Ciclismo antiguo
A mí me gustaba Voeckler
Ciclistas como Thomas Voeckler levantaban a la afición
Aunque Thomas Voeckler es historia pasada del ciclismo desde hace más de cinco años, su figura emerge al primer plano en cada mundial.
El otro día, tras la competición australiana, hizo un ejercicio de autocrítica sobre la estrategia francesa que habla bien del personaje.
Habían logrado la plata con Laporte y sido una de las mejores selecciones en el tapete austral, pero no le resultó deficiente.
El palmarés del Thomas Voeckler ciclista no fue el más amplio del pelotón.
No se midió con el de Fabian Cancellara o Purito, otros dos grandes que lo dejaron más o menos cuando él, pero su bagaje manejó dosis calidad y simbolismo.
Voeckler convivió con la peor crisis de la historia del ciclismo francés, durante esos años que el mejor “enfant de la patrie” en el Tour se iba más allá del top ten, años en los que ganar una etapa era un imposible para el 99% del pelotón francés.
Voeckler, como Sylvain Chavanel, esquivó esa realidad.
Fue en 2004, en aquel Tour de meteorología de perros, por entre los chapiteles de la enorme catedral de Chartres, cuando Voeckler dio el paso al frente.
Cogió un amarillo que defendió hasta la extenuación, una extenuación alicatada en caras extrañas y poses maniqueas.
Lo defendió hasta las entrañas de los Pirineos, mientras Armstrong y Basso se daban hasta en el carnet y dejaban víctimas a su paso.
Aquella numantina resistencia le situó en el imaginario.
Pasaron los años, y sus actuaciones se contaban por la cantidad de teatro que era capaz de desplegar, podía gustar o no, pero era lo que había, ni más ni menos.
Y casi suena la flauta, en el Tour de 2011 cuando alargó su periplo en amarillo, iniciado en aquella famosa etapa que vio como un coche enviaba a Hoogerland a un alambrado, hasta los mismísimos Alpes.
Su antológico cabreo en el Galibier fue una de las postales de la edición.
Quedó cuarto, pero no satisfecho.
Al año siguiente, más teatro del bueno, por los Pirineos, ganando dos etapas, metiéndose la hinchada en el bolsillo en el Tour que marcó el plomo del Team Sky sobre la carrera.
Ese fue Voeckler, ambición en estado puro, un ciclista que no escondía amargura cuando perdía, que no acudió al podio de una París-Tours, porque la segunda plaza le reconcomía, en el sumum del paroxismo.
Su personalidad, su “carácter pestoso” en el pelotón, todo, se echará de menos, pero son los tiempos, nada es eterno, aunque el recuerdo de este singular ciclista perdurará mucho tiempo en el ánimo.






Juan Manuel Padrón Morales
28 de septiembre, 2022 at 23:00
A mi también. Lo tachaban de sobreactuado. De histriónico pero a mi me gustan los ciclistas que demuestran que están vivos. En cualquier caso, gustarme, me gusta mucho más como seleccionador .
Iban Vega
29 de septiembre, 2022 at 11:26
era un teatrero, pero molaba