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Ciclismo antiguo

Lemond & Hampsten, confesiones americanas en París

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Lemond y Hamspten fueron los pioneros del ciclismo del otro lado del charco

Estos días que todos miran el poderoso ocho del Jumbo para el Tour de Francia, con su dúo en punta formada por Roglic y Vingegaard, nos ha venido a la mente uno formado por  dos americanos pioneros que nos saben a leyenda: Andrew Hampsten y Greg Lemond.

No es que compitieran mucho juntos, en el mismo equipo, pero sí lo suficiente como para ser punta de lanza en uno de los Tours más icónicos de la historia el de 1986.

Recuperamos esta fotografía del rincón de Photos Nostalgie en la que Greg Lemond, un ciclista que por muchos motivos hizo “Historia” con mayúsculas, sale conversando con su compatriota Andy Hampsten.

Era el final del Tour de 1986, una carrera que, como decimos, muchos años después sigue levantando pasiones y llenando novelas.

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La imagen es del 27 de julio de 1986.

Lemond se había convertido en el primer ciclista venido de ultramar que ganó el Tour con Hampsten en el equipo 

Aquella fue una edición marcada por las letras que luce en el pecho “La Vie Claire”, un equipo surgido de los chanchullos de Bernard Tapie, que copó la carrera haciendo primero, segundo y cuarto con Lemond, Hinault y Hamspten.

Sólo un suizo peculiar, raro, que le daba miedo volar, Urs Zimmerman, se coló entre el colorido maillot del equipo de Tapie.

Empezaba entonces,  y ellos sin saberlo, un largo paréntesis de sequía para el ciclismo francés.

Desde 1985, casi 40 años ya, París no corona a uno de los suyos.

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Ciclismo antiguo

Ediciones top del Tour: 1995 con Indurain

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Aquel verano de 1995 el Tour tocó el cielo con Indurain

A veces no es solo la carrera, son las sensaciones, el momento y el recuerdo y yo del Tour de 1995 guardo grandes instantes.

Fue el año de la selectividad, verano limpio por delante, noches en vela y dormir rápido y al mediodía el Tour de Francia.

Para quienes crecimos con Indurain, Perico, la cultura del Reynolds, primero, Banesto, posteriormente, aquella edición fue mágica.

Indurain abordaba el Tour 1995 con la idea de equipararse al trío más grande de siempre, Anquetil, Merckx e Hinault en un recorrido que poco importaba en su caso, pues al final se demostró que todos le iban bien.

La carrera tuvo tres pasajes clave y para la eternidad.

El primero, Lieja…

Cómo recordar aquella etapa,

El ataque de Miguel, en las cotas de la Lieja, llevándose a rueda a Johan Bruyneel y volando él solo hasta meta.

Mantuvo el minuto de ventaja durante una persecución que se componía del susodicho por delante y varios equipos, en la retaguardia.

Muchos años después leí sobre el cabreo de muchos cuando vieron que Johan Bruyneel dio cuenta de la victoria en un ejercicio que no me atrevo a juzgar, pues al final las victorias pertenecen a quien se lo merece y las circunstancias apuntan, y ese día el belga estuvo donde debía.

El golpe de Lieja se combinó con la crono del día siguiente en Charleroi, más ajustada que otras, pero que complementada con la batida de Lieja le dio buena renta al nuevo maillot amarillo.

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La maravilla de La Plagne

Ese día se fundieron los plomos. 

Con Zulle escapado desde no sé dónde, Indurain se puso al frente al pie de puerto e inicio una gota malaya sobre sus rivales que cedían uno a uno, como gajos que salen de una mandarina.

Gotti, Pantani, Cubino, Rominger, Escartín, Lanfranchi… la carretera era un semillero de ciclistas impotentes ante la mejor exhibición que he visto nunca en un puerto de montaña.

Una exhibición que cerró el Tour o quizá no…

El desperfecto de Mende

Quedaban etapas de La Plagne a París para inquietar a Miguel Indurain y poner en entredicho su liderato.

La de Mende se volvió en su contra casi de inicio gracias al concierto que nos ofreció el equipo ONCE, desmelenado con Jalabert en punta de lanza y Mauri más Stephens tirando y tirando de él.

Aquel día Banesto sudó tinta para encontrar aliados que se sumaran a la caza de Jalabert, en uno de los mejores días que he visto de ciclismo.

Y es que ese Tour fue esa pieza que luce con luz propia en el corazón, una carrera que vivimos en toda intensidad en aquellos años en los que se empezaban a dar etapas en toda su integridad, permitiéndonos ver en directo el fatal desenlace para Fabio Casartelli en el Porte d´ Aspet.

Ya vamos camino de los 30 años de todo aquello.

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Ciclismo antiguo

¿Doblete Dauphiné y Tour?

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Vingegaard el año 2023 ganó Dauphiné y Tour cerrando por el momento una lista muy exclusiva

Aunque sea una ciencia no exacta, la teoría dice que el Dauphiné suele ser una buena pista de cara al Tour de Francia, de hecho se comenta que el Dauphiné es un “mini Tour”.

Los años de historia compartida entre las dos carreras, que son más de 60, dictan que son más bien pocos los que han firmado un doblete, por otro lado muy prestigioso. Tanto, que el elenco con las dos carreras en la misma temporada responde a un selecto grupo de campeones, un palmarés de ensueño: Lance Armstrong –si se nos permite incluir-, Miguel Indurain, Bernard Hinault, Bernard Thévénet, Luis Ocaña, Eddy Merckx, Jacques Anquetil y Loison Bobet.

En el final de la lista se incluye a los tres últimos ganadores británicos del Tour: Geraint Thomas, Chris Froome y Brad Wiggins.

Y sumadle a Jonas Vingegaard el año pasado.

Antes por eso fueron esos ocho ciclistas de perfil alto, con dos o más Tours en su bagaje, a excepción de Ocaña, con excelentes prestaciones en la montaña, pero hábiles croners, cuando no inmejorables.

Ocho ciclistas y diez coincidencias. Lance Armstrong hizo de la Dauphiné su auténtico banco de pruebas, y no precisamente con gaseosa. A un mes escaso del Tour el tejano comprendió que lo que pasara en la vuelta por etapas posiblemente más cotizada tras las tres grandes resultaría esclarecedor de su suerte en el Tour. Así lo hizo en dos ocasiones, de forma consecutiva además, en 2002 y 2003.

En algunas ocasiones forzando hasta lo recomendado, como en 2003 cuando Iban Mayo le propuso un duelo que el americano no rehuyó, al punto que en el Tour se le vio exento de esa chispa tan suya. Entre Suiza y Dauphiné, el americano siempre prefirió la vía francesa, quizá por gozar de un privilegio único: compartir parajes y puertos con el Tour. Sin ir más lejos en la presente edición ambas pruebas compartirán el Ventoux, puerto erigido en clave de la “Grande Boucle”.

Otro que ha repetido triunfo en dos ocasiones fue Bernard Hinault. Lo hizo un par de veces, en los años 1979 y 1981. El francés acumuló en el primer año cuatro etapas y la general de la Dauphiné para luego sumarle el triunfo absoluto y siete parciales en el Tour. Dos años después, Hinault repitió jugada casi idéntica.

En 1995 Miguel Indurain conseguía apropiarse de tan singular logro. El año de su quinto Tour, el navarro sacrificó el Giro de Italia, donde un año antes había sido derrotado por Berzin y Pantani, por atar un camino más cómodo hacia el Tour, en el que también se llevó por delante la otrora prestigiosa Midi Libre. Saltando de década, debemos remontarnos hacia Bernard Thévenet, ganador en 1975 de ambas pruebas.

Antes lo habían logrado Luis Ocaña en 1973, Eddy Merckx en 1971, Jacques Anquetil en 1963 y Loison Bobet en 1955.

Dos ediciones resultan especialmente significativas de que lo que ocurra en la Dauphiné no debe extrapolarse al Tour. A

mbas tienen además a dos protagonistas españoles. En 1996 Miguel Indurain firmaba en la prueba alpina una victoria extraordinaria, de las mejores que se le recuerdan. Ganó con autoridad la crono individual y se mostró insultante en montaña, ganando incluso una etapa, algo poco usual en él. Un estado de forma rotundo, acompañado de su aureola de quíntuple ganador del Tour, le alzaba con exclusivo favorito para la grande gala.

Aquella edición partió de los Países Bajos, una semana de lluvia y frío inéditos en Francia y en julio pasaron factura al mejor ciclista español de la historia que ya en los Alpes cedía para declinar toda opción en los Pirineos. Un caso más reciente fue el que aconteció con Iban Mayo.

En 2004 el ciclista nato en Igorre marcó una carrera antológica, con una cronoescalada al Mont Ventoux que entra entre los mayores revolcones que se le recuerdan a Lance Armstrong en plenitud. Luego en la primera semana del Tour se dejaba toda suerte en un adoquinado polvoriento del norte de Francia.

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Entre las curiosidades que encontramos hurgando entre estos más de 60 años de historia común entre dos carreras íntimamente vinculadas por su proximidad de fechas y escenarios comunes, destacan dos corredores, ambos con un sino muy similar: frecuentar podios para recoger premios secundarios, rara vez como ganadores.

Hace poco más de una década que tomamos nota de la segunda plaza firmada por Cadel Evans tanto en la Dauphiné como en Tour. Años antes, tenemos a Raymond Poulidor, el corredor con más podios en ambas carreras coincidiendo el año.

El llamado “eterno segundón” logró ganar la Dauphiné en dos ocasiones, en 1966 y 1969. En esos años acabó tercero el Tour.

En 1962 fue tercero en ambas carreras y 1965 y en 1974 segundo en las dos. Un par de ciclistas cuyas similitudes salvados los tiempos y sus diferencias parecen más que evidentes.

Dos ciclistas que en definitiva acentúan esa sintonía existente entre dos grandes pruebas.

Imagen: A.S.O./Billy Ceusters

 

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5 grandes vueltas que se aproximan el Giro de Pogacar

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Entre las grandes vueltas «a lo Pogacar» encontramos nombres muy top

No es la primera vez que hacemos un post «remember» con Tadej Pogacar este año, hablando y comparándole con campeones y gestas en grandes vueltas y clásicas de pasado.

Una cosa es evidente, lograr encontrar antecedentes que se acerquen remotamente a lo que está haciendo el esloveno no es sencillo, más bien todo lo contrario.

Tadej Pogacar está elevando la apuesta tanto en todo lo que hace, grandes vueltas, carreras de una semana, clásicas…, que muy difícil encontrar antecedentes en el ciclismo que yo conozco no que le igualen y sí que se le aproximen.

En materia de grandes vueltas, desde que tengo uso de razón, he pensado en cinco que creo que rivalizan con la gesta de Pogacar estas tres semanas de Giro.

Giro de Italia 1990 de Gianni Bugno

Sin duda la gran performance del campeón italiano.

La describimos hace unos pocos días y fue apabullante, corriendo una carrera completamente ajeno al resto y completando todo el Giro de rosa.

Vuelta 1994 de Tony Rominger

Aquello fue un paseo de amarillo en la última Vuelta a España disputada en abril,

Rominger fue líder desde el primer día sin ceder la primera plaza en ningún momento, con la única seguridad de que en cada etapa clave, seguro que iría ampliando la ventaja.

Desde el inicio en contrarreloj de Valladolid a Madrid, ganó seis etapas de todo pelaje, desde las tres cronos a las llegadas de La Demanda, Cerler y Sierra Nevada.

Para mí es el dominio más similar al de Pogacar que recuerdo, dejando a Mikel Zarrabeitia y Pedro Delgado, ambos en Banesto, a un mundo.

Tour 1995 de Miguel Indurain

Más que la estadística, lo que viste este éxito de Indurain fueron las sensaciones de poder y control del ganador en su quinta victoria en el Tour de Francia.

Indurain fulminó la carrera en tres días consecutivos: la escapada de Lieja, la crono en Charleroi y la salvajada de La Plagne, la exhibición más grande que he visto en montaña.

No lo tuvo fácil, en especial con los ataques lejanos de la ONCE, pero lo que es flaquear yo no se lo recuerdo en esa carrera.

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Tour 2014 de Vincenzo Nibali

Es posible que tenga muy sobrevalorado aquel Tour, del que se apearon los dos grandes favoritos rápido, Chris Froome y Alberto Contador, pero una cosa tuvo de cierto aquel mes de julio, y es que Vincenzo Nibali volaba esos días.

Ni Peraud ni Pinot le inquietaron, sin embargo la voracidad del tiburón fue tal que no dejó ni las migas para el resto, acumulando muchos días en amarillo, ganando cuatro etapas y llevando las ventajas por encima de los siete minutos.

Tour 2016 de Chris Froome

Para mí el mejor Tour de los cuatro que ganó el inglés.

Ganó en todos los terrenos, con dominio extra y una excelente cobertura de su equipo.

Recordados son aquel descenso del Peyresourde, el corte con Sagan y Geraint Thomas en Montpellier y su carrera a pie Ventoux arriba porque se le había roto la bicicleta.

Ganó dos etapas, la segunda en una crono vestido de amarillo, transmitiendo la sensación de correr muy al margen de lo que sus rivales, Romain Bardet y Nairo Quintana, fueran capaces de dar.

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Miguel Indurain hizo doble fortuna en el Giro

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Para Indurain el Giro fue una plaza casi perfecta

El Giro de Italia, tres corridos por Miguel Indurain: dos los saldó con victoria y el otro con una tercera plaza.

Eso en tiempos de dobletes, Giro + Tour, logros que en los últimos treinta años hemos visto sólo tres veces, a las dos que lo consiguió Indurain, añadidle el de Pantani.

En este tiempo varios corredores han atacado el doblete, en especial en años recientes, hace tres Chris Froome, ganador de Giro, pero tercero en Francia.

Nairo y Contador también anunciaron su «grand slam», pero no tuvieron suficiente.

Ahí queda el tamaño de la gesta que Miguel Indurain con ese doblete Giro-Tour en dos años consecutivos.

Sólo con esa estadística tan apabullante, uno toma conciencia de la naturalidad con la que ganaba el mejor ciclista español de la historia.

Una naturalidad, sea dicho, no exenta de sufrimiento y obstáculos.

Indurain tuvo su estreno en el Giro en 1992, llegaba como ganador del Tour y un saco de incógnitas sobre sus opciones.

Preparar su segundo asalto a la Grande Boucle era su único objetivo en Italia pero, ganó: “Llegué con la incertidumbre propia de quien llega a una carrera que no conoce. Todos me comentaban que era una carrera muy a la italiana, donde los italianos atacaban mucho. Mi idea era preparar el Tour, aunque si la carrera se ponía tiro no se podía desaprovechar. Una vez salvamos la primera parte nos dimos cuenta de que podríamos luchar por la victoria”.

Se presentó y ganó.

Se vistió de rosa en Arezzo y reforzó su liderato un día después en la crono de Sansepolcro.

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Reconoce que “no fue una victoria fácil por que en definitiva no dejas de ser un rival para todos los italianos”, pese a ello reconoce haberse sentido “muy bien acogido por el público. En alguna ocasión se oía hablar de alianzas entre corredores italianos –sobretodo en su segundo Giro- pero al final cada uno fue a lo suyo”.

Recuerda haberse sentido muy impresionado por los Dolomitas: “Son realmente impactantes por la cantidad de roca que se ve en las montañas y el gran ambiente que rodea la carrera. Son puertos que no tienen nada que envidiar a los del Tour”.

Un puerto, por encima del resto, es el más duro a su entender: el Mortirolo

Pero no es el único: “El Stelvio no tiene tanto desnivel pero su longitud lo hace muy duro. La característica de las etapas de montaña del Giro es que los puertos se suceden casi sin descanso”.

Mortirolo y Stelvio son dos cimas que entraron en aquella fantástica jornada de ciclismo que fue la 15ª etapa del Giro de 1994 entre Merano y Aprica

Un día extraordinario que hizo vivir a Miguel todos los estados del ciclismo, de la euforia del Mortirolo al calvario del Valico di Santa Cristina.

Sobre aquel día ha sido peguntado mucho: “Fui muy bien, pero se me olvidó hidratarme y lo pagué caro”.

Indurain pasó de acariciar el rosa que vestía Berzin a despedirse de él en espacio de media hora, fruto de una tremenda pájara.

Sobre lo que rodea a la carrera está totalmente de acuerdo con que nos contó Marino Lejarreta: “Para Italia el Giro es una fiesta. En mi época veíamos pueblos enteros que dejaban de trabajar por ver la carrera. No obstante la gente no sólo vive el Giro, sino todo el calendario en general. Sea en el norte o sur, siempre hay mucho seguimiento”.

 

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DESTACADO: DAUPHINÉ

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