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Ciclismo antiguo

Mundiales de leyenda: Esa tarde de Oscar Freire en Verona

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Mundial de ciclismo- Verona Oscar Freire JoanSeguidor
DT – 2022 post

En Verona empezó y acabó el idilio de Freire con los Mundiales

Recuerdo aquellos días tempranos de octubre de 1999, la semana que conducía al Mundial de Verona, el primero de Oscar Freire.

Recuerdo pesimismo, Paco Antequera justificando una alineación ajena a las estrellas, con un bloque plagado de incógnitas, sin certezas.

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Era un mal muy extendido en aquel ciclismo español, acostumbrado a a abundancia de Miguel Indurain, de Abraham Olano.

Pero si veníamos de un oro y plata en el mundial contrarreloj, un año antes, firmado por el mentado Olano y Mauri, segundo.

Esos días en Verona, Iván Gutiérrez se había colgado el oro en la crono sub 23 marcando el camino de otro cántabro hasta la historia hacia la inmortalidad.

Por que lo que sentimos entonces, viendo la evolución de Freire por el Mundial de Verona, lo ratificamos hoy.

Siempre delante, bien ubicado, atento, marcando lo que sería su carrera, saber pescar en río revuelto, entre estrellas rutilantes como Casagrande, Ullrich y VDB, que aquellos días volaba.

Cuando Freire nos contó su milagro de San Remo, explicamos aquel Mundial en Verona… la historia de un ciclista único.

Teledeporte nos lo recupera hoy.

El primer Mundial de Oscar Freire se consiguió entre un grupo de estrellas saliendo de la nada…

Recta final del Mundial de Verona.

Apenas 500 metros para meta.

Allí están las grandes figuras del ciclismo mundial, vigilándose entre sí.

Es el momento decisivo de la carrera.

Un despiste, una mala colocación, un pequeño corte o una rueda inalcanzable, y todo se iría al traste.

Y eso, después de 16 vueltas a un circuito de 16,25 kilómetros, habiendo tenido que superar la dura tachuela del repecho de Torricelle: 1,4 km al 9%.

Llevan más de 6 horas de pedaleo por un auténtico recorrido rompe piernas.

Todos se preparan para el esperado desenlace final abocado al sprint. El pequeño grupo de elegidos está integrado por nueve corredores.

Llevan un rato zigzagueando, jugando al gato y al ratón.

Hay un pequeño parón.

De repente alguien ataca: ¡se trata del único integrante de la selección española!

Los Zberg, Robin, Casagrande, McRae, Camenzind (actual campeón y portador del maillot Arco Iris), Vandenbroucke, Ullrich y Konyshev, se miran unos a otros.

Apenas unas décimas de segundos de dudas. Para cuando se dan cuentan, el «tapado», que había saltado por la derecha como una flecha, ya había cogido unos cuantos metros de distancia.

 

Los suficientes.

Tan sólo cuatro segundos de margen que le sirvieron para levantar los brazos: ¡Campeón del Mundo de fondo en carretera! El segundo español en lograrlo tras Abraham Olano.

¡Sí! ¿Pero quién es? -se preguntaba la gente.

¡Es Óscar Freire! -narraba con voz entrecortada el recordado Pedro González.

El instante que Oscar Freire lo cambió todo

Recuerdo aquel momento.

Nadie se lo esperaba.

Sí, venía un español en el grupo de elegidos pero nadie hubiera dado un duro por aquel desconocido chico que, eso sí, había aguantado con los mejores hasta el final.

Bastante había hecho. Pero no se conformó. Afortunadamente.

Cuando saltó del pelotón yo salté con él, de golpe, para acercarme hasta la televisión y no perderme aquel histórico momento con todo detalle.

No me lo podía creer. Igual que un emocionado Pedro González que gritaba y no se creía lo que estaba pasando.

Como Perico. Como toda España.

Freire seguía avanzando. Nadie había sido capaz de ponerse a rueda. Continuaban vigilándose. Demasiado tarde. Todos brincamos de alegría con la tremenda sorpresa.

Pedro González no paraba de reír. De felicidad. Y Perico.

Con tan sólo 23 años se convertía en campeón del mundo.

Nadie se lo creía pero Freire ya era increíble.

 

Óscar Freire Gómez, de Torrelavega (Cantabria), nacido el 15 de febrero de 1976, maillot Arco Iris contra todo pronóstico, estaba en aquel momento allí, en Verona, igual que se podía haber quedado en casa viendo la prueba por televisión.

Y lo corrió porque Paco Antequera, el seleccionador, había confiado en él ciegamente.

Freire, que no era cojo, ya había sido subcampeón del mundo aficionado en ruta en San Sebastián en 1997.

Y Paco lo vio correr allí y se fijo en él.

Ahí empezó todo.

Por resultados Freire no debía haber estado nunca en Verona.

Bueno, eso pensaban muchos periodistas que criticaron la decisión de Antequera.

Pero ambos les callaron la boca. Y de qué manera.

Quizás no sabían que Óscar llegaba en un excelente estado de forma, que había competido poco pero entrenado mucho. Apenas 11 carreras aquella temporada. Algunas molestias físicas en forma de dolores de espalda, de lumbares, de rodilla derecha e incluso un inoportuno pliegue muscular, hicieron que estuviera muchos meses sin competir.

ero él siguió entrenando, incluso con molestias. Hizo mucho fondo, llegando hasta los 230 kilómetros en una sola jornada.

Pero aquel día, en la línea de salida en Verona, era un perfecto desconocido para el ciclismo mundial.

Decían que aquella selección era la más débil de los últimos años, pero Antequera lo tenía claro.

La consigna para la carrera estaba definida: tener a Freire y a Martín Perdiguero lo menos desgastados posible durante los 228 kilómetros de recorrido para encarar con posibilidades las dos últimas vueltas.

Y vaya si lo consiguieron, protegidos por un gran Jon Odriozola que supo llevarlos tranquilos.

Muy bien lo tuvo que hacer el guipuzcoano porque Perdiguero se dejó ver y Freire ya sabemos lo que fue capaz de hacer, corriendo con mucha inteligencia y siempre en el grupo de cabeza, apareciendo en el instante oportuno.

Soy globero, ¿y qué? Anécdotas, historias, puertos, rutas y mucho más

En ningún momento perdió la serenidad con exhibiciones de fuegos de artificio. Para nada. Su carrera fue perfecta. En aquel mundial sabía que no le iban a vigilar mucho porque nadie le conocía. Eso le facilitó bastante las cosas, pero no le quitó ni un ápice de mérito a su victoria.

Demostró ser un corredor muy listo, con fuste de líder, y en las temporadas siguientes acabó consagrándose como lo que era, un gran campeón, repitiendo título mundial en Lisboa 2001 y sobre todo, de nuevo, en su ciudad talismán: Verona en 2004, consiguiendo su tercera corona, éxito sólo al alcance, en aquel momento, de los Binda, Merckx y Van Steenbergen.

Aquel domingo 10 de octubre muchos pensaron que aquello tenía que ser solo flor de un día, que había sido un milagro o que había sonado la flauta de casualidad, incluso se habló de la mayor sorpresa en un Mundial desde que un holandés ganara a lo «Ottenbros» el campeonato de 1969 en Zolder (Bélgica). Pero Freire era diferente, era un Óscar de Oro.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Velominati

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Ciclismo antiguo

Tour 1985: La prioridad siempre fue Hinault

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DT – 2022 post

Así fue el Tour 1985 de Hinault, el último ganado por un francés

Cuando Bernard Tapie ideó La Vie Claire y envió una oferta a Greg Lemond, nunca escondió otro objetivo que el Tour de 1985 iba a ser para Bernard Hinault.

Tras dos años de dominio del insolente parisino, Laurent Fignon, infringiendo dolorosas derrotas al que había sido su mentor, en especial en el Tour del año anterior, era el momento para que Hinualt acudiera raudo a su cita con la historia, pues el de 1985, iba a significar su quinto Tour.

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Hinault quería silla en la mesa de Merckx y Anquetil en una gesta que es el mito del ciclismo, los cinco Tours

Hablamos de una dificultad tal que, desde entonces, sólo Miguel Indurain se ha sumado a la fiesta, y vamos camino de los cuarenta años de esta efeméride.

En todo caso nunca se escondió que 1985 era el quinto turno de Hinault en la carrera francesa.

Así se le hizo saber a Greg Lemond, quien habría de dar un paso al lado en el liderato y dejar al ídolo bretón llevarse los honores con una condición, que al año siguiente Bernard le devolviera el favor a Greg.

Todos sabemos lo que sucedió en el Tour de 1986, icónico, antológico y maravilloso, pero poco se recuerda del anterior.

Y es que hay en la vida una cosa que se llama juventud que cuando entra en brillo, todo lo demás languidece.

Eso se debió pensar viendo a Hinault yendo a menos según avanzaba la carrera hacia París.

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Cada vez más justito, Hinault demostraba problemas para estar con los mejores, al tiempo que Lemond iba preguntando ¿qué hay de lo mío?

En la famosa etapa de la niebla de Luz Ardiden que gana Perico, Hinault va con lo justo.

Lemond se ve en cabeza con Chozas y Roche con su líder a un minuto.

El americano ve el panorama y pide permiso para ser más activo en el corte, la respuesta es tajante, desde el coche Paul Koechi, el director de la historia que más sapos ha debido tragar, le dice que ni se le ocurra .

Al día siguiente, en la mini etapa del Aubisque que gana Roche, la historia se repite, la respuesta es la misma.

«Greg, te jodes, pero no»

Bernard Hinault iba atufado, al punto que de aquellos días surgió aquella curiosa «amistad» con Lucho Herrera y la complicidad de ambos en carrera.

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Lemond obedece porque no le quedan más opciones, tiene la promesa de Hinault: «Tras el Tour de 1985, te ayudo a ganar el siguiente«.

Una promesa de campeón es complicada de tragar y Lemond nunca tuvo claras esas intenciones, de hecho a los hechos nos remitimos.

«El año que viene volverá Fignon -por desgracia tardaría más en regresar- y si él está Hinault no querrá quedarse fuera» dijo Lemond, medio convencido de la promesa de su compañero.

En todo caso, que Hinault ganara ese Tour tiene hoy su relativa importancia, pues estaríamos un año más cerca de la última victoria francesa en el Tour.

Imagen: Reddit

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Ciclismo antiguo

Tour 1983: Angel Arroyo le dio la vuelta a la tortilla

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DT – 2022 post

Aquella crono de Ángel Arroyo cambió la suerte española en el Tour

Permitidnos irnos 39 años atrás, al Tour de 1983, la carrera que, como hemos leído tantas veces, lo cambió todo para el ciclismo español, aunque si tuviéramos que tomar un día, hablaremos de ese del Puy de Dôme, de la crono de Ángel Arroyo y los grandes mitos que se derrumbaron en esa subida.

Para quienes no estén en sintonía, me gustaría invitaros al podcast que hicimos hace unos días con Pello Ruiz Cabestany y Ángel María de Pablos.

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Si al primero, seguro le tenéis ubicado, al otro deciros que fue la voz del ciclismo en TVE cuando ésta se adentraba en caravanas por media España a razón de la Vuelta.

Angel, como Pello, guarda recuerdos de esos años que deposita en una pieza sonora que es una joya y que, entre otras cosas ubica dónde estaba el ciclismo español hace más de 40 años.

Tras Tours de grandeza y notoriedad con Luis Ocaña, entre otros, llegaron vacas flacas que dejaron al ciclismo español completamente al margen de la elite mundial.

«Ir al Tour era un fastidio, todo el día a mil por hora y encima mal pagado» viene a comentar Pello en este podcast.

«Otro día de calor en Burdeos y los españoles sin aparecer» recuerda Angel de aquellos días.

No sé si la imagen es del Tour de 1983, pero tanto da, muchos de los que ahí salen son artífices de ese salto adelante que devolvió España al mapa del ciclismo mundial y consiguió torcer las cosas.

Para quienes nos atribuyen hostilidad para con Abarca, hoy gestor del patrocinio de Movistar, que vean que, recordando estos momentos, tenemos buena memoria.

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De aquella historia hubo un día muy glorioso, único diría yo.

Fue el 16 de julio de 1983, y la etapa, la cronoescalada al Puy de Dôme

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Entre Clermond Ferrand, la patria de Geminiani, y el Puy de Dôme, no hay más que quince kilómetros, los suficientes para que Ángel Arroyo escriba la historia en letra gruesa.

El abulense vuela en la subida al gigante prohibido del Macizo Central, por carácter militar y gana una etapa cuyo podio completa Pedro Delgado, Perico, el mismo que días antes había impresionado en las bajadas de los Pirineos.

Arroyo, descalificado en la Vuelta del año anterior, un día después de su conclusión, se redimía con un ejercicio en solitario que mejoró en 13 segundos el tiempo de Perico y en casi medio minuto el de Patrocinio Jiménez.

El futuro ganador de aquel Tour, Laurent Fignon se dejó casi dos minutos.

A más de cuatro minutos del líder, el desafortunado Pascal Simon, quien arrastraba las molestias de una caída que le acabaría por obligar al abandono, Arroyo iniciaba la reconquista del podio del Tour, que acabaría pisando en París.

Sólo le quedó por remontar a Fignon, aquel rubio era demasiado aquellos días, aunque la cosa hubiera sido diferente si en el camino de Ángel no se hubiera cruzado un tal Van Impe, que jugó a lastrarle en la etapa de Morzine, la misma en la que Perico se agarró el globo que le sacó de un podio que tenía casi seguro.

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Para calentar el Tour, de Merckx al vacío francés

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DT – 2022 post

En el Tour nombres como Merckx e Hinault suponen la excelencia del ciclismo

Tal como ya anunciábamos con anterioridad, es nuestra intención el ir  exponiendo y comentando habitualmente ciertos relatos en torno al Tour de Francia, la carrera más prestigiosa que encierra nuestro calendario internacional ciclista. No dudamos de que los aficionados a este deporte podrán conectar y conocer de cerca ciertas anécdotas u otras actitudes ignoradas o difusas por el paso de los tiempos y que creemos que vale la pena ventilar o poner sobre el tapete.

Merckx,  el conquistador de etapas

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No hay duda de que Eddy Merckx ha sido uno de los ciclistas con más fama y popularidad en el plano deportivo de nuestro siglo.

Tiene un aquilatado y variado historial que le sitúa en un lugar a todas luces excepcional.

Aún así somos de los que creemos que no es tarea fácil el querer establecer comparaciones y colocar en un mismo ramillete a todos los atletas del pedal que han destacado, entremezclados en un mismo saco, pero pertenecientes a épocas distintas, diversas.

Un período determinado no es comparable a otro 

Los acontecimientos que nos depara la carretera con sus protagonistas no son, repetimos, comparables.

Las circunstancias son enormemente variables. Todos los juicios, en más y en menos, son suposiciones que no se sostienen con una base sólida.

Hay temporadas que se aglutinan una serie de ciclistas de alta categoría o rango, y, en cambio, en otras los atletas del pedal, por lo general, son de más bajo nivel.

Es aquello que se suele decir metafóricamente: que el país de los ciegos, el tuerto es el rey. No podemos medir los valores en litigio con el mismo patrón. Los vientos soplan de una manera u de otra.

Las comparaciones suelen ser insostenibles por unos entornos que nosotros no vamos aquí a discernir, una a una.

Hubo, por ejemplo, una Primera y una Segunda Guerra Mundial, motivos de indudable trascendencia que alejaron a los ciclistas de toda competición, de todo escenario rutero, sin un porvenir por delante que supusiera una renovada esperanza.

Hubo tiempos en los cuales se notaba la ausencia de figuras de categoría, de campeones en esencia. Como hubo asimismo también otras épocas que fueron mucho más prolíferas en la producción de ciclistas de alto copete. No nos vamos a extender en más consideraciones en este capítulo que queremos dedicar más bien a este corredor belga inolvidable, admirable, que ha marcado un verdadero hito en la historia del ciclismo: Se llama Eddy Merckx.

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Merckx ha sido, al igual que los consiguieron Jacques Anquetil, Bernard Hinault y Miguel Induráin, los protagonistas que conquistaron con brillantez y buena lid el Tour de Francia y nada menos en cinco ocasiones.

El estadounidense Lance Armstrong, que poseía siete triunfos absolutos, fue apeado de su flamante posición al ser sancionado por dopaje perdiendo en consecuencia toda su titularidad y todo su áureo prestigio.

Es interesante recalcar que Merckx, que concurrió en el Tour siete veces, logró acaparar nada menos que treinta y cuatro victorias de etapa, y, además, con la valía adicional de vestir la codiciada camiseta amarilla de líder durante noventa y seis largos días, una marca pasmosa y de alto mérito deportivo, no igualada o superada por ningún otro ciclista hasta la fecha de hoy.

Eso sí, el año pasado, apreció como Mark Cavendish se le ponía a la par en etapas ganadas.

¿Y cuánto tiempo lleva Francia sin ganar “su” Tour?

Analizando las prestaciones realizadas por naciones, es interesante observar que ha sido Francia el país que más veces ha reeditado la victoria absoluta en el Tour, “su” Tour. A los franceses les ha sonreído el triunfo en nada menos treinta y seis  ocasiones.

En cambio, con la mitad (18), le sigue Bélgica; y en un escalón más inferior  aparece España, con doce.

A continuación en un plano algo más bajo, aparece Italia que logró en el balance global tan sólo nueve triunfos en ese Tour que nos ocupa.

No ha sido elevada la cosecha acumuladas con el paso de los años por lo que ha representado y representa el país transalpino, con una identidad de por sí de alto contenido, pero que adolece por una falta de continuidad que se presagiaba, especialmente en la época gloriosa impulsada por el inolvidable dúo compuesto por Fausto Coppi y Gino Bartali, dos héroes, recalcamos, de carácter casi legendario.

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Vale la pena recordar, poner sobre el tapete, el de que los franceses, por ejemplo, lleven un largo trecho sin paladear las mieles de un ansiado y bien deseado galardón o premio.

Ha sido una senda frustrante, cosa que es sabido y que ahora señalamos una vez más. Nos hemos de remontar al éxito fructífero protagonizada por el ciclista bretón Bernard Hinault, el último bastión, cuando redondeó su último laurel en la ronda francesa, que se concretó en el año 1985; es decir, que han pasado casi cuarenta años de sequía absoluta, sin gloria y sin poder mostrar con cierto orgullo la siempre admirada bandera gala en el epílogo final vivido en París, la capital, una faceta o signo que se suele contemplar en su tierra con especial respeto y sobre todo con encendido patriotismo.

Por lo demás, Bernard Hinault, que fue un ciclista batallador y de alta capacidad física, tuvo la virtud de adjudicarse la competición también en los años 1978, 1979, 1981 y 1982, un conjunto de efemérides que los franceses conmemoran y que no olvidan. La nostalgia, hay que afirmarlo, les embarga con el pasar de las ediciones y de seguro que les llena de tristeza, de impotencia.

El Tour es algo muy propio que sus gentes llevan muy adentro. Se sienten propietarios más que nadie y sin embargo el destino les viene decepcionando sin concesiones.

Los españoles se han hecho oír

Quisiéramos hacer hincapié antes de dar por concluidas estas líneas, recordando la influencia de nuestros representantes españoles en la citada prueba por etapas. Decíamos con anterioridad que nuestro país se ha hecho notar con especial ahínco, en especial al inscribir sus nombres y apellidos por doce veces en el condensado historial del Tour.

Veamos, pues, al detalle su dilatada relación: Federico Martín Bahamontes (1959), Luís Ocaña (1973), Pedro Delgado (1988), Miguel Induráin (de 1991, 1992, 1993, 1994 y1995),  Óscar Pereiro (2006), Alberto Contador (2007 y 2009) y Carlos Sastre (2008).

¿Qué les parece ese panorama tan constante?

El presente no sonríe como antaño.

Aprovechamos este inciso para formularnos a continuación una incógnita:

¿Se nos ha interrumpido de un tiempo a esta parte la buena cosecha que fue acumulando España a lo largo de nuestro loable pasado, que involucra en cierta manera medio siglo de existencia?

Los números cantan: desde 1959, por obra de Bahamontes, hasta llegar al año 2009, con la victoria de Contador. Es una estela de resultados que nos hace pensar.

Por Gerardo  Fuster

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

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Ciclismo antiguo

Treinta años del primer Giro de Indurain…

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El primer Giro de Indurain hizo caer varios mitos

Dijo Claudio Chiapucci en un Bicisport que guardo: “Cuando atacamos a Indurain en su primer Giro me viene a la mente la imagen de los aviones luchando contra King-Kong, subido al Empire State. Y Chioccioli, Giovanetti y yo somos los aviones

Así fue ese Giro, el primer Giro, el del 92, el olímpico de Barcelona. Qué recuerdos: Indurain iba a probar, lo decía de puertas hacia fuera, por dentro era consciente que el ganador del Tour estaba obligado a todo cada vez que se enganchara un dorsal a la espalda.

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Giro del 92, salida desde Génova

Prólogo veloz que Thierry Marie, el gran especialista del momento, ventila por tres segundos sobre Miguel Indurain.

No ocurre nada especial.

En la tercera jornada, arribando al bellísimo Arezzo, esa plaza que quita el sentido, Chiapucci busca la sorpresa en un pequeño puerto de tercera, por donde el Giro ha vuelto en alguna ocasión.

Claudio hace la selección, Miguel con él, y tras ambos 28 unidades de las que sale victorioso el italobritánico Max Sciandri, quien acompaña en el podio la nueva maglia rosa.

Miguel Indurain es líder, pero lo será más al día siguiente ,cuando deja entrever que éste no es un ciclista cualquiera cuando sube a su cabra y que viene a por su primer Giro.

Entre Arezzo y Sansepolcro gana una crono de casi 40 kilómetros, corta para la época, en la que intimida: dos minutos a Hampsten, dos medio a Giovanetti y más de tres a Franco Chioccioli, “Copinno” el ciclista de torso alargado que asomaba el morro más allá del umbral del manillar, el portador del dorsal uno.

El daño estaba hecho y empezaron las pamplinadas de la prensa.

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Lo llamaban la “Santa Alizana”, una conjura secreta, cuasi masónica entre los capos italianos, para derrocar al líder extranjero. Aquello fue agua de borrajas, efectos literarios, pues en la práctica, cada uno iba a la suya.

En la subida al Terminillo, el encantador Roberto Conti busca etapa y la maglia. Ni lo uno, ni lo otro. Indurain le da caza en el último kilómetro: “Siento actuar así Roberto, pero debo controlar”.

«Ni se merecen las disculpas, Miguel” responde el sacrificado escalador romagnolo que un día ganaría en Alpe d´ Huez.

Triunfa Lucho Herrera pero un tipo sale herido en su orgullo, vuelve a ser Franco Chioccioli.

En una semana ha perdido toda opción de mantener la corona y eso le duele, le duele a tal punto que al día siguiente pone la carrera patas arriba camino Imola, a donde llega con Roberto Pagnin, el guaperas del momento, con el tiempo muy maltratado por la vida, y Marco Lietti.

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Chioccioli no ganará el Giro a la vista de la solidez de Indurain, pero sí que estaba nuevamente en la puja por el podio y de paso merodeaba las plazas nobles por si surgía algún imprevisto, pues en tres semanas, lo inesperado es lo esperado, más cuando todos aguardaban el mal tiempo en los Alpes y Dolomitas recibiendo a Miguel, alérgico decían, a la lluvia.

Y Chioccioli fue la punta de lanza en días de hielo como chuzos, en el Giau especialmente, intentando lo imposible por dejar a un navarro que salía a por él, a por Giovanetti y a por Chiapucci, sin importar el orden ni lo que quedara para meta.

Fabrice Philipot y Armand De las Cuevas gestionaban el ritmo y llevaban en carro a su jefe que no mostraba debilidad aparente, y si la tuviere, la maquillaba, como el día del diluvio universal en el Monte Bondone donde se impone Giorgio Furlan.

Las cimas caían, Monviso, Pila,… también la llegada a Verbania, donde Chioccioli se redime.

Nada, los rivales bajan los brazos y ven a Miguel encajando una y otra vez, saliendo a por ellos, a veces sentado, otras con leve contorneo, sólido e inabordable y lo que es peor, con una crono de 66 kilómetros que gana por saturación de los rivales en lo que fue el preludio más nítido de lo que haría un mes después en Luxemburgo.

Sin haber empezado aún el Tour, Claudio ya supo que no podría ganarlo.

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Ahí va, retorcido, al límite, pero camino de cambiar la historia. Es la cronoescalada de Puy de Dôme, Tour de 1983, en la que Angel Arroyo abrió una nueva era para el ciclismo español

https://joanseguidor.com/tour-de-francia-angel-arroyo/

Cómo debe de estar de sobrado el Jumbo o qué mal debe estar el corredor que se puede prescindir de un trotón de Rohan Dennis para el Tour, un tío que es capaz de zamparse dos Hors Categorie tirando del pelotón sin que nadie se mueva

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El otro día recordando con @gzlz11 el Tour 92 me di cuenta que hay cierto ciclismo que es muy complicado que un día volvamos a ver. Ciclismo de trisca diaria, de valientes, de uno en uno... no digo que el de ahora no me guste, pero el de entonces, ufff.

https://joanseguidor.com/tour-1992-ciclismo/

Cuando tanta gente se alegra de los títulos de Carlos Rodríguez y Raúl García Pierna no es casualidad.
Es fruto de un trabajo cimentado en la humildad, la calidad y motoraco a partes iguales.
Ya vuelan solos y muy alto....
#CEMallorca22

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