Mundo Bicicleta
Ciclismo australiano: una historia de éxito
Enero es el mes del ciclismo australiano
Hace no tanto, ponedle un cuarto de siglo, que son veinticinco años, todos estábamos en enero pendientes de concentraciones, reuniones de equipo… el ciclismo en Europa desperezaba, recuerdo incluso grandes estrellas compitiendo en duatlones, como el del Campoo, Perico, Marino y Peio, entre otros.
Desde hace un tiempo las cosas son diferentes. Deporte global, ciclismo global, y el ciclismo ya no habla lenguas de raíz latina, habla inglés y una parte de ese ciclismo, inglés oceánico, inglés de matiz australiano.
Es el fecundo ciclismo australiano que este año, tres después, recupera su Tour Down Under, en la picota a causa de la pandemia.
Sea como fuere de casualidad en esta historia hay poca. Australia es el primer ombligo de la campaña ciclista por clima, por condiciones, sí, pero también por una tradición que, aunque joven, ha crecido a ritmo acelerado, como queriendo saltar en poco tiempo la desventaja que tenían frente al continente europeo.
El ciclismo australiano ya tiene sus eventos WT, Tour Down Under, donde muchos se dieron cuenta que no había azafatas en el podio, y la carrera de Cadel Evans, con mucho el mejor ciclista que ha dado ese país.
Australianos en ciclismo hay hace muchos años, obviamente nos acordamos mucho de Phil Anderson, uno de esos fijos en las imágenes que saben la leyenda de los ochenta, entre Hinault, el viejo Joop y Roche, entre muchos otros.
Anderson tiene a bien ser el primero reconocible en un camino que no fue sencillo. Si leéis el libro de David Millar, incluso el de Bjarne Riis, podréis saber las miserias que los que venían de la Europa no continental tuvieron que pasar. Incluso Greg Lemond, con toda la aureola que le rodeó, también se jugó su ser para triunfar en este deporte. Iba con una mano delante y otra detrás.
Pues bien, si pensáis que estos lo tuvieron difícil, imaginad los australianos que venían desde la otra punta del mundo a jugarse el pan y buscar acomodo en un ambiente que de todas, todas, les resultaba hostil y lejano.
Quizá por eso los pocos ciclistas australianos que venían fueran tan buenos, y triunfaran sí o sí, a veces rozando el límite, nos viene a la mente Robbie Mc Ewen o incluso Baden Cooke, auténticas pesadillas para sus rivales.
Ellos son la parte de un todo, que creció en nombres, pero también en convición y apuesta.
La lectura que siempre nos valió para el inglés también es válida para el ciclismo australiano, porque desde la gran isla se hizo una apuesta monumental por el ciclismo en pista que les reportó muchas medallas, no tantas como a los británicos, en los velódromos olímpicos.
Y de esos mimbres surgió el Orica, cuya perfección quedaba patente cada vez que se disputaba una crono por equipos, recordad grandes bloques como BMC o Sky inclinándose ante los aussie, perfectos en los relevos, en el reparto de esfuerzos, en el qué colectivo.
Hoy Orica se llama Team Jayco, visten uno de los maillots más feos del World Tour, y tienen varios australianos en su seno, en especial el eterno Michael Matthews , si bien el líder sigue siendo Simon Yates, Dylan Groenewegen, el hombre rápido y, Zdenek Stybar, fuera del Quick Step, apunta la primavera.
Sólo tres están en la lista de los 100 mejores de siempre, el anotador Mc Ewen, el mentado Anderson y el ganador del Tour, Cadel Evans.
Richie Porte no está en ese estatus, pero su retirada se tiene que notar por narices, incluso con el último ganador del Giro, Jay Hindley en liza, pues no son muchos en la primera línea, desde Caleb Ewan a Ben O´Connor pasando por Dennis, Haussler, Clarke y el querido Jack Haig.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet




