Ciclistas
Egan Bernal siempre se levanta
El gran año de Egan Bernal también ha estado lleno de caídas muy duras
Egan Bernal es uno de esos ciclistas que nos gustan.
De triunfos sufridos, de inspiración valiente, de caídas estrepitosas.
Bernal, igual que el nazareno, tropieza en los recodos, se cae, se levanta, y ahí sigue arrastrando su cruz, que no es cualquier cosa sino la promesa –la enésima promesa– de ser el primer latinoamericano que podrá ganar por fin un Tour de Francia.

Lo vimos caerse en Catalunya cuando quizá tenía la carrera entre las piernas, comprobando con su propia piel lo ingrato que puede ser el ciclismo.
Después lo vimos levantarse en California, en aquel ataque hacia arriba, impresionante, un ataque de plato grande que dejó sepultado a Van Garderen allá, en su propia patria, y así, cuando llegaba como una rueda a mirar en el Tour volvió a tropezar en aquella etapa de adoquines y resbalones salvajes.
Se estrelló contra un auto, se partió dos dedos, cedió quince minutos pero siguió en la carrera.
Ya no iba a ser el mejor joven de la competencia, pero vaya si daría de qué hablar en las montañas.
Las montañas, el lugar común de los colombianos.
Y entonces, otra vez un Cristo en su calvario, Bernal volvió a caer en la clásica de San Sebastián, para perderse el resto de la temporada, incluyendo un mundial donde partía como favorito.
Ahí lo tenemos de nuevo, con apenas una semana en la carretera, atacando valiente en un descenso de Lombardía, pegando arranconazos, llegando casi con los mejores, así, como el nazareno que vuelve a levantarse.
En Lombardía, Egan Bernal se levantó por última vez
Por eso nos gusta Bernal, porque no se rinde, porque sus victorias tienen el sabor de la sangre y el sonido de los huesos rotos, porque nos recuerda el sentido profundo que el ciclismo tiene para los colombianos.
El ciclismo, que terminó siendo una metáfora de nuestra patria, ese deporte que se consagra como ningún otro al sacrificio y el dolor.
Egan ya mostró de qué está hecho.
Otoño, tiempo de hojas muertas y gravel
Podrán decir que es muy fácil cuando se rueda con el mejor equipo del mundo al lado.
Pero creo que más pronto que tarde el silogismo funcionará al revés: son ellos los que tienen al mejor corredor del mundo adentro.




