Ciclismo
El pavé en el Tour ¿por qué hay que dosificarlo?
Abusar del pavé en el Tour puede significar la muerte de la carrera
En la puestapuesta de largo del recorrido del Tour, la etapa del pavé se tiene como el momento friki de la carrera, aquel día que, quienes vemos ciclismo doce meses al año, sacamos pecho y hablamos de la primavera, tan ajena a la mayoría, de sus historias y belleza, de los momentos que nos ofrecen las clásicas.
Y está bien, es también ciclismo, defender tus carreras, momentos que no son tan de dominio público pero que, como otras veces hemos dicho, nos merecen más la pena que el mismo Tour, donde todo está medido y controlado.
Poner pavé en el Tour está bien, pero no creo que el Tour se deba jugar en el pavé.
Digo esto por algunas críticas que leído del recorrido del Tour pidiendo que el pelotón no se quedara en las puertas de Arenberg y que lo atravesara.
Ciertamente, suena bonito tener un tramo cinco estrellas de Roubaix en el Tour, pero no creo que le rente a la carrera más importante del mundo.
Pasar por Arenberg supondría un plus de peligro que no creo que los grandes nombres del Tour deban asumir, más que nada por que el destrozo puede ser antológico, cuando no acabar con varios favoritos fuera de concurso.
En la historia reciente del pavé en el Tour, hay sonadas caídas como las de Frank Schleck en 2010 o Chris Froome en 2014 que dejaron el Tour sin nombres importantes.
Hubo otras, pero estas dos son las primeras que se nos vienen a la mente.
Meter adoquín en la Grande Boucle es atractivo y sirve para recordar la importancia de la primera semana en el Tour de Francia, que no son siete días de relleno y sí siete días para salvar y gestionar de la mejor forma posible sin correr el riesgo de llegar vacío a la alta montaña.
También invita a pensar qué se hace en España omitiendo un tipo de ciclismo que se da cada vez más veces y en más sitios.
El pavé del Tour 2022 está bien como está -si hasta el boss de los pedrusqueros del Deceuninck dijo que el pavé no tiene sitio en el Tour- entrar en el bosque sería un hito para muchos de los que amamos Roubaix, las clásicas y la primavera, pero innecesario en una prueba que se juega a tres semanas y mil matices.
Otra cosa es que queramos la sentencia de gran parte de la prueba en los primeros días, un escenario que produce escalofríos en los organizadores, que siguen manteniendo viva esa llama que dice que la carrera que llega apretada hasta el final es más bonita, una de las grandes trampas del ciclismo actual y motivo para acabar aborreciendo ciertas pruebas.
Imagen: ASO/Pauline BALLET





