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Mundo Bicicleta

“Sabía que tarde o temprano me vería encima de una bicicleta”

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DT – 2022 post

Llevo montando en bicicleta desde que tengo memoria. En el garaje de casa siempre he visto bicicletas. Son la gran pasión de mi familia. Cuando era niño jugaba a diario con ella, salía a dar pequeñas vueltas con mi padre, mi abuelo, o mi madre. Y siempre la usaba como medio de transporte. A los 6 años compaginaba la bicicleta con el moto-cross, mi otra gran afición. Desde los seis años hasta los trece estuve compitiendo en el campeonato autonómico y estatal. Mi padre y yo nos pasábamos cada fin de semana en algún circuito. Tengo grandes recuerdos de esa época.

Entonces decidimos dejar las motos a un lado por dinero que significaban y dedicar más tiempo al ciclismo. No tardé mucho en acudir a una carrera de ciclismo. El ciclismo me gustaba, empecé a competir cada vez en mejores equipos y corriendo mejores pruebas. De juvenil gané la Copa Catalana e incluso fui cuarto clasificado en la Copa de España. De sub-23 me defendía bastante bien, pero no mi nivel no era suficiente para ganarme bien la vida en una bicicleta. Así que decidí acabar mis estudios universitarios y montar en bicicleta cuando me apeteciera.

El antes y el después

Como os he explicado las motos son mi pasión desde niño. Crecí encima de una moto, así que era fácil imaginar que de mayor también estuviera rodeado de ellas. Un día ocurrió. Mi accidente fue cuestión mala suerte, un coche hizo un movimiento brusco mientras lo adelantaba, me asusté y salí recto en un cruce. Me caí a unos 40kms/h tuve bastante tiempo de frenar y recuerdo perfectamente escoger el sitio donde quería chocar con la moto para evitar hacerme mucho daño. El problema fue que donde caí había un desagüe para el agua y ahí se me engancharon las piernas. Mala suerte.

Desde ese momento aprendes a estar agradecido con lo que tienes. Parece un tópico, pero es verdad. Después de tres meses de hospital, poder salir a la calle y que te dé el sol y sentir el aire. ¡Cómo me gusta sentir el aire en la cara! En un hospital no corre el aire. Es lo que mejor me hace sentir. En una cama de hospital no te puedes duchar, así que ahora mis duchas después de entrenar son simplemente una pasada.

Cuando salí del hospital no podía andar, me pasé todo el verano sentado en una silla de ruedas  esperando, simplemente, el día de ponerme de pie. Odié las escaleras con todas mis fuerzas. Ahora lo que odio son los ascensores, no veo el día de poder volver a subir escaleras corriendo. He estado ocho meses sin poder conducir y ahora vuelvo a conducir. Me encanta conducir, me encanta sentarme en un bar a tomarme una coca cola o un café, con mis amigos. ¡Es brutal!

Rodar, volar sobre la bici

Podría poner miles de ejemplos, pero he dejado para el final la mejor sensación del mundo: el día que volví a subir a mi bici, que por cierto había comprado dos semanas antes del accidente. Ese día, fue inmenso, no puedo describirlo. Después de seis meses la incertidumbre de no saber si podría fue un gran alivio pues conseguir con la sensación de que las prótesis son enormes no es sencillo. Cuando me monté y conseguí clavar los dos pies a los pedales y pedalear fue… increíble. Nunca olvidaré ese día.

Recuerdo que cuando tuve el accidente, estaba volviendo de trabajar, y al día siguiente tenía una carrera social, La Canonja. Cuando desperté en el hospital entre las primeras cosas que pregunté fue si podría volver a montar en bici. Por suerte, mis padres y mi novia se habían anticipado: cuando les pregunté me respondieron que sí, que hay prótesis especiales para ello. Esto me tranquilizó mucho y aunque tenía miedo de no poder, sabía que tarde o temprano me vería encima de una bicicleta.

Valores nuevos, valores de siempre

Verme sobre una bicicleta significa muchas cosas, sobretodo que he vencido ese miedo de no poder volver nunca más, o el de poder pero no gustarme por la prótesis o mil cosas que se te pasan por la cabeza.  Gracias al club y equipo paralímpico Genesis cada día me siento más cómodo y voy mejor encima de la bicicleta. Su ayuda es impagable. En especial a Juanjo Méndez. Es mi referencia porque él también fue ciclista antes de un accidente de moto, aunque el suyo desgraciadamente tuvo consecuencias mucho más graves,  y con una voluntad de hierro y un esfuerzo aún mayor se volvió a subir a una bicicleta. A día de hoy disfruta como el que más del ciclismo.

También agradecer todo el trabajo que está haciendo conmigo Bernat Moreno. Es entrenador, motivador, psicólogo… gracias a él tengo nuevas ilusiones y objetivos por los que despertarme cada día, entreno mañana y tarde y poco a poco quiero volver a estar en forma.

Ahora disfruto cada minuto que paso montando en la bicicleta. Hay veces que me duele todo, pero no quiero bajarme. Es lo que me hace feliz. Por el momento aún me estoy recuperando de las lesiones, así que mi objetivo es disfrutar cada minuto encima de la bici. Una vez tenga el fémur de la pierna izquierda bien consolidado, ya veremos. Voy día a día.

No quiero acabar sin acordarme de mi novia, mis padres, mis amigos, el club Génesis y en general toda la gente, que ha sido muchísima, que me está apoyando en estos momentos duros, y como no al equipo de Bellvitge que me salvó la vida y a la gente de rehabilitación por enseñarme a andar de nuevo.  Por último me gustaría decir que quien lea esto, y tenga un amigo, familiar o conocido en el hospital, que vaya a verlo con una gran sonrisa y alguna historia divertida para contar. ¡Detalles así curan!

Por Santi Prat

Fotos de Paolo Martelli & Genesis Team

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4 Comentarios

4 Comments

  1. abraham

    21 de noviembre, 2013 En 22:58

    Muchisimas felicidades por hacer posible uno de tus sueños q era subir en bici. Cuando voy compitiendo y veo a alguien lesionado o en silla de ruedas animando en puertos veo el carisma de muchas personas que no dejan morir su pasion por la bici. Tambien he estado en varias ocasiones en hospital por operaciones a causa de caidas en bici y es muy duro.

  2. Koro Gabiola

    26 de noviembre, 2013 En 14:49

    Me ha encantado leer tu relato. A disfrutar día a día e ir mejorando , cada vez te dolerá menos y poco a poco será lo más normal del mundo. Tenemos que irnos adaptando a lo que la vida nos pone por delante y es precioso ver cómo lo hacéis.. ¡animo y a dar pedales! te seguiremos leyendo.. 😉

  3. edgar

    15 de enero, 2014 En 13:18

    grrrandee Santiii moltss animss!! Ets un crack!!!

  4. Bibi

    18 de enero, 2014 En 23:15

    Santi has passat de ser un crack a un exemple a seguir, ple de vitalitat i energia possitiva que contiages amb cada somriure. Segueix així que ja veuràs com l’èxit que et mereixes t’arriba. Tens molta sort de tenir a la Marta i familia al teu costat, disfruta d’ells a tope. A cuidar-se i seguir lluitant com tu saps.

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Mundo Bicicleta

El ciclismo en otoño muda de color

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DT – 2022 post

En otoño, el ciclismo saca lo mejor del invierno y el verano

Quizás me esté haciendo mayor. Hace años, con la fogosidad que te da la juventud, deseaba con anhelo que llegara el verano y el calor, y en primavera disfrutaba pensando en todos los meses de buen tiempo que teníamos por delante. Aún lo sigo haciendo, pero a diferencia de aquellos años que veía con tristeza la llegada del otoño para el ciclismo, pensando en que ya quedaba poco para que llegara el invierno, ahora miro esta deliciosa estación con otros ojos. Ya os digo, será la edad, pero ahora los meses de las hojas muertas se convierten para mí en toda una sinfonía de olores y colores y deseo escaparme siempre que puedo a la montaña, donde esta composición adquiere toda su grandeza, en forma de belleza, y en la que la naturaleza alcanza la dimensión de obra maestra.

El otoño nos invita a pasear por senderos descubriendo rincones arremolinados de hojuelas secas, contemplando sus árboles de hojas doradas y, mientras sopla una ligera y fresca brisa, ver cómo se van desnudando sus ramas, desprendiéndose de aquellas y cayendo armoniosamente al suelo. La sabia naturaleza se prepara para su merecido descanso.

Abre los ojos: es otoño, estás en el monte. Para y oxigénate, abre los sentidos y ponte a prueba. Camina por sus pistas, sus cuestas, sus descensos y llénate los depósitos de adrenalina y olvídate que la gran ciudad con sus atascos y su estrés, esté tan cerca pero a la vez tan lejos, y es que aquí venimos a maravillarnos de su naturaleza, ya seamos ciclistas, senderistas, montañeros, cazadores de setas o gente que simplemente viene a disfrutar de la rica gastronomía de esta tierra.

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Abre los ojos y sigue paseando, el tiempo aún invita a hacerlo, al calorcito de un sol que no renuncia a abandonarnos, o bien entre nieblas, dándole un toque sugerente a tu salida de hoy. Te encontrarás con otros muchos que como tú vienen aquí a reencontrarse con ellos mismos, visitando pueblos amables con sus casas arremolinadas juntos a su iglesia y en donde en esta época aún podrás encontrar todavía alguna castañera, con su pañuelo en la cabeza, asando ricas castañas.

Para y habla con ella. Habla con los habitantes de estas bonitas poblaciones. Deja que te cuenten y luego sigue tu camino, continua descubriendo preciosos parajes. Disfruta pedaleando sobre cientos de alfombras de hojas.

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Agudiza el oído y escucha el incesante murmullo de las cascadas de agua cuando pases por los ríos que jalonan estas tierras y forma parte de una estampa de postal, rodeado de árboles de hoja caduca ofreciendo numerosos matices de colores amarillos, rojos, marrones, que pintarán un cuadro donde no faltaran las castañas en sus erizos, los frutos del bosque, los madroños, las setas. Para en una de las numerosas fuentes que te encontrarás por el camino.

Para y bebe.

Respira. Olerás el otoño, olor a humedad, a hojas mojadas, sentirás en tú piel el aire casi frío, el primero, el que te anuncia que el invierno está próximo. Que lo disfrutes.

Así nos describe Jordi Escrihuela la estación que muda la montaña a nuestras espaldas, una estación que aunque poco densa en lo competitivo ofrece buena parte de las mejores carreras del año y el amanecer del ciclocross.

Imagen: ©PHOTOGOMEZSPORT2020

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Mundo Bicicleta

Freddie Mercury trajo la provocación en bicicleta

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DT – 2022 post

Así nació “I want to ride my bicycle” que tantas veces ha cantado Freddie Mercury 

Con la melodía de la Vuelta a España resonando en nuestra cabeza, recién finalizada, queríamos ir a la entraña del homenaje que Freddie Mercury le hizo a a bicicleta.

Cabe irse al día que el cantante se pasó por el Tour de Francia.

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En julio de 1977, el excéntrico vocalista de Queen entró en Niza con la intención de conocer aquel espectáculo rodante del que todos hablaban en la Europa continental.

El flaco cantante se quedó prendado.

Lo que allí vio le encandiló.

Despertó una pasión desmedida por el ciclismo y más concretamente por la bicicleta.

Para entonces Queen ya era un grupo conocido.

Dos grandes temas tuvieron su cuota de culpa: “We will rock you” y “We´re the champions” no eran dos canciones, no.

Eran himnos apadrinados por aficiones y fans de todo el mundo.

Dos grandísimas canciones que estaban en el imaginario colectivo.

Dos melodías en el ADN de muchas personas, grabadas, cosidas en lo más íntimo de su ser.

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Pero hete aquí que a la star británica el ciclismo le gustó mucho.

Mercury afiló el lápiz y anotó las primeras tientas de una canción que expresara su afinidad con la bicicleta.

El resultado fue esa pegadiza melodía “I want to ride my bicycle”, una canción homenaje a la máquina  con toda la retórica y envoltorio que ese inigualable grupo tenía siempre a punto para su producto.

Pero hubo más, al documento sonoro le acompañó un vídeo de singularidad marcada.

Mercury quiso representar una carrera ciclista femenina por el tenístico barrio de Wimbledon.

Las chavalas iban en pelotas, como Dios las trajo al mundo y acopladas en sus máquinas.

Qué furor.

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Aunque el Reino Unido no era entonces una potencia ciclista, sí que era un extraordinario “país- factoría”, pues en la isla recalaban muchas firmas y no era una historia de advenedizos.

El vídeo hizo fortuna, tuvo estruendo y contestación desde la conservadora sociedad inglesa.

No podía ser de otra manera.

En esta ocasión la polémica también llegó en bicicleta.

Imagen tomada de www.printsonwood.com

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Mundo Bicicleta

Sol y nieve en Sierra Nevada

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Sierra Nevada es una de las cordilleras que viene cada poco al recorrido de la Vuelta a España
DT – 2022 post

La Vuelta en Sierra Nevada tiene episodios memorables

Cuánta historia en Sierra Nevada…

La generosidad de Jalabert. Nos viene ahora a la memoria otra batallita en este grandioso escenario cuando Laurent dejó ganar en esta cuesta al alemán Dietz, que llevaba decenas de kilómetros escapado en la 12ª etapa de la Vuelta del 95. El francés, con una ascensión soberbia, se quedó a sólo 50 metros de darle caza, levantando el pie y premiando el esfuerzo de aquel ciclista, “detalle” que muchos no entendieron.

Con el recuerdo de esta escena, nos desplazamos ahora hasta este impresionante macizo montañoso que es el Parque Natural de Sierra Nevada, situado en la Cordillera Penibética, siendo la loma del Mulhacén, con sus 3482 metros, la montaña más alta de la Península, acompañada de cerca por el reconocido Pico Veleta (3392 m) y la Alcazaba (3366 m), las cimas más significativas de esta Sierra entre otros gigantescos picos de más de 3000 m de altitud y que desde Granada nos ofrece su estampa clásica con sus nieves casi perpetuas en sus pendientes más elevadas.

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No es de extrañar por tanto que esta cumbre sea conocida como la montaña del sol y la nieve, y este sea el lema de la estación de esquí que con sus instalaciones ocupa la ladera, no sin una cierta problemática medioambiental, de esta reserva de la biosfera. No en vano, esta Sierra es una de las de mayor diversidad biológica, flora y fauna, de todo el continente europeo.

Sol y Nieve, sí, porque a menos de 50 kilómetros podemos disfrutar de nuestro pedaleo desde las playas de estas soleadas costas hasta esta excepcional altura que conforma la región natural de las Alpujarras, en una jornada para recrearnos con los diferentes contrastes que ofrecen lugares de extraordinaria belleza, entre el encanto de pequeños pueblos diseminados en las faldas de la montaña, orientados hacia el sur para aprovechar al máximo el calor del sol como Trevélez que con sus 1625 m de altitud es el pueblo más alto de la Península (otro “Chamonix español”) o Capileira (1500 m) o Lanjaron (725 m) y su famoso balneario.

Recordemos que además del sol y la nieve estas elevadas alturas son ricas en agua con numerosos ríos, arroyos y lagunas.

La altura que poco a poco y durante más de 44 kilómetros vayamos ganando, mientras ascendamos esta larga travesía por la carretera ciclable más alta de Europa, no evitará que respiremos un aire que aún conservará todo su olor a mar.

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Por todo esto la escalada a este magnífico escenario es objeto del deseo de nuestras conquistas cicloturistas, ya sea por cualquiera de sus vertientes como la más exigente y dura subida por Monachil y el Purche, con rampas de hasta el 15% o bien, algo más “asequible” su ascensión más popular que se inicia en Picos Genil (780 m) por una frondosa carretera con fuentes como la de “Las Víboras”, donde bien podemos hacer un alto el camino. Aún quedan muchos kilómetros por delante.

Seguiremos, pedalada a pedalada, consiguiendo objetivos a corto plazo, como alcanzar la cota 2000 o los diferentes albergues que nos iremos encontrando por el camino, hasta llegar a sus últimos 10 kilómetros de ascensión, duros, con rampas continuadas y que parece que cada vez sean de mayor pendiente, mientras el Veleta estará ahí cerca, pero creeremos que nunca podremos llegar a él, efecto provocado sin duda por la altura y porque casi siempre sopla el viento, además de que el asfalto empieza a deteriorarse haciendo aún algo más penosa esta excepcional escalada a una montaña fuera de serie.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de http://patrimoniociclista.blogspot.com.es/

 

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Vuelta 2022: Así nació el mito de «La Pandera»

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DT – 2022 post

La historia de La Pandera en la Vuelta empezó con una carta a Unipublic

Así de sencillo, así de fácil. Igual que lo fue el Angliru, tuvo que ser un personaje anónimo -en este caso, una gran aficionada- quien descubriera para La Vuelta, La Pandera, otro gran puerto para sufrirlo en competición y disfrutarlo si el plan es cicloturista.

En efecto, un espontáneo correo electrónico enviado a Unipublic en el año 2001 por Juani Zafra, una joven profesora de Educación Física de Valdepeñas de Jaén y que contaba entonces con 23 años de edad, no fue a parar, afortunadamente, ni al correo basura ni directo a la papelera.

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El email iba firmado por Juani y su novio Juan Alberto, que nunca pensaron que iban a recibir respuesta y, ni mucho menos, que fuera final de una gran etapa en La Vuelta. Pero sí contestaron, por supuesto, diciendo que alguien de la organización iría a verlo.

A estos chicos no les faltaron argumentos para convencer a los que mandan en la gran ronda española a que vinieran a hacer una visita a la Sierra Sur de la provincia de Jaén para que se dejaran enamorar por la belleza y la dureza de un puerto que no tenía nada que envidiar al gigante astur.

No en vano, a este nuevo muro lo empezaron a llamar como el Angliru del sur, al mostrarse al mundo del ciclismo como un coloso inédito con sus durísimos 8 kilómetros de ascensión jalonada con rampas al 15, 16 y hasta 17% de inclinación, para alcanzar los 1872 metros de altitud.

Hasta aquel momento se había mostrado escondido e inalcanzable, escudado por las instalaciones de la estación de radiofrecuencia perteneciente a la base militar ubicada en lo más alto de estas montañas y que hacían que fuera inabordable para el personal civil.

Un paraíso virgen para el aficionado a este sacrificado deporte, que haría de perfecto escaparate para dar a conocer este bello paraje natural jienense si finalmente se conseguía ese deseado final de etapa, pero todo un infierno para los ciclistas, que haría fruncir el ceño a más de uno.

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Pero como en los cuentos, un buen día de 1998, el destacamento militar que estaba al cuidado de esta infraestructura abandonó el lugar, dejando la pista para uso exclusivo de los ganaderos que accedían a estas sierras a cuidar de sus rebaños, hasta que Juani y Juan Alberto, hablando con los pastores en una de las Ferias de Valdepeñas que se celebran durante el mes septiembre, se enteraron que la carretera había quedado abierta para que pudiera acceder todo el mundo.

No tardó esta pareja en ir a comprobarlo en persona. Subieron en coche y quedaron impresionados por su dureza, viendo además que el asfalto si bien no estaba en perfecto estado, si quedaba lo suficientemente pavimentado para que se deslizaran las finas ruedas de las bicicletas. ¡Menudo hallazgo!

Con todos estos ingredientes, y con el visto bueno de la organización, no tardó la Sierra de la Pandera en ser protagonista en La Vuelta y al año siguiente, en 2002 se daba el banderazo de salida hacia este original destino y así nacía la etapa soñada por todos los apasionados de esta tierra andaluza, y en particular por Juani, que vivió un sueño alucinante, como ella misma explicó entonces, cuando fue invitada para seguir en directo el recorrido de aquella carrera que acababa por primera vez en aquella enorme cuesta ubicada entre Valdepeñas y Los Villares.

Entre sus favoritos para ganar aquel día lo tenía muy claro: el Triki Beltrán era su hombre, el único de Jaén, pero finalmente el primero que hoyó su cumbre y grabó su nombre para la historia del puerto fue el bejarano Roberto Heras.

Tras el éxito de aquella primera edición y la excelente acogida entre el público en general y el ámbito ciclista, no tardaron en repetir al año siguiente, en 2003, coronando en primer lugar un joven y poco conocido Alejandro Valverde, lo que nos deja bien a las claras, el tiempo que lleva compitiendo, y a un altísimo nivel el corredor murciano.

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Después de algunos años de descanso, pocos, la lista de vencedores en este alto se amplió en 2006 y 2009, con victorias para Kashechkin y Cunego, respectivamente.

Hace cinco años Rafal Majka puso su semilla en la cima.

Pero precisamente fue Manolo Beltrán el primero que tocó la Pandera, cuando fue a echar un vistazo al puerto, quedando bastante impresionado. Por aquel entonces ya nos recomendaba a los cicloturistas que se quisieran acercar hasta aquí que al menos deberían poner una corona de 28 dientes detrás, «si no querían bajarse de la bici».

Además nos advertía que para llegar hasta lo más duro, allí donde el puerto queda cerrado por una verja para impedir el paso de vehículos motorizados, había que ascender antes el Puerto Viejo desde Los Villares, más de 20 kilómetros de ascensión, con el desgaste que eso podía suponer.

También nos sugería que en nuestra incursión a la Pandera fuéramos muy prudentes y respetuosos, para evitar que prohibieran la carretera al paso de los ciclistas, pero sobre todo nos anotaba una y otra vez, muy seriamente, de la tremenda dificultad de sus rampas, con alguna cuesta de gran dureza al principio y con dos kilómetros terroríficos al 13% de media a mitad de puerto, quedando para el final alguna sorpresa más en forma de muros.

De la misma manera nos señalaba que vigiláramos con el viento que podríamos sufrir acercándonos a su techo, que podría suponernos dar la vuelta sin poder celebrar su conquista ante la desmedida dificultad de tenerlo que hacer siempre de cara.

Ahora, después de cinco años, la Pandera vuelve a la Vuelta, y lo quiere hacer con ganas de fiesta.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de www.vavel.com

 

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