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El Ambit3 Vertical de Suunto a prueba

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DT – 2022 post

Hemos sacado a pasear estos días el nuevo Ambit3 Vertical de Suunto, un reloj de Calidad Europea, que supera con diferencia a sus rivales.

El buque insignia de Suunto se renueva y nos ha dejado este Ambit3, un reloj con clara orientación a los amantes de largas sesiones, ofreciendo una amplia gama de actividades para este segmento de mercado. El Ambit3 Vertical nos aporta datos en vivo y en su posterior registro, estadísticas y resúmenes de ejercicios completos, que podremos, cómo no, compartir con multitud de APPS ideadas en exclusiva para Suunto y su gama Ambit3 para los amantes del outdoor que se adaptan a la perfección a nuestro Ambit3.
El Ambit3 Vertical Puede además sincronizarse con la mayoría de teléfonos mostrando datos más amplios, incluso en directo.
En ese sentido Suunto nos ha demostrado que sabe de la importancia que cobra compartir datos a través de redes sociales mediante teléfonos móviles ¿Quién no carga el entreno en el minuto uno después de salir?

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Suunto Ambit3 Vertical2

Ahora que existe un calendario amplio de carreras de larga duración, queremos resaltar un aspecto que el Suunto Ambit3 Vertical tiene, y es su batería, la cual nos ofrece cobertura en cualquier salida, dure lo que dure.
Suunto ha renovado sus baterías para reforzar la autonomía, sabiendo que la conectividad con otros “gadgets” conlleva mayor consumo. El Ambit3 Vertical es así uno de los relojes mejor preparados para salir a disfrutar de la montaña totalmente informado de lo que hacemos. Con este reloj podéis estar tranquilos en cualquier salida que hagáis de sky touring, BTT y carrera montaña, la batería asegura 100 horas de actividad a pleno rendimiento.

Tras ponerlo a prueba en varios escenarios, apreciamos la esfera metálica de aspecto robusto de este reloj, compuesto en casi su totalidad de plástico de calidad flexible, al contrario de lo que pasa con correas de otras marcas, famosas por sus plásticos de duración determinada. Aquí tenemos una correa cambiable con buen ajuste.

Suunto Ambit3 Vertical4

Antes

En la muñeca nos resulta cómodo, con un peso y lectura correctos, gracias a su pantalla invertible con dos fondos: dígitos negros y fondo blanco e inversa. El Ambit3 Vertical está pensado para un perfil de usuario claramente de montaña o para carreras trail.
Cuando nos colocamos la cinta sorprenden su ligereza y delgadez, a diferencia de otras más gruesas. Ésta se sincroniza en pocos segundos con nuestro equipo, al igual que el GPS nos fija con rapidez. Esa espera, algo tan odiado por los deportistas, se acorta, sobre todo en los momentos previos de una carrera, cuando nos vemos dedicando tiempo a algo que nos puede llegar a poner nerviosos en medio de un mar de GPS intentando coger también señal.
En ese sentido, vemos que la frecuencia de refresco del pulsometro y de la velocidad es alta y se puede medir con Polar, algo que no ocurre, por ejemplo, con Garmin.

Suunto Ambit3 Vertical1

Durante

Ya en movimiento el Ambit3 Vertical nos da una usabilidad sencilla, con manejo rápido y posibilidad de cambiar fácilmente de pantalla, con hasta ocho diferentes aspectos para cada deporte. Al final de la sesión tendremos una amplia ristra de información que quedará grabada y podremos consultarla cuando queramos.
Este Ambit3 Vertical ha implementado las “alertas por vibración” ,de esta forma cuando vayamos cumpliendo los diferentes objetivos nos irá avisando. También cuenta con un nuevo barómetro, más preciso, que nos muestra la altitud a la vez que nos puede mostrar el desnivel hecho y el restante de un track o “ejercicio” guardado en nuestro Suunto.
Como dato curioso deciros que la actualización de abril de 2016 (1.0.27) se conecta con el sistema de navegación GLONASS ofreciendo datos de altura y otras posibilidades a través de este sistema de satélites rusos.

Suunto Ambit3 Vertical

Después

Tras la paliza, tendremos a nuestra disposición todos los resúmenes de las sesiones guardadas, con sus respectivos desniveles y así saber cuánto hemos llegado a acumular en nuestras carreras o salidas a la montaña, el Ambit3 Vertical puede guardar durante meses sin problema.
Destacar, como hemos dicho, la multitud de APP que hay para nuestros registros de actividades, destacando una comunidad donde planificar o registrar actividades o rutas, para despues poder compartirlas.

Vida cotidiana

El hecho de que este Ambit3 Vertical se complemente con aplicaciones actuales y se sincronice como si de un “weareable geek” se tratara, le da un plus de actual y moderno, cumpliendo con los usuarios más exigentes que necesitan saber y estar conectados con su smartphone, estando informados en todo momento mediante bluetooth si su terminal recibe mensajes o llamadas.
Un ejemplo claro de su intención de ir más allá de ser un reloj, es que este Ambit3 Vertical trae una aplicación capaz de medir nuestro sueño y así saber cómo y cuánto descansamos, lo cual puede ayudar a la hora de rendir en nuestros entrenos, una función que hasta hace poco solo los weareables o app de tablets podian hacer.

Conectividad y sincronización

Lo mejor de este Ambit3 Vertical es su rápida conexión con el dispositivo que queráis mediante APP exclusiva de Suunto en la que podremos ver todos los datos de nuestro ejercicio. Incluso Strava se integra en la APP para darle mayor apoyo, así como la compatibilidad con IOS y Android para abarcar a todo tipo de segmento Smartphone.
La APP para el Ambit3 Vertical se completa en segundos y es recíproca, es decir, podremos realizar ajustes en el reloj desde la APP y a la inversa, para mayor comodidad.
Suunto quería equipararse a otros relojes inteligentes como Garmin que ofrecían avisos en pantalla, así este Ambit3 Vertical ofrece avisos en pantalla de Mails, SMS o llamadas, siendo un primer paso a tener esa extensión del móvil en la muñeca.
En el próximo artículo desarrollaremos las propiedades de las APP de Suunto para este Ambit3 Vertical y todas sus características de forma extensa.

Una comparativa

El Ambit3 Vertical es sumergible con su correa adaptable para natación y 100 horas de batería, cosa que le aleja a sus rivales. Su precio le coloca en el segmento de gama alta de relojes deportes y en un precio sensiblemente inferior su competidor Garmin Fenix 3 o un V800 de Polar que por otro lado queda más corto en prestaciones.
Y es que el V800 de Polar es el llamado a competir con Suunto Ambit3 Vertical. Su precio es superior (en función de la web o la tienda, puede ser sensiblemente inferior pero nunca más barato) que ronda los 320€ con la HR GPS (ver comparativa de precios de Google Shopping aquí). Un modelo que ha quedado antiguo si lo comparamos con el Ambit3 Vertical, mucho más actual y completo con todas las funciones que aporta de outdoor y ciclismo.
El otro modelo directo de la competencia es el Garmin Fenix 3, un modelo de gama premiun y con prestaciones también similares, aunque su GPS más lento y su corta batería no es rival. Su precio ronda los 420€ (ver comparativa de precios de Google Shopping aquí). Los materiales que emplea este reloj, dista de las calidades de Suunto que presume de solo utilizar acabados de primera en su ambit3, algo que Garmin no suele respetar y sus usuarios se ven volcados a cambiar las correas en tiempos breves después de su uso.

Precios oficiales y webs donde se venden

El precio de este Ambit3 Vertical, irá en función de si lo queremos con HR o no. Su PVP recomendado será:

Suunto Ambit3 Vertical: 419€
Suunto Ambit Vertical HR: 469€

Ojo, hablamos de precios oficiales recomendados por Suunto.

Después de mirar por diferentes webs, hemos podido encontrar el Suunto Ambit3 Vertical con unos precios un poco más ajustados en FitnessDigital, donde el precio del Suunto Ambit3 Vertical HR, se sitúa en 399,99€ o Ekosport, donde baja su precio hasta los 379,90€, modelo del Ambit3 Vertical actual del 2016 y nuevos con 2 años de garantía de Suunto .

Suunto Ambit3 Vertical3

Recomendaciones

Por la cantidad de datos que nos aporta y los elementos que incorpora, creemos que es perfecto a para un importante abanico de deportes, siendo quizás demasiado para un usuario que sólo corre o sale a “trotar”.
Para quienes tocan varios palos, quienes gustan de exigirse y tener todo lo necesario para ello, este reloj cumple de sobras. Después de probarlo y tenerlo en las manos, podemos afirmar que es garantía de calidad, cubre holgadamente las calidades exigidas a esta marca europea, con detalles que otras han pasado por alto, como los recambios de correa o la calidad de la misma.
Por último recordar que este Ambit3 Vertical es sumergible, a la medida de los triatletas, pues muchos de los relojes de competición son resistentes al agua pero no sumergibles, teniendo a veces que adquirir dos modelos en función del deporte que quiera practicar.
Ah, y para los ciclistas que quieran rizar el rizo se puede complementar con el STRYD SENSOR, un accesorio NO exclusivo para Suunto y que podemos añadir a nuestro Ambit3 Vertical, para la medición de nuestra potencia y que tan de moda se ha puesto entre los más exigentes y los pros. Este accesorio nos aporta información extra, pudiendo migrarla a nuestro teléfono u ordenador y recuperándola. Se vende a parte y no está incluido en nuestro Suunto Ambit3 Vertical.

Por último dejadnos detallaros un listado claro y conciso de lo que compráis adquiriendo este Ambit3 Vertical de Suunto:

Alertas por vibración.
Perfil de altitud en la pantalla del reloj… y si sigues un track ya grabado te muestra el desnivel hecho y el que queda.
Barómetro para un mayor y mejor detalle de la altitud.
Desnivel positivo acumulado por sesiones, semanas, meses incluso año.
Planificación de rutas en Movescount con visión del perfil.
Posibilidad de medición de la medición de la potencia corriendo (con el Stryd Sensor).
Cristal mineral.
Batería de hasta 100 horas con GPS conectado (como el Ambit 3 Sport).
Conectividad con el teléfono móvil.
Sumergible a 100 metros
10 deportes en el reloj y 8 pantallas por deporte.
Navegación GPS.
Miles de Apps para personalizar el reloj.
Test de sueño y test de recuperación rápida.
Brújula 3D.
Medición de calorías.
Suunto movie (la película virtual de cada ejercicio).
Posibilidad de registro de pulso con la Smart Belt válida para natación

Una review de Toni Marín

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Vigorelli

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DT – 2022 post

Vigorelli es historia universal del ciclismo, pura y dura

Lo que significa el Vigorelli no es exclusivo de Milán y sí para todo el mundo del ciclismo: es Historia.

Además, en el caso particular de Milán, Vigorelli no es sólo algo monumental, también es una historia actual, podríamos decir que una oportunidad. En los últimos 15 anos Milán, como muchas ciudades de Europa, se ha llenado de bicis y en particular las bicis de pista.

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Hay un movimiento «fixie» que involucra todo el mundo, con muchos jóvenes (y menos jóvenes) que no quieren competir en critérium, pero les gusta el piñón fijo y la cultura de la pista. El Vigorelli es una oportunidad para ellos, como es una ocasión para dar espacio a los niños y a los ciclistas más pequeños para tener un lugar seguro donde aprender este magnifico deporte. Las carreteras en Milán y alrededores son peligrosas.

Vemos que muchos equipos juveniles han cerrado o están en crisis muy profunda: las familias prefieren que los niños jueguen a fútbol o hagan natación, por el riesgo en las carreteras. Nosotros (y el Comitato Velodromo Vigorelli) siempre hemos visto Vigorelli como a la «casa del ciclismo milanés» por eso: a partir de su magnifica historia, en el futuro el Vigorelli deberá que acoger todos esos ciclistas. Hay mucho hambre de ciclismo en Italia y Milán: Vigorelli es el destino final.

La última vez que unas bicis corrieron por el Vigorelli fue al 11 de septiembre del 2001. Después la pista quedó más o menos abandonada, mientras que la estructura fue utilizada por el fútbol americano (un equipo que juega en este campo desde más de 25 años) y otros eventos. Abandonada sin solución, la pista se degradó, con la madera muy estropeada. Pero lo más grave fue que Vigorelli estaba cerrado al ciclismo, y sin ciclismo no había interés en la pista.

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Los ciclistas de Milán llevaban cinco años pidiendo una restauración y una reapertura. Tuvimos que esperar hasta al 2013 cuando una gran empresa de construcción, la que gestiona los rascacielos aledaños al velódromo, ayudó al ayuntamiento para renovar la estructura. El ayuntamiento lanzó una convocatoria publica para los trabajos y premió un proyecto que quería destruir la pista y hacer un pequeño estadio para fútbol americano y rugby, además de competiciones caninas.

Ante estas terribles perspectivas, el ciclismo local se movilizó solicitando que la pista del Vigorelli fuera reconocida como un monumento histórico, sin posibilidades de destruirla. Por suerte, hemos encontrado un ministro que nos atendió, y ahora Vigorelli es un monumento y nadie puede tocarlo para transformarlo en otra cosa. En ese momento, el ayuntamiento empezó a trabajar junto con los ciclistas y puso parte del dinero en un proyecto de restauración que está a punto de acabar.

Salida de la última Milán-San Remo

Ahora mismo queda mucho trabajo: por lo menos un mes de trabajo en la pista, todo el verano para los trabajos en el campo, y luego casi dos años más en las gradas, los vestuarios y el resto.

Lo más importante es que el renovado Vigorelli sea un velódromo abierto a los jóvenes, a los equipos, pero también a la gente que quiere pedalear, entrenarse y divertirse. Claro hay que pensar en las competiciones: como sabéis el Vigorelli es un velódromo «viejo», abierto y con una pista de 397 metros. No puede acoger unos mundiales o unos JJOO, pero es posible hacer todas las otras carreras: locales, nacionales e internacionales.

Tenemos el ejemplo del velódromo de Fiorenzuola, cuyos «Seis Días» siguen desde el 1998 siendo la competición en pista más importante de en Italia habiendo desfrutado de Hoy, Cavendish, Wiggins, Cipollini, Llaneras, Galvez, Risi, Lombardi, Collinelli, Martinello y Viviani. Todos han pasado por ahí. Igual que el Red Hook y otras carreras tipo criterium. El Red Hook de Milán es el segundo más viejo del mundo llevando más de 2.000 personas a la calle.

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Si Milán es la capital italiana del ciclismo de carretera porqué no acoger el Giro del centenario o la salida de la Milán-San Remo. Sólo hay que quererlo.

Como os podéis imaginar, Italia está llena de lugares históricos para el ciclismo. Cada uno tiene su historia. Nosotros tenemos un vínculo muy fuerte con el Museo del Ghisallo, que creemos debe ser uno museos de ciclismo más importantes del mundo. En Ghisallo el Museo está vivo aùn, pero necesita dinero para vivir. Sería suficiente con que los italianos lo vivieran como lo sienten todos los turistas que van allí desde el extranjero.

Nos gustaría que después de Vigorelli otros velódromos volverían a ser abiertos. Hay un montón de velódromos cerrados, y muchos en malas condiciones pero con grandes historias. Hablo de Varese, con un proyecto de demolición encima de la mesa, y el Motovelodromo Fausto Coppi de Turìn, ahora abierto por una asociación pero con la idea de un supermercado en su lugar. Estoy seguro que esto no es un problema solo de Italia, pero creo que la gente tiene ganas de velódromos, de bicis, de pedalear con una joya. Conservar lo que ya tenemos, como nuestros velódromos históricos, mirad lo que hicieron en Herne Hill en Londres. Esta sería la mejor manera para empezar nuestra pequeña revolución.

Por Filippo Cauz

Imagen de Emanuele Barbaro

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Destacado

El último quebrantahuesos

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DT – 2022 post

Así es la Quebrantahuesos de un ciclista como cualquiera de nosotros

Soy una especie en extinción. Un superviviente del grupo que hemos sobrevolado juntos durante muchos kilómetros todas estas magníficas montañas, donde venimos año tras año miles y miles de ejemplares que como yo anidamos en sus cimas nuestras ilusiones. Unos lo conseguirán. Otros las irán enterrando por el camino. Yo hoy me he quedado solo, no he podido seguir el ritmo de la bandada en la que viajaba. Voy a llegar el último a destino.

Ya sobrevuelo la recta de llegada. Estoy agotado del viaje. Un último esfuerzo para recibir al menos el calor de la gente que me va a recibir con todos los honores. Es lo bueno que tiene el ser una especie protegida, a los más débiles se les cuida más. No en vano vengo muy bien acompañado: ambulancia, policías haciendo sonar sus sirenas y coches de asistencia. Me siento mimado por el recibimiento. Aplausos, vítores, gritos de «campeón, campeón». Esto es lo mejor. Y por fin he llegado. He sobrevivido a una enorme bandada de depredadores que han intentado devorarme. Soy el último quebrantahuesos.

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Esta mañana, hace tan «sólo» 12 horas, me las prometía muy felices. Contento por estar de nuevo aquí, en la línea de salida junto a otros «rapaces». Me encontraba fuerte, con ganas de liarla. Para eso este año había entrenado sobrevolando carreteras, puertos y más puertos. Estaba bien preparado. Había espabilado para llegar pronto y colocarme justo detrás de los ejemplares más feroces, los que llevaban en su dorso marcas de pintura amarilla, rosa o verde. Señales de guerra. Los mejores especímenes, de rostros afilados, los que volaban más rápido y más alto. No me intimidaban. Yo quería estar ahí y aprovechar el rebufo de este enorme grupo de élite. Al menos lo quería intentar.

Pistoletazo de salida. Salimos escopeteados, como una bandada de pájaros asustados por un potente petardo. Volamos. Circunvalamos Sabiñánigo a no menos de 45-50 km/h. Aguanto bien, a rueda del grupo de cabeza. No distingo bien a la gente que nos anima y nos aplaude. Vamos muy rápido. El pueblo se ha volcado, como siempre. Afrontamos las interminables rectas de los llanos de Jaca, cada vez más deprisa. El pulso se me acelera. No bajo el ritmo. Este año voy a por todas y quiero el oro. A velocidad de vértigo nos plantamos en Canfranc. Hasta aquí he llegado. Ahora empieza a endurecerse el puerto y ya no puedo seguir más este ritmo infernal. Levanto el pie y dejo escapar no menos de 500 fenómenos que no corren, vuelan dirección a la primera cima del día. Serán los quebrantahuesos que se jugarán entre ellos la victoria. Me despido de ellos. Ya no los volveré a ver en todo el día.

Subo dos piñones. Me dejo alcanzar por un segundo grupo. Enorme también. A ver si me acomodo entre ellos. Me meto. Me pongo a rebufo. El ritmo también es muy alto. Algunos me miran de reojo como diciendo «¿a dónde ibas pájaro?». Veo que tampoco voy cómodo. Sigo con las pulsaciones por las nubes. No hay manera de estabilizarlas. Esta gente también tira mucho. No puedo aguantar en los repechos. Van a bloque. Y yo que creía que iba bien. Me van pasando y poco a poco voy perdiendo posiciones del numeroso grupo. Calculo que debemos ser unos mil ahora mismo los que viajamos juntos. Me siguen adelantando y yo en vez de avivar el ritmo lo voy perdiendo, voy a menos. Este tampoco es mi grupo. Me voy rezagando y ya voy el último. No puedo seguir ni siquiera al que me precede. También lo voy perdiendo. Me quedo un momento solo en tierra de nadie. Sólo serán un par de minutos. En seguida veo cómo se acerca otro gran pelotón, más grande aún si cabe que el que me acaba de dejar. Me alcanzan. Sigo con ellos un buen rato. Van rápido pero puedo seguirles, aunque en ello me va el ir a tope. Llego con este grupo como puedo a Candanchú. Aún y así estoy contento de cómo he subido. La vez que más fuerte y más rápido lo he hecho.

Llegamos al avituallamiento y veo que la mayoría de los que íbamos juntos ni paran («¡Eh! ¿Dónde vais chicos?»). Del gran grupo que éramos solo quedamos unos pocos. La mayoría ha emprendido el vuelo. Yo tengo que parar. Creo que me he pasado. No me empiezo a encontrar demasiado bien. Como y bebo algo. Tengo que llegar arriba lo antes posible porque por aquí no paran de pasar y nadie para. Han debido pasar más de mil en unos pocos minutos. Tiro para arriba con otro grupo que no ha parado. Coronamos en medio de un ambiente excepcional. Mucha gente, muchos ánimos («aúpa, aúpa»). Y mucha niebla y frío. Paro a ponerme el chubasquero porque la bajada además está húmeda. ¿Qué pasa? ¿Aquí tampoco para nadie? Los que venían conmigo han recogido periódicos de la gente y se los han colocado en el pecho y se han tirado para abajo. ¡Qué valientes! De esta manera, de nuevo, vuelvo a perder otro tren. Ataco la bajada, con más miedo que otra cosa. Me giro y otro numeroso grupo viene decidido a por mí. Me pasan por todos lados, por la izquierda, por la derecha… Me han pasado muchísimos que no sé cómo tienen narices de bajar así. Sigue habiendo mucha niebla. Los abnegados voluntarios hacen sonar pitos avisando de los peligros de la carretera. Son geniales, de verdad.

Finalizamos el descenso y tiramos con decisión hacia el Marie Blanque. Voy en un grupo mucho más cómodo, pero que también tira fuerte. Van por faena. Iniciamos la subida a la Dama Blanca. Las sensaciones no son buenas. Paro, pero esta vez para quitarme el chubasquero. Como la mayoría de los que venían conmigo llevaban periódicos que, por cierto, los han tirado al suelo (¡muy mal!) pues me quedo solo de nuevo. Por poco rato, por eso. Sigo con la escalada. Nada, no voy fino. No tiro. Me siguen adelantando algunos como auténticas motos por ambos lados. Yo sigo a mi ritmo. Llega la parte dura. Meto todo y para arriba. Voy muy despacio. Por suerte la temperatura es buena, pero yo «no voy». Me siguen pasando. Mi corazón quiere pero mis piernas no pueden. Me bajo de la bici. Ando un rato con ella al lado. Soy de los pocos que lo hacen. La gente sigue subiendo a muy buen ritmo. Ya oigo el griterío de la cima. Estamos cerca. Me subo de nuevo a la bici. No quiero ni pensar en toda la gente que me ha pasado. Aquí me olvido del oro, de la plata y de hacer buen tiempo. Ya sólo pienso en acabarla. Llego arriba. Chubasquero y para abajo, con más motivo, ya que ahora se ha puesto a llover. Paro en el avituallamiento que está petado de gente. Intento comer, beber y recuperarme. Una voluntaria, muy amable y con una sonrisa, me da dos plátanos («te irán bien»). Me los como sin rechistar.

Descenso, lluvia y pinchazo. Al llegar al cruce dirección Laruns me encuentro que voy “blando”. Miro la rueda trasera. ¡He pinchado! Indico con la mano al numeroso grupo en el que ahora estaba inmerso de que me voy a parar a mano derecha. ¡Qué mala suerte! Ahora que había pillado un pelotón “cómodo”. Miro de cambiar la cámara rápidamente pero con la lluvia se me antoja si no complicado al menos molesto. Siguen pasando grupos y grupos que me miran algunos con lástima y otros ni me miran. Pero ninguno para. Sigo adelante. Se está haciendo tardísimo.

Me engancha otro pelotón bastante majo y vamos haciendo. Llegamos al cruce del Portalet. Sigo sin ir bien. Cruzamos el túnel y me doy cuenta que hace bastante rato que no como nada. Echo mano de una barrita. La mordisqueo e intento tragar. No puedo. No me entra la comida. Guardo el resto en el bolsillo de atrás del maillot mientras veo como mis compañeros de ruta en aquel momento se van alejando poco a poco y yo no puedo seguirles ni siquiera el suave ritmo que van imponiendo.

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La pájara y el tío del mazo. Las piernas no me van. La cabeza me da vueltas. Sigue pasando gente que para mí, tal y como voy, me producen auténtico vértigo. Pero sigo pedaleando, muy despacio. Ya no miro ni el reloj. Las pulsaciones hace rato que ni me suben. Llevo un globo de cuidado. No sé qué tiempo debo de llevar pero me está cayendo un verano, como diría el Butanito. Hace rato que no veo a nadie ni por delante ni por detrás. La presa de Artouste se me presenta como un muro infranqueable. Paro un momento. Respiro. Vuelvo a intentar comer algo. Nada, no puedo. Parece que a lo lejos viene alguien. Detrás una ambulancia. ¡Deben ser los últimos!

Me subo a la bici e intento ir un rato con ellos. Me dicen que aún queda gente por detrás, poca, pero aún vienen ciclistas. Estos chicos con los que ahora pedaleo un rato en su compañía van tocados, bastante, pero van haciendo, a ritmo de caracol pero van superando rampa tras rampa. Yo voy tan mal que incluso me cuesta seguirles. Los excesos se pagan y yo lo estoy haciendo con creces. En mi cabeza un único pensamiento: intentar pasar el control de las 6 de la tarde arriba del puerto y dejarme caer y finalizar.

Llegamos al avituallamiento. Aquí casi no hay nadie. Paramos todos a rellenar bidones y a comer algo. Seguimos. El puerto se abre. Precioso. La parte más bonita de la marcha. Con mucho dolor y muy despacio, avanzamos. No me puedo poner de pie, me dan amagos de calambre. Digo adiós de nuevo a mis compañeros de viaje y dejo que se marchen. Veo cómo se van alejando. Cómo me duelen las piernas. Y el pecho. El pulso no me sube. Me giro en una curva y ya veo cómo ascienden tres o cuatro grupos pequeños de ciclistas. Les siguen las últimas ambulancias y unos cuantos policías en moto. Éstos sí que son los últimos. Me dan alcance. Me dicen que me ponga a rueda.

¿Dónde está la gente? Por fin, con mucha más pena que gloria, entramos en el último kilómetro de ascensión. No queda casi gente. ¿Dónde están los ánimos? Aquí ya se ha marchado todo el mundo. Apenas quedan dos o tres autocaravanas. Sus propietarios cuando nos ven, salen e intentar darnos el último aliento (“aúpa, aúpa”). Coronamos por los pelos a las seis menos cinco minutos. Nos dejamos caer justo hasta el cruce donde los voluntarios nos vuelven a desviar.

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La hoz y el martillo. Giramos los 8 integrantes del último pelotón de la marcha. Llaneamos e iniciamos la tachuela de Hoz. Aquí mis amigos se vuelven a distanciar. Quedamos un señor mayor y yo. Me bajo de la bici y continuo andando. No puedo más. Estoy al borde del abandono. Pero no lo voy a dejar ahora cuando tengo casi finalizada la marcha. Oigo el ruido de los motores de las ambulancias… y el de las motos. Sigo con mi particular procesión. El veterano ha seguido pedaleando firme hacia arriba. A veces se gira y me mira. Creo que quiere esperarme. Le digo que no, que siga adelante. Aunque no sé si lo hace por eso o para quedarse él el último. Siempre había oído de la gloria al héroe del farolillo rojo. Hasta me hacía ilusión.

Ya está, ya lo he perdido de vista. Ya soy definitivamente el último. Corono. Bebo agua. Este pueblo es una pasada. Aún queda gente aquí animando. Con fuerzas renovadas me veo con ganas de acabar por fin. Afronto las pestosas rectas en dirección Sabiñánigo. Viento en contra. Voy llaneando bien pero no voy muy deprisa. Voy solo, en bicicleta. Las ambulancias, coches de la organización, motos de la guardia civil me acompañan. Soy el último quebrantahuesos.

Por Jordi Escrihuela

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Ciclismo antiguo

En el Pordoi de Fausto Coppi

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DT – 2022 post

En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

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En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

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Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

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Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
DT – 2022 post

El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

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Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Brabante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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