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Mundo Bicicleta

Rui Alberto Costa, ADN de la mejor tradición lusa

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Tuvalum

Los vuelcos de la vida corresponden a quienes trabajan en propinarlos. Veamos si no el hombre de la semana, Rui Alberto Costa, ciclista reinventado tras avatares que en otros hacen mella definitiva. Hace poco, el luso ahora del Movistar era un ciclista atosigado. Paciente, se rehizo, y Unué lo repescó para proyecto azul. Tras ganar una etapa en el último Tour y el Gran Premio de Montreal el año pasado y apuntar altísimo en Suiza en éste, rueda en el mejor momento de su vida. Pero para el talentoso corredor de la zona de Oporto sabe que con 25 años le queda lo mejor.

El día que Portugal se juega su ser o no ser en la Eurocopa damos un salto a la línea marcada sobre Alcantara para ver que Rui Costa bebe de las fuentes de uno de los países que mejores  ciclistas ha dado aunque a priori nos parezca que no es así. Por eso Helena Dias desde Lisboa nos da cuenta en un rápido repaso de quién ha hecho de Portugal un país con poca pero excelente calidad cilcista.  
Algunos de los mejores ciclistas lusos, por Helena Dias
Destacar de la historia del ciclismo portugués algún nombre por encima de otro siempre da lugar a la injusticia para algunos, pues el pasado es rico en nombres, más cuando éste estaba en manos de los grandes clubes del Sporting, Benfica y Porto. Sin embargo, el ciclista portugués más hablado internacionalmente es, sin duda, Joaquim Agostinho. Figura carismática en el mundo ciclista, sumó presencias significativas en las tres grandes Vueltas (13 en el Tour, 5 en la Vuelta y 1 en el Giro) y victorias memorables, como el triunfo en Alpe d’Huez del Tour de 1979, las tres conquistas consecutivas de la Volta a Portugal (1970-1972) y del mítico Alto da Torre por dos veces, más allá de dos etapas en la Vuelta de 1974.
Grande fue también Acácio da Silva, quizás menos conocido en Portugal, pues su carrera se desarrolló mayoritariamente fuera del país. Nunca ganó la Volta a Portugal, pero sumó triunfos en todo el mundo: Giro dell’Emilia, Copa Agostini o G.P. de Luxembourg son algunos de éstos . Marcó presencia en el Tour por seis veces y diez en el Giro. Conquistó tres etapas del Tour (1987, 1988 y 1989), llegando incluso a vestir de amarillo durante cinco días en 1989, año de gloria pues también vistió la maglia rosa en el Giro durante otros dos.
El nombre de Marco de Chagases inevitable en la historia de la Volta a Portugal. Los años 80 fueron inolvidables, con las cuatro victorias de la Volta (1982/83/85/86), otro en los Campeonatos Nacionales de fondo (1985) y contrarreloj individual (1988) y por equipos (1981-1983), más allá de la participación en el Tour en 1980 y 1984. Sin embargo, su carrera es muy amplia y suma victorias desde amateur con la conquista del Campeonato Nacional en 1976, antes de sus 10 años como profesional (1980-1990).
En la actualidad, ejerciendo funciones de director deportivo en RadioShack, José Azevedo tiene su nombre inscrito en dos de los más grandes, y tal vez más polémicos, equipos de ciclismo: el español ONCE (2001-2003) y el estadounidense US Postal (2004), más tarde llamado Discovery Channel (2005-2006). Fue al servicio de estos equipos que participó en el Giro (2001), Tour (2002-2006) y Vuelta (2002, 2003 y 2005). Conocido por la gran fidelidad a sus líderes y por siempre poner en primer lugar el equipo, en detrimento de sus potenciales glorias, las victorias de su carrera se dan principalmente en los años en que estuvo en equipos portugueses. Ganó dos veces la clasificación de la juventud en la Volta a Portugal (1994 y 1995), fue campeón nacional de carretera en contrarreloj individual (1996, 1997 y 2001) más otras carreras importantes a nivel nacional (G.P.Abimota, G.P. Almoçageme, G.P. do Minho o la Clásica de Vila Franca de Xira), cuando aquí el calendario de pruebas era rico y extenso.
Muchos nombres de los orígenes del ciclismo portugués hicieron historia a nivel personal. Pero… ¿y quien da todo para que otros ganen? ¿No será aún más injusto dejar de mencionar esos nombres? Si José Azevedo fue gregario ejemplar para Abraham Olano y Lance Armstrong, el actual ciclista del SaxoBank, Sérgio Paulinho, no se queda muy por detrás. Cuenta con victorias en los Campeonatos Nacionales de carretera en contrarreloj individual (2004 y 2008), una medalla de bronce en los Campeonatos del Mundo contrarreloj U-23 (2002), una medalla de plata (prueba de carretera) en los Juegos Olímpicos de Atenas (2004) y grandes victorias de etapa en la Vuelta (2006) y en el Tour (2010). De las tres grandes vueltas, solo falta el Giro en su palmarés, ya que es una carrera que no se adapta a sus características, contando con tres participaciones en la Vuelta (2006, 2008 y 2011) y cuatro en el Tour (2007 y 2009-2011).
Foto tomada de www.supersport.com

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1 Comentario

1 Comentario

  1. C.S.DelAlamo

    18 de junio, 2012 En 5:12

    Felicidades a Rui Costa por su merecido triunfo en Suiza.Muy buen articulo Helena Dias, una magnifica exposición de todos los buenos ciclistas portugueses, los que han brillado con luz propia y los que han realizado un magnifico trabajo de gregario para que otros ganen.

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Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

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Ciclismo Vintage JoanSeguidor
Tuvalum

La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche fue noticia por su anulación hasta el mes de agosto, pero la historia de esta carrera, la misma que no había visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

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Mundo Bicicleta

En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo

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«En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo; ante este gigante, sólo podemos quitarnos el sombrero y saludar con modestia»

La frase de Henry Desgrange, el padre del Tour, exclamada en 1911, define a la perfección lo que el ciclista siente cuando se tiene que enfrentar al gigante alpino en un terreno grandioso, inexpugnable hasta aquel entonces, donde incluso los más grandes campeones empequeñecen ascendiendo por su carretera ganada a los hielos, que cubren tres cuartas partes del año alcanzando los siete metros de manto blanco bajo las órdenes del general Invierno.

Territorio hostil, en su cumbre a 2645 metros sobre el nivel del mar reina el silencio y solo nos queda admirar. Y meditar. Por encima de la cota 2000 hay poca vida en sus laderas, quizás alguna marmota que se despereza del letargo hibernal, pero la actividad humana es prácticamente nula. Es el triunfo de la naturaleza sobre el hombre, en toda su expresión, un monumento hecho montaña donde solo llegar hasta allí arriba supone una victoria y ganar, la gloria, tocando el cielo con las manos.

Así debió sentirse Émile Georget -igual que Neil Armstrong cuando pisó la Luna-, al ser el primer hombre en pedalear por el túnel abierto en su cima, porque el francés, a diferencia del norteamericano, no puso pie durante las 2 h y 38 minutos que invirtió en toda su ascensión, «una gesta sin precedentes en los anales del ciclismo», tal y como tituló L’Auto en su portada del 11 de julio de 1911. Siguiendo con la analogía, el mismo diario aquella fecha podría haber definido la épica etapa como un pequeño paso para el ciclista pero un gran salto para el ciclismo mundial y el Tour, que con aquella montaña adquiría una nueva dimensión.

El túnel que la mayoría de vosotros conocéis ya estaba abierto en aquellos años, ya que fue nada menos que en 1891 cuando se construyó para comunicar a los vecinos de la Saboya con los de la Provenza, bajo 90 metros de piedra y roca y 365 de largo, tantos como días tiene el año. Poco se podían imaginar que 20 años más tarde alguien montado en aquel invento reciente sería capaz de semejante hazaña.

Le habrían tachado de loco, de lunático, pero así fue para asombro de los aficionados a este increíble deporte que se engancharon a un espectáculo sin igual en el que los ciclistas «fueron capaces de ser alados y elevarse hasta unas alturas donde ni siquiera llegan las águilas», como también pronunció en su día el propio patrón de la Grand Boucle. Por aquí volaron Fausto Coppi en el Tour del 52 «escalando como un teleférico deslizándose por su cable de acero» (Goddet), Charly Gaul en 1955, Bahamontes en el 64 o Anquetil dos años más tarde en una de sus mejores vuelos.

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El Galibier es un paso de montaña casi tan viejo como la propia Humanidad. Se dice que esta ruta se fue trazando siguiendo los pasos de contrabandistas y vendedores ambulantes que desafiaban el frío y las ventiscas de nieve incluso en verano. Acceder a uno de los otros valles era como hacerlo a la cara oculta de la Luna, a un territorio desconocido, otro mundo.

Sin embargo no fue hasta 1979 cuando el coloso da su estirón definitivo y crece nada menos que 89 metros, alcanzando los 2645 actuales. En efecto, el viejo túnel se resintió de una sus bóvedas y amenazaba con desplomarse de un momento a otro. Se cerraron sus grandes portalones de madera durante 25 años y se construyó una nueva carretera para cruzar el paso en forma de curvas diseñadas «a la mula», mil metros más de escalada al 10%, convirtiéndose en el tramo más duro de toda la ascensión, siendo Lucien Van Impe, aquel mismo año, el primero en estrenarlo pasando en solitario en cabeza.

“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta

Aunque las puertas del túnel fueron abiertas de nuevo en el año 2003, después de las reformas que ya permitían el paso incluso de autocares, el Tour prescinde de él y prefiere el nuevo tramo que lleva a la cima, para disfrute de los aficionados que sienten en aquellas nuevas rampas toda la épica de los esforzados de la ruta que se convierten en gigantes cuando hollan su cumbre, igual que lo seréis vosotros si superáis el miedo escénico del cartel «Col du Galibier: 35 km», saliendo de St Michel de Maurienne. Más que un fuera categoría, un puerto de otro planeta.

Por Jordi Escrihuela

Imagen: Ciclismo Épico

 

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Mundo Bicicleta

Los tópicos más ciclistas del mercado

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Más de uno siempre acaba echando mano de los tópicos ciclistas

Siempre intento huir de los clichés en el ciclismo, pero estos me persiguen. 

No es que considere un error el echar mano de expresiones muy trilladas o que hayan sido utilizadas en exceso, pero creo que quizás es bueno el contar nuestras batallas de un modo diferente, algo de aire fresco para un mundo como el nuestro en el que es difícil dejarnos sorprender por algo nuevo.

A veces lo consigo y otras, muchas, no.

Pero el empeño sigue ahí.

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Por eso hoy me vais a permitir la licencia de caer de cuatro patas usando todo tipo de frases muy manidas, aunque no por esto dejen de ser intrascendentes, a la hora de describiros a golpe de tópicos nuestras aventuras encima de la bicicleta.

Muchas de estas expresiones relacionadas con el mundo del ciclismo nacieron en un principio con fuerza inusitada, notoriamente poderosas e innovadoras y que han sido utilizadas durante décadas a la hora de narrar las sufridas peripecias de los esforzados de la ruta.

Ahí va el primero de mis tópicos ciclistas

Vaya, me acabo de dar cuenta que acabo de escribir el primer topicazo. 

Es cierto que el haber abusado de estos estereotipos puede que muchos de ellos hayan perdido la eficacia de la novedad inicial o que quizás, también, el usarlos haya provocado un cierto miedo escénico al escritor que tema ser criticado como poco creativo o que no ha hecho el suficiente esfuerzo de formular una idea propia o nueva.

Sin embargo, para lo bueno y lo malo, se siguen utilizando, con más o menos acierto, enunciados poco originales que por repetidos se han vuelto triviales o vulgares.

¿Seguimos con los tópicos ciclistas?

Claro.

Vamos a disfrutar de ellos.

Dejadme que os cuente y os hable del pelotón ciclista como de una maravillosa serpiente multicolor, formada por auténticos gigantes de la carretera que intentarán coger la rueda buena desde que se dé el banderazo de salida.

Héroes del pedal que salen disparados sin cadena, afilando el cuchillo, preparando el terreno para emboscadas.

Bien es sabido que todas estas trilladas frases, muchas de ellas, nacieron a la par que las primeras competiciones disputadas a principios del siglo pasado, una época en la que se sentía y se palpaba la verdadera fiebre por la bicicleta y por aquellos auténticos chalados en sus locos cacharros que eran los ciclistas, que se levantaban después de caer, aún ensangrentados, y seguían pedaleando en sus bicicletas de casi 20 kilos, líderes rodeados de gregarios de lujo, consumados corredores, cuya deportividad y estilo llamaban la atención del público que abarrotaba las cunetas.

La leyenda de los «forzados de la ruta»

Más tópicos ciclistas por favor…

Pinchazos, averías, cadenas rotas, desfallecimientos, pájaras… aquello era ciclismo, señores.

Aún podría seguir con algunos tópicos más, hablando de los combativos ciclistas, de los ataques de peseta, corredores que hacían la goma subiendo aquellos malditos puertos, donde en sus curvas decían que vivía el hombre del mazo que les golpeaba sin piedad y les dejaba sin fuerzas en el momento más inoportuno.

Hasta aquí, un empacho de los tópicos dedicados sobre todo al mundo de los pros, pero existen otros…

Hay que reconocer que, en nuestro particular universo cicloturista de Globeros Élite, existe todo un mundo de topicazos fácilmente reconocibles en las conversaciones que se producen dentro del seno de nuestro club o grupeta.

A veces se tratan de mentirijillas piadosas, o de verdades a medias, otras de disimulo, distracción o excusas baratas para tratar de desviarnos del foco de atención, y quitarnos presión de encima, delante de nuestros compañeros de marcha, rivales por un día, o bien de consejos poco o nada productivos a novatos o poco avezados globeros iniciados que luego, indudablemente, tirarán mucho más que nosotros.

Foto: www.rosdemora.com

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Ciclismo antiguo

¿Quién no ha usado nunca la mítica chichonera?

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La chichonera es el símbolo de un tiempo que nunca volverá

Veo últimamente muchos tweets con una chichonera en ristre…

Incluso las chichoneras han levantado algún debate…

En fin, quienes tenemos una edad las recordamos con fascinación, sobre todo aquellos días que se competía en Bélgica, con aquella vez camino de Lieja, Tour de 1995.

Os refrescamos esta pieza de nuestro amigo Jordi Escrihuela sobre chichoneras.

En el mundo en el que vivimos todo pasa muy deprisa.

Las noticias, los hechos, las informaciones, se suceden una tras otra sin cesar, sin darnos demasiado tiempo a frenar, reflexionar y pensar, porque detrás de una info llega la siguiente y así, es un no parar.

Por eso es necesario visitar a veces lugares que nos permitan comprender nuestra evolución en el universo que nos rodea.

En nuestro caso, en el del ciclismo, y en concreto en el de la bici, este hecho no escapa a esta realidad y por eso los museos están desarrollando un papel fundamental a la hora de mostrarnos no sólo la historia de «la pequeña reina», sino también de todos los complementos y materiales que tuvieron relación con ella.

Son lugares donde el tiempo se para y donde podemos informarnos, aprender y sobre todo observar la evolución técnica de, además de estas máquinas, accesorios que se han vuelto imprescindibles -y obligatorios- para una práctica segura de nuestro deporte favorito.

En este último caso, en efecto, estamos hablando del casco ciclista, pero es que antes de que evolucionara de manera increíble hasta lo que se ha convertido hoy en día, en un elemento esencial que ofrece la máxima protección con toda la ligereza y ventilación que necesitamos, como cualquier historia, tuvo un antepasado: la chichonera.

Ese día que Miguel Indurain llevaba una chichonera…

El otro día, en la imagen destacada que ilustraba un post publicado en este mal anillado cuaderno, que recordaba la épica etapa de Lieja del Tour del 95, en la que Miguel Induráin llevaba puesta una chichonera, mientras Bruyneel se hacía un tras moto a su rueda, muchos se sorprendieron de ver al campeón navarro mostrando un retrato poco habitual en él, tan acostumbrados que estábamos a verlo con las equipaciones más innovadoras de todo el pelotón.

Bruyneel Indurain JoanSeguidor

Verlo con aquel feo casco que, por cierto, tuvo que llevar inevitablemente porque entonces en Bélgica ya era obligatorio competir con protección en la cabeza, nos trasladó, con aquella fotografía, a un ciclismo de otra época que hablaba de heroicidades, épica y aventura, como la que él mismo protagonizó aquella memorable jornada.

Quizás fuisteis los más jóvenes los más extrañados al ver aquella pieza tan arcaica en la cabeza de Miguel, pero para los que ya tenemos una edad, ay, no nos lo era para nada raro.

Lo que Induráin llevó aquel día, para superar aquella etapa, fue una reproducción fiel del casco clásico de tres bandas, que habían usado los ciclistas durante las competiciones de los años 60 y 70. En aquella época, el uso del casco aún no era obligatorio y todavía no era objeto de estudio científico sobre aerodinámica.

La seguridad del ciclista se había confiado a esas tres simples bandas de cuero que ofrecían escasa protección, por no decir mínima.

Ésto el que llevaba chichonera, porque la mayoría salían “a pelo”. Cuando se empezaron a promocionar las primeras chichoneras modernas, las marcas llamaban la atención de los ciclistas con frases del estilo:

Si usted siente aprecio por su cráneo, póngase chichonera, porque más de la mitad de las lesiones graves y de los impactos por accidente de bicicleta provienen de golpes en la cabeza. Una buena chichonera reduce espectacularmente el riesgo de lesiones en la cabeza al amortiguar los impactos por caída”.

¿Estamos de acuerdo?

La verdad es que luego, con la práctica, se demostró que en caso de caída no servían para nada… o casi.

Este llamativo anuncio venía acompañado con la imagen de uno de estos “trastos”: un modelo llamado Casco Banana (no hace falta dar muchas explicaciones del porqué de este nombre) de la marca Brancale, hecho de tiras de espuma que visiblemente daba la sensación de ofrecer muy poca protección.

Eso sí, ligero sí parecía.

Todos los portabicicletas de Cruz

Chichonera Gianni Bugno JoanSeguidor

Castelli

En resumidas cuentas, había nacido la chichonera como protector para la cabeza y es lo que se usaba antiguamente antes de inventarse el casco tal y como lo conocemos hoy en día, aunque algunos corredores, de manera residual o simbólica, la siguen usando.

Quizás lo que muchos no sepan es que esta protección mínima de cuero, con forma de redecilla, tuvo su origen siguiendo un modelo que se había comercializado en Catalunya nada menos que ya a a finales del siglo XIX.

Aquel “invento” consistía en una gorra de paja diseñada para niños que, al dar sus primeros pasos, no se golpearan en la cabeza si caían al suelo.

Alguien pensó entonces que si era bueno para los niños también lo habría de ser para el ciclista, y así empezó todo, ya que la finalidad era la misma y se trataba de protegernos contra impactos en la cabeza.

Yo también tuve mi particular experiencia con la chichonera, por supuesto, y a finales de los años 80 me hice con una que usé muy poco tiempo, porque cada vez que la miraba sentía un cierto escepticismo y dudaba de su seguridad:

¿qué podía hacer aquello en caso de caída, con aquellas ligeras tiras negras del grosor de un dedo índice unidas entre sí y que se ajustaban a mi cabeza con un complejo cierre?

Afortunadamente, en el año 1975, unos pioneros como la marca Bell diseñaron el primer casco exclusivo para bicicleta: el Bell Biker, con una cubierta dura de poliestireno.

Aunque a algunos no les gustaba porque con él puesto decían que era lo más parecido a la “hormiga atómica”, la verdad es que se estuvieron viendo muchos cascos de este tipo durante muchos años, compaginándose con las chichoneras, hasta que poco a poco fueron quedando arrinconadas y obsoletas en los fondos de armarios de los ciclistas.

Unió Ciclista Vilanova JoanSeguidor

Sin embargo, gracias en gran parte a la moda retro, al retorno de la estética vintage en el ciclismo y que tanto nos gusta a los nostálgicos, y a la organización de eventos de ciclismo clásico como La Eroica o La Pedals de Clip, las chichoneras se han vuelto a sacar del cajón, las hemos desempolvado y se han convertido, como otro tipo de elementos retro, en auténticos artículos de culto que nos transportan a la época romántica del ciclismo, de sensaciones, de competiciones heroicas y que completan la vestimenta perfecta del aficionado a estas marchas clásicas.

Y vosotros, ¿también tuvisteis chichonera?

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Mundo Bicicleta

Crow Bicycles da los primeros pasos para sacudir el mercado

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Hablamos de la primera marca financiada por crowdfunding mundial

Con Crow Bicycles se pretende “crear la bicicleta de gravel más avanzada del mercado

Así, con esa premisa, se nos presenta la nueva marca Crow Bikes, una apuesta que descansa sobre la espalda de un profesional que conocemos hace tiempo, David Toledo, CEO de la nueva marca.

Pero Crow Bikes es una historia que viene de lejos, de tiempos de niñez, pues David nos confiesa que desde que tuvo su primera MTB, a finales de los 80, disfrutaba desarmándola pieza a pieza tras cada carrera y mejorándola poco a poco.

Eso fue entonces, ahora nos vamos a un garaje, al de la casa de sus padres: un verano, junto a su vecino y compañero de batallas sobre la bici, montó un taller donde reparaban las bicicletas de vecinos y conocidos; su objetivo era conseguir dinero y comprarse nuevos componentes para sus monturas.

La raíz emprendedora de Crow Bicycles

Pasaron los años, pero el espíritu de innovación permanecía intacto.

La digitalización de la economía y las empresas era la rúbrica que David ponía bajo su firma, una rúbrica que no siempre encontraba el resultado esperado al otro lado de la mesa.

Pero no desistió y hace quince años participó de la creación de la empresa que abrió y desarrolló el mercado para Canyon en España, y posteriormente para Portugal.

De algún modo se puede decir que la pasión que sentía por el desarrollo del MTB y ese espíritu emprendedor que siempre le ha acompañado, de algún modo podríamos decir que ambas cosas son el germen de lo que hoy es Crow Bicycles.

Todas las experiencias y aprendizajes adquiridos, junto a las múltiples ideas que ha ido desarrollando durante muchos años, cobran sentido y cincelan cada uno de los pilares sobre los que se sustenta Crow Bicycles.

Llegamos al inicio

Ahora viene lo bueno: el lanzamiento que se realizará, por primera vez en la industria con un producto de estas características, a través de una campaña de crowdfunding internacional en Indiegogo.com.

Una vez termine la campaña, comenzará la producción y las primeras unidades esperamos entregarlas para finales de verano pero, como toda la industria en estos momentos, estamos muy condicionados por la cadena de suministro.

La siguiente fase es la puesta en marcha de nuestra tienda online, eso se prevé para primavera, antes de otras importantes sorpresas que están en el horno.

 

¿Quieres ser uno de los primeros en alzar el vuelo con una Crow? ¡Únete a la bandada!

Para enterarte de su llegada antes que nadie y conseguir una de las unidades limitadas del lanzamiento con un descuento irresistible de cerca del 30% según modelo, inscríbete cuanto antes en la página de pre-lanzamiento

La originalidad de Crow Bicycles

La marca ha sido concebida para ser diferente desde sus inicios y dar mucho que hablar, no sólo por su forma de dar sus primeras pedaladas como empresa, también, tanto a nivel de negocio como tecnológico.

Se trabaja en patentes con algunas ideas muy interesantes que van a poder ser implementadas en futuros modelos.

Un aterrizaje de dimensión internacional, con miembros del equipo en varios continentes y centrados mantener la esencia de la bicicleta, incluso cuando se habla de una eléctrica y gravel.

En breve sabremos sobre la gama completa de bicicletas ultraligeras de gravel eléctricas, según modelo por debajo de los 14 kg.

Serán cuatro modelos de gravel eBike donde el cliente va a poder elegir entre dos opciones de carbono con montajes distintos y otros dos modelos de aluminio con horquilla de carbono, también con montajes diferentes.

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Mundo Bicicleta

#PodcastJS Martín Bouzas, dejar el ciclismo cuando se convierte en tu profesión

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La historia de Martín Bouzas demuestra que no todo es glamour en ciclismo profesional

Cuando hace unas semanas Martín Bouzas firmaba una carta en la que explicaba los motivos para dejar el ciclismo justo en el momento que podía decir que es profesional, pensamos en él y sus motivos para uno de nuestros primeros podcast.
Hablando con el ya exciclista gallego, te percatas de la profundidad que implica la apuesta de ser ciclista profesional y que aquello que se decía de «lo importante no es llegar, es mantenerse» cobra todo el sentido.
Así, hoy, Martín Bouzas es una persona liberada, un ciudadano normal en un pequeño pueblo coruñés que ha dado la vuelta, cual calcetín a su vida.

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En nuestra charla, Martín Bouzas dibuja el camino hacia la renuncia de ser ciclista profesional. 
¿Cuántos juveniles sueñan con algo así?
Seguro que no son pocos, en un contexto que podéis imaginar cómo está, con una importante lista de corredores esperando encontrar acomodo en un equipo cara 2021 con la certeza que les tocará negociar a la baja.

Pero a veces el sueño de ser profesional no es tan bonito como se idealiza, a veces todo confluye para perder la ilusión y aquello que era pasión pasa a ser tortura.
No es ni será el primero, chavales en sub 23 ya han salido aquí contando su experiencia, Guillem Cassú y José María Rodríguez Alcalá y todos acaban argumentando de forma similar.
En definitiva que la vida sigue más allá del ciclismo…

Los podcast de Joan seguidor


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Ciclismo de desnivel: En el Angliru empezó todo

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El Angliru lleva poco más de veinte años en el ciclismo y ya es una leyenda

Las subidas imposibles tomaron el ciclismo hace un tiempo y en el Angliru empezó todo…

Después de todo lo que se ha escrito sobre el coloso asturiano ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? Un artículo del maestro Mario Ruiz, de 1996, con fotos de sus terribles rampas y bajo el título: Atrévete con el puerto más duro de España: La Gamonal, un coloso de espanto, causó una fuerte impresión entre nosotros, los cicloturistas.

 

Un par de años después, en 1998, se creaba una nueva y durísima marcha cicloturista al muro asturiano, en la que antes se subían la Cobertoria y el Cordal.

El espaldarazo definitivo vendría dado por el anuncio, por parte de la organización de la Vuelta, de que la cima sería final de etapa en la edición de 1999.

Esta decisión, encabezada por Enrique Franco y Alberto Gadea, fue gracias a una carta, la que les escribió Miguel Prieto, director nacional de informática de la ONCE, casi ciego (sólo con un 10% de visión), que fue el que descubrió el puerto para el ciclismo. También ayudó el interés mostrado por el Ayuntamiento de Riosa, invitando a todo aquél que se atreviera a desafiar sus rampas, como fue el caso de la primera incursión en la montaña riosana que realizara, el 3 de octubre de aquel año 98, nuestro recordado José María Jiménez, al que tuvieron que dejar una rueda de 28 dientes para poder subir.

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A partir de aquel momento toda una peregrinación de ciclistas del momento, ex-ciclistas y cicloturistas anónimos (el minero, y malogrado, Eladio Llanos -el que le dejó la rueda al Chaba- lo había escalado más de cien veces), fueron a conocer sus duros desniveles con los comentarios de todo tipo que ya conocemos.

El puerto había sido asfaltado recientemente ya que en realidad había sido una pista forestal por donde subía el ganado, para abrevar en el pequeño lago que hay en la cima, conocido popularmente con el nombre de Angliru, al pie del majestuoso Pico Gamonal, en la bellísima Sierra del Aramo.

El Angliru es un puerto increíble para el ciclismo, o lo odias o te enamoras de él para siempre.

No hay término medio porque no deja indiferente a nadie. Se puede decir que la subida (12,5 kilómetros a una media del 10,2%) tiene dos partes bien diferenciadas: la primera no pasaría de ser un segunda, hasta el llano del Área Recreativa de Víapará, que es lo que dicen los ciclistas cuando ven las líneas rectas que se disparan hacia el cielo: voy a parar. Es broma.

Los últimos 7 kilómetros (con una media terrorífica del 13%), dan inicio a la auténtica escalada a la pared asturiana.

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Una pintada en el suelo nos lo recuerda: Empieza el infierno. Todo este tramo hasta la cima es terriblemente impresionante, irreal, se ha de ver para creer. Hay varios muros con nombre propio: primera curva al 20% llamada Les Cabanes, después vendrán Los Picones (al 18%), pero el más increíble, cuando vas pedaleando por la Curva Cobayos (al 17%), giras y la ves, la sorprendente rampa de lanzamiento de La Cueña Les Cabres, con sus 800 m al 18% de media y un desnivel máximo del 23,5%. Después dos rampas más, Piedrusines (19%) y l’Aviru (20%), hasta llegar a la campa del Angliru.

Entre estos muros encontraremos desniveles más “normales”, entre el 10 y el 14% -como Llagos-, que sirven para recuperarse, aunque parezca mentira.

Aún recuerdo mi primera ascensión en la que tuve la enorme satisfacción de poder escalar esta fantástica montaña. Fue bajo el orbayu que llora a esta tierra, retorciéndome en la Cueña de les Cabres pero sin llegar a poner pie a tierra.

 

Fue el 12 de septiembre de 1999 -ya ha llovido-, coincidiendo con la etapa de la Vuelta que ganara nuestro querido Chaba después de superar a Tonkov que iba escapado entre la niebla, -sin negarnos y sin miedo a decir que fue perjudicado claramente por las motos-, en el último kilómetro casi de descenso a meta, en la que en una de sus carpas el también recordado Pedro González narrara con emoción la por otra parte merecidísima victoria de José María Jiménez, un escalador de leyenda que inscribiera para siempre con letras de oro su nombre en este nuevo Olimpo del Ciclismo.

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