Ciclismo
Lo que el Team Sky quería ahora se llama Netcompany
10 años atrás el Tour era el patio Froome y Sky, ¿Lo logrará Netcompany?
Hagamos memoria.
Hace una década, en 2016, el pelotón asistía a la tiranía del rodillo negro, blanco y azul.
Chris Froome firmaba su Tour más autoritario frente a Bardet y Quintana, sustentado por un bloque que recitábamos de memoria.
Aquello no era solo un equipo, era un sistema que colapsaba la carrera a base de vatios, ganancias marginales y una fila de gregarios de lujo como Porte, en sus inicios, Rogers, Nieve o Castroviejo que trituraban cualquier intento de rebeldía.
Ganaron siete Tours con cuatro ciclistas diferentes.
No había rastro de Pogacar, Vingegaard ni Evenepoel; el ciclismo era un deporte predecible, controlado desde el coche por Dave Brailsford.
Egan Bernal recogió el último gran testigo de aquella estirpe, pero su trágico accidente marcó el verdadero fin de ciclo.
Hoy el panorama es radicalmente distinto y la irrupción de mecenas tecnológicos no asegura el billete de vuelta a la cima.
Netcompany pone los millones, igualando el músculo financiero de antaño, pero se topa con un muro insalvable: la escasez de talento diferencial.
Estamos inmersos en una carrera armamentística salvaje donde marcas como Red Bull, Lidl o Visma pujan con todo, pero el problema real es que hay más bolsillos dispuestos a pagar que ciclistas capaces de reventar el Tour de Francia.
Fiar el futuro a la progresión de Kevin Vauquelin u Oscar Onley, o esperar que Carlos Rodríguez termine de dar ese paso definitivo que se le resiste, evidencia la distancia que separa a esta estructura de la primera línea.
Romper el statu quo que ha impuesto el UAE Team Emirates en la actualidad exige algo más que cambiar el nombre en el maillot o recordar las viejas glorias en televisión.
Aquel Sky destrozó los esquemas porque impuso un método revolucionario. Ahora, simplemente intentan replicar lo que otros hacen mejor.
Tienen los recursos y la historia, pero les falta la materia prima más cotizada, los hombres de tres semanas.
Reverdecer los laureles está muy bien sobre el papel, pero la carretera no entiende de herencias.
Imagen: A.S.O./Alex Broadway






