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Opinión ciclista

Tour de Francia 2030: futuro distópico

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Un ejercicio de ciclismo ficción… así será el Tour de Francia 2030

Vámonos al Tour de Francia 2030, estamos en octubre de 2029, en París.

Hoy se presenta una nueva edición del Tour de Francia, la única carrera que ha sobrevivido durante estos últimos años al declive del ciclismo profesional.

Y lo continuará haciendo un año más. Al menos hasta 2030, el año que viene.

Por el camino han ido desapareciendo todas las competiciones de ciclismo al aire libre.

Primero fueron las clásicas.

Luego, las carreras de una semana.

 

El efecto dominó se llevó por delante a otras grandes vueltas, como la corsa rosa o la ronda española.

No queda nada de aquello.

Sólo un triste recuerdo.

El Tour aún aguanta, aunque no sé por cuánto tiempo.

Mi obligación es hacerlo desaparecer lo antes posible.

Mi nombre es Naitsirhc Emmohdurp y soy el director del Tour de Francia.

Soy un infiltrado.

Todo empezó hace unos años, cuando el lobby del automóvil se impuso finalmente al uso de la bicicleta en las ciudades. El coche le había ganado la batalla.

Demasiados intereses, demasiado dinero.

Cuando las patronales internacionales de fabricantes de vehículos vieron cómo había crecido el número de usuarios que se desplazaban en bici para ir a trabajar, pegaron un puñetazo encima de la mesa.

 

Se había llegado hasta tal punto que veían peligrar sus negocios.

La venta de coches había descendido a mínimos históricos.

Las marcas de automóviles estaban al borde de la ruina.

Entonces fue cuando sucedió todo.

Lejos de parar la producción, la aumentaron y además empezaron a fabricar coches cada vez más grandes y cada vez más sofisticados.

Y, sobre todo, bajaron los precios. Reventaron los mercados poniendo a la venta automóviles de alta gama asequibles a mileuristas.

La reacción fue inmediata.

Se dispararon las ventas alcanzando cotas máximas. Todo el mundo quería un coche de esos que tan sólo costaban 6 mil euros.

Tuvieron que aumentar la producción a medida que también lo hacia la presencia de aquellos monstruos en las carreteras.

Llegó un momento en que las ciudades quedaron al borde del colapso.

 

El coche había borrado por completo la bici de nuestras calles.

Los gobiernos sucumbieron al poder de las multinacionales.

El parque automovilístico había crecido de tal manera que fue necesario crear nuevas y más grandes infraestructuras: más autopistas, con más carriles y más anchos, más túneles y más puentes… devorando carreteras, pistas y senderos.

Las ciudades se convirtieron en un infierno: humos, contaminación y retenciones continuas. Todo el mundo usaba su coche, en detrimento de la bicicleta.

Llegó un momento que era imposible salir ahí afuera, de ese modo, en bici: por seguridad, por salud.

Poco a poco fueron quedando en desuso, arrinconadas.

Ni siquiera a los niños se les regalaban ya bicicletas.

El único modo de dar pedales de forma segura era hacerlo bajo techo, en los gimnasios, conectados a una bonita carretera virtual.

Eso fue el final.

Lo más paradójico fue que la gente que iba a pedalear a estos centros deportivos se desplazaban en su coche particular.

¡Qué sin sentido!

 

Muchos, la mayoría, preferían quedar y salir de forma virtual con sus amigos conectados a esas máquinas.

Pronto, algunos, vieron en aquellos simuladores la posibilidad de organizar competiciones.

En muchas carreras al aire libre los ciclistas ya tenían que competir con mascarillas, debido a la alta y densa contaminación que se había alcanzado en muchos puntos del planeta.

Las carreras de toda la vida, poco a poco, se fueron sustituyendo por sus réplicas virtuales.

De esta manera fue como empezaron a desaparecer las históricas jornadas de ciclismo.

Bueno, todas menos una.

El Tour aún resiste, estamos en la previa del Tour de Francia de 2030. 

Nacex te envía la bicicleta donde le digas 

No puede ser de otra manera.

La mayor carrera del mundo, el mejor escaparate internacional para los grandes ciclistas, no podía desaparecer así como así.

El esfuerzo, el sacrificio y el gran trabajo de unos pocos aún hacen que el Tour “al aire libre” se siga celebrando año tras año.

Eso sí, cada vez con menos fuerza.

Los jóvenes corredores prefieren competir “bajo techo”.

Al Tour aún van los veteranos de toda la vida que no quieren perder la esencia de este deporte y la historia escrita a golpe de pedal en las piernas de estos valientes corredores.

También participan los que buscan la gloria, la épica, locos aventureros que se lanzan a la carretera como auténticos caza-tesoros, que no se rinden a seguir formando parte del Olimpo de los dioses del pedal.

 

Pero el Tour, para las multinacionales del automóvil, aún sigue siendo un peligro para sus intereses.

Temen que en cualquier momento la tortilla se pueda girar y que, gracias al misticismo y el romanticismo del Tour, haya un repunte entre sus fieles seguidores que pueda provocar un giro en la historia.

Esto es, que vuelvan las bicis a las calles.

Piensan que hay que aplastar el Tour.

Pero… ¿cómo?

Hundirlo pero que parezca un accidente, un hecho irreversible, abocado a seguir el sino de sus grandes vueltas hermanas.

Para eso me contrataron.

Sí, a mí.

Hace  unos años se pusieron en contacto conmigo para este cometido.

No me pude negar.

Llegaron a amenazar incluso a mi familia.

 

Y aquí estoy, en la presentación de un nuevo Tour.

Un nuevo recorrido que, año tras año, he ido intentando empeorar para que los “mejores” desistan volver.

Así, de entrada, hace ya unos años que empecé en mi nuevo trabajo.

Fue en el año 2019.

Aquello fue el inicio, el origen.

Presenté un Tour de Francia con un recorrido que fue un insulto a la esencia de la historia del ciclismo.

Pensé que cuantos menos corredores especialistas vinieran mejor.

Mejor para mis intereses. Peor para los que se atrevieran a competir.

Empecé a diseñar etapas poco llanas y apenas planifiqué un par de ellas. Con esto casi me aseguraba que los esprinters se iban a quedar en casa.

También me cargué de un plumazo la épica contrarreloj larga y llana. Y, de paso, la de por equipos también.

De esta forma, los especialistas contra el crono tampoco iban a venir.

Recorté el kilometraje de las etapas. Casi las dejé para corredores juveniles. No más de 150 kilómetros de recorrido.

Ya no iba a ser un deporte de fondo y cuanto menos tiempo estuvieran los ciclistas en la carretera mejor.

Diseñé un Tour para olvidar: sin cimas míticas, ni Tourmalet, ni Alpe d’Huez, ni Mont Ventoux… nada.

Nada que pudiera recordar al aficionado la historia de los gigantes de la carretera.

Me olvidé hasta del infierno del Norte: nada de pavés ni adoquines, ni nada por el estilo.

Tampoco finales en alto en Pirineos, ni encadenados alpinos y sí muchas cuestas de cabras, a ver si así se aburrían hasta los escaladores.

En ese sentido, aprendí mucho de mis viejas reuniones con mis amigos organizadores de La Vuelta.

Este año vuelvo a la carga, con la presentación de la edición del 2030.

Y creo que me he superado.

Para el año que viene me he cargado todos los maillots originales del Tour y los he cambiado por los que me han ofrecido una marca de coches.

Así, ni amarillo, ni blanco con topos rojos, ni verde.

Ahora el de líder será de color rojo. Con un poco de suerte no se distinguirá del resto de corredores.

Y esto creará confusión.

Habrá polémica.

También me he cargado la última etapa tranquila con final en París.

A cambio, he colocado una cronoescalada a la Tour de Madeloc.

Nada, una tachuela con rampas de hasta el 24%.

Estoy deseando saber qué opinan prensa y aficionados.

Si con esto no me cargo el Tour, dimito.

Foto: Movistarteam

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Opinión ciclista

Bahrain y tizanidina, espejo de un despropósito

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El hallazgo de tizanidina en Bahrain es una noticia que ahonda en el descrédito histórico del ciclismo

El ciclismo profesional tiene un problema irresoluto y el caso entre Bahrain y la tizanidina es el reflejo de lo que decimos.

Cuadernos del Ventoux, en su newsletter, nos pone la cronología en bandeja.

El 15 de julio se produjo el registro de la policía a las dependencias del equipo Bahrain en el Tour de Francia.

En su día, lo que tomamos como el rutinario registro de cada año de la gendarmería a uno de los equipos del Tour ha dado de bruces con una sustancia de esas que harán de los aficionados al ciclismo entendidos en medicina: la tizanidina.

Se ve que buscaban eso y lo encontraron y lo sabemos por que publican los resultados del análisis de pelo de los ciclistas en una revista científica.

Todo muy simple…

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Hablamos de un relajante muscular que seguro procura mejor sueño y descanso a ciclistas al borde de todo durante una competición, una forma de procurarle recuperación a los competidores mediante una sustancia endemoniada, pues no está prohibida por la UCI ni la AMA, pero sin embargo sólo se puede comprar a través de hospitales.

Tema peliagudo, pues se incurre en la compra «sin justificación».

Para quienes pensaban que Bahrain no era trigo limpio, la tizanidina es la excusa perfecta, la guinda para explicar el rendimiento estratosférico de Colbrelli, Mohoric, Caruso y compañía, cosa que resulta sencilla de creer, por mucho que piense que no se les hace justicia ni a ellos ni al ciclismo si simplificamos tanto las cosas.

Claro que si les pillaron la sustancia durante el Tour y el rendimiento no se resintió, debemos creer que siguieron usándola, incluso después del sonado registro.

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Pero detrás del éxito de Bahrain hay también trabajo y planificación de los técnicos y corredores, aliñados por un staff médico que ha demostrado que con algo como la tizanidina hay lagunas en el sistema, el mismo en el que nos recomiendan creer.

Una vez más, la ley hace corto y eso en suma es descrédito para el ciclismo, quien no anda con mucho margen en estas cuestiones.

Ahora es tizanidina en Bahrain, mientras el tramadol sigue sin un marco claro y sustancias como las cetonas, siempre vinculadas al Jumbo, entran y salen de la escena.

Usar estas substancias no es trampa, no están en las listas, pero ¿es ético?

Evidentemente lo ético en estos niveles es algo muy relativo, un concepto moldeable a la mente de cada uno, pero conviene no olvidar que cuando se juega con fuego quemarse no es una opción.

El ciclismo viene de tiempos muy duros y aunque nos digan que hay que creer, cuesta hacerlo, incluso con el cariño que le podamos tener a los Bahrain y comprensión con la razones que vimos en Mohoric cuando cruzó la meta mandando callar a la concurrencia por el registro policial.

Al final, entre unos y otros consiguen que la duda siempre flote en el ambiente.

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Ciclistas

El Tour sigue en la trampa de las etapas cortas

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Con etapas tan cortas el Tour se priva el factor sorpresa del kilometraje

Cuando hace una semana vimos la presentación del Tour de Francia, aplaudimos aspectos como el inicio nervioso, viento & pavés, también nos parecieron interesantes los encadenados en montaña y nos atrajo una crono larga a 24 horas del final, sin embargo, si una cosa no nos cuadró fue la profusión de las etapas cortas.

Hace menos de cuarenta años era normal disfrutar de Tours que superaban los 4000 kilómetros, especialmente largo fue aquel de Roche y Perico en 1987.

Luego en los noventa la cosa se fijó entorno a los 3700 kilómetros.

En 2022, el Tour andará por los 3200 kilómetros, con una importante dispersión de etapas cortas.

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Así vemos que sólo cumplen con la criba de los 200 kilómetros, o cerca, las jornadas danesas y una que parece muy interesante al tiempo que desapercibida, es la jornada valona de Longwy, con 220 kilómetros.

Ese día el pelotón pasará por algunas cotas y el final es accidentado, una etapa que puede provocar una criba brutal si hay ganas de armarla de lejos.

Ese día nos recuerda a la famosa etapa 7 del Tour de 2021, una jornada de 250 kilómetros en vísperas de la montaña con un trazado envenenado, lleno de dureza y velocidad.

Cuando Van der Poel y Van Aert le dieron una vuelta de tuerca a la carrera quedaban más de 220 kilómetros para meta ¿el resultado?

Una etapa antológica, de esas que hacen gala al gran fondo que se le supone al ciclismo y en especial al Tour de Francia, una etapa de gigantes, con desarrollo de clásica, cuya longitud, trazado y velocidad abrieron tanto el pronóstico que ni Van Aert ni Van der Poel pudieron estar delante al final.

Aquel día ganó su primera etapa Mohoric.

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Con esto venimos a decir que el ciclismo se vuelve ilógico, completamente impredecible, cuando el pelotón pasa cierta barrera de kilómetros, de ahí el desenlace de clásicas como Flandes, en las que Asgreen, más lento que Van der Poel, acabe imponiéndose.

Y así mil ejemplos.

Que jornadas que nos atraen como Alpe d´ Huez o Col du Granon sólo tengan 166 y 148 kilómetros no hacen justicia a lo que el Tour ha querido proponer recuperando perfiles que, por otro lado, creíamos olvidados.

Las etapas cortas se han metido tanto en el ADN del Tour que las largas, las maratonianas, son una excepción.

Sabemos que el ciclismo evoluciona, que explora nuevos puertos, que busca superficies inéditas… pero sinceramente no le vemos el beneficio a tantas y tantas etapas cortas, sobretodo cuando el Tour vende que ha diseñado el recorrido para las «generaciones más guerreras» donde destaca gente que no se corta en atacar a mil de meta.

Imagen: A.S.O./Pauline Ballet

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Opinión ciclista

El complicado futuro de la tienda de bicicletas ya es presente

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La realidad de la tienda de bicicletas sigue vigente cuatro años después

Año largo después del boom de la bicicleta por los efectos de la pandemia y con mucha gente haciendo cábalas sobre lo que pasará con la tienda de bicicletas, repescamos este artículo de Javier Fernández escrito hace cuatro años para ponerlo negro sobre blanco con la actualidad…

Tras más de 2 años al frente de una tienda de bicicletas en Madrid, no puedo decir que mi experiencia dentro del sector haya sido buena a nivel de negocio, aunque sí a nivel personal con la gente que me he encontrado en el sector.

Como inversión, me resultaría difícil animar a alguien a que inicie la aventura de una tienda de bicis, que si bien parece atractivo a día de hoy, por la cada vez mayor afición a la práctica de ciclismo, la realidad es que los márgenes de beneficio y rentabilidades en tienda son tan bajos, unido a las programaciones anuales de marcas y distribuidores, que hay muchos otros lugares donde invertir y obtener rendimientos más interesantes, y no hablo de riesgo, hablo de rentabilidad.

Por supuesto, esto siempre lo digo desde mi experiencia en una humilde y pequeña tienda en una ciudad grande, con una gran competencia y competidores de muy gran tamaño, que buscó un modelo de diferenciación respecto al resto, y que si bien funcionó, la relación inversión-beneficio no fue suficiente para seguir adelante.

El sector de “la bici” es un sector peculiar, hasta que no estás dentro no te das cuenta de lo complicado y autodestructivo que es. Poco margen, grandísima competencia, descuentos constantes y “reventadas de precios” para hacer dinero y superar el mes, programaciones difícilmente asumibles por pequeños negocios cada año, y una convivencia entre la tienda física y online imposible de gestionar a día de hoy por marcas y distribuidores.

Viniendo de una carrera profesional relacionada directamente con marketing y ventas en sies sectores completamente diferentes a este, lo primero que me llamó la atención es el poder de negociación que ostentan los proveedores y distribuidores en detrimento de los clientes (tiendas), que están obligados a aceptar y cumplir las condiciones de compra, que estimen que pueden asumir, para poder trabajar esta marca o la otra, lo que en la mayoría de sectores no digo que sea al revés, pero como mínimo, la balanza no se decanta tanto de un solo lado.

Es evidente que el sector está madurando, pero está muy lejos de la profesionalización necesaria para considerarlo un mercado maduro desde el punto de vista del negocio, ya que desde el punto de vista comercial sí está alcanzando un nivel de saturación importante.

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En mi opinión, el auge de la bici ha tenido años muy buenos, en los que todos queríamos lo último, tal y como ocurrió con los ordenadores en su momento, en los que salía uno nuevo cada 6 meses, más potente, más rápido y mejor, y todos lo queríamos cambiar. Pero eso también se acabó. Antes era impensable tener un ordenador más de un año, pero el mercado se estabilizó y ahora lo tienes durante años y no se queda obsoleto. Intuyo que es una situación similar a la que está ocurriendo en el mercado de la bici.

Durante un tiempo se ha vendido mucho, han habido cambios e innovaciones de materiales y tecnología muy importantes, mejoras en muchos aspectos que sí suponían algo para el cliente final, pero estamos llegando a un punto que los cambios empiezan a ser poco más que detalles de estética, o tan mínimos que no son apreciables por el 80% de usuarios, y por tanto, no se plantean el cambio, lo que afecta claramente a las ventas.

Las marcas se han ido profesionalizando y dejando asesorar por expertos en diversas materias, con formación y conocimiento, con lo que son empresas que saben cómo, cuál y dónde está su negocio, y saben maximizar los beneficios en un modelo de negocio en el que el mayor riesgo lo asume el canal de ventas, al fin y al cabo, son los que compran la programación y tienen que pagarla en el tiempo que les dan, eligiendo productos que puede que vendan o tengan que liquidar, pero sin posibilidad de devolución o cambio.

Por el contrario, en el canal de ventas, falta mucha formación comercialmente hablando, y no me refiero a asesoramiento, recomendación o atención al cliente, si no a estrategia, control de costes y beneficios y optimización de la rentabilidad.

Se sigue pensando eso de “si vendo a coste al menos recupero lo que invertí”, lo que no sólo no es verdad, si no que es un grandísimo error desde el punto de vista de un negocio.

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Las pequeñas tiendas tienen mucho sentido, la cercanía, la atención personalizada, la confianza en alguien que normalmente es tu compañero de grupeta, la recomendación directa, el cuidado de tu material y la puesta a punto de tu bici por las mismas manos de siempre, sabiendo que la cuidarán… el problema es que estamos hablando de la parte de taller, las tiendas de bicicletas pequeñas, en cuanto a la venta de material, lo tienen muy complicado, ya que las grandes cadenas de tiendas ofrecen mucho material en stock para la compra inmediata, no olvidemos que es un sector de ocio y deporte, y las compras suelen ser impulsivas y el cliente las quiere “inmediatamente”, y las tiendas online ofrecen unos precios que incluso en algunos casos son menores que los precios de coste para una pequeña tienda física.

Actualmente, el panorama para una tienda de barrio, o una tienda pequeña es bastante complicado.

La guerra de precios abierta entre tiendas, los descuentos constantes, junto a las inversiones que se deben realizar en compras cada año sin apenas haber vendido el stock, los costes fijos a asumir, salarios y la alta competencia, junto a la saturación del mercado y el corto ciclo de vida de los productos (lanzamientos y novedades desde mitad de año) y liquidaciones, complican mucho la supervivencia de los pequeños comercios y tiendas de barrio, que tendrán que buscar nuevas fórmulas y diversificar el negocio, o simplemente es cuestión de tiempo que echen el cierre, porque el taller no puede asumirlo todo.

Evidentemente, no sufre con la misma intensidad una tienda en una población pequeña, con menos competencia, que en una gran ciudad donde hay cadenas de tiendas cargadas de stock.

Pero el problema principal lo ha generado el propio sector. Cualquiera sabe que entra por la puerta de la tienda y el precio que marque un producto no es el que va a pagar, en cualquier cosa tendrá un descuento, y si trae precio de otra tienda, el descuento será mayor.

Se ha educado al cliente a regatear y a buscar el mejor precio, perdiendo margen para el vendedor, que ya de por si no es grande.

Las opciones para la tienda de bicicletas pequeña pasan por generar una comunidad de clientes fiel, a la que enriquezca con servicios añadidos alrededor de la bici, que consiga que diversificar de alguna manera sus ingresos.

En mi opinión, el modelo de la programación de bicis es un modelo con fecha de caducidad, ocurrirá más tarde o temprano, porque la saturación del mercado hará que cada vez se programe menos, resultando perjudicados no sólo los vendedores, sino también las marcas, y se acuda a otro tipo de formatos de venta proveedor-tienda.

Necesita girar a un modelo de compra-venta más dinámico, adaptado a las nuevas tecnologías, y que la marca y su red de tiendas tengan una interacción mayor en ambos sentidos, con mayor flexibilidad cuando se acumula stock o no salen algunas bicis, no se puede estar liquidando constantemente.

Internet debe ser una herramienta más, un canal de venta más, pero se debe llegar a un equilibrio lógico entre las tiendas online y las físicas, y eso depende de marcas y proveedores.

No puede haber una guerra de precios tan fuerte, porque hoy en día el cliente sabe lo que quiere, está especializado, conoce el producto, dispone de mucha información rápidamente y puede comparar precios, y lógicamente, ¡es su dinero! Porqué va a pagar más por algo que encuentra a mucho mejor precio y se lo envían a casa.

Tal y como comentaba anteriormente, el futuro pasa irremediablemente por un cambio en el modelo de negocio entre marca y tienda, el mercado tiene que estabilizarse, se satura y habrá un “limpieza” de tiendas sin duda, debe adaptarse a las nuevas tecnologías, a la convivencia de internet y las tiendas físicas, y darse cuenta que no es viable estar lanzando “novedades” cada 8 meses, dando un ciclo de ventas a un producto nuevo excesivamente corto, y eso si no se retrasa la producción…que es algo bastante habitual, y que provoca la llegada tardía de los nuevos modelos, acortando aún más su ciclo de vida comercial.

Cada vez practica más gente deporte, sin duda, pero la gente no está dispuesta a cambiar de bici cada ocho meses, especialmente si las innovaciones son mínimas. Una cosa es pasar de 26” a 29”, son conceptos de bici diferentes y se creó un mercado nuevo al que mudar a todos los clientes, o los cambios electrónicos o los grupos monoplato, que son innovaciones tecnológicas importantísimas, pero es muy diferente que únicamente de un año a otro, el producto sea el mismo, con un cambio estético y algunos gramos menos, es ahí donde se bloqueará la venta, por mucha más gente que hay practicando deporte, esos mínimos cambios, no despiertan el interés de la gran mayoría de usuarios finales.

Por Javier Fernández

Imagen tomada de www.pamobike.com

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Destacado

Lacets de Montvernier: El Tour 2022 subirá esta maravilla

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Lacets de Montvernier no es el puerto + duro, pero sí uno de los + icónicos

«L’une des stars du prochain parcours» Christian Prudhomme dijo hace seis años sobre Lacets de Montvernier, novedad para el Tour 2015, coronado por Romain Bardet antes que nadie y hoy previsto para la recién presentada edición de 2022.

No tuvimos ninguna duda. La visión desde la carretera de esta escalonada ascensión nos impresionó desde el primer momento. Espectacular.

Pensamos que tenía que entrar con todos los honores en esta sección. Nos frotamos los ojos, nos miramos y una media sonrisa se nos escapó del alma.

Al ver la sinuosa cinta asfaltada que, de lado a lado de la montaña, se retorcía subiendo agarrada a la ladera salvando el tremendo desnivel, atravesando pasos naturales entre las rocas del abismo, lo tuvimos muy claro: ¡queríamos subirlo!

Una escalada de 17 curvas de felicidad, la que nos proporciona estos Lacets de Montvernier, haciendo de esta subida una experiencia única, muy vistosa, que hará las delicias de cualquier cicloturista.

Algunas fuentes hablan de 18 cordones, porque parece ser que uno de ellos está «cuestionado» como tal.

No seremos nosotros quienes le otorguemos la categoría de lacet o no, pero sí contaremos que las horquillas, sobrepuestas una encima de la otra, literalmente, que se aferran a la montaña en unos 3 kilómetros, dan como resultado una curva cerrada cada 150 metros.

Eso es mucho lazo continuado.

De acuerdo que Alpe d’Huez cuenta con 21, pero lo hace en una distancia cuatro veces mayor que en Montvernier.

Los ciclistas que las acometen a bloque comentan que tienen que frenar en sus curvas para luego coger velocidad para intentar ascender lo más rápido posible este corto y explosivo desafío.

No será nuestro caso.

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La contemplación «sólo para nuestros ojos» de las continuas herraduras nos seguían produciendo muestras de asombro y cada uno de nosotros exclamaba un adjetivo para intentar describirlas: «singular», «imposible», «diferente».

Sólo es un pequeño puerto (¿sólo?). Una menuda joya escondida que se está haciendo célebre porque su foto ya se está empezando a publicar en revistas de turismo y que ha recibido el espaldarazo definitivo con su inclusión en la 18ª etapa del Tour de Francia de hace dos años, aunque ya fue «vista» por los seguidores en el Critérium du Dauphiné también esa misma temporada.

Los lacets remontan los 286 m de desnivel desde Pontamafrey (departamento de la Savoia, región Roine-Alps) a 492 m de altura, salvando el valle bañado por el río Arc para llegar a la Chapelle Nôtre-Dame-de-la-Balmes antes de dirigirnos hasta la pequeña población de Montvernier a 778 m, situada en una gran meseta al abrigo de los grandes Alpes.

Así es. Toda esta zona es un lujo para el cicloturista, el hogar de cinco de las diez ascensiones más famosas de Francia: Galibier, Iseran, Madeleine, Glandon y Croix de Fer.

Y ahora el Col du Chaussy.

Un gran paso de montaña de difícil grado a 1533 m de altitud que se inicia aquí, en esta divertida, estrecha y empinada carretera que es sólo una cuarta parte de su ascensión y siempre pedaleando a un constante y mantenido 8% que nos llevará por una fabulosa ruta que nos pondrá en el camino hacia el Col de la Madeleine.

Mirando de nuevo estos especiales Lacets de Montvernier nos sigue pareciendo improbable que hayan podido construir un camino por ahí.

Pero sí, la encontramos trepando bruscamente por el acantilado esta asombrosa obra de ingeniería de caminos de montaña, que con total seguridad habrá seguido los pasos de una mula ascendiendo por esta ladera, como no podía ser de otra manera.

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Finalizada las obras en el año 1934, después de seis años de construcción, sus ingenieros poco o nada podían imaginar que iban a hacer tan dichosos a tantos seguidores del ciclismo que cuanto más cuesta arriba se hace más felices son.

Sólo nosotros, las vacas, las ovejas y el cielo azul. Y unas barandillas «donde agarrarnos» que nos protegerán del precipicio. Suerte que por aquí hay muy poco tráfico y además los vehículos de gran tamaño tienen prohibida la circulación.

Mucho mérito tiene el fotografiar los lacets. A no ser que montemos en helicóptero o dispongamos de un dron puede ser difícil plasmarlas en papel. Creemos que nosotros lo hemos conseguido y hemos intentado llevaros estas imágenes a vuestras retinas y por eso pensamos que el hecho de que sean «poco visibles» haya sido una de las razones por las que la subida se ha debido mantener en relativo anonimato hasta ahora.

Los Lacets de Montvernier son divertidos, entretenidos, enganchan, pero son sólo el glaseado de un gigantesco pastel de grandes ascensiones que es la vallée de la Maurienne.

Por Jordi Escrihuela

 

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Sobre el potenciómetro 3 preguntas,
¿Lo necesitamos realmente?
¿El ciclista medio puede salir sin él?
¿Una vez lo compramos tenemos la disciplina de descargar y analizar pacientemente?

https://joanseguidor.com/podcast-potenciometro-ciclismo/

#PodcastJS

Vamos con el maillot Breakway by @shimanoes, una prenda que se vende de verano pero que sienta bien estos días de entretiempo, más frescos y húmedos...

https://joanseguidor.com/maillot-breakaway-by-shimano-una-pieza-atemporal/

A Bahrain le atribuyen el uso tizanidina para el mejor descanso de sus ciclistas. No es una substancia prohibida pero su uso se ciñe a hospitales...
Y ahora qué???
Debemos atribuir su temporadón a esto???
Dónde queda su trabajo y planificación???

https://joanseguidor.com/bahrain-tizanidina/

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