Ciclismo
El Jumbo Visma mira más allá del cielo
Tras mucho tiempo persiguiéndola, el Jumbo Visma alcanza la excelencia
Aunque Bora lleve dos de tres etapas, a nadie se le escapa el carrusel de líderes que Jumbo Visma ha desplegado en la Vuelta.
Cuando hace más de diez años, el Team Sky aterrizó en el ciclismo con aquel famoso eslogan “el límite es el cielo“, supimos de cuán grande podía ser la apuesta de un bloque por este deporte, haciendo de la mejor carrera, el Tour, un coto privado, en el que fueron capaces de renovar la corona hasta siete veces en ocho años.
En el plan de ls ingleses, por eso, hubo alguna laguna, les costó mucho ganar un monumento -hasta Kwiato en San Remo 2017- y una gran vuelta que no fuera el Tour.
Digamos que su dominio en julio era tan exclusivo que, para el resto del año, las cosas como que se las tomaban con más relajo, o no le salían lo bien que acostumbraban a salir en Francia.
Esa realidad la ha tomado el Jumbo Visma y ha redoblado la apuesta.
No sólo hay que alcanzar la excelencia en el Tour, también el resto de meses de competición.
La salida de la Vuelta, como decimos, es un ejemplo, mientras los equipos top -Quick Step e Ineos- se movían en un pañuelo llegaron los amarillos para reventar el crono, con el tiempo suficiente como para señalar el primer líder de la carrera, Robert Gesink.
Claro que si miramos ese tren, no nos extraña el resultado.
De ese carro tiraban Roglic, Dennis, Teunissen. Affini,… entre otros.
Mirad esos nombres y nada tienen que ver con el ocho del Tour, sólo Sepp Kuss y Primoz Roglic repiten respecto a los de Francia y sin embargo, el equipo de la Vuelta no desmerece a los mejores.
Dijo una cosa Flecha durante el Tour una cosa muy oportuna: “El Jumbo Visma es el equipo donde hay que estar“.
Es decir, es el equipo en el que los buenos quieren correr, el que atrae buen talento y lo gestiona hasta catapultarlo a lo más alto.
Eso es el Jumbo Visma, ahora, pero es que hay más…
El equipo ha anunciado tres refuerzos que marcan la profundidad de su ambición: Dylan Van Baarle, Wilco Kelderman y Jan Tratnik.
Si era bueno lo que ya tenían, mirad lo que llega.
Y lo hace con una política de transparencia total sobre los objetivos y anhelos de cada uno, con un manager que los sienta y les dice claramente a lo que pueden aspirar en función de las metas y líderes del equipo.
Una política que, por ejemplo, ha acabado con Mike Teunissen, líder un día de la Vuelta y ganador de una etapa del Tour hace tres años, fichando por el Wanty, porque quiere más galones.
Todos en el equipo, al margen de las grandes metas, al margen de Vingegaard, Roglic y Van Aert, han tenido su parcelita de gloria, más o menos grande.
Una forma de funcionar y de manejar egos que no debe ser sencilla de plasmar pero que, como vemos, les funciona bien, con saltos de calidad brutales como los de Laporte, la integración de estrellas como Benoot en el engranaje del equipo y ciclistas que surgen por todos los lados para sumar donde sea, como el triplete que firmaron el día de la gran caída en la Vuelta a Burgos.
Viendo esto, apreciando la gran etapa que vimos la jornada del Galibier, podemos concluir que al margen del presupuesto, aquí hay un trabajo brutal, ímprobo y exitoso de recursos humanos, al punto que el Jumbo Visma va camino de hacer pequeño el eslogan del cielo del Team Sky.





