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Ciclismo antiguo

¿Qué será de los avituallamientos?

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DT – 2022 post

El Tour se conmocionó en la primera jornada de descanso con el obligado abandono de Ivan Basso, que dejó la caravana diagnosticado un cáncer testicular, que en este deporte tiene célebres, y por suerte exitosos, antecedentes. De las pocas imágenes que nos queda del compañero de Alberto Contador, está ésta en la que sube al pelotón con el famoso chaleco porta bidones cargado hasta los topes.

La estampa de Basso es síntoma de otro de los grandes cambios del ciclismo, uno que muchos no perciben, pero que en sus días también influyeron. Hablo de los avituallamientos y de su importancia, cada vez menor, porque el ciclista que no coja la bolsa en el punto puede hacerlo desde el coche cuando le plazca, aunque siempre respetando un tramo de la etapa.

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La foto de Basso contrasta con la de estos ciclistas de hace mucho, mucho, mucho tiempo arrimados a un pilón, bebiendo generosamente, en lo que era habitual en esas fechas, buscarse literalmente la vida para llenar bidones o ingerir un vaso de leche caliente en caso de tempestad de nieve.

El avituallamiento fue punto importante de algunas situaciones verdaderamente increíbles, como los ataques, mil veces recordados por Perico, de Laurent Fignon, un ciclista que exprimió su talento natural más allá, siempre escrutando el flanco débil de los rivales y buscando las cosquillas en cualquier momento.

Esas imágenes de auténtico “perro” nos la perderemos y no digo que sea mejor o peor, pero al final vemos que imperceptiblemente, este deporte pierde eso, cositas que lo hicieron diferente, épico y legendario. Espero que “amputando” tantas facetas no nos quedemos en el hueso.

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Ciclismo antiguo

Roger Walkowiak, el campeón más triste de la historia

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DT – 2022 post

Vamos al Tour que ganó contra todo pronóstico el menospreciado Roger Walkowiak

Ganar a lo Walkowiak es algo que impuso en la historia el bueno de Roger.

En a historia hubo alguna victoria en el Tour que respondió a ese perfil, es decir, triunfar de forma sorpresiva y sin triunfo de etapa que adorne la general final.

Cuando Oscar Pereiro ganó la mejor carrera, muchos se acordaron de Roger y su triunfo «a la Walkowiak»

Shimano Sep 2022 – Post

Pero no os engañéis, ganar el Tour implica muchas cosas, posiblemente años de salud, la alineación de los astros en forma de salud, suerte y rivales y en ocasiones el factor sorpresa.

Todos los grandes nombres tuvieron una primera vez, el destello que antecedió sus reinados, pero a veces esa chispa fue una gta en el desierto, una suerte de carambola que el tiempo demostró ser la excepción y no la norma.

El 28 de julio de 1956 el pelotón del Tour de Francia llegaba París con una mezcla de incredulidad entre los corredores, asistentes y los aficionados que se inclinan en las gradas del Parque de los Principes.

El portador del maillot amarillo era un ciclista del equipo regional Centre-Nord-Est llamado Roger Walkowiak, un corredor de perfil muy bajo, tanto que nadie en los pronósticos previos había puesto su nombre en papel alguno.

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Marcel Bidot, ciclista en los años veinte y por aquellas fechas mánager del equipo francés, antes de dedicarse al bohemio negocio del vino, no podía creer que Walko ganara el Tour: “Es increíble como las circunstancias pueden beneficiar a un corredor con el que nadie contaba.

Si entre Luchon y Toulouse, Darrigade hubiera estado junto a Bauvin, hoy éste sería el ganador del Tour.

Pero Darrigade quiso buscar el triunfo de etapa”.

Bauvin sería segundo en París a poco más de un minuto del ganador.

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Y es que como dijimos todo se alineó para Walkowiak, que cogió la fuga buena y supo administrar la renta con penosa resistencia, aprovechando que Louison Bobet estaba recuperándose de una operación, Charly Gaul no volaba como en el Giro, Fede Bahamontes estaba inéditamente discreto y Stan Ockers se centró en la clasificación por equipos.

Ya entonces el ranking por escuadras era objeto de deseo.

En un país acostumbrado a la grandeza de Bobet e impaciente por la eclosión inmediata de Riviere y Anquetil, nunca se perdonó la forma de ganar de Walkowiak, quien fue diana de los comentarios más ácidos y descarnados que posiblemente nunca haya recibido un campeón.

Aislado del mundo, ya retirado del ciclismo, Walko, el sacrificado Roger, admitiría que ganar el Tour había resultado su peor condena.

Imagen tomada de Vimeo

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Un Mundial de ciclismo en la Italia de Mussolini

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DT – 2022 post

Así fue el Mundial de ciclismo de 1932 y la aventura de los españoles

Roma, 31 de agosto. Umbral del otoño. La ciudad eterna tomada por el fascismo. Italia, una potencia ya en esto de los mundiales, acogía por primera vez una edición de la prueba. Tres vueltas de 68,7 kilómetros por la Rocca di Papa, totalizando 206. Salieron 21 ciclistas, entre ellos una selección italiana que tenía en sus filas al campeón vigente, Learco Guerra, más a un doble campeón, Alfredo Binda, y al varesino Remi Bertoni. Artillería pesada para el mundial de ciclismo en casa.

Mussolini se presentó en persona para desearle suerte y éxito al vigente campeón, Learco Guerra, pues su sugerente apellido gustaba mucho. “Tutti per Guerra”, proclamaba el presidente de la Federación Italiana de Ciclismo, Garelli. Tiempos violentos aquellos. Pero el especialista en mundiales era Binda, que con su compañero lombardo, Bertoni, secó todos los ataques, entre ellos el de Montero, para irse juntos y hacer oro y plata con casi cinco minutos sobre Nicolas Frantz.

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Dos acompañantes se sumaron a la delegación hispana: Juan Bautista Soler y Joaquim Rubio estuvieron allí, con los tres españoles. Ambos presenciaron la carrera en directo y pudieron incluso narrar la desventura de Mariano: “Estaba en el control de Frascati, situado a media cuesta. Montero y Cañardo pasaron con los primeros, formando un pelotón de ya siete hombres. Podemos confiar pues en que los dos llegarían a Roma en el grupo de cabeza, pero a Cañardo, al cual acababa de avituallar, le di un empujón para que reemprendiera la marcha, con tal mala fortuna que fue a chocar con Haemerlinck, cayendo. La caída no tuvo consecuencias, pero significó una estimable pérdida de tiempo en un momento en que se desencadenaba la batalla en plena cuesta arriba. A causa del empujón se le torció el manillar y se le descentró la rueda”. Pero Mariano se rehízo: “Con todo, Cañardo arrancó de nuevo y fue ganando posiciones, y cuando con Guerra marchaba a la caza de Frantz, no teniendo por delante más que a Binda, Bertoni y Montero, sufrió una avería, perdiendo todo lo ganado anteriormente”.

Roma, como Lisboa, la ciudad de las siete colinas, algunas de nombre mítico y legendario, había sido para Mariano una montaña rusa, un sube y baja emocional, en unos años en que lo complicado era mantenerse íntegro sin caídas ni lesiones.

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Mariano estaba allí, llamando a la puerta, jugándose la suerte con ciclistas que crearon la palabra leyenda, pero le faltaba algo, la fortuna. Aquel día se clasificó duodécimo, pero había añadido una muesca a su palmarés en una carrera que se le daba bien.

Porque Mariano estaba entre los que inventaban el ciclismo en mayúsculas, el que germinó en aquella época, y lo hizo con compañeros de expedición de grandísimo bagaje.

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Juan Bautista Soler fue una de las grandes personalidades de los albores del ciclismo en España: árbitro en sus primeros días, fue presidente y máximo responsable de la Volta a Catalunya, siendo vicepresidente de la Unión Ciclista Internacional en los cincuenta, lo que le valió ser su presidente interino durante dos años por la muerte del entonces primer mandatario del ente, Achille Joinard.

Y luego estaba Rubio, Joaquim Rubio, una persona muy querida en el mundillo en aquellas décadas de aventuras increíbles. Primero ciclista y luego manager, fisioterapeuta, auxiliar y consejero espiritual de las vedettes, entre las que Mariano se contaba. Un empujón dado con todo el cariño y la pasión de Rubio le arruinó a Mariano aquella carrera romana.

Extracto de “El primer campeón”, próxima obra que Cultura Ciclista sacará en breve.

Imagen: Federazione Ciclistica Italiana

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Ciclismo antiguo

El quinto fue el mejor de los 5 Tours de Indurain

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DT – 2022 post

No pudo haber mejor culminación a los 5 Tours de Indurain

En nuestro frecuente viaje al pasado que nos regaló Miguel Indurain con sus 5 Tours, queríamos acordarnos, ahora que ha transcurrido más de un cuarto de siglo, del que consideramos su mejor triunfo en Francia.

Y lo situamos en el último de la lista, el quinto, para nosotros sin lugar a dudas una obra de arte de abajo arriba.

Un  ejercicio de control y dominio, sublimado por quinta vez consecutiva, el más difícil todavía, pues no sólo seguía siendo mantenerse, también implicaba mejorar lo visto hasta entonces.

Ese año Miguel Indurain volvió al Tour con el dorsal uno, pero sin el Giro en las piernas, pero con la certeza de que entre Francia y el mundial en Colombia iba a estar el cogollo de la campaña.

Dicho y hecho.

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Cualquier momento decisivo de ese Tour fue terreno abonado a Miguel

Si tenemos que ponernos pejigueros, posiblemente sólo falló una cosa a la que nos acostumbró, no hubo tarde de escabechina contra el reloj,  como sí que nos había ofrecido en Luxemburgo, Lac de Madine y Bergerac, la mejor de estas tres la dejamos a gusto del consumidor, para nosotros algo como lo de Luxemburgo fue único e irrepetible.

De hecho Indurain no ganó por aplastamiento la primera crono larga, en las Ardenas, nada menos que saliendo de Huy en un ejercicio que pareció de contención, pues mantuvo y mantuvo, en especial a Bjarne Riis, hasta ganarle por la mínima al final.

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Pero era suficiente, más que suficiente.

Aquella crono formaba parte de un díptico belga, celebrado en fin de semana, que se había abierto un día antes, con la jornada de Lieja, aquella famosa que se escapó con Johan Bruyneel, donde emergieron dos cosas.

Por un lado el patriotismo sin fundamento de aquellos que pensaron que el belga debió dejar ganar a Indurain, pues éste hizo todo el gato y además se debía a un equipo español.

Por el otro la rivalidad con el equipo ONCE, un auténtico martillo sobre la resistencia de Indurain y su Banesto.

En La Plagne, primer día de Alpes, Alex Zulle lo puso todo al límite hasta desencadenar la reacción furibunda de Indurain en el que consideramos su mejor día sobre la bicicleta, aquella subida al coloso alpino.

Nunca he vuelto a ver algo como La Plagne.

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Luego, unos días después en Mende, Jalabert, acompañado por Mauri y Stephens planteó órdago lejísimos de meta que puso al límite a Banesto.

Nunca, creo, nadie había puesto tal al borde del abismo al cinco veces ganador,  un día con el que  jamás hubiera querido  lidiar en el Tour, aunque visto ahora, añadió más brillo, si cabe, a su quinto triunfo en Francia.

El dominio y presencia de Indurain en el final de su serie de 5 Tours propiciaron que una carrera que era un avispero -allí convivían Jalabert, Pantani, Rominger, Riis y Zulle, entre otros- nunca pareciera fuera de control.

Y es que, más que nunca, pareció hacer fácil lo más difícil, encadenar Tours como quien aprendía a sumar.

Nadie podía imaginar que estábamos ante el epílogo de la mejor racha que hemos visto nunca y que creo nunca volveremos a ver.

Imagen: RTVE

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Un monumento a Moncho Moliner

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DT – 2022 post

Más de seis años de su pérdida, recuperamos este recuerdo a Moncho Moliner

Cuando yo nacía allá por 1979, un tal Mocho Moliner, ya era todo un referente del ciclismo en Castilla León, Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco… He oído y leído mil historias sobre este señor de aspecto serio y gran corpulencia, todos los jóvenes de la época querían correr en el equipo de Moncho. Un director que era muy recto, chaval que no realizaba bien una carrera o no cumplía órdenes, volvía a casa en bici o si estaban muy lejos se chupaba una buena kilometrada.

Cuántos chavales habrán pasado por el bar la farola en Valladolid, a dormir y a comer el filete de ternera a la plancha «vuelta y vuelta» y a pernoctar antes de una carrera. Como todos bien sabemos un amigo suyo Manolo Jiménez, le llevó a una carrera ciclista y Moncho quedó hipnotizado por el mundo del pedal, quedó tan prendado, que fue el primero en España en sacarse el carnet de director deportivo en 1971, por cierto aquella primera carrera ciclista que visitaba, la ganaba un crío de nombre, Javier Minguez.

Tuvo equipos como el Sava, que primero era de juveniles y después también de categoría aficionado. Después pasó a llamarse Mobilette, para luego en 1969 pasar a denominarse Volvo, donde militó, Jesús Suárez Cuevas o Alberto Fernández. En todas las carreras los ciclistas de Moncho siempre se colocaban en primera fila en la salida, la táctica era, «atacar de salida» siempre. En 1974 el equipo cambia de sponsor y pasa a llamarse Granier, donde corría un tal Angel Arroyo, entre otros.

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En 1975, Moncho se involucra del todo en el ciclismo y el equipo se convierte en Moliner, por donde pasan los mejores, Cabrero, Delgado, Cubino, Arroyo, López Carril, Ruiperez, Camarillo, Machin, Nistal, Rivas… Así un largo elenco de ciclistas, todos de gran calidad, ya que Moncho siempre quería a los mejores en su equipo.

También pasa por sus manos un chaval cántabro, Manolo Saiz, de que llegó a decir «qué malo era» así como años después le felicitaba por ser uno de los mejores directores del mundo. En 1977 crea el equipo Moliner de aficionados para poder dar continuidad a los juveniles con Javier Minguez de director y un jovencísimo José Luis López Cerron.

Difícil era el día que un Moliner no recogía un premio siempre estaban en los puestos de cabeza. En 1979 incluso llega a tener al Moliner-Vereco en profesionales. Luego después volvería a las categorías de juveniles con él A+DI, Gruas Bellver y aficionados con él Frinca, Cadalsa Sport, descubriendo talentos que luego más tarde darían grandes éxitos al ciclismo español. En marzo se fue un pedazo muy grande del ciclismo español, alguien que siempre ponía todo de su parte sin esperar nada a cambio, solo el respeto y buen trabajo de sus chicos, no tuve el honor de conocerte, una lastima, pero si el poder rendirte este pequeño homenaje con unas cuantas palabras, Moncho donde quiera que estés, GRACIAS Y HASTA SIEMPRE AMIGO!

Esto nos escribió David Martín, tiempo después del fallecimiento de Moncho Moliner hace más de seis años.

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SANTI BLANCO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

-Yo conocí a Moncho cuando yo corría en la escuela de ciclismo bejarana en categoría cadete. El venia con el mejor equipo que había en esa categoría en la comunidad.Al año siguiente paseé a correr en su equipo, un paso muy importante en el mundo del ciclismo. En primer lugar, pasé a tener un director deportivo, el cual en cada carrera nos decía como debíamos actuar, a correr como un equipo. Me enseñó moverme dentro de un pelotón, a esperar el momento donde se podía decidir la carrera. También pasé a correr las mejores carreras a nivel nacional. Allí por donde íbamos era una persona admirada y querida por todos dada su trayectoria. Al ciclista nunca le faltaba de nada, para él éramos siempre los primeros. Ese cariño que le procesamos la mayoría que pasamos por sus manos, se vio en una comida que hicimos en Valladolid y en el día de su funeral. Por ser como era y por lo que me enseño, sólo tengo palabras de agradecimiento hacia su persona y siempre estará con nosotros.

LALE CUBINO ( Exciclista profesional y corredor de Moncho)

-Los ciclistas castellanos le debemos mucho a Moncho. Moncho era una persona acomodada de Valladolid, soltero y sin hijos, sus hijos fuimos los ciclistas. Su devoción por nuestro deporte y su buena situación económica propiciaron que se convirtiera en el gran mecenas del ciclismo castellano. La táctica de Moncho siempre fue igual, atacar, atacar… No concebía el ciclismo de otra manera. El nos inculcó el ciclismo de ataque que siempre le gustó tanto. Fue un hombre valiente y por eso le apreciábamos tanto.

JAVIER MINGUEZ (Seleccionador nacional de ciclismo)

Ramón Chamorro Moliner, pero Moncho para todos, ha sido muy importante en la vida de muchas generaciones ciclistas, él empezó por casualidad con un amigo suyo que le llevó a ver una carrera allá por el año 64 y donde yo gané por primera vez. Aquello le gustó y se convirtió en su gran pasión, junto con los amigos del Club Valladolid Ciclista formaron el famoso equipo Sava, a nivel de Valladolid y el año 66 a nivel nacional. Por ahí pasaron infinidad de ciclistas y aquello dio vida a otros equipos y ayuda indispensable para muchos ciclistas de Castilla León. Luego formó su propio equipo Moliner-Vereco, del que fui director de aficionados los años 77 y 78 y con el que dimos el salto a profesionales, conmigo como director y José Luis López Cerron de corredor. Moncho ha sido un padre para los ciclistas y un amigo en general, y para mí en particular alguien con quien compartí parte de mi vida ciclista y al que le debo muchas cosas que él ha transmitido a todas las generaciones, luchar por ganar pero con respeto y educación algo que él había heredado de su familia.

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PEDRO DELGADO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

Hola Moncho, aunque te hayas empeñado en dejarnos, me temo que no lo conseguirás. Unos soñábamos con ganar la carrera y tú, con sacar un campeón. Está claro que lo conseguiste en muchos casos, pero en otros les permitiste pasar posiblemente la mejor época de su vida, regalándonos a todos momentos únicos. Con esa edad de los dieciséis a los dieciocho años, tan vulnerable, nos enseñaste a descubrir el mundo, a hacernos hombres y a sufrir para conseguir algo. Tu táctica «atacar de salida» me hizo coger más de una pájara. No conocí otra manera de correr como juvenil. Y para animar el cotarro esas canciones de cante jondo, María Dolores Pradera o Concha Piquer en los viajes que tantas polémicas provocaban frente a nuestros Pink Floyd y compañía. Te amenazabamos con un «así no vamos a ganar», pero nuestras cintas siempre volaban desde la ventana del coche a la cuneta. Gracias por todo Moncho y que te vaya bien!

MANOLO SAIZ (Manager del equipo Aldro Team y exdirector del equipo ONCE y corredor de Moncho)

Yo conocí a Moncho con dieciséis años en una Vuelta a Ampuero, aquí en Cantabria, él siempre venía con su equipo y los chavales y siempre hacían primero o segundo o metía cuatro o cinco corredores en el top ten. Todos queríamos correr con él. Yo tuve la suerte de estar bajo su mando un par de temporadas y aprender mucho, nos trasmitía una filosofía de padre, para mí era más que mi director, era mi amigo, un confidente, recuerdo incluso escribirle cartas personales. Anécdotas podria contar miles, unas simpáticas como los huevos crudos que se comía por la mañana antes del desayuno o aquel día que me llevó a la estación de tren, cuando iba a hacer las pruebas del INEF y me dijo que aprendiera todo lo que pudiera, por qué decía que yo era muy listo y tenía cabeza para el ciclismo, quizá lo decía por qué me podría considerar el patito feo del mundo del ciclismo por mi manera de actuar y revolucionar este deporte. Sin duda ninguna consideró a Moncho mi padre ciclistico, él me enseñó a perder el miedo y saber actuar. Nunca olvidare sus palabras siempre antes de salir a competir «atacar de salida» creo que todos los ciclistas que estuvimos con el, lo tenemos grabado a fuego, sinceramente, nunca te olvidare Ramón, hiciste mucho sacrificio por el ciclismo base llegando incluso a tener un equipo profesional, hoy día algo muy difícil, allá donde estés gracias, gracias y gracias por todo Moncho.

ANGEL ARROYO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

Yo con Moncho aprendí a ser ciclista y persona, él era nuestro padre. anécdotas podría escribir un libro. Pero hay una que aunque me entrara Alzheimer, seguro que no iba a olvidar en la vida. Fue el primer año que corría en Granier y fuimos a Salamanca a hacer la vuelta de los 33 y claro era una carrera llana. No hubo manera de llegar en solitario, que era lo que le gustaba el, llegamos en el pelotón y yo hice entre los primeros y estaba ilusionado y me dice con aquel vozarrón, «¡Estarás contento!». Yo le dije que cuál había entrado y me contestó: «Una patada que te pegue y te pongo en lo alto de aquella antena. Al próximo domingo te vas a quedar en casa por ir todo el día a cola de pelotón sin hacer nada». Así fue, la siguiente carrera me dejo en casa. Fue una lección que aprendí aquel día, nunca más volví a ir a cola de pelotón, siempre a «atacar de salida». Como persona parecía muy recio, pero luego muy humilde y siempre decía que «a mí chicos no les falte de nada». Muchas veces poniendo de su propio bolsillo, sin duda alguna un gran tipo que dio mucho por el ciclismo base, te echaremos de menos Moncho.

JOSE MANUEL CABRERO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

Hablar de Ramón Chamorro Moliner «Moncho”, es para todos los que a lo largo de su trayectoria como director de sus distintos equipos, hemos formado parte de esa familia ciclista, un gran honor. Todos hemos sentido la emoción y el protagonismo de estar entre los mejores y de su mano no pocos llegaron a la cima, siendo grandes en este bello y duro deporte como es el ciclismo. Pedro Delgado, Lale Cubino, Ángel Arroyo, Santi Blanco, por nombrar algunos…

Hablar de Moncho es retroceder en el tiempo, cuando en época de juvenil todo era esperanza, ilusión, motivación, cuando te comías el mundo y nada se oponía en nuestro camino. Moncho nos inculcaba disciplina, respeto y coraje, nos hizo ver lo que era el compañerismo, el trabajo en equipo y tantos valores de los que goza y a los que te obliga este deporte. Eso lo sentíamos todos y cada uno de los que de su mano procuramos y logramos una victoria en algún momento y todos recordamos frases legendarias y típicas suyas como, «atacar de salida» o «los buenos no pinchan»
Yo no grane el Tour, la Vuelta o el Giro, pero recordando a Moncho, sólo siento agradecimiento y orgullo por haber estado entre los grandes y poder decir, «yo estuve allí». Gracias Don Ramón Chamorro Moliner!!

JOSE MIGUEL ORTEGA (Presidente de prensa deportiva de Castilla y León)

Fue en una Vuelta a España de los años ochenta. Habíamos estado cenando unos cuantos colegas y salió Moncho Moliner como tema de conversación. A alguno se le ocurrió hacer un recuento de los corredores que tomaban parte en aquella edición y que, en sus etapas previas al profesionalismo, habían pasado por las manos del director vallisoletano.
Salían cerca de 40: Pedro Delgado, Lale Cubino, Jesús Suárez Cueva, Alberto Fernández, Ángel Camarillo, Isidro Juárez, Carlos Machín, Jesús Hernández Úbeda, Jesús Rodríguez, Ángel Arroyo, Eduardo Chozas, Faustino Rupérez, Guillermo de la Peña…

Ramón Chamorro Moliner, que nos dejó hace unas semanas, cuando iba a cumplir 80 años, le dio al ciclismo mucho más de lo que recibió. Número uno de la primera promoción de directores deportivos, Moncho vivió este deporte con pasión y con generosidad. Lo primero eran los corredores, por encima de otros intereses comerciales o personales.

Dirigió durante casi tres décadas a los mejores cadetes, juveniles y aficionados del país, a figuras que fueron referente mundial cuando pasaron a profesionales. Pero por encima de otras valoraciones, todos ellos coinciden en algo que demuestra que la huella de Moncho ha ido mucho más allá del deporte. “Fue como un padre”, “No sé que hubiera hecho yo en la vida si no hubiese conocido a Moncho”, “Nos enseñó a ser personas antes que ciclistas”…
Muchos de sus antiguos corredores estuvieron presentes en el sepelio y esas valoraciones eran el común denominador en la reunión que mantuvimos después, y a la que también asistieron otros alumnos suyos, que han brillado más como directores, Javier Mínguez y Manolo Sáiz. Incluso Julio Jiménez, el mítico relojero de Ávila, también formó parte de aquella familia deportiva de Moncho Moliner, el día triste de su adiós definitivo.

Personalmente, yo perdí a un amigo especial, con quien me unían cuarenta años de estrecha relación, siempre con el ciclismo como telón de fondo. Durante todo ese tiempo, Moncho Moliner ha estado yendo a comer a mi casa todos los jueves, y cuando ya no podía hacerlo por sus limitaciones, era yo quien le visitaba en la residencia donde vivió sus tres últimos años de vida. Siempre se ha dicho que Moliner se fue del ciclismo desencantado, pero durante esta última parte de su vida, el ciclismo era el tema recurrente de nuestras conversaciones, y se le iluminaba la mirada cuando hablábamos de alguno de sus chicos, como le gustaba seguir llamándoles.

El día que recibió sepultura en el cementerio de Valladolid, muchos de ellos estaban allí, formando parte de su familia. De su auténtica familia.

Imagen tomada de http://masters.abloque.com

 

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