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Madrid podría ser la capital mundial del cicloturismo

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Madrid es una gran ciudad que, desde hace medio siglo y como tantas otras urbes, ha sido víctima de un crecimiento desordenado, sin planificación y en la que el urbanismo se ha diseñado pensando casi exclusivamente en el uso del vehículo privado. Esta situación ha provocado que sus calles se hayan deshumanizado hasta tal extremo que ahora resulta muy compleja la búsqueda de soluciones a este problema.

La mayoría de la gente suele escupir esa frase de «Madrid no es ciudad para bicis» y cerrar en ese instante cualquier debate sobre el uso de la bici en la ciudad, pero lo dicen de forma automática y sin reflexionar, porque es un mantra que tenemos instalado en nuestras cabezas y que se repite generación tras generación, incluso en boca de algún que otro retrógrado gestor que hemos padecido en la capital.

Sin embargo, los obstáculos reales no son tan grandes como estos prejuicios tan rancios que acumulamos. Las famosas cuestas de Madrid no son precisamente el Tourmalet, los días de lluvia son por lo general escasísimos, los inviernos son cada vez más suaves y el viento no está ni se le espera. Además, para poder pedalear sólo se necesita una bici y calles por las que circular.

De esta perogrullada nos hemos damos cuenta cada vez más personas y de ahí el gran aumento en el uso urbano de la bici que hemos experimentado durante la última década. A finales del s. XX era muy raro cruzarte con otra persona en bicicleta de camino al trabajo o a la universidad; hoy, aunque sigue siendo un modo de desplazamiento minoritario si lo comparamos con el resto, es habitual que te encuentres a decenas de «ciclantes» en tu recorrido habitual.

La ciudad, desde la perspectiva institucional, no tiene definida aún una política con resultados en torno a la bici. Si resumimos la gestión municipal de los últimos gobiernos, con Álvarez del Manzano se hicieron horribles aceras bici restando espacio al peatón y un anillo ciclista de uso recreativo y sin conexiones radiales; con Gallardón se inició un ambicioso Plan Director Ciclista que prácticamente acabó en papel mojado (salvo el gran avance de permitir a la bici circular por el centro del carril) y con Ana Botella surgieron -casi de forma accidental, eso sí- la bicicleta pública (BiciMad) y los ciclocarriles pintados en calzada.

El equipo de Ahora Madrid, a priori más sensible con la movilidad sostenible, ha municipalizado la gestión de BiciMad y ha iniciado la construcción de carriles bici en diversas zonas de la ciudad. La polémica ha surgido por la imposición de un diseño deficiente de estas infraestructuras con un falso proceso de participación que ha generado mucha confrontación también entre diferentes colectivos ciclistas.

No creo que las ciudades tengan que tener una política específica en pro de la bicicleta, más allá de las campañas de sensibilización y respeto, o algunos cambios en la normativa o en las señalizaciones que permitan, por ejemplo, girar a la derecha con el semáforo en rojo o utilizar algunas calles a contramano. La bici despegará cuando los gobernantes tengan por fin arrestos para meter mano al abuso del uso del coche. El día en que aparcar en cualquier lugar de la ciudad resulte caro y dificultoso, o cuando no puedas cruzar la ciudad en línea recta de este a oeste y de norte a sur con tu coche y a toda velocidad… ese día descenderá el número de vehículos privados y la ciudadanía retomará las calles, ya sea a pie, en bicicleta o en monopatín.

Una de las asignaturas pendientes de Madrid es bajar bicis a la calzada. Muchos ciclistas -o mejor dicho, «cicleatones»-, bien por miedo al tráfico o por desconocimiento, usan la acera en sus desplazamientos, invadiendo un territorio que debería ser sagrado para el peatón. La construcción en la década pasada de tanta acera bici también legitimó esta práctica aberrante que, por otra parte, es consentida y tolerada por los policías municipales y agentes de movilidad. De todas formas, nos podemos dar con un canto en los dientes porque no llegamos a los niveles de invasión en acera que sufren otras ciudades, como Sevilla o Pamplona.

Respecto a la convivencia con los conductores, ha mejorado muchísimo desde la implantación de BiciMad en la almendra central de la ciudad. El hecho de que un conductor se cruce cada día con decenas de ciclistas en su recorrido, hace por fuerza que adapte su conducción a un tipo de vehículo que hace años brillaba por su ausencia. Simplemente, la bici se ha hecho visible. De hecho, en cuanto sales de la zona de influencia de BiciMad, la agresividad de algunos conductores se hace evidente precisamente por esa falta de costumbre de compartir la calzada con las bicicletas.

Cualquier gran avenida que tenga tráfico denso y a gran velocidad es poco recomendable para circular en bicicleta, y en Madrid tenemos decenas y decenas de auténticas autopistas urbanas en pleno centro, muchas de ellas de un solo sentido y con cuatro o cinco carriles y miles de vehículos corriendo en busca de una «pole position» inalcanzable. Es un auténtico infierno para las bicis y en esas vías los ciclocarriles y los «sharrows» no sirven de mucha ayuda.

Afortunadamente, no sólo de grandes avenidas muere el madrileño. Aunque todos tenemos tendencia a utilizarlas cuando pensamos en un itinerario -sobre todo cuando empezamos a usar la bici en la ciudad-, tenemos a nuestra disposición miles de calles tranquilas y de un solo sentido por las que circular en bicicleta es todo un placer. En este tipo de vías los coches circulan a baja velocidad, no nos pueden adelantar porque no hay espacio para ello, hay menos atascos y por lo tanto menos humos. Cualquier persona que quiera ir de A y a B debería planificar su recorrido por estas calles, aunque dé más rodeos y pierda dos minutos de su valiosísimo tiempo.

Madrid aún no está muy preparada para acoger turismo en bicicleta tal y como se entiende en otros países con tradición cicloturista. Salvo el carril bici de Colmenar y alguna otra excepción menor, no existen grandes vías ciclistas interurbanas que conecten la ciudad con otras poblaciones. Por otro lado, transportar la bici en los trenes españoles de media y larga distancia es una labor tan difícil y desesperante, que hasta el santo Job se tiraría de los pelos, por lo que el cicloturismo solo se puede desarrollar a nivel regional y gracias a la red de cercanías, que sí permite el transporte de bicicletas en sus vagones en cualquier horario.

Si alguna vez se soluciona este «apartheid» de las bicis en los trenes y se calma realmente el tráfico dentro de la ciudad, Madrid podría ser capital mundial del cicloturismo. Sol, cañas, tapas y bicis… ¿qué más se podría pedir?

No obstante la ciudad ofrece multitud de rincones de lo más agradable para conocerlos en bicicleta. Usar cualquiera de las calles tranquilas de los barrios céntricos, muchos de ellos convertidos en áreas de prioridad residencial y, por tanto, con escasísima presencia de coches apestantes, se convierte en un placer para los sentidos. Pedalear por esas calles te hace olvidar a menudo que estás en el corazón de una ciudad de cuatro millones de habitantes.

El cambio de modelo en nuestros desplazamientos es irreversible. Tardará más o tardará menos, nos costará sangre, sudor y lágrimas, probablemente, pero no hay vuelta atrás. El futuro de la bici en Madrid es esperanzador, pero todavía tenemos que romper muchos prejuicios y ser valientes -y responsables- para recuperar el espacio que el coche nos ha usurpado en los últimos años.

Por Juan García Alberdi

Imagen tomada de

INFO

Santafixie Group es un grupo de tiendas online de bicicletas urbanas que promueve un estilo de vida saludable y reivindica el respeto por el medio ambiente.
Por eso, ha creado IN BIKES WE TRUST, un movimiento social con el que pretende fomentar el uso de la bicicleta más allá de utilizarla como mero transporte alternativo. Y ha empezado por los políticos, a los que va a proponerles cambiar sus coches oficiales por bicicletas: enviará bicicletas totalmente equipadas y gratuitas al Ayuntamiento de Madrid, si este se compromete a reducir la actividad de sus coches oficiales, utilizando las bicicletas como vehículo oficial para las distancias cortas.
Con esta medida se espera que Madrid se una a esta causa para conseguir así que la ciudad sea, cada día, más sostenible.

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Ciclismo antiguo

La Milán-San Remo 2004 fue El mejor milagro de Óscar Freire

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Freire Milan San Remo 2004 JoanSeguidor
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La imagen de Freire superando a Zabel en la meta de Milán-San Remo 2004 ha pervivido todos los tiempos

Aquella tarde de sábado, mes de marzo, año 2004, la Milán-San Remo entró en el imaginario eterno de Oscar Freire.

Aquella llegada era dura, una carrera lanzada 300 kilómetros, comprendiendo que cualquier rueda, en la Via Roma, podía ser la buena.

Oscar Freire en el caos hacía de la necesidad virtud, un camino que le dejó su primera Milán-San Remo, la de 2004, ganaría otras dos, en bandeja.

Le entretenemos un rato y nos cuenta…

Oscar ¿Cómo llevas estos días?

«La verdad es que estaba algo advertido, tengo amigos italianos que hace días me contaban todo lo que estamos viendo aquí estos días. Tengo la suerte de vivir en una casa y las horas pasan más rápidas»

Este sábado deberíamos estar mirando San Remo y lo que por sus alrededores pasara. ¿Qué sitio ocupa la Milán-San Remo en el corazón de Freire?

«Es una carrera única, la más especial, la que más quería. Visto ahora, y entonces, es una carrera que puedes perder en cualquier momento y ganar sólo al final»

Algo que a ti se te daba bien

«Siempre he sido hábil en estas circunstancias, en sortear los problemas durante la carrera, buscar la rueda buena. Siempre hubo gente con más físico que yo, pero no con la técnica suficiente para sacarle el mejor partido»

¿Eso se llama intuición?

«Posiblemente sí, sabía moverme bien, ahorrar fuerzas y la suma de todo eso acababa marcando las diferencias. Quien me haya visto competir de cerca, seguro que te lo puede decir. La experiencia también suma, ves los peligros venir. La primera vez que sufrí un abanico fue en una carrera juvenil, en Arévalo, me quedé en el penúltimo grupo. La siguiente vez que me pasó, ya de pro en una Vuelta a Castilla y León, lo vi venir y acabé en el grupo delantero ganando el sprint»

Grande…

«Es más, puedo decir que nunca me he caído disputando un sprint, en eso hay suerte, pero también intuición. Recuerdo una Vuelta, llevaba dos triunfos de etapa, que no me metí en un sprint por que pensaba que iba a ser peligroso y en efecto, hubo una gran caída al final»

Volviendo sobre San Remo…

«Es una carrera top, para mí la más importante tras el Mundial». 

Tú la conociste en Mapei

«Como italianos la tenían en alta estima, pero no la ganaron nunca. Curiosamente lo logramos ciclistas que llevamos su nombre en el pecho –a Freire sumarle Pozatto, Bettini y Cancellara

Menuda edición aquella del 2000

«Había mucho gallo en aquel equipo, yo era el campeón del mundo pero estaban Museeuw, Bartoli y otros con muchos galones. Era un equipo fuerte y a veces pasa que cada uno defiende sus intereses»

Han pasado ya veinte años

«Nos hacemos mayores, ves fotos de entonces, las comparas con ahora y…»

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«Era mi segunda San Remo con Rabobank. Ya no era el de cuatro años antes, conocía la carera, dónde estar, cómo moverse. Cada año es diferente, pero la experiencia ayuda. Sabía que era mi carrera»Freire en aquella Milán-San Remo de 2004

Rabobank era una historia diferente a Mapei

«Rabobank corría para mí. Tenía a Flecha, a Horrillo… con los años incluso pude tener la ayuda de uno que acabaría ganando, Alexander Kristoff quien seguro tomó nota de cómo afrontaba la carrera. La diferencia entre ganar y perder esta carrera era muy pequeña, a veces llevaba una sensaciones horribles y acababa ganando, pero también pasaba al revés»

Vamos a por la edición de 2004 ¿Cómo fue la aproximación?

«Recuerdo que hubo una pelea con Zabel por cogerle la rueda a Petacchi que llevaba a su Fassa tirando. Yo iba tras él, y Zabel se aproximó, intentó echarme dos veces y al final decidí que esa guerra no me convenía. Le dejé pasar»

Y luego

«Trentin lanzó el sprint, Petacchi saltó muy pronto y Zabel con él. Se precipitó, casi no había tiempo para remontarle, pero lo logré por levantar las manos. Le devolví la moneda»

¿Qué moneda?

«Unas semanas antes en la Vuelta a Andalucía cuando me ganó una etapa en Almería que yo celebré antes de tiempo»

Aquella imagen quedó icónica…

«Sí, quedó para la historia. No fue la única vez que logré un triunfo así, una vez en Tirreno le gané una etapa a Cipollini por celebrarlo antes de tiempo»

¿Lo habéis comentado muchas veces Zabel y tú?

«Sí desde luego. Zabel fue un gran ciclista, pero también una gran persona y tuve una gran relación con él»

¿Estuviste con él en Katusha tu último año?

«Así es. Fue director técnico en Katusha la temporada que corrí con ellos. Recuerdo que en la primera reunión nos dijo que iba a ser nuestro instructor para los sprints y Purito le preguntó si podía enseñarme algo a mí»

Siempre tan cachondo… para acabar un deseo para este presente tan incierto

«Que el año que viene estemos disfrutando de nuevo de la Milán-San Remo»

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Ciclismo antiguo

Tirreno-Adriático: Herminio Díaz Zabala fue almirante entre dos mares

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Herminio Díaz Zabala Tirreno JoanSeguidor
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Cuando Herminio Díaz Zabala ganó toda una Tirreno-Adriático

Si en los años recientes nos hemos acostumbrado a ver a ciclistas españoles hollar nuevas dimensiones, hubo un tiempo que ciertos cotos parecían vedados a los nuestros.
Una de las mejores carreras del calendario, la Tirreno- Adriático, que arranca ya de costa a costa, por el ancho de la bota transalpina, no tuvo acento hispano hasta que aquel ciclista de generosa entrega llamado Herminio Díaz Zabala logró el éxito en el año 1991.
Hace treinta años, ya.
Y es que en el libro de oro de la ONCE, Herminio ocupa plaza afortunada.
Compañero de Perico en su Tour triunfal, le dio al cuadro dirigido por Manolo Sainz su primera gran victoria, esa que dicen nunca se olvida, con una etapa en la Vuelta a España de 1989 con final en Benicassim.
Sin embargo si hubo una victoria que este cántabro pudo saborear con excelente tino fue esa Tirreno que acabó embolsando en un palmarés asimétrico en cantidad respecto a la calidad humana y derroche que generó a favor de otros.
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En esa edición de la Tirreno Herminio debió correr con el pálpito desde el inicio pues entre Pompeya y Octaviano ya estuvo ojo avizor insertándose en fuga buena con muy buenos elementos rodeándole, tales como Taffi, Ghirotto, Wegmuller o Raúl Alcalá. Tercero en esa jornada el equipo decidió trabajar la inesperada baza del ciclista cántabro.
De esta manera la carrera estuvo atada hasta la crono final de San Benedetto del Tronto, ese lugar ya fijo en la carrera, donde Herminio sólo era superado por Erik Breukink, entonces en condición de eterna promesa en el PDM, obteniendo un rédito de cuatro segundos pero definitivo sobre Ghirotto, en el gran éxito de este ciclista entonces bien dotado de cabello, pero luego reconocido por su estampa inclinada sobre el manillar y despoblada testa.
Un ciclista como pocos quedan, como pocos se ven. Un hombre cuyo mejor triunfo siempre era el ajeno.
Foto tomada de www.ciclo21.com

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Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

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Ciclismo Vintage JoanSeguidor
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La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche fue noticia por su anulación hasta el mes de agosto, pero la historia de esta carrera, la misma que no había visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

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Los frenos de disco son un invento cojonudo, pero mejorables, sobre todo en carretera, por eso su imposición sobre las zapatas es un error garrafal...

https://joanseguidor.com/frenos-de-disco-bicicleta/

@ramacabici @joseamartinmdv @ClubRACC Hola, no es cierto. DGT apuesta por la Formación y no tiene ninguna intención de implantar un carnet para ciclistas. Un saludo.

Carlos Betancur se toma un respiro, pero lo cierto es que hace mucho tiempo que no sabemos de él como ciclista.
Como quizá pase como Dumoulin, le veo de salida en todo esto...
Aún no me explico qué pensó Movistar que podía sacar de él...

https://joanseguidor.com/a-carlos-betancur-se-lo-trago-la-tierra/

Excelente artículo de @ikguallas sobre el grafismo de los grandes organizadores de pruebas ciclistas. Estoy de acuerdo con lo que dice, y eso que creo que voté, por deformación italófila, por RCS. https://twitter.com/JoanSeguidor/status/1383028147302567948

Carlos Betancur se toma un respiro, pero lo cierto es que hace mucho tiempo que no sabemos de él como ciclista.
Como quizá pase como Dumoulin, le veo de salida en todo esto..
Aún no me explico qué pensó Movistar que podía sacar de él

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