Ciclismo
El Giro 2022 es pequeñito
El Giro 2022 se queda a medio camino en muchas cosas
No sé a vosotros pero a mí el hilo de estas declaraciones de Vegni, organizador del Giro, sobre la edición de 2022 me han dejado loco…
Vegni @ Radiocorsa (RAI) about the 2022 #Giro route having few ITT kms: "The choice is aligned with the suggestions that we are given by the riders, even the big stage races riders pay attention on how much km you have against the time, because it can penalize their effort"
— La Flamme Rouge (@laflammerouge16) November 11, 2021
La admisión del patrón de la carrera de que los corredores han opinado sobre el trazado -cosa que siempre pasa, pero no de forma tan explícita- y que sobre ese criterio se ha decidido arrinconar las cronos es algo que hasta la fecha nunca había leído.
Sí que sé que en ocasiones algún ciclista ha propuesto e influido para trazar una etapa en su zona de residencia -Purito en la Vuelta 2015 y la jornada andorrana, por ejemplo-, pero a este nivel de influencia es complicado de entender, más cuando venimos de episodios en los que el Giro de Italia ha tenido que recular en un par de etapas en los últimos dos años por «recomendación» de los ciclistas y su entorno.
Como aficionado, la sensación de que se decide todo a espaldas del interés que les demostramos es total, y la decepción no es menor.
Ahí está un Giro 2022 que camina en medio de todo, que tiene dureza, pero no mucha, que tiene kilómetros, pero no muchos, que presenta un balance contrarreloj paupérrimo, muy alejado de lo que entendemos por justicia deportiva.
«Es injusto que el último día alguien decida a su favor a carrera cuando ha tenido veinte días para hacerlo» viene a justificarse Vegni sobre la crono final en Verona.
El balance de kilómetros contra el reloj del Giro 2022 es el más pobre de la historia de la carrera desde los años sesenta
Sobre este tema, es curioso que veamos año sí y año también que las carreras caen en ocasiones en un control tan excesivo que se mata el interés.
En fin, que ahora nos explicamos porqué el Giro 2022 se ha presentado en trocitos, quizá con la esperanza de amortiguar la decepción del aficionado medio, otra cosa no me la explico.
Lo que sí tengo claro es que las tendencias que se anunciaban hace un tiempo han llegado para quedarse, podemos llorar lo que queramos, que las grandes vueltas le han girado la cara a las cronos y el gran fondo, no sé si es el nuevo ciclismo, si creen que así se incentiva el nerviosismo y de paso se combate el dopaje, lo que está claro es que una bolsa importante de aficionados se siente ajena a lo que se diseña.
El Giro 2022 adolece de todo lo dicho anteriormente y de falta de altura, como si el miedo de tener que cerrar carreteras por mal tiempo pudiera a las ganas de asaltar los grandes colosos que Italia tiene en su geografía.
Seguimos pensando que la etapa de Aprica es preciosa, incluso sin Stelvio y con el Mortirolo suavizado: al menos se acerca a los 200 kilómetros y ofrece un desnivel tal que habla de la dureza del terreno, más allá de las vertientes por donde se suban los puertos.
De la carrera nos quedamos también con la salida en un país nuevo en estas lides, con pequeña tradición ciclista, como es Hungría, todo lo que sea llevar ciclismo más allá de su zona de confort siempre es bueno, al final marcas como «Giro» son internacionales, embajadores de este deporte.
Nos gusta, como siempre, el paso por Sicilia, aunque se prevé «fumada» en el Etna y varias jornadas, la del Blockhaus especialmente, con Lanciano de entremés, esa zona de Italia es excelente, y otras como la de Turín o Potenza, en recorridos que son «mundiales» insertados en una gran vuelta.
En definitiva un Giro que navega en medio de todo y que dudo contente a muchos.





