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Ciclismo antiguo

Las seis «espada» de Miguel Indurain

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DT – 2022 post

Estas son las historias de las «Espada», la icónica bicicleta de Miguel Indurain

Ésta es la historia de la «Espada», la maravilla que un día idearon para Miguel Indurain volara en el récord de la hora y quedó para siempre…

En el podio de Burdeos de la antepenúltima etapa del Tour de 1993, un joven británico llamado Chris Boardman, es invitado a subir a saludar al maillot amarillo, Miguel Induráin, ya con síntomas de un proceso gripal, que está a las puertas de conquistar su tercera corona consecutiva en la ronda francesa.

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El joven británico acaba de batir el récord mundial de la hora en el Stadium de Bordeaux Lac, el velódromo situado entre el río Garona y un gran lago al norte de la capital de los viñedos, dejando la marca en los 52,270 kilómetros.

 

Esa misma tarde, en el TGV que conduce a la caravana del Tour a las puertas de París para afrontar la última contrarreloj, aquella en la que un Induráin ya enfermo, claudicó por primera vez desde 1991 en una crono del Tour ante un pletórico Tony Rominger, José Miguel Echávarri, sentado al lado de su corredor, le explica, a través de un ejemplar de l’Équipe que cuenta la hazaña de Boardman, los intríngulis del Récord de la Hora: la postura, la bicicleta, la cuerda del velódromo, la aerodinámica, el seguir la línea negra, la mitología de una prueba presente en el palmarés de los más grandes…

Induráin observa y escucha con atención a su director de siempre.

Piensa, levanta la cabeza y la gira con una mirada perdida por la ventana hacia las Landas francesas, quizás soñando en alcanzar algún día ese hito para satisfacer una ilusión que su director tuvo desde que le conoció, cuando era un corredor más percherón y no se vislumbraban límites a su potencial físico.

Si Moser ha batido el récord, Miguel lo batirá algún día”, predijo Echávarri en 1985.

Un año después, tras dar la vuelta de honor a los Campos Elíseos por cuarta vez consecutiva, el tetracampeón se ve con fuerzas para intentarlo: “Oye, que si hay que hacer el récord, yo lo hago con la forma del Tour ¿eh? Yo no me preparo otra vez”, le dice a Echávarri que el primero de agosto de hace 26 años sale escopeteado en coche hacia Treviso con su mecánico Enrique Sanz, para que Giovanni Pinarello y su primogénito Fausto, terminen de diseñar y fabricar la bicicleta con la que Induráin tendría que intentar batir el récord, después de haber realizado alguna prueba aerodinámica en el túnel del viento a comienzos de esa temporada.

Empieza así un mes frenético de pruebas, ajustes, comprobaciones, selección de materiales, gestión logística, viajes de Pamplona a Treviso, de Treviso a Alessandria –al laboratorio en que se ensamblan los chasis de los coches Bugatti y donde nace la montura final–, de Treviso a Orcoyen, de Orcoyen a Tafalla –donde Induráin prueba el prototipo final en el velódromo navarro dando su visto bueno–, para que la nueva bicicleta, a la que llaman “Espada”, esté a punto con el tiempo justo de realizar algunos tests de adaptación sobre la madera de Camerún del velódromo de Burdeos.

La bicicleta, que si bien no fue muy revolucionaria –en los JJOO de Barcelona dos años antes el propio Boardman utilizó un diseño muy parecido–, es el emblema del acontecimiento deportivo del año 94 en España.

Induráin está a la altura y bate el récord de la hora el 2 de septiembre en Burdeos, un cuarto de siglo largo ya de tal gesta, alcanzando los 53,040 kilómetros en una hora, con apenas dos semanas de adaptación a la pista.

 

Un año después, en Bogotá, y tras los inolvidables campeonatos del mundo de Colombia, lo vuelve a intentar sin éxito en altitud, encima de una nueva versión de la “Espada” que se renombra como “Espada IV”.

Tanto en 1995 como en 1996, Pinarello adapta el cuadro a la carretera para que Induráin, seguramente muy a su pesar, pues siempre ha rendido mucho mejor con bicicletas más convencionales, la utilice en las contrarrelojes como un incomparable escaparate comercial.

Justo en estos días de hace 25 años nació la “Espada” convirtiéndose en un símbolo de la historia de Induráin.

Pero, ¿cuántas “Espadas” hizo Pinarello?

¿Dónde descansan esos cuadros diseñados por ingenieros de Lamborghini y hechos cada uno con dos capas de carbono unidas con nido de abeja y cola?

Pinarello construyó seis “Espadas”.

La primera es con la que Induráin batió el récord en Burdeos en 1994 justo hace 25 años.

Esta bicicleta se encuentra en la sede de Pinarello en Treviso, y se suele utilizar en eventos o exposiciones de ciclismo o de la propia marca a nivel internacional.

Antes, durante años, estuvo presidiendo la histórica tienda y primer taller de Pinarello en el casco antiguo de Treviso, donde el legendario y entrañable Giovanni Pinarello, ya aquejado por el alzheimer, hacía su visita diaria a la tienda mientras contemplaba su “Espada” como tratando de desafiar a esta cruel enfermedad.

La bicicleta conserva el sillín que se utilizó y el manillar con tres tubos de aluminio que Enrique Sanz construyó cuando Induráin descartó el inicial de carbono, espectacular, en forma de ala delta de Italmanubri.

El precioso plato Campagnolo fue reemplazado con los años por uno convencional, las ruedas sustituidas por las de repuesto ya que las que se utilizaron en Burdeos se repintaron y montaron en la nueva “Espada” del intento de Colombia un año después, y los pedales Time blancos se cambiaron por los famosos Time equipe pro magnesium de color rojo de 1997.

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La segunda “Espada” que se fabricó fue la de repuesto tanto del récord de 1994 como del intento de 1995.

Para el asalto colombiano se repintó el cuadro con el nuevo diseño y se vistió con todos los componentes actualizados, tal cual se conservan en la actualidad.

Esta “Espada”, que nunca fue utilizada por Induráin, se ubica en la sede de Pinarello España en Noaín, exhibiéndose en diferentes eventos en España, como en la marcha cicloturista del pentacampeón navarro que se celebra cada julio.

La tercera “Espada” es la que, en 1995, Pinarello adaptó para su uso en carretera.

La geometría es casi idéntica de la del récord del 94 con alguna diferencia significativa como el acabado afilado de la parte superior trasera del cuadro.

Con esta bicicleta Induráin disputó varias cronos en 1995, testeando diferentes manillares y posturas: en la Midi Libre, en el Dauphiné Liberé, donde se impuso en la crono de Tain-Hermitage, o en la contrarreloj de Seraing del quinto Tour donde ganó por escasos 12 segundos.

Siempre se le vio incómodo sobre ella pareciendo limitar su potencial físico.

Esa bicicleta, tal cual la empleó en la crono de Seraing, con la rueda Campagnolo Shamal delantera blanca, el mismo manillar que acabó siendo una tortura en aquella crono, la misma rueda lenticular Campagnolo Ghibli con el logo de Banesto, el sillín Pro Team 95 de Selle Italia negro y gris y el resto de componentes (excepto los pedales Time equipe pro magnesium que fueron reemplazados por unos rojos del mismo modelo), descansa en la factoría de Pinarello en Treviso.

La cuarta “Espada” fue la suplente para las cronos de las temporadas de 1995 y 1996, y se expone en el museo olímpico de Barcelona, con los componentes empleados en 1996, incluido el nuevo manillar Italmanubri.

La quinta “Espada” también llamada “Espada IV” es la utilizada por Induráin en la cuerda de cemento del velódromo Luis Carlos Galán de Bogotá en el intento en altitud que fracasó a la media hora por tantos motivos.

Supone una evolución de la primera en cuanto al manillar, horquilla y tirante trasero más aerodinámico.

Salvo los pedales (los grises del intento se reemplazaron por los blancos Time equipe pro magnesium), es la misma empleada por Induráin durante aquella fría madrugada de octubre, y está en las oficinas centrales de Pinarello en Treviso.

Las ruedas de esta bicicleta son las mismas que Induráin utilizó en Burdeos pero con otros colores.

Y la sexta “Espada”, con la que Induráin ganó varias cronos en 1996: Vuelta Aragón, Bicicleta Vasca, Dauphiné Libéré, así como con la que disputó el prólogo y la penúltima etapa del Tour de 1996, es una bicicleta que hasta 2017 el navarro tenía en Pamplona, cerca de su domicilio, en una bajera, su santuario personal e intransferible, en donde conserva, además de maillots y otros recuerdos almacenados discretamente en cajas, todas las bicicletas (de ruta y de contrarreloj) de sus Tours y Giros victoriosos debidamente colgadas y marcadas por él mismo con un rotulador en la parte baja de cada cuadro, para saber en qué carrera las utilizó.

 

Actualmente la sexta “Espada” se puede contemplar en el Rafa Nadal Museum Xperience, en Manacor, tal cual la utilizó (excepto la rueda Campagnolo Shamal delantera, reemplazada por un modelo Shamal de 1993) en la última contrarreloj que disputó en el Tour entre Burdeos y Saint-Émilion, de nuevo rodeado de viñedos, y en donde fue segundo, con un manillar mucho más ergonómico con el que podía aprovechar mejor toda su potencia.

Por Carlos Tigero, autor del libro «La Estela de Miguel»

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Vicente Díez

    15 de noviembre, 2020 En 7:03

    Cuando consiguió el Récord de la Hora (1994), algo me decía interiormente que no le duraría mucho tiempo. Y así fue, pues Miguel no era un pistard experto, sino una potencia pedaleante. Unos 50 días después, su máximo rival, Toni Rominger le superó en el Récord, tras innumerables veces en que el Navarro superó al suizo en las cronos de la carretera.

    • Iban Vega

      15 de noviembre, 2020 En 10:42

      fue un récord que le hizo salir en los libros, que creo era el objetivo, pero el registro estaba claro que muchos lo esperaban más alto

  2. Javi

    15 de noviembre, 2020 En 14:25

    Hace un tiempo vi que se subastaba una bici espada, la cual se podía comprar directamente por un importe de 100.000€ en ebay. ¿Se trata de un modelo original?

  3. David

    30 de junio, 2021 En 20:44

    https://www.facebook.com/groups/221541257860606/posts/1557048500976535

    para completar la historia que no se cuenta
    P.D. la foto del prototipo que salió en el Marca, la hice yo personalmente y me la han cogido de mi post de facebook

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Ciclismo antiguo

Tour 1983: Cuando Perico fue el loco de los Pirineos

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DT – 2022 post

En ese descenso Perico revolucionó la imaginería del Tour 1983

Aquella bajada del Peyresourde en el Tour de 1983 fue un icono, al punto que llegó a inspirar hasta cuadros perfilando a Perico dándolo todo cuesta abajo, al punto que le llamaron el «Loco de los Pirineos».

En castizo francés: «Le Fou des Pyrénées».

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No hace mucho vi una fotografía de Perico con Philippa York, su nombre actual, aunque hace casi cuarenta años, era el de Robert Millar.

Cuántas historias firmaron estos dos, cuántas veces se cruzaron aunque si hubo una sonada fue ésta, en el Tour de 1983, cuando Robert Millar le rebañó una etapa de antología a Perico.

Una jornada que fue de Pau a Luchon por el círculo de la muerte de los Pirineos aunando Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde, para acabar, como tantas veces en Luchon.

Una de esas jornadas de antes, que quisiéramos revivir ahora.

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Sea como fuere aquello fue brutal, bestial, casi 200 kilómetros corridos a cuchillo merced al primer acelerón de los colombianos, ya en el Aubisque, dando las primeras pinceladas del infierno que se avecinaba.

Luego en el Tourmalet, Patrocinio Jiménez aguantaba en cabeza con un Robert Millar que olía la pieza.

El escocés no dio más de un relevo en condiciones, sabedor que lo importante estaba por llegar.

Montaba ese día un cuadro que fue el primero con piezas de carbono en ganar una etapa del Tour un cuadro que, no hace mucho, vimos en un hotel de Flandes que recomiendo a quien quiera sumergirse en el ciclismo de todos los tiempos, el Flandrien Hotel.

Millar se escapó solo en el Peyresourde y emprendió el descenso hacia Luchon.

Lo hizo con 35 segundos sobre Perico que venía de dejar atrás al que acabaría siendo ganador de aquella carrera, el rubio Fignon, entonces un buen ciclista, joven y prometedor que, de repente se vio con dos Tours y toda la vida por delante.

Una vez fijadas las posiciones en la cima del Peyresourde, vino esto…

 

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Con un riesgo que excedía toda norma, Perico se acoplaba, sin casco, a pelo hacia la parte delantera de su manillar, con la barbilla por delante, la mirada en la siguiente curva y todo el valor del mundo.

Le faltaron al bueno de Perico, 23 años en su bautismo internacional, seis segundos para dar caza a Robert Millar, haciendo de esa etapa del Tour de 1983 la primera página de un libro que recoge una de las grandes rivalidades de tiempos recientes.

Ser el loco de los Pirineos no le valió a Perico ese día, pero su estampa hizo fortuna, demostrando que no todo es ganar, también hay que marcar y emocionar, cosas que a Pedro se le dio muy bien siemore.

Ya sabéis, a los pocos días sería segundo en el Puy de Dôme.

El ciclismo español entraba en la modernidad.

Imagen: FB Movistar Team 

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Ciclismo antiguo

Angel María de Pablos: «Fignon me dio una entrevista en español sin problema»

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DT – 2022 post

Al habla Angel María de Pablos con Pello Ruiz Cabestany sobre las sutilezas de la narración ciclista

En los días más duros del confinamiento por el Covid, hace más de dos años, las reposiciones de ciclismo fueron uno de los momentos más esperados de la jornada, un instante que aguardábamos cada tarde y que nos llevaba, entre otros sitios, a los años ochenta con la voz de Angel María de Pablos.

Para muchos fue un descubrimiento, una voz radiofónica en Televisión Española, perfectamente modulada y cargada de poesía que nos narró el primer ciclismo que recordamos.

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Angel María de Pablos y Pello Ruiz Cabestany, ciclista por aquellos años, nos ayudan a reconstruir la vida del narrador de las Vueltas de Pino, Perico, Belda Hinault y Marino.

Cabe recordar que Angel María de Pablos empezó como redactor de ciclismo del Norte de Castilla, en el Trofeo Virgen del Carmen, en su provincia de Valladolid.

Ha pasado mucho tiempo, tanto que sólo cabe recordar que aquel día compitió un tal José Pérez Francés, del que hablaban maravillas, pero que no era profesional aún.

Era entonces un chaval que casi no había cumplido la mayoría de edad y ahí empezó, contando el ciclismo en vivo y directo desde el coche.

Con Angel y Pello, transitamos, por las sutilezas de la narración ciclista, una habilidad de la que el periodista vallisoletano hizo un arte que despertó el interés del mismísimo Miguel Delibes.

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Este podcast cuenta con el patrocinio de Tuvalum.com

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Ciclismo antiguo

Tres de los ciclistas muertos en la Primera Guerra Mundial ganaron el Tour

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Recordamos alguno de los ciclistas que perecieron en la Primera Guerra Mundial

El día 28 de junio de 1914 se marca como la primera jornada de la Primera Guerra Mundial, una máquina de destrozar generaciones y sueños de la que los ciclistas no fueron ajenos.

Mucho menos divulgada que la segunda, aquella conflagración fue una barbarie tan grande y tan mal resuelta que dio origen al segundo capítulo, veinte años después en unos de los ciclos más horrendos y espeluznantes de la historia de la humanidad.

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El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa a manos de un estudiante nacionalista serbio abrió la veda.

Luego los imperios centrales entrarían en conflicto con las naciones aliadas dándose diversos escenarios al mismo tiempo donde perecieron millones de personas en batallas interminables e irresolutas.

Años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el Tour había nacido con salud, fervor y los primeros grandes ciclistas de la historia   

Los nuevos tiempos cabalgaban en bicicleta, ese elemento ya menos exótico que pasó de pulular por las ciudades a estructurar competiciones y apuestas integrales donde grandes diarios se lo jugaban todo a eventos deportivos.

Así nació el Tour y así crecieron sus primeros héroes, dándose la circunstancia de que tres de los ciclistas pioneros de la carrera acabarían sus días en el fragor de la Primera Guerra Mundial.

Hablamos de la terna formada por Lucien Petit-Breton, François Faber y Octave Lapize.

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Entre los tres escribieron el palmarés del Tour desde 1907 a 1910 y los tres encierran historias de excepción.

El nombre real de Lucien Petit-Breton fue el de Lucien Georges Mazard, si bien pasó a la historia, incluso al palmarés del Tour con el apodo de pequeño bretón.

Hablamos de un excelente pistard de la época, que vivió tiempo en Buenos Aires y que pudo batir el récord de la hora en el mítico velódromo parisino de Buffalo, el mismo lugar donde Henry Desgrange lo fijó por primera vez a finales del anterior siglo.

Petit-Breton superó los 41 kilómetros en sesenta minutos antes de ganar el Tour por doble ocasión, siendo el primero en lograrlo en la historia.

Durante la I GM, en 1917, sería herido en las contiendas de Vouziers, el lugar donde falleció un piloto llamado Rolland Garros.

Al poco tiempo, fruto de las heridas fallecería en el hospital de Troyes.

François Faber fue luxemburgués, el primero en ganar el Tour esta carrera antes del legendario Nicolas Frantz.

Faber ganó la edición de 1909. En su condición de no francés estuvo adscrito  a la Legión Extranjera de Francia tomando parte en la Batalla de Artois, en el norte del hexágono, no muy lejos de Roubaix.

Allí, en 1915, fue informado de que iba a ser padre, pereciendo en el momento de la celebración de la nueva en la trinchera.

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Una bala alemana le dio muerte.

Un fatal descuido que le impidió conocer a su niña.

Autor de la famosa frase de “sois unos asesinos” fruto de la primera travesía pirenaica del Tour entre lobos acechantes en las cunetas, Octave Lapize había ganado la edición de 1910.

Sargento del ejército francés, pereció en Pont-à-Mouson en 1917 durante un combate aéreo.

En su epitafio se puede leer: “Muerto por Francia”.

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Ciclismo antiguo

Tour 1985: La prioridad siempre fue Hinault

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Así fue el Tour 1985 de Hinault, el último ganado por un francés

Cuando Bernard Tapie ideó La Vie Claire y envió una oferta a Greg Lemond, nunca escondió otro objetivo que el Tour de 1985 iba a ser para Bernard Hinault.

Tras dos años de dominio del insolente parisino, Laurent Fignon, infringiendo dolorosas derrotas al que había sido su mentor, en especial en el Tour del año anterior, era el momento para que Hinualt acudiera raudo a su cita con la historia, pues el de 1985, iba a significar su quinto Tour.

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Hinault quería silla en la mesa de Merckx y Anquetil en una gesta que es el mito del ciclismo, los cinco Tours

Hablamos de una dificultad tal que, desde entonces, sólo Miguel Indurain se ha sumado a la fiesta, y vamos camino de los cuarenta años de esta efeméride.

En todo caso nunca se escondió que 1985 era el quinto turno de Hinault en la carrera francesa.

Así se le hizo saber a Greg Lemond, quien habría de dar un paso al lado en el liderato y dejar al ídolo bretón llevarse los honores con una condición, que al año siguiente Bernard le devolviera el favor a Greg.

Todos sabemos lo que sucedió en el Tour de 1986, icónico, antológico y maravilloso, pero poco se recuerda del anterior.

Y es que hay en la vida una cosa que se llama juventud que cuando entra en brillo, todo lo demás languidece.

Eso se debió pensar viendo a Hinault yendo a menos según avanzaba la carrera hacia París.

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Cada vez más justito, Hinault demostraba problemas para estar con los mejores, al tiempo que Lemond iba preguntando ¿qué hay de lo mío?

En la famosa etapa de la niebla de Luz Ardiden que gana Perico, Hinault va con lo justo.

Lemond se ve en cabeza con Chozas y Roche con su líder a un minuto.

El americano ve el panorama y pide permiso para ser más activo en el corte, la respuesta es tajante, desde el coche Paul Koechi, el director de la historia que más sapos ha debido tragar, le dice que ni se le ocurra .

Al día siguiente, en la mini etapa del Aubisque que gana Roche, la historia se repite, la respuesta es la misma.

«Greg, te jodes, pero no»

Bernard Hinault iba atufado, al punto que de aquellos días surgió aquella curiosa «amistad» con Lucho Herrera y la complicidad de ambos en carrera.

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Lemond obedece porque no le quedan más opciones, tiene la promesa de Hinault: «Tras el Tour de 1985, te ayudo a ganar el siguiente«.

Una promesa de campeón es complicada de tragar y Lemond nunca tuvo claras esas intenciones, de hecho a los hechos nos remitimos.

«El año que viene volverá Fignon -por desgracia tardaría más en regresar- y si él está Hinault no querrá quedarse fuera» dijo Lemond, medio convencido de la promesa de su compañero.

En todo caso, que Hinault ganara ese Tour tiene hoy su relativa importancia, pues estaríamos un año más cerca de la última victoria francesa en el Tour.

Imagen: Reddit

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Con cuántas etapas piensas salir de Dinamarca, le preguntaron a Van Aert en la presentación... Le queda una bala para romper el pleno de segundos puestos
#TDF2022 #tourparacuriosos

Koldinghus

1808, durante las Guerras Napoleónicas, Dinamarca se alió con Francia y España contra Suecia e Inglaterra.
Al castillo llegaron 33 mil soldados franceses y españoles.
Tenisn tanto frío que hicieron hogueras hasta con los muebles.
Y... quemaron el Castillo 🫢

#TDF2022 https://twitter.com/JoanSeguidor/status/1543491731793973248

🎙️🎙️🎙️"Cuando los españoles llegaron a esta tierra, tuvieron que quemarlo todo por el insoportable frío del lugar"

@TuristaVuelta
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