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Ciclismo antiguo

Selle Italia, una historia en 25 Giros

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Tuvalum

La suerte de Selle Italia en el Giro lleva el apellido de Merckx, Hinault, Gimondi, Indurain, Contador…

El Giro de 1965 fue una carrera de más de 4100 kilómetros que empezó en Marino, cerca de Roma, a los pies de Castel Gandolfo y su mítico lago Albano, y finalizó 22 días después el Florencia.

Allí en la cuna del renacimiento, Vitorio Adorni lograba su primer y único Giro de Italia, una empresa que firmó con solvencia, más de once minutos sobre el eterno segundón de la época, Italo Zilioli, un turinés moreno, robusto y angulado que tuvo el infortunio de convivir con grandes monstruos del tipo Anquetil, Motta o el propio Adorni, con su elástica celeste del Salvarani, sus ojos saltones, rostro afilado y un palmarés abultado en Italia y redondeado con el Mundial del 68.

Montaba Adorni sobre un sillín que traía sobre sí una longeva historia, montaba un Selle Italia

Fundada a finales del siglo XIX, Selle Italia nació en la fiebre del coche y la necesidad de asientos para el viaje.

Emplazada ya en el Véneto, la empresa empezó un camino de oro en el ciclismo, con modelos que en los ochenta se convirtieron en los primeros anatómicos de la historia, formando parte activa del éxito de muchos campeones.

Con Vitorio Adorni inició el romance de Selle Italia con el ciclismo, un libro de récords, pues en el presente, la firma italiana ha sido el sillín de veinticinco maglias rosas, veinticinco triunfos que firman gran parte de los mejores ciclistas que han competido en la llamada carrera más bella del mundo.

En la cima están los cinco Giros que ganó Eddy Merckx desde 1968 a 1974 en el ciclo de mayor dominio de un ciclista en la carrera rosa.

Un ciclo que quisieron imitar el gran compañero de Adorni, Felice Gimondi, quien se hizo con tres entorchados en Milán, los mismos que el francés Bernard Hinault, el último en 1985, el año que firmaría su doblete con el Tour, las dos últimas grandes que ganaría.

Prudencio y Miguel Indurain JoanSeguidor

Una leyenda que comparten Indurain y Contador

Selle Italia también fue partícipe del éxito de los dos ganadores españoles en el Giro de Italia.

En 1992 Miguel Indurain marcó el inicio de su reinado, en tiempos del Titanium, un sillín en la equidistancia de la ligereza y resistencia. Al año siguiente repetiría Miguel, otra vez antes de ganar el Tour de Francia.

Alberto Contador desembarcó por primera vez en el Giro el año 2008, tiempos en los que el carbono ya había entrado en los sillines. El madrileño ganaría el Giro en su estreno, y siete años después. 2015, cuando Selle Italia ya había puesto en marcha su sistema de personalización perfecta de sillines con el programa idmatch.

La galería de 25 Giros de Italia en Selle Italia la completan una amalgama de ciclistas que incluyen campeones eternos como Fignon o Pantani, finos estilistas del tipo Menchov, efímeras estrellas tal como Garzelli o Berzin, veteranos que nunca cejaron estilo Chioccioli, la fuerza bruta de Moser, la clase de Battaglin y la sonrisa eterna de Michele Scarponi.

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Ciclismo antiguo

#PodcastJS Fernando Escartín, el ciclista de la esforzada figura

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Fernando Escartin JoanSeguidor
Tuvalum

Viajamos al ciclismo que perpetuó Fernando Escartín

No pocos aficionados al ciclismo esbozan una sonrisa cuando surge el nombre de Fernando Escartín.

Pocos ciclistas conectaron de forma tan directa y sincera con el público a través de la incondicionalidad en el esfuerzo y la entrega en carrera.

Durante más de diez años Fernando Escartín fue uno de los ciclistas más queridos del público: no era el más laureado, tampoco el más elegante, creció rodeado de auténticos gigantes, pero supo rascar su sitio en el corazón del buen aficionado al ciclismo.

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Esa década de ciclismo parte del mismo Clas-Cajastur, el equipo de la tierra, que se hizo multinacional con Mapei.

De ahí a los mejores años liderando el Kelme, el equipo que ponía los gregarios a bailar para que Fernando Escartín volara y alcanzara metas increíbles como los podios en la Vuelta y el Tour y aquella etapa de Piau Engaly.

Años después aquellos años quedan lejos, pues hoy diseña recorridos que omiten las cronos y potencian las llegadas en alto: «Me equivoqué de época» cuenta, pero no cambiaría nada del ciclismo que le tocó vivir, un ciclismo que con todas sus imperfecciones le dio todo lo que tiene.

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Ciclismo antiguo

En España, el ciclismo es de escaladores

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Tour de Francia - Federico Martin Bahamontes JoanSeguidor
Tuvalum

El ciclismo en España no se entendería sin los escaladores

El ciclismo de España se vincula íntimamente con la palabra escaladores, esa estirpe que emergió, cuando medio país se dio cuenta de lo cerca que estaban los Pirineos los días que el Tour tenía a bien atravesarlos.

Una estirpe que ha pasado de generación en generación, trasladando el gusto por las cuestas, legitimando que cualquier gesta firmada en la montaña es más hazaña, pues se recubre de épica y leyenda enmarcadas en la belleza de las cimas.

Por eso, en pleno siglo XXI, la unión de las palabras ciclismo, España y escaladores sigue en plena forma, identificándose la montaña como el paradigma de lo que puede dar este deporte a este lado de los Pirineos.

De esta guisa, la revista Peloton Magazine recoge en esta pieza los grandes nombres de la escalada en España, en un viaje que nos trae grandes recuerdos.

Éste arranca desde el mismo 1930, cuando Henri Desgrange monta un Tour por selecciones y España llega capitaneada por un tal Salvador Cardona, para siempre el primer ganador de etapa español en el Tour.

En ese conjunto emerge Vicente Trueba, el considerado, posiblemente pionero de esta tradición

Dicen que Vicente pesaba 112 libras, al cambio menos de 51 kilos, y que entró en el Tour compitiendo en la categoría de turista, una forma amable de decir que competía solo, sin equipo, ni staff.

La ruta 100 por la Gran Canaria Ciclista

Hasta él tenía que arreglarse los pinchazos de una bicicleta que pesaba por dos de las actuales, minucia que no le impidió ser el primer rey de la montaña en 1933 tras ser una flecha por los puertos de los Pirineos y Alpes, especialmente en el Galibier, donde marcó un excelente récord.

Como buen escalador era excelente hacia arriba y negado en los descensos, pero con él empezó todo, la íntima relación de las palabras ciclismo, España y escaladores.

Le tomaría el testigo el paradigma, creo que mundial, de la escalada Federico Martín Bahamontes, quien ganaría el primero de sus siete premios de la montaña en 1954, un año después de conseguirlo Jesús Loroño.

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A día de hoy nadie tiene más KOM que Bahamontes: los siete del Tour más uno en el Giro y dos en la Vuelta

Con nueve le iguala Gino Bartali y con ocho les sigue ese témpano llamado Lucien Van Impe.

En la lista de conquistas de Federico Martín Bahamontes se contemplan casi todos los grandes puertos del Tour y eso que le tocó vivir paralelo a otro de los grandes de siempre hacia arriba, Charly Gaul.

La lista prosigue por el relojero abulense, Julio Jiménez, un ciclista de cuyas gestas no somos conscientes muchas veces, pero que colecciona éxitos tan singulares como aquel en el Puy de Dome el día que Tour estrenó televisión en directo para inmortalizar el duelo a codo con codo de Anquetil y Poulidor.

A Julio le sigue José Manuel Fuente, el ciclista más racial que haya dado el ciclismo en España en materia de escaladores y en cualquier otra, un competidor de rompe y rasga de cuya aureola se inspirarían Perico, José María Jiménez y Roberto Heras, tres nombres más de una historia en la que los de Peloton se han dejado unos cuantos…

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Ciclismo antiguo

Indurain y Valverde: Duitama no admite comparación con Florencia

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Tuvalum

Los marcajes de Indurain y Valverde en sus respectivos mundiales estuvieron a años luz

España es un país relativamente joven en la historia de los mundiales de ciclismo, pero si hemos de quedarnos con dos de siempre, Duitama y Florencia serían los extremos, gentileza de los que consideramos los dos mejores ciclistas a este lado de los Pirineos: Indurain y Valverde.

Entre ambos pasaron 18 años, una mayoría de edad que curiosamente adquirió el ciclismo español en una de las asignaturas pendientes que venía arrastrando desde el segundo cero de su creación.

En ese tiempo sólo queda al margen el oro de Alejandro Valverde, una de las victorias más deseadas del pelotón, en Innsbruck, todo lo demás entra directo en ese periodo, los tres oros de Freire, el doblete de Hamilton de Astarloa, las medallas del mentado Valverde… incluso hasta el registro singular de Abraham Olano, único ciclista capaz de ser campeón contra el reloj y de fondo.

Al ciclismo español le quedan otras asignaturas, no os penséis, como las clásicas del adoquín, pero en esas peleas, salvo Flecha nadie pareció estar con visos de salir exitoso.

“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta

Volviendo a Duitama y a aquella tarde-noche, por el horario de aquí, lo cierto es que hemos recordado y debatido ampliamente, en este mal anillado cuaderno, lo que pasó.

Incluso nuestro amigo Miguel González, nos trajo el otro día una opinión muy alejada de la nuestra en la que se volvía sobre si Olano debió o no disputar la jerarquía de Miguel Indurain.

Nosotros siempre defendimos que aquello fue de manual de primero de ciclismo, en una escapada en la que tienes ventaja numérica, lo normal es lanzar al segundo para que los rivales quemen cartuchos en la caza.

Aquello que vimos claro y de cajón se convirtió en el principio del fin para Abraham Olano, quien ganando ese arcoíris se cargó de un peso que le lastró para siempre.

Sin embargo, más allá de lo que Olano hiciera, la grandeza de Miguel quedó reforzada en un día que llevaba su nombre y apellido.

El control que ejerció para que su compañero volara al triunfo contrasta con lo que vimos en Florencia tantos años después.

Si en Colombia el gran rival fue Marco Pantani en Italia, la rueda de Vincenzo Nibali fue veneno para la selección española.

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Cuando Alejandro Valverde se obcecó en marcar al italiano y Rui Costa tomó metros, que luego fueron segundos irreducibles, la suerte de control y estrategia que Indurain sí supo plasmar para Olano, se esfumó en Valverde, para desgracia de Purito.

El catalán, como Olano, ejerció de segundo espada venido a líder, pero le falló la retaguardia.

Hizo la carrera perfecta, incluso la convenida con el propio Valverde, pues al murciano ya le iba bien que su compañero incordiara, pero la clave estuvo en el marcaje, dejar a Nibali entre él y Rui Costa, en cabeza, fue faltal.

De un oro y plata que muchos saboreábamos, se pasó a los dos escalones bajos del podio.

Valverde dijo que no pudo, que no le dio para salir a por el portugués, cuando sólo cabía esperar algo del luso, siempre escondido, siempre tan fresco.

Aquella tarde, como 18 años antes, hubo lágrimas, pero no de felicidad y sí de incredulidad, Valverde no había sido Indurain, y mira que lo tenía todo para romper la lanza a su favor.

La fotografía es ésta, la actitud y habilidad de uno y otro en un momento similar, separados por tantos años, sin más intención que poner negro sobre blanco lo que hicieron ambos en un momento crítico, y sin olvidar méritos de Valverde, quien fue clave para el tercero de Freire o una ayuda in extremis en la carrera final de Purito en los Juegos Olímpicos de Río.

Que siempre hayamos pensado que Valverde es y ha sido capo, no quita que haya realizado alguna labor para terceros, pero aquel día su perenne grandeza nos cayó a los pies.

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Ciclismo antiguo

Nunca compararía a Landa con el Chava

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Tuvalum

El carisma es al Chava, lo que la estadística a Landa

En la vorágine revisionista que nos lleva a traer cada poco una de esas figuras o momentos del pasado que nos marcaron, el otro día el Chava Jiménez pasó dejando huella.

Obviamente, cuando dices que un ciclista que arrastró lo que él consiguió movilizar estuvo sobrevalorado, los inputs que recibes no siempre son favorables -estamos consiguiendo tocar ciertos temas sin recibir insultos, lo celebramos- aunque otros se alineen con lo que uno piensa.

En todo caso, nos llamó la atención una cosa, y en esto sí que estamos de acuerdo, el Chava Jiménez supo conectar con la gente, supo darle lo que quería y buscaba, encontrando ese influjo de héroe español, agonístico y de escalada, con las miras puestas siempre ahí arriba y asentando sobre una mítica irregularidad.

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Chava tenía duende y eso no conecta ni con el palmarés, ni la estadística pues era etéreo, como diría el diccionario de Google «intangible o poco definido y, a la vez, sutil o sublime» una definición que, como veis, va como anillo al dedo.

En esa línea, muchos entraron directamente en esa estirpe de corredores cuyo carisma excede con mucho lo que son o dejan de ser ciclísticamente hablando, es decir, que los resultados no tienen que estar en consonancia con lo que arrastran al alrededor suyo.

En esa discusión surgió la comparación con Mikel Landa

Una comparación que sin embargo no compartimos, pues creo que si bien son dos corredores que tienen algo en común, ambos dan que hablar, su dimensión es muy diferente.

Mikel Landa tiene carisma y enamora por su forma de correr, quizá por ese sentido trágico y una perenne injusticia que se explican muy bien en término «landismo», ese «palabro» que no sé quién inventó ni cuándo se acuñó.

Pero incluso con ese «ismo» flotando en el ambiente, creo que el carisma de uno y otro se ponen en platos opuestos de una balanza alejada del equilibrio, lo del abulense superaba cualquier término racional, quizá también, como comentan en el Pedal Vintage de la Vuelta 1998, por que fue punta de lanza en la pugna mediática entre dos monstruos como García y De la Morena.

Uno y otro utilizaron al ciclista para sus propósitos como nunca se hizo uso de Landa, hoy la radio en ciclismo nada tiene que ver con entonces, quien sí que goza de una inmerecida impopularidad entre muchos colombianos, como si el alavés fuera el culpable del declive de Nairo.

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Estos tiempos son más fríos y alejados que aquellos, y la comparación en cuestión de carisma no me parece argumentada.

Otra cosa es el rendimiento en las tres semanas, ahí no hay color

Mikel Landa se ha prodigado en todos los escenarios, pisado un podio del Giro, acariciado un par en el Tour y otro del Giro, siendo top ten en varias ocasiones y protagonizando ataques de largo radio como nunca se los habríamos visto al Chava.

En el punto de vista ciclístico y estadístico, el alavés le lleva ventaja, aunque matizada, pues el Chava se llevó toda una Volta a Catalunya a casa.

Con todo, recordando al Chava estos días, viendo a Landa y lo que genera, podemos decir que de vez en cuando con ambos, nos reconciliamos con el ciclismo de toda la vida, aquel que discurría ajeno a tanto número, vatio y control, ese que sólo te podía enganchar, aunque cada uno en su época, la caliente y agitada del Chava, la más fría y analítica de Landa.

Eso sí, cada uno en lo suyo, serán recordados ciclistas singulares de su tiempo.

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Ciclismo antiguo

Indurain, Perico, Pantani… ¿qué corredor te enganchó al ciclismo?

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Pedro Delgado Superbagneres JoanSeguidor
Tuvalum

Los Tours de Perico significaron mis primeros filtreos con el ciclismo

Estos días fueron especiales para quienes vibramos con el ciclismo.

El pasado domingo, el día del  “amore”, se cumplieron 17  años de la muerte de uno de los corredores que mejores momentos nos proporcionó, Marco Pantani, un ciclista que nos marcó a fuego por su forma de correr, de entender el ciclismo, de aventurar el espectáculo.

Ahora mismo en el pelotón tal arrojo no se conoce, ni se le espera.

En este deporte de convencional dureza focalizada en los estertores se premian los trenecitos y los vatios.

Sin embargo el ciclismo no se hizo grande por la especulación.
Todo lo contrario, fue la exposición de la valentía de algunos quienes lo hicieron grande.
Y no siempre tuvo que ocurrir en la montaña, tenemos días históricos grabados y no precisamente de perfil complejo.
Al contrario, disfrutamos de exhibiciones contra el crono, etapas de abanicos, descensos que rayaron lo suicida,… como lo hubiéramos hecho en la más terrible ascensión.
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A mí me engancharon Pedro Delgado y sus Tour de finales de los ochenta.
El de 1987 sigue nítido en mi memoria, la fecha delata mi edad, cuando un Roche agónico se rehízo en La Plagne, el día que Fignon batió a Fuerte, para atar en corto al segoviano antes de la última crono.
Recuerdo como en aquellas noches de verano, al calor de la radio, lo más inmediato que existía entonces, hacían cábalas sobre Perico y de cuánto podía cambiarle la vida en 365 días pues un año antes debió dejar la carrera por el fallecimiento de su madre.
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Subidos a esta bicicleta quiero preguntaros por los corredores que os engancharon al ciclismo.
Yo quiero dejaros unos nombres de forma espontánea con intención de tocar la fibra al mayor número de generaciones…
·         José Manuel Fuente: su raza le hizo muy querido. Su palmarés no tomó en consideración el despliegue de talento que realizó durante una trayectoria que al margen de dos Vueltas mereció un Giro como poco.
·         Laurent Fignon: su antipatía era tan atractiva como el influjo que radiaba sobre el aficionado. A pesar de tal anticarisma su falta de peros al espectáculo fue de agradecer.
·         Luis Ocaña: el mejor ciclista español según muchos, al menos el ejemplar ibérico que mejor asemejó las andaduras de Eddy Merckx. Un hombre de frontera, extraño en su Francia, extrañado en su España y por cierto un excelente comentarista hasta que nos dejó.
·         Claudio Chiapucci: un ciclista mayúsculo que rara vez salió a entrenar cuando se colgaba un dorsal.
·         Pedro Delgado: ideólogo sin quizá buscarlo de una generación de fanáticos entre los que me ubico. Genial en días puntuales y desastroso en otros, su contribución a hacer popular este deporte fue enorme.
·         Sean Kelly: el irlandés que deshojaba tréboles de cuatro hojas, otro ciclista que iba de cara. Velocista, croner, escalador, … rara vez estaba fuera de la pomada. Tocó el cielo en su San Remo del 92.
·         Miguel Indurain: la eficiencia hecha ciclista. Sus exhibiciones emocionaban por doquier bien fuera con su exquisita técnica sobre la cabra o en sus acelerones sostenidos subiendo.
El recorrido no sólo es para quienes tenemos una edad, hay opciones más recientes, claro, pero en nuestro caso, éstas nos pillaron con la fe bien asentada.
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Ciclismo antiguo

Jan Ullrich debió ser el sucesor de Miguel Indurain

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Casco ciclista Jan Ullrich JoanSeguidor
Tuvalum

El motor de Ullrich se midió al de Indurain

El otro día escuchando el Pedal Vintage, creo que el de las consecuencias del mundial de Duitama sobre Miguel Indurain, se dedicó una reflexión a Jan Ullrich que concuerda al 100% con mi opinión.

Se decía del alemán que su irrupción fue una noticia impactante, con veintipocos años su dominio de la escena era brutal, siendo el mejor en montaña y ganando contra el reloj, trabajando para Bjarne Riis y teniendo suficiente para ser segundo.

De hecho seguimos pensando que Ullrich debió ganar el Tour de Riis, el que debió ser el sexto de Indurain, pero lo que allí dentro estaba tramado marcaba al calvo danés como caballo ganador.

Ya sabemos la gasolina que se estilaba en aquella época, y que Ullrich estaba metido aquel saco, pero aquella manera de correr evidenciaba otras muchas cosas: un motor como sólo habíamos visto en Indurain.

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Podríamos incluso comprar el argumento que la irrupción de Jan Ullrich fue el uno de los motivos que barajó Indurain para retirarse del ciclismo.

El navarro había admitido alguna vez que el ciclismo ya no tendría sentido para él en el momento que el Tour no estuviera a tiro y el alemán era un rival que superaba con creces lo visto hasta la fecha.

Por eso nos preguntamos por los motivos por los que Jan Ullrich no acabó de explotar todo lo que pudimos imaginar en un primer momento.

Él ganó el Tour con 23 años, no muy lejos de la edades de Pogacar y Bernal, y su nivel ya era tremendo, a tal altura que quizá el problema no era aspirar a mejorarlo y sí a mantenerlo.

Y mantenerse era un tema que Ullrich no llevaba bien, descuidado como pocos campeones, se permitió extravagancias de aquellas que habíamos visto en el mismo Jacques Anquetil, famoso por su apetencia al cabrito y el champagne.

Costumbres poco ciclistas que en Ullrich se plasmaban cada inicio de año con esa cara redonda, digna de ocupar su lugar en una moneda, y una generosa tripita.

A todo ello, añadidle las juergas y las salidas de tono, una de ellas le dejaría sin Toour.

Esas imágenes, se sumaron al año estratosférico de Marco Pantani en 1998, con esa etapa en la que le sacó del mapa en Les Deux Alpes y la reacción de grande Ullrich en la Madeleine.

Junto a la explosión de Pantani, estuvo Lance Armstrong que con el alemán hizo pequeño el récord de Poulidor.

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La coincidencia de ambos ciclistas, sobre todo la del tejano, con el alemán le pusieron en el sitio que ocupa en la historia.

Si la Operación Puerto no se lo hubiera llevado por delante, Ivan Basso ya le había tomado la delantera.

Si el motor de Ullrich era descomunal, su estrategia no era un punto fuerte, de hecho entró en el cuerpo a cuerpo con Virenque y Pantani en subidas tipo Alpe d´ Huez donde tenía todas las perder, o nunca pudo burlar el control y marcaje de Lance Armstrong, quien jugaba a quedarse en los puertos para luego rematarle.

Jan Ullrich es el perfecto ejemplo de lo que podría dar un campeón con una cabeza bien amueblada, aunque hay que decir que en su descargo que alinear mentalidad y cualidades físicas es algo tan complicado que sólo lo vimos en un ciclista al 100% y no fue otro que Miguel Indurain.

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Ciclismo antiguo

¿Por qué el Chava fue un ciclista sobrevalorado?

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El palmarés del Chava Jiménez no hace justicia a su fama

En la obsesión revisionista que hemos llevado a cabo este invierno nos llamó la atención las respuestas de algunos lectores cuando nos metían al Chava Jiménez en la lista de los diez mejores ciclistas españoles de siempre…

No fue sólo por aquí, también en otras redes, con una argumentación vaga y más emocional que otra cosa.

Metidos en harina, la visita a la página del Chava Jiménez en ProCyclingStats habla de un buen corredor, de un muy buen corredor pero que en ningún caso compite en la liga de nuestro top 10 para el ciclismo español.

En resumidas cuentas, 23 victorias, pocos llegan a ese nivel, un podio en la Vuelta a España, la famosa de Abraham Olano, una Volta a Catalunya, que tuve el privilegio de seguir y escribir para Ciclismo a Fondo, un triunfo sellado en un sitio muy «ciclista» últimamente, como Andorra, y algunas perlas tipo etapa del Dauphiné, con su compañero De las Cuevas segundo, y una Clásica de los Alpes.

Ah, joder, se me olvidaba, un par de Urkiolas, un guante de carrera para él.

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Su mejor Tour fue el de 1997, que acabó en un top ten muy meritorio viendo lo que se cocía en esa carrera maltratada por Jan Ulrich, jugando a macho alfa con Pantani y Virente, cómo iban aquellos tres, y aquel Festina, en vísperas de hacer saltar la banca.

En ese caldo Chava Jiménez logró un séptimo puesto muy interesante, más teniendo en cuenta la kilometrada de contrarrelojes que cargaban en esas ediciones.

A las pocas semanas ganaría una etapa en la Vuelta troleando al más trol, ciclista que nos encantaba, Pascal Richard.

ya tienes los podcast de El Cuaderno de JoanSeguidor en Spotify 

Como digo, un buen palmarés, pero nada comparable al revuelo que dejaba a su paso, revuelo acuñado interesadamente por la prensa que me mecía.

Recuerdo aquel Angliru con Manolo Lama -«Chava he estado hoy más tiempo contigo que tu mujer»- y masajes del mismo estilo engordando el pollo

Aquella fue una de más, el Chava Jiménez cumplía con los tópicos taurinos que muchos alienaron para darle pábulo a un escalador notable pero no excelso, a un ciclista que sin duda tuvo más lagunas que otras cosas, por mucho que duela leerlo o sea impopular decirlo.

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Si miramos en primera persona, en los duelos Chava Jiménez – Marco Pantani, el balance es abrumador para el segundo.

Dos momentos, la Fauniera en el Giro 1999, días antes de Madonna di Campiglio, y Courchevel, en el Tour 2000, para comprobar que la comparación no tenía recorrido.

Otra cosa es que el personaje funcionara las mil maravillas, y con él a cuestas, el Chava Jiménez fue a gusto, llegó lejos y le cundió.

En eso fue inteligente, eclipsando a otros que dieron más rendimiento en lo ciclístico -Roberto Heras y Abraham Olano, especialmente- por que como sabéis, en la elección del ídolo juega mucho el sentimiento y el manejo de este material aquel ciclista de El Barraco era muy bueno,

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