Ciclismo
Remco no sería Evenepoel sin ese carácter
La enésima calentada de Remco Evenepoel impide el doblete en las clásicas candienses
A Remco Evenepoel hay que quererlo como es.
Remco siempre lleva la fiesta con el 😂😂😂
— Galeusca (@Galeusca) September 13, 2026
Como nos decía un amigo en X, el belga lleva siempre la fiesta consigo.
Todo arranca en el Gran Premio de Montreal, en una edición especial por celebrarse a solo dos semanas del Mundial.
Fue una carrera sensacional resuelta entre Paul Seixas e Isaac del Toro, vislumbrando una de las rivalidades que se nos vienen como hegemónicas en el futuro próximo.
Ganó el mexicano, sí, pero la atención volvió a centrarse en el belga: genial, malhumorado y siempre en el meollo de todo lo que ocurre en carrera.
Si el viernes arruinó el sprint de Giulio Ciccone a base de ritmo y machaque puro para acabar ganando en Quebec, en Montreal se quedó en medio de todo por su propio carácter.
En un momento determinado, un afilador le desconcentra, le cabrea y le desconecta de la carrera el tiempo justo para que los mejores se le vayan por delante.
Le dejaron fuera de concurso a pesar de sus intentos desesperados por remontar.
¿Qué sería de Remco Evenepoel sin esa mala hostia?
Es un corredor excepcional, único desde el mismo día que amaneció en la élite, y este temperamento forma parte indispensable del juego. Cuando le quieres, lo compras con el pack completo.
Va en el lote su genialidad a la hora de rodar acoplado como absolutamente nadie sabe hacerlo, pero también su mal genio y ese carácter a veces desmesurado.
En pocos días sabremos si ha renovado el título mundial de contrarreloj, algo que parece muy probable viendo su nivel.
Ahí habrá empezado su verdadera carrera contra la historia: intentar ganar los dos Mundiales en el mismo año.
Él mejor que nadie sabe que esta es su mejor oportunidad real.
A él, como a tantos otros, la ausencia de Tadej Pogacar le ha abierto de par en par las puertas de una gloria que se le resiste cuando el esloveno está en liza.
Por eso mismo, Remco debe andar estos días por Canadá más tenso que la cuerda de una guitarra.








