechen este aire para montar el abanico, o que la propia velocidad de la carrera, muchas veces ayudada por el tipo de carretera, lo provoque.

Si el abanico te lo montan, todo pasa muy rápido. Vas rodando en el pelotón y de golpe se acelera el ritmo. Buscas como un loco la protección del aire, para sufrir lo menos posible, no cortarte tú y rezando para que no se rompa el grupo. Cuando esto pasa los abanicos suelen hacerse rápido. Posiblemente acabes metido en uno de ellos relevando, no muy cómodo, pero irás haciendo.

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Si el abanico se produce de forma natural, sin que nadie lo busque, todo es más lento. Poco a poco el pelotón deja de ocupar la totalidad del ancho de la carretera y va decantándose por el lado contrario al que pega el aire. Estiras el cuello y miras a la cabeza. Todavía se ve el ancho de la carretera ocupado. Piensas en lo que darías por ir bien guardado ahí. Avanzan los metros, las fuerzas van escaseando, y ya se rueda enfilado. Algún corredor que no ha podido entrar en la fila, busca desesperado un hueco, pero nadie suele ceder ni un metro. Sin darte cuenta estas haciendo equilibrios por el borde del asfalto. Se rueda rápido, y de vez en cuando sientes como esas malas hierbas que viven al borde de la carretera se pegan en tu zapatilla.

Intentas como un loco meter la rueda delantera, entre el borde del asfalto y la rueda trasera del corredor que te precede. Cualquier mínima protección es buena. Algo ha pasado por delante, y el bandazo, que llega hasta la cola del grupo en forma de acordeón, casi provoca una montonera. Entre el esfuerzo y el susto, el corazón te sale por la boca. Vuelves a tu posición de tortura, estas hasta las narices de ver el culo del dorsal 104. Esa noche acabarás teniendo pesadillas con él.

Ya no sabes si formas parte del pelotón de cabeza, o de un segundo o tercer abanico. Tampoco sabes si llevas 20 minutos así o una hora. Sea como sea, se hace eterno. Al final ese dorsal 104, que ya “odias”, pierde unos metros. Se deja la vida por no cortarse, pero acaba rindiéndose para abandonar la cuneta de la tortura y buscar la del lado contrario.

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Estás vendido. Quieres cerrar esos escasos diez metros. Aprietas los dientes, las piernas te explotan y acabas optando por abrirte para encontrar el amparo del dorsal 104, ante tu incapacidad por entrar en la fila. Los corredores que vienen a rueda siguen tu estela, ese hueco es insalvable. Buscaran tener un mínimo respiro y relevar en un nuevo abanico, que les permita minimizar la pérdida de tiempo. Tu deseo de llegar a un cambio de dirección en la carretera no ha llegado a tiempo.

Ahí ya ves claro que si no hay un gran cambio te tocará perseguir hasta meta, pero por lo menos, lo harás con algo más de comodidad. Al cruzar la línea de llegada, la tensión, la sensación de peligro constante y la fatiga te han dejado para el arrastre. Los abanicos, eso que disfrutan muchos, pero sufrimos unos pocos.

Por Eric Monasterio

Imagen tomada Zarabici

 

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Mundo Bicicleta

La Sea Otter Europe pondrá el foco en el ciclismo urbano

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El crecimiento del ciclismo urbano no será ajeno a la Sea Otter Europe

La edición 2021 de la Sea Otter Europe internacional será el punto de inflexión en la movilidad en las ciudades, ciclismo urbano en definitiva.

El festival quiere poner el foco y promover su crecimiento y concienciación junto al territorio Costa Brava – Girona y en especial este año también de la mano de Littium by Kaos como marca urbana. Y es que la urgencia climática es latente y poco a poco debemos buscar soluciones para mitigarla.

La edición 2021 del festival internacional será el punto de inflexión en la movilidad urbana, en la que el festival quiere poner el foco y promover su crecimiento y concienciación junto al territorio Costa Brava – Girona y en especial este año también de la mano de Littium by Kaos como marca urbana. Y es que la urgencia climática es latente y poco a poco debemos buscar soluciones para mitigarla.

Para ponernos en contexto, el Acuerdo de París es el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, adoptado en la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) en diciembre de 2015. A raíz de este acuerdo se describieron un conjunto de 50 acciones para alcanzar los objetivos del pacto para 2050.

Aun así, 2020 ha supuesto un año de reflexión y de autocrítica que ha planteado la urgencia y necesidad de ir más allá, estableciendo el reto de pasar de una reducción del 40 % de las emisiones para 2030, a una de al menos el 55 % para 2030.

La industria del ciclismo tiene un papel clave para esta transición ecológica

El compromiso por parte de la industria del ciclismo está hiendo a ritmo para formar parte de este cambio. Y a pesar de que la movilidad sostenible y el uso de la bicicleta todavía plantea retos, también es cierto que sus ventajas superan en creces los motivos por los que querer formar parte de este proceso de transición ecológica.

Sea Otter Europe quiere promover y motivar este cambio hacia un ciclismo urbano más sostenible. Como evento internacional y de carácter europeo, quiere servir de altavoz para todas aquellas marcas vinculadas a dicha causa, para que se siga construyendo este camino que a largo plazo supondrá una mejora sustancial tanto de calidad de vida, como de salud y de disminución de nuestro impacto al medio ambiente. Y es la industria del ciclismo, la que puede acelerar este cambio para poder alcanzar el nuevo objetivo para 2030.

Girona y la Costa Brava, el sitio perfecto para promover la movilidad urbana

Desde hace años, Girona y la Costa Brava se han convertido en una capital ciclista europea por ser la primera residencia de corredores profesionales en activo de las grandes citas ciclistas (Tour de Francia, Giro de Italia, etc), además de ser una ciudad adaptada a nivel de movilidad para el público ciclista (tanto en el ámbito de servicios como de infraestructuras).

Y en consecuencia se ha construido como el hub del estilo de vida ciclista europeo por su gran concentración de tiendas de ciclismo, coffee shop y empresas organizadoras de rutas ciclistas, entre otras, con una clara tendencia a ser una ciudad totalmente sostenible y amigable, y orientada a la movilidad urbana.

Littium by Kaos se suma en las acciones de movilidad sostenible del festival

Este 2021 la marca Littium by Kaos, una marca de pedigrí eléctrico y de origen vizcaíno, conocida por sus modelos de bicicletas urbanas, sumará fuerzas con el festival para seguir impulsando la movilidad urbana.

Tal y como explica el director de márquetin de la marca, Carlos Núñez «en nuestro país la movilidad es una carrera de fondo. No se trata sólo de vender bicicletas, sino de transmitir a la sociedad en su conjunto y la clase política y autoridades la necesidad de cambiar el paradigma de la movilidad hacia modelos más sostenibles y, además, más saludables.»

Ciclismo urbano en la Sea Otter Europe: Littium Girona Urban Ride

Es por esto, que para seguir promocionando la practicidad y beneficios de la movilidad urbana en bicicleta y con un aire lúdico, nace la Littium Girona Urban Ride.

Una actividad pensada por y para las visitantes más urbanitas, que se añade al programa deportivo de la Sea Otter Europe.

Una salida en grupos de quince personas, por el centro de la ciudad y en bicicleta eléctrica. Con un recorrido ideal para conocer sus rincones, descubrir sus monumentos, tomar un tentempié y hacer una foto de grupo para enmarcar la experiencia.

Una actividad pensada para disfrutar juntos de las bondades de pasear por Girona en bicicleta urbana y eléctrica, y en el marco de la Sea Otter Europe durante el fin de semana del 24-25-26 de Setiembre 2021.

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Ciclismo antiguo

En el Pordoi de Fausto Coppi

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En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

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Cambrils 400×400
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Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

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Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo, sueños ciclistas 

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Pues no es complicado ganar un Tour, que el pobre Roger Walkowiak casi tuvo que pedir perdón...

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Todo es ciclismo en la vida de Ane Santiesteban. @ivoox https://go.ivoox.com/rf/79000804?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_content=audio&utm_campaign=tw_autopublish

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Omar Fraile, «Ojalá hubieran más equipos como Ineos»

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#PodcastJS

La Burdeos-París, ciclismo llevado a todos los extremos

https://www.ciclo21.com/burdeos-paris-ciclismo-llevado-a-todos-los-extremos/

Por @JoanSeguidor

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