Para Pogačar el segundo Tour de Flandes llega en una carrera que nunca apuntó a su favor
Es cierto que siempre nos quedaremos con la duda de cuánto le afectó esa caída a Van der Poel, a más de 120 km de la meta. Pero lo que no hay vacilación es que este Tour de Flandes ha demostrado que Tadej Pogačar puede ganar en cualquier escenario, en cualquier circunstancia y con cualquier estrategia.
La carrera de Pogačar fue una auténtica lucha contra el tiempo, donde cada muro era como si le fuera la vida en ello.
Con ese maillot irisado, su cabello saliendo por el casco, culotte y zapatillas blancos, inmaculados en un día seco de primaver aflamenca, y las suelas también irisadas, se jugaba todo en cada una de las cotas, camino a la meta del Tour de Flandes.
Pogačar se jugaba los cuartos contra lo que podría ser el mejor ciclista de la historia de la carrera, Mathieu van der Poel, a quien machacó repetidamente en cada una de las cotas hasta dejarlo sentado y con la cabeza baja en el último paso por el Kwaremont.
Este Tour de Flandes, sin duda, ha otra bendición, digno de esta generación, que no sabe correr si no es a lo bruto y dando espectáculo sin reservas.
Todos han estado a su nivel, incluso Van Aert, que al final llegó a la meta de Oudenaarde junto a su eterno rival, pero otra vez se quedó con las ganas, luchando hasta el final, pero sin lograrlo.
Este Tour de Flandes será recordado como el de desempate a monumentos entre Van der Poel y Pogačar, justo antes del debut de Pogačar en Roubaix. Ahora, Pogačar le lleva un monumento al neerlandés, quien le había en San Remo.
Y volviendo al principio, hasta la última ascensión del Kwaremont, nunca había visto a Van der Poel en apuros.
De hecho, me recordaba mucho al que controló a la bestia eslovena en San Remo, como me decía el otro día Ventoso.
Pero aquí estamos viendo a un ciclista de otra época, un verdadero crack, un top 5 de la historia sin duda, y no dejó de apretar ni un segundo, martilleando rivales en cada ocasión, desde abajo de las cotas, desde el segundo paso por el Kwaremont.
La semana de las piedras, la gran semana, empieza con el contador a favor del esloveno, pero hay dos cosas claras: su rival neerlandés no ha dicho la última palabra y enfrente tiene a rivales dispuestos a disputarle la supremacía.
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