Ciclistas
El papá Rigoberto Urán vuelve a sonreír
Suiza demuestra que siempre hay que contar con Rigoberto Urán
Hace cinco años escribimos una pieza sobre Rigoberto Urán que fue muy celebrada por nuestros lectores colombianos.
Entre otras cosas destacamos que el mérito de Rigo era ser el pionero de la ola colombiana que tomaba el ciclismo, inundando de calidad cada recoveco de este deporte, firmado victorias inéditas en los mejores foros.
Dijimos, entre otras cosas, lo que sigue…
Rigoberto Uran fue el colombiano que destacó cuando casi nadie en su país lo hacía. Mientras en los hornos de Boyacá y Antioquia se cocían los campeones que justo ahora empiezan a emerger, Uran se situaba entre los mejores del Tour, entre Contador, los Schleck, entre Armstrong y Nibali. Un ciclista de negro, negro Caisse d´ Epargne, en medio de los mejores del mundo, la nota exótica de ese país que un día tuvo grandes escaladorespero que con el nuevo siglo quedó fuera del mapa, podríamos pensar.
Pero Uran plantó la semilla y marcó el camino, llegó incluso a colgarse la plata en Londres, cuando la cosa empezaba repuntar. Uran demostró a toda esa chavalería que era posible, pero es que además era posible con humildad, simpatía y desparpajo, siendo uno mismo, luchando hasta la extenuación, mostrando un espíritu de superación fuera de toda duda, un espíritu endurecido por experiencias vitales que no somos capaces de figurarnos.
¿Cuántas vueltas le ha dado Rigo la vida desde entonces?
Desde hace cinco años.
Subió al podio del Tour, el cuarto y ultimo de Froome, cuando nadie casi pudo imaginarlo.
Ha tenido caídas de espanto, de echarte a temblar.
Y ha descubierto algunos talentos, marcando y señalando ciclistas como Sergio Higuita y Daniel Martínez.
No se equivocaba.
Tenemos una charla con Santiago Botero sobre la actualidad del ciclismo colombiano para estos días, en nuestro Podcast.
La misma la hicimos en vísperas de la cronometrada de la Vuelta a Suiza.
Se preguntaba Santi por cómo Rigo se habría recuperado de la Covid y marcó la crono de Suiza como un momento importante para valorar cómo llegaba al Tour.
El tono de la charla, en lo que a Rigoberto Urán se refiere, se hizo todo el rato desde la óptica que sus mejores momentos habían pasado, que había tocado techo,… qué equivocados estábamos.
El fin de semana de la Vuelta a Suiza ha sido un grito, un canto nítido y directo a nuestros corazones, por que Rigo vuelve a rugir.
Su exhibición en la crono es de libro, no era sencilla esa concurrencia, y sencillamente los ganó por la mano.
Luego, en el empedrado de San Gotardo buscó una suerte que, con Carapaz delante, era muy complicada de obtener.
Rigoberto Urán nos recuerda que la clase hereda y permanece, que no hay que descartarlos, que pueden volver y en ocasiones rompen el pronóstico.
Lo de Suiza vale de aviso, sigo sin ver a Rigo de favorito, pero cada coletazo que nos dé es un premio a quienes admiramos el ciclismo que nunca caduca.






