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Opinión ciclista

Tour de Francia 2030: futuro distópico

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DT – 2022 post

Un ejercicio de ciclismo ficción… así será el Tour de Francia 2030

Vámonos al Tour de Francia 2030, estamos en octubre de 2029, en París.

Hoy se presenta una nueva edición del Tour de Francia, la única carrera que ha sobrevivido durante estos últimos años al declive del ciclismo profesional.

Shimano – Leaderboard 1024×300

Y lo continuará haciendo un año más. Al menos hasta 2030, el año que viene.

Por el camino han ido desapareciendo todas las competiciones de ciclismo al aire libre.

Primero fueron las clásicas.

Luego, las carreras de una semana.

 

El efecto dominó se llevó por delante a otras grandes vueltas, como la corsa rosa o la ronda española.

No queda nada de aquello.

Sólo un triste recuerdo.

El Tour aún aguanta, aunque no sé por cuánto tiempo.

Mi obligación es hacerlo desaparecer lo antes posible.

Mi nombre es Naitsirhc Emmohdurp y soy el director del Tour de Francia.

Soy un infiltrado.

Todo empezó hace unos años, cuando el lobby del automóvil se impuso finalmente al uso de la bicicleta en las ciudades. El coche le había ganado la batalla.

Demasiados intereses, demasiado dinero.

Cuando las patronales internacionales de fabricantes de vehículos vieron cómo había crecido el número de usuarios que se desplazaban en bici para ir a trabajar, pegaron un puñetazo encima de la mesa.

 

Se había llegado hasta tal punto que veían peligrar sus negocios.

La venta de coches había descendido a mínimos históricos.

Las marcas de automóviles estaban al borde de la ruina.

Entonces fue cuando sucedió todo.

Lejos de parar la producción, la aumentaron y además empezaron a fabricar coches cada vez más grandes y cada vez más sofisticados.

Y, sobre todo, bajaron los precios. Reventaron los mercados poniendo a la venta automóviles de alta gama asequibles a mileuristas.

La reacción fue inmediata.

Se dispararon las ventas alcanzando cotas máximas. Todo el mundo quería un coche de esos que tan sólo costaban 6 mil euros.

Tuvieron que aumentar la producción a medida que también lo hacia la presencia de aquellos monstruos en las carreteras.

Llegó un momento en que las ciudades quedaron al borde del colapso.

 

El coche había borrado por completo la bici de nuestras calles.

Los gobiernos sucumbieron al poder de las multinacionales.

El parque automovilístico había crecido de tal manera que fue necesario crear nuevas y más grandes infraestructuras: más autopistas, con más carriles y más anchos, más túneles y más puentes… devorando carreteras, pistas y senderos.

Las ciudades se convirtieron en un infierno: humos, contaminación y retenciones continuas. Todo el mundo usaba su coche, en detrimento de la bicicleta.

Llegó un momento que era imposible salir ahí afuera, de ese modo, en bici: por seguridad, por salud.

Poco a poco fueron quedando en desuso, arrinconadas.

Ni siquiera a los niños se les regalaban ya bicicletas.

El único modo de dar pedales de forma segura era hacerlo bajo techo, en los gimnasios, conectados a una bonita carretera virtual.

Eso fue el final.

Lo más paradójico fue que la gente que iba a pedalear a estos centros deportivos se desplazaban en su coche particular.

¡Qué sin sentido!

 

Muchos, la mayoría, preferían quedar y salir de forma virtual con sus amigos conectados a esas máquinas.

Pronto, algunos, vieron en aquellos simuladores la posibilidad de organizar competiciones.

En muchas carreras al aire libre los ciclistas ya tenían que competir con mascarillas, debido a la alta y densa contaminación que se había alcanzado en muchos puntos del planeta.

Las carreras de toda la vida, poco a poco, se fueron sustituyendo por sus réplicas virtuales.

De esta manera fue como empezaron a desaparecer las históricas jornadas de ciclismo.

Bueno, todas menos una.

El Tour aún resiste, estamos en la previa del Tour de Francia de 2030. 

Nacex te envía la bicicleta donde le digas 

No puede ser de otra manera.

La mayor carrera del mundo, el mejor escaparate internacional para los grandes ciclistas, no podía desaparecer así como así.

El esfuerzo, el sacrificio y el gran trabajo de unos pocos aún hacen que el Tour “al aire libre” se siga celebrando año tras año.

Eso sí, cada vez con menos fuerza.

Los jóvenes corredores prefieren competir “bajo techo”.

Al Tour aún van los veteranos de toda la vida que no quieren perder la esencia de este deporte y la historia escrita a golpe de pedal en las piernas de estos valientes corredores.

También participan los que buscan la gloria, la épica, locos aventureros que se lanzan a la carretera como auténticos caza-tesoros, que no se rinden a seguir formando parte del Olimpo de los dioses del pedal.

 

Pero el Tour, para las multinacionales del automóvil, aún sigue siendo un peligro para sus intereses.

Temen que en cualquier momento la tortilla se pueda girar y que, gracias al misticismo y el romanticismo del Tour, haya un repunte entre sus fieles seguidores que pueda provocar un giro en la historia.

Esto es, que vuelvan las bicis a las calles.

Piensan que hay que aplastar el Tour.

Pero… ¿cómo?

Hundirlo pero que parezca un accidente, un hecho irreversible, abocado a seguir el sino de sus grandes vueltas hermanas.

Para eso me contrataron.

Sí, a mí.

Hace  unos años se pusieron en contacto conmigo para este cometido.

No me pude negar.

Llegaron a amenazar incluso a mi familia.

 

Y aquí estoy, en la presentación de un nuevo Tour.

Un nuevo recorrido que, año tras año, he ido intentando empeorar para que los “mejores” desistan volver.

Así, de entrada, hace ya unos años que empecé en mi nuevo trabajo.

Fue en el año 2019.

Aquello fue el inicio, el origen.

Presenté un Tour de Francia con un recorrido que fue un insulto a la esencia de la historia del ciclismo.

Pensé que cuantos menos corredores especialistas vinieran mejor.

Mejor para mis intereses. Peor para los que se atrevieran a competir.

Empecé a diseñar etapas poco llanas y apenas planifiqué un par de ellas. Con esto casi me aseguraba que los esprinters se iban a quedar en casa.

También me cargué de un plumazo la épica contrarreloj larga y llana. Y, de paso, la de por equipos también.

De esta forma, los especialistas contra el crono tampoco iban a venir.

Recorté el kilometraje de las etapas. Casi las dejé para corredores juveniles. No más de 150 kilómetros de recorrido.

Ya no iba a ser un deporte de fondo y cuanto menos tiempo estuvieran los ciclistas en la carretera mejor.

Diseñé un Tour para olvidar: sin cimas míticas, ni Tourmalet, ni Alpe d’Huez, ni Mont Ventoux… nada.

Nada que pudiera recordar al aficionado la historia de los gigantes de la carretera.

Me olvidé hasta del infierno del Norte: nada de pavés ni adoquines, ni nada por el estilo.

Tampoco finales en alto en Pirineos, ni encadenados alpinos y sí muchas cuestas de cabras, a ver si así se aburrían hasta los escaladores.

En ese sentido, aprendí mucho de mis viejas reuniones con mis amigos organizadores de La Vuelta.

Este año vuelvo a la carga, con la presentación de la edición del 2030.

Y creo que me he superado.

Para el año que viene me he cargado todos los maillots originales del Tour y los he cambiado por los que me han ofrecido una marca de coches.

Así, ni amarillo, ni blanco con topos rojos, ni verde.

Ahora el de líder será de color rojo. Con un poco de suerte no se distinguirá del resto de corredores.

Y esto creará confusión.

Habrá polémica.

También me he cargado la última etapa tranquila con final en París.

A cambio, he colocado una cronoescalada a la Tour de Madeloc.

Nada, una tachuela con rampas de hasta el 24%.

Estoy deseando saber qué opinan prensa y aficionados.

Si con esto no me cargo el Tour, dimito.

Foto: Movistarteam

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Opinión ciclista

Orbea Girona Gravel Ride: En busca de ese punto épico

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en

Girona Gravel Ride principal JoanSeguidor
DT – 2022 post

En 78 kilómetros, la Orbea Girona Gravel Ride rodea Les Gavarres

El gravel pretende el ciclismo democrático, en el que todos tengan su terreno, su opción, la Orbea Girona Gravel Ride es el guiño de la Sea Otter Europe a ese ciclista que sale sin mirar el reloj porque la vista se pierde en el paisaje.

Por eso Girona Gravel Ride plasma en un recorrido de 78 kilómetros, en forma circular, con salida y llegada en la Sea Otter Europe, combinando todos los elementos del gravel: leyenda y suciedad, con dureza contenida, belleza en el paisaje y un punto de exploración.

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Son 78 kilómetros y poco más de 770 metros de desnivel 

No se buscan machadas, ni héroes, se requieren exploradores, con ganas de ver y experimentar un ciclismo que no es una moda, es una forma de entender la vida.

Girona Gravel Ride carretera JoanSeguidor

Orbea Girona Gravel Ride, las raíces

La vinculación de Girona con el ciclismo es un binomio que viene de largo.

Jordi Cantal, inventor también de la Pirinexus, entabló en su día amistad con los no pocos ciclistas profesionales que se instalan en Girona.

Algunos como David Millar, excéntrico, un historia en sí misma, y Michael Barry le preguntaban por algo diferente…

«Me pedían ir por pistas en pretemporada, no necesariamente por sendas de mountain bike y sí por lugares singulares que les evadiese de tanta carretera» rememora Jordi.

Han pasado más diez años de aquellas salidas de amigos, por medio de sitios inexplorados por muchos y hoy esas pistas son el «sofrito» de la prueba gravel de la Sea Otter Europe.

Orbea Girona Gravel Ride, el recorrido

Son 78 kilómetros para «disfrutar del gravel, con dificultad contenida y dos tramos tan solo de cierta dificultad técnica. Son sólo dos porque el objetivo es abrir el abanico a la mayor cantidad de gente que quiera disfrutar de una matinal de ciclismo tranquilo alejado del asfalto«.

La salida se toma mirando al Pirineo, desde el recinto de la Sea Otter Europe, dirección norte.

Son kilómetros llanos, en el sentido del río Ter, pistas cómodas y anchas.

Inscripciones ya abiertas 

La pista sigue su curso hasta que se gira a la derecha, en sentido a Les Gavarres, tras bordear el bello pueblo de Monells, un precioso conjunto medieval.

Ciclobrava Monells JoanSeguidor

La primera subida se sitúa en la zona de Montnegre y luego dirección a Sant Miquel, un pequeño castillo que oteaba los valles hace varios siglos, aunque sin llegar al mismo.

Lo cierto es que el asfalto también aparece en alguna zona, hay algo más de veinte kilómetros, pero son tramos tranquilos, con el objetivo de enlazar sectores de tierra.

También se pasa cerca de otro punto emblemático entre los ciclistas del lugar, Els Angels.

El camino aquí ya es de vuelta, y por el Valle de Sant Daniel, siguiendo el río Galligants, el ciclista estará de nuevo en el recinto de la Sea Otter.

 

Girona Gravel Ride entrada en Girona JoanSeguidor

Entrada de nuevo a Girona

Se prevé que los corredores más veloces acaben la ruta en unas tres horas, y los que quieran paladear mejor cada recodo en cuatro o cuatro y media.

+ INFO

El gravel gana terreno «hace unos dos años que suena, a raíz de la Strade Bianche y mira qué recorrido a realizado. El sterrato, la tierra, tiene atractivo, es épico y hasta cierto punto heroico. A la gente le gusta» nos confiesa Jordi.

«Soy cada vez más amante del ciclismo clásico frente al carbono» añade.

Y concluye «que haya un poco de suciedad siempre está bien«.

La Orbea Girona Gravel Ride ofrece ese punto épico en vuestra vida ciclista

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Ciclismo antiguo

Marino Lejarreta siempre viajó en la clase noble del Giro

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DT – 2022 post

En el Giro Marino Lejarreta hizo grande su historia

El marationano Marino Lejarreta, el bien llamado “junco de Berriz, ha sido una de las grandes personalidades del ciclismo español en el Giro de Italia. E

l ciclista vizcaíno firmó siete participaciones en la grande rosa y todas las concluyó entre los diez primeros.

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A esa benigna estadística, cabe añadirle que en cuatro de esas ediciones, Lejarreta concluyó las tres grandes el mismo año.

Su historia con Italia viene de dejos, del mismo momento que comprendió que allí podría tener una salida natural a su talento en una grande que le iba como anillo al dedo.

En ese tiempo conoció con monstruos como Saronni, Moser, Hinault, Roche y Visentini, entre otros.

 

Corría el año 83, el joven Marino debutaba en el Giro recién llegado de una Vuelta memorable en la que tuvo que declinar ante Hinault. Al fin, el de Berriz se veía en el Giro: “Llevaba cinco años de profesional pero hasta la fecha nunca había estado en el Giro, sí en alguna clásica italiana. Era una prueba que me apetecía mucho conocer”.

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Con los colores del Alfa Lum, cierto sinsabor recorrió el cuerpo de Marino en su debut. Fue la edición que ganó Saronni y el recorrido dejó mucho que desear. “Fue una carrera muy suave –recuerda-. Se desvirtuó algo la idea que tenía de la carrera con esos grandes puertos de los que tanto había oído hablar”. En el balance, amén del sexto puesto, destaca la segunda plaza en Val Gardena donde perdió ante Mario Beccia, “me ganó al sprint tras haberlo intentado a 2 kilómetros” rememora. Un año después ganaría en ese mismo escenario, “mi día más feliz en Italia” admite. Allí vivió también uno de sus días más duros: “Bajábamos con frío y nieve y lo pasé muy mal. No controlas la bici, te duelen las manos y nunca ves el final”.

Para Marino “el ciclismo que se ve en el Giro es el típico italiano, muy de clásicas. Se ejerce un gran control por parte de los equipos de velocistas y uno se da cuenta que luchar contra eso es absurdo. La batalla suele platearse al final, sobretodo cuando la televisión entra en directo”.

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Ese ciclismo a la italiana también se prolonga en las cuentas. Marino, muy querido siempre en Italia, no escatima elogios: “El público italiano es ciclista de toda la vida. No suele ser muy joven, pero sí muy entendido. Posiblemente sea el mejor que haya”. De sus siete Giros se declara admirado por “las Tres Cimas de Lavaredo. Estábamos a un kilómetro de meta y veía tanta gente montaña arriba que pensaba que habían subido más allá de meta”, para su desgracia el gentío se acaba en meta.

El Mortirolo es la subida más dura, pero fue en la Marmolada donde vivió un auténtico calvario en 1991. Ese día descubrió a uno de los corredores que más le ha impresionado: Franco Chioccioli. Lo mismo reconoce de Gianni Bugno, “ganó su Giro con una pierna” recuerda, y de Bernard Hinault.

Marino en el Giro

1983: 6º

1984 y 1987: 4º

1985 y 1991: 5º

1989: 10º

1990: 7º

Dos etapas ganadas

 

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Ciclismo antiguo

El casi pleno de Miguel Indurain en el Giro de Italia

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Indurain en el Giro: dos victorias y una tercera plaza 

Sólo con esa estadística tan apabullante, uno toma conciencia de la naturalidad con la que ganaba el mejor ciclista español de la historia. Una naturalidad, sea dicho, no exenta de sufrimiento y obstáculos.

Indurain tuvo su estreno en el Giro en 1992, llegaba como ganador del Tour y un saco de incógnitas sobre sus opciones.

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Preparar su segundo asalto a la Grande Boucle era su único objetivo en Italia pero, ganó: “Llegué con la incertidumbre propia de quien llega a una carrera que no conoce. Todos me comentaban que era una carrera muy a la italiana, donde los italianos atacaban mucho. Mi idea era preparar el Tour, aunque si la carrera se ponía tiro no se podía desaprovechar. Una vez salvamos la primera parte nos dimos cuenta de que podríamos luchar por la victoria”.

Se vistió de rosa en Arezzo y reforzó su liderato un día después en la crono de Sansepolcro.

Reconoce que “no fue una victoria fácil por que en definitiva no dejas de ser un rival para todos los italianos”, pese a ello reconoce haberse sentido “muy bien acogido por el público.

En alguna ocasión se oía hablar de alianzas entre corredores italianos –sobretodo en su segundo Giro- pero al final cada uno fue a lo suyo”.

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Recuerda haberse sentido muy impresionado por los Dolomitas: “Son realmente impactantes por la cantidad de roca que se ve en las montañas y el gran ambiente que rodea la carrera. Son puertos que no tienen nada que envidiar a los del Tour”.

Un puerto, por encima del resto, es el más duro a su entender: el Mortirolo.

Pero no es el único: “El Stelvio no tiene tanto desnivel pero su longitud lo hace muy duro. La característica de las etapas de montaña del Giro es que los puertos se suceden casi sin descanso”.

Mortirolo y Stelvio son dos cimas que entraron en aquella fantástica jornada de ciclismo que fue la 15ª etapa del Giro de 1994 entre Merano y Aprica.

Un día extraordinario que hizo vivir a Miguel todos los estados del ciclismo, de la euforia del Mortirolo al calvario del Valico di Santa Cristina. Sobre aquel día ha sido peguntado mucho: “Fui muy bien, pero se me olvidó hidratarme y lo pagué caro”.

Indurain pasó de acariciar el rosa que vestía Berzin a despedirse de él, en espacio de media hora fruto de una tremenda pájara que sepultó sus opciones en el que podía haber sido su tercer Giro.

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Sobre lo que rodea a la carrera está totalmente de acuerdo con que nos contó Marino Lejarreta hace unos días: “Para Italia el Giro es una fiesta. En mi época veíamos pueblos enteros que dejaban de trabajar por ver la carrera. No obstante la gente no sólo vive el Giro, sino todo el calendario en general. Sea en el norte o sur, siempre hay mucho seguimiento”.

Miguel en el Giro

1992 y 1993: 1º

1994: 3º

Cuatro etapas

 

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Opinión ciclista

El Giro hizo muy bien saliendo de Hungría

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DT – 2022 post

El inicio del Giro de Hungría ha puesto otro país en el mapa de las grandes vueltas

Que el Giro, el Tour y la Vuelta de 2022 salgan, respectivamente, de Hungría, Dinamarca y Países Bajos es una noticia excelente por varios motivos.

El primero y principal, porque esto no deja de ser un negocio, es que las organizaciones se sacan una buena pasta para mejorar la calidad de sus eventos, hacerlos rentables y seguir adelante.

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Dijo Contador en Eurosport que se sacaron nueve kilos y medio de euros, bien por Vegni.

Pero no sólo eso, que el Giro salga de Hungría nos ha dado imágenes de un gran pelotón por una soberbia ciudad llamada Budapest, conjugando eso que tantas veces hemos dicho y que el ciclismo logra mejor que nadie: este deporte es perfecto para vender lugares.

También se ha llevado el gran ciclismo a un país con muy poca tradición, que yo sepa, ciclista, con una carrera, la Vuelta a Hungría que empieza al calor del Giro.

Eso es vender este deporte, es llevarlo fuera de sus límites naturales, demostrando que este circo es bienvenido por donde pise.

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Por todo lo dicho anteriormente, me decepciona el resultado de esta encuesta…

… pues no creo que el Giro pierda un ápice de su esencia por hacer un bolo en Hungría, al contrario, demuestra que es un evento querido fuera de Italia y que causa expectación.

Luego está la problemática que le significa a los corredores y equipos, que son muy conscientes que, en el fondo, tanta molestia les sale a cuenta, pues son los primeros interesados en estar en la caravana del Giro y que ésta tenga, por tanto, buena salud financiera.

Cómo se repartan la pasta que el Giro se lleva de Hungría es tema de ellos.

 

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Las salidas internacionales, incluso más allá de países colindantes, es un atractivo brutal para el ciclismo como deporte, que rinde visita unos días y vuelve al país de origen a jugarse lo gordo de la carrera.

Además, en un contexto de turismo cada vez más internacionalizado, vemos otros países y regiones promocionarse en las grandes vueltas: Italia lo ha hecho en la Vuelta, por ejemplo.

Es un caso concreto y puntual, pero hay otros incluso más llamativos, como la salida de la Vuelta a Polonia del Trentino, alineando el mensaje de que al Papá Juan Pablo le gustaba mucho la zona.

Siempre se han hecho salidas internacionales, que últimamente se hagan más responde a la necesidad de llevar la facturación a otro nivel.

Pero incluso diría otra, que la salida de la Vuelta sea de Utrech o la del Tour de Copenhague, como la del Giro desde Budapest, tras el año de pandemia y, por tanto, un retraso en las salidas, hace de cada evento una fiesta, un perfecto maridaje de ciclismo, cultura y países, que al fin y al cabo es de lo que se trata en estas cosas.

Imagen: FB de Giro d´Italia

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Que ¿por qué me gusta Romain Bardet?
Ciclista valiente
Tipo respetuoso y deportivo
Cultivado que vale la pena escuchar

Ya no opta a ganar un Tour, pero siempre brilla, busca su hueco y algo nos da

Ganas de verle en el #TDF2022

https://joanseguidor.com/romain-bardet-tou-r2022/

Ahora que estamos tan atentos a Carlos de Andrés y Javier Ares, Angel María de Pablos, junto a @viciosport, nos cuenta cómo era narrar ciclismo en los años ochenta

https://www.ivoox.com/angel-maria-pablos-fignon-me-dio-una-audios-mp3_rf_88884548_1.html

#PodcastJS con @Tuvalum

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Charleta con tres bikers que hicieron historia en Atenas, Río y Tokio

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