Mundo Bicicleta
Los tres “highlights” de la Girona Gravel Ride
Tres motivos, tres paisajes que enamoran de la Girona Gravel Ride
En los 75 kilómetros de esta Girona Gravel Ride se abre el abanico a todos los públicos por su dureza contenida pero también por la variedad de paisajes que evocan la parte más agreste, pero épica de la bicicleta.
Polvo, suciedad pero también solitud y sensaciones de intimidad en un territorio que respira ciclismo en cada recodo y al salto de cualquier canto de la ruta.
Pero de tantas imágenes, de tantos lugares que ofrece la Girona Gravel Ride, nuestro guía por estas tierras, Jordi Cantal, nos sugiere tres enclaves que seguro cerrarán el círculo de las emociones que el ciclista busca en una marcha así.
El curso del río Ter
Y empezamos por un primer tramo, de salida de la urbe, dirección noroeste, que sitúa al ciclista paralelo al río Ter.
Arboleda alta, frondosa en un tramo que recoge el primer fresco de la mañana, un frescor enhebrado en el agua que baja tranquila y silenciosa.
Son nada, unos quince kilómetros de tramo que pasa por ambos márgenes del curso del río y nos lleva hasta Bordils.
Es un paisaje que evoca el placer de rodar, por pista buena y desnivel inapreciable.
El Montnegre
Luego tenemos la subida al Montnegre por pista ancha.
Son cinco kilómetros en su primera parte por pista buena y ancha.
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Pendientes suaves, entre el 4 y 5%, salvo un recodo concreto.
Luego viene el asalto final a Sant Mateu de Montnegre, son cuatro kilómetros de asfalto que conducen un por un paisaje que se abre ante nuestros ojos, paulatinamente, según se gana altura.
Alcornocales llenan nuestra vista según se anuncia la coronilla del plato fuerte de esta Girona Gravel Ride.
Del Montnegre hacia Els Àngels
Y el camino se vuelve caprichoso, surcamos una cresta en la que el paisaje se esconde y se desvela a la velocidad de nuestras pedaladas.
Un paisaje que habla de la riqueza del lugar.
A un lado el Montseny y su figura alargada en el horizonte.
Al otro, Torroella de Montgrí, sus montañas, laderas que mueren en el azul del Mediterráneo.
Es un paisaje cambiante, a flashes que ameniza una travesía que poco a poco encara la Vall de Sant Daniel y la vuelta hacia Girona.
Un tramo genuinamente de gravel, solitario y natural.
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Del Montnegre hacia Els Àngels