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Ciclismo antiguo

Las seis «espada» de Miguel Indurain

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

Estas son las historias de las «Espada», la icónica bicicleta de Miguel Indurain

Ésta es la historia de la «Espada», la maravilla que un día idearon para Miguel Indurain volara en el récord de la hora y quedó para siempre…

En el podio de Burdeos de la antepenúltima etapa del Tour de 1993, un joven británico llamado Chris Boardman, es invitado a subir a saludar al maillot amarillo, Miguel Induráin, ya con síntomas de un proceso gripal, que está a las puertas de conquistar su tercera corona consecutiva en la ronda francesa.

El joven británico acaba de batir el récord mundial de la hora en el Stadium de Bordeaux Lac, el velódromo situado entre el río Garona y un gran lago al norte de la capital de los viñedos, dejando la marca en los 52,270 kilómetros.

 

Esa misma tarde, en el TGV que conduce a la caravana del Tour a las puertas de París para afrontar la última contrarreloj, aquella en la que un Induráin ya enfermo, claudicó por primera vez desde 1991 en una crono del Tour ante un pletórico Tony Rominger, José Miguel Echávarri, sentado al lado de su corredor, le explica, a través de un ejemplar de l’Équipe que cuenta la hazaña de Boardman, los intríngulis del Récord de la Hora: la postura, la bicicleta, la cuerda del velódromo, la aerodinámica, el seguir la línea negra, la mitología de una prueba presente en el palmarés de los más grandes…

Castelli GIRO

Induráin observa y escucha con atención a su director de siempre.

Piensa, levanta la cabeza y la gira con una mirada perdida por la ventana hacia las Landas francesas, quizás soñando en alcanzar algún día ese hito para satisfacer una ilusión que su director tuvo desde que le conoció, cuando era un corredor más percherón y no se vislumbraban límites a su potencial físico.

Si Moser ha batido el récord, Miguel lo batirá algún día”, predijo Echávarri en 1985.

Un año después, tras dar la vuelta de honor a los Campos Elíseos por cuarta vez consecutiva, el tetracampeón se ve con fuerzas para intentarlo: “Oye, que si hay que hacer el récord, yo lo hago con la forma del Tour ¿eh? Yo no me preparo otra vez”, le dice a Echávarri que el primero de agosto de hace 26 años sale escopeteado en coche hacia Treviso con su mecánico Enrique Sanz, para que Giovanni Pinarello y su primogénito Fausto, terminen de diseñar y fabricar la bicicleta con la que Induráin tendría que intentar batir el récord, después de haber realizado alguna prueba aerodinámica en el túnel del viento a comienzos de esa temporada.

Empieza así un mes frenético de pruebas, ajustes, comprobaciones, selección de materiales, gestión logística, viajes de Pamplona a Treviso, de Treviso a Alessandria –al laboratorio en que se ensamblan los chasis de los coches Bugatti y donde nace la montura final–, de Treviso a Orcoyen, de Orcoyen a Tafalla –donde Induráin prueba el prototipo final en el velódromo navarro dando su visto bueno–, para que la nueva bicicleta, a la que llaman “Espada”, esté a punto con el tiempo justo de realizar algunos tests de adaptación sobre la madera de Camerún del velódromo de Burdeos.

La bicicleta, que si bien no fue muy revolucionaria –en los JJOO de Barcelona dos años antes el propio Boardman utilizó un diseño muy parecido–, es el emblema del acontecimiento deportivo del año 94 en España.

Induráin está a la altura y bate el récord de la hora el 2 de septiembre en Burdeos, un cuarto de siglo largo ya de tal gesta, alcanzando los 53,040 kilómetros en una hora, con apenas dos semanas de adaptación a la pista.

 

Un año después, en Bogotá, y tras los inolvidables campeonatos del mundo de Colombia, lo vuelve a intentar sin éxito en altitud, encima de una nueva versión de la “Espada” que se renombra como “Espada IV”.

Tanto en 1995 como en 1996, Pinarello adapta el cuadro a la carretera para que Induráin, seguramente muy a su pesar, pues siempre ha rendido mucho mejor con bicicletas más convencionales, la utilice en las contrarrelojes como un incomparable escaparate comercial.

Justo en estos días de hace 25 años nació la “Espada” convirtiéndose en un símbolo de la historia de Induráin.

Pero, ¿cuántas “Espadas” hizo Pinarello?

¿Dónde descansan esos cuadros diseñados por ingenieros de Lamborghini y hechos cada uno con dos capas de carbono unidas con nido de abeja y cola?

Pinarello construyó seis “Espadas”.

La primera es con la que Induráin batió el récord en Burdeos en 1994 justo hace 25 años.

Esta bicicleta se encuentra en la sede de Pinarello en Treviso, y se suele utilizar en eventos o exposiciones de ciclismo o de la propia marca a nivel internacional.

Antes, durante años, estuvo presidiendo la histórica tienda y primer taller de Pinarello en el casco antiguo de Treviso, donde el legendario y entrañable Giovanni Pinarello, ya aquejado por el alzheimer, hacía su visita diaria a la tienda mientras contemplaba su “Espada” como tratando de desafiar a esta cruel enfermedad.

La bicicleta conserva el sillín que se utilizó y el manillar con tres tubos de aluminio que Enrique Sanz construyó cuando Induráin descartó el inicial de carbono, espectacular, en forma de ala delta de Italmanubri.

El precioso plato Campagnolo fue reemplazado con los años por uno convencional, las ruedas sustituidas por las de repuesto ya que las que se utilizaron en Burdeos se repintaron y montaron en la nueva “Espada” del intento de Colombia un año después, y los pedales Time blancos se cambiaron por los famosos Time equipe pro magnesium de color rojo de 1997.

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La segunda “Espada” que se fabricó fue la de repuesto tanto del récord de 1994 como del intento de 1995.

Para el asalto colombiano se repintó el cuadro con el nuevo diseño y se vistió con todos los componentes actualizados, tal cual se conservan en la actualidad.

Esta “Espada”, que nunca fue utilizada por Induráin, se ubica en la sede de Pinarello España en Noaín, exhibiéndose en diferentes eventos en España, como en la marcha cicloturista del pentacampeón navarro que se celebra cada julio.

La tercera “Espada” es la que, en 1995, Pinarello adaptó para su uso en carretera.

La geometría es casi idéntica de la del récord del 94 con alguna diferencia significativa como el acabado afilado de la parte superior trasera del cuadro.

Con esta bicicleta Induráin disputó varias cronos en 1995, testeando diferentes manillares y posturas: en la Midi Libre, en el Dauphiné Liberé, donde se impuso en la crono de Tain-Hermitage, o en la contrarreloj de Seraing del quinto Tour donde ganó por escasos 12 segundos.

Siempre se le vio incómodo sobre ella pareciendo limitar su potencial físico.

Esa bicicleta, tal cual la empleó en la crono de Seraing, con la rueda Campagnolo Shamal delantera blanca, el mismo manillar que acabó siendo una tortura en aquella crono, la misma rueda lenticular Campagnolo Ghibli con el logo de Banesto, el sillín Pro Team 95 de Selle Italia negro y gris y el resto de componentes (excepto los pedales Time equipe pro magnesium que fueron reemplazados por unos rojos del mismo modelo), descansa en la factoría de Pinarello en Treviso.

La cuarta “Espada” fue la suplente para las cronos de las temporadas de 1995 y 1996, y se expone en el museo olímpico de Barcelona, con los componentes empleados en 1996, incluido el nuevo manillar Italmanubri.

La quinta “Espada” también llamada “Espada IV” es la utilizada por Induráin en la cuerda de cemento del velódromo Luis Carlos Galán de Bogotá en el intento en altitud que fracasó a la media hora por tantos motivos.

Supone una evolución de la primera en cuanto al manillar, horquilla y tirante trasero más aerodinámico.

Salvo los pedales (los grises del intento se reemplazaron por los blancos Time equipe pro magnesium), es la misma empleada por Induráin durante aquella fría madrugada de octubre, y está en las oficinas centrales de Pinarello en Treviso.

Las ruedas de esta bicicleta son las mismas que Induráin utilizó en Burdeos pero con otros colores.

Y la sexta “Espada”, con la que Induráin ganó varias cronos en 1996: Vuelta Aragón, Bicicleta Vasca, Dauphiné Libéré, así como con la que disputó el prólogo y la penúltima etapa del Tour de 1996, es una bicicleta que hasta 2017 el navarro tenía en Pamplona, cerca de su domicilio, en una bajera, su santuario personal e intransferible, en donde conserva, además de maillots y otros recuerdos almacenados discretamente en cajas, todas las bicicletas (de ruta y de contrarreloj) de sus Tours y Giros victoriosos debidamente colgadas y marcadas por él mismo con un rotulador en la parte baja de cada cuadro, para saber en qué carrera las utilizó.

 

Actualmente la sexta “Espada” se puede contemplar en el Rafa Nadal Museum Xperience, en Manacor, tal cual la utilizó (excepto la rueda Campagnolo Shamal delantera, reemplazada por un modelo Shamal de 1993) en la última contrarreloj que disputó en el Tour entre Burdeos y Saint-Émilion, de nuevo rodeado de viñedos, y en donde fue segundo, con un manillar mucho más ergonómico con el que podía aprovechar mejor toda su potencia.

Por Carlos Tigero, autor del libro «La Estela de Miguel»

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Vicente Díez

    15 de noviembre, 2020 En 7:03

    Cuando consiguió el Récord de la Hora (1994), algo me decía interiormente que no le duraría mucho tiempo. Y así fue, pues Miguel no era un pistard experto, sino una potencia pedaleante. Unos 50 días después, su máximo rival, Toni Rominger le superó en el Récord, tras innumerables veces en que el Navarro superó al suizo en las cronos de la carretera.

    • Iban Vega

      15 de noviembre, 2020 En 10:42

      fue un récord que le hizo salir en los libros, que creo era el objetivo, pero el registro estaba claro que muchos lo esperaban más alto

  2. Javi

    15 de noviembre, 2020 En 14:25

    Hace un tiempo vi que se subastaba una bici espada, la cual se podía comprar directamente por un importe de 100.000€ en ebay. ¿Se trata de un modelo original?

  3. David

    30 de junio, 2021 En 20:44

    https://www.facebook.com/groups/221541257860606/posts/1557048500976535

    para completar la historia que no se cuenta
    P.D. la foto del prototipo que salió en el Marca, la hice yo personalmente y me la han cogido de mi post de facebook

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Ciclismo antiguo

Un Ocaña vs Merckx, cincuenta años después

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Grande Vueltas JoanSeguidor
Shimano 2021 Junio

La etapa maratón del Tour 2021 nos recordó un monumental duelo Ocaña-Merckx

Cuando la escapada que surgió al rebufo de Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert a más de 200 kilómetros puso patas arriba la memorable etapa maratón del Tour, nos acordamos de unos pasajes que protagonizaron nada más y nada menos que Luis Ocaña y Eddy Merckx.

Fue hace cincuenta años, Tour de 1971, en un pasaje que fue de Ocieres a Col de Mente, con una etapa memorable, la de Marsella, intrascendente sobre el papel, que propuso una memorable persecución durante todo el día entre grupos, el del belga delante, el del español, atrás.

Recuperamos un pasaje del libro «Secundario de lujo«, en el que Jaime Mir nos contó cómo fue aquel trance…

Sobre Luis, Mir hace cálculos de lo que pudo ser su palmarés. Pudo ganar dos Vueltas, la de Agustín Tamames en 1975, más la que había ganado cinco años antes, y dos Tours, el que ganó y el que se le escapó aquellos días en que enloqueció por no perder nunca de vista a Eddy Merckx, aunque gozara de renta suficiente en la general. Sí, fue en 1971, días en los que se vivió tan peligrosamente que todo acabó en desastre. El Tour era de Ocaña, líder, sólido, siete minutos… todo a su favor. De Muer lo tenía atado como a un caballo adormecido, porque Luis no cabía en sí, henchido por el tremendo palo que había propinado a su rival del alma en la jornada de Orcières-Merlette.

Aquella fue una jornada largamente soñada. En las entrañas del Bic, recuerda Mir, De Muer y Gem especulaban sobre el estado real de Merckx, líder e intocable hasta el momento. Estaba ahí, delante, comandando, pero como acartonado, lento de reflejos. Varios síntomas delataban que no iba al 100%.

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Un año antes Goddet entraba un día en la redacción de L’Équipe para afirmar en un editorial que lo de Merckx “era una catástrofe, pues acababa de ganar el Tour tras vencer siete etapas más un prólogo y lanzar a Joop Zoetemelk más allá de los 12 minutos”. El dominio de Merckx molestaba y asustaba, a los organizadores, a los periodistas e incluso a los aficionados. Pero el año 71 las cosas no iban como de costumbre. Los cinco pinchazos que le apartaron de la París-Roubaix fueron premonitorios. No tomó la salida en el Giro, por primera vez en cinco años, y en su lugar corrió el Dauphiné, que logró ganar con grandes apuros ante Ocaña.

Con los años se supo que el belga corría esos días con cambios en los pedales para intentar paliar el hecho de que una pierna fuera un poco más corta que la otra. Esos cambios se percibieron desde el primer día del Tour. Sufría en las subidas por cortas que fueran, echaba de menos el barniz de lucidez que el Giro daba a sus piernas. Era el Merckx de siempre, porque iba de amarillo, pero con pies de barro, como si las musas le hubieran abandonado.

Con esas impresiones, a Ocaña le fueron midiendo en el seno del grupo. El conquense no cabía en sí. Mir le calmaba por las noches en el hotel: “Tu día llegará”. La pareja de directores sabía que el belga estaba más cerca que nunca, pero había que ser muy precavido porque las cartas había que mostrarlas cuando correspondiera. Ocaña corría por sus opciones, para rentabilizar la brutal inversión de Bic y por las ilusiones de los muchos que, como Goddet, estaban hartos del dominio total de Merckx.

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Y llegaron dos etapas: primero en el Puy de Dôme, como Bahamontes una década antes, y finalmente en Orcières, donde aquello reventó. Luis remató un día en que el Bic tiró a morir de salida, corroborando que Merckx no iba bien. Los corrillos de Luis con sus directores en la noche francesa tuvieron su porqué. Mir se explicó al fin tanto secretismo, tanto mimo en los planes.

Portada de Marca el día que Ocaña se puso líder en el Tour

A continuación, el desastre, que también se escribió en dos entregas. En la primera jornada tras la exhibición alpina, Luis se descolgó un momento del pelotón. Era la salida, no pasaba nada aparentemente relevante. Los micros le solicitaron una entrevista en directo por la radio. Como la prensa no podía entrar en el pelotón, lo hicieron por detrás del mismo. Alguien del equipo de Merckx vio que el líder andaba ocioso. Surgió el caos. Merckx y todos sus muchachos entraron al relevo y rompieron la carrera. La jornada acababa en Marsella, y por el camino llegaron a tener cinco minutos de ventaja. Al final, tras mucho pelear, el Bic y sus oportunísimos aliados, los maletines corrieron, redujeron a poco menos de dos minutos la ventaja del belga.

La consecuencia, al margen del brutal castigo, fue el tremendo adelanto de la carrera en meta. No había literalmente nadie en la tribuna marsellesa; bueno, sí, Mir, que vio aquel tropel entrar en meta como si no hubiera un mañana, con la grada vacía. La guerra sin cuartel de Merckx había descuadrado el horario en tres cuartos de hora. “No había nadie, nen. Ni el alcalde vio el final de etapa, las gradas desiertas”, refrenda Mir.

Luis Ocaña en el suelo del Col de Mente

A los dos días, en la etapa Revel-Luchon, el universo ciclista se paró:

Desgraciadamente ahora ya es todo agua pasada y Ocaña no ganará el Tour 1971 como estaba más que previsto y merecía con todos los honores. La emisora del Tour a través de la voz entrecortada por la emoción de Félix Lévitan nos lo dijo con la brevedad de un disparo, pero nos dejó a todos paralizados por la emoción. No se podía decir más con menos palabras. Hoy estamos a poco más de 300 kilómetros de Barcelona y el corazón nos invita a regresar, porque si nuestro barco se hunde, resulta casi lógico que nos hundamos con él.

Eso, un disparo. Joan Plans no escribía aquella crónica del 14 de julio de 1971 para El Mundo Deportivo, no, Plans, el amigo del primer Tour de Jaime, sollozaba sobre las hojas del diario amargamente, recordando el momento en que Lévitan decía: “Chute d’Ocaña!” (¡caída de Ocaña!) por la radio de carrera.

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Aquella es una historia ampliamente glosada. En las horas previas, en el fortín del hotel, Mir percibió a los dos directores alrededor de Ocaña. Trataban de calmarlo, por querer tenerlo todo excesivamente controlado, especialmente De Muer, que pedía prudencia, porque Gem, más arrojado, entendía aquello como un tema de hombres y de honor. Un angelito a la derecha y un diablillo a la izquierda. Luis se dejó llevar por el segundo. Merckx, que lo conocía bien, lo tentó. “Sabía del carácter de Luis, vaya si sabía”, repite Mir. En el col de Menté, bajo el diluvio más universal, atacó tres veces. No eran ataques a la resistencia del líder, ni siquiera buscaban probar su fortaleza, fuera de toda duda. Eran aguijonazos a sus nervios, auténticos arpones al orgullo del líder.

Luis entró al trapo: “Merckx iba delante de mí. Vaciló, derrapó y yo también. Cuando caí sentí un impacto muy fuerte. Me sentía mal, muy mal. Pero tuve fuerzas para tratar de reincorporarme. De pronto sentí un tremendo golpe y un dolor muy fuerte en el pecho. Y ya no me acuerdo de más. Eso sí, algunas caras en torno mío, gritos y gente que corría”.

Merckx cayó y Ocaña, también. El primero estaba a siete minutos y necesitaba arriesgar, el otro tenía el Tour ganado con aguantar la compostura, pero también arriesgó. Merckx se levantó y prosiguió. Ocaña también, pero cuando se disponía a montar en su máquina llegó Zoetemelk y lo arrolló; al poco le golpeó Agostinho, y finalmente Guimard. Cuatro golpes. Luis ya no se levantaría.

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Desde el segundo coche del Bic, Mir estiraba el cuello en medio de cortinas de agua y nervios, gente corriendo y griterío inhumano. Distinguió a Luis, allí, en los brazos del doctor. También a De Muer con las manos en la cabeza, a Christian Darras, jefe de publicidad de Bic, golpeando el coche. Aquello era dantesco. La imagen era estremecedora: Luis era un Cristo yacente de Semana Santa, moreno, fibrado, finísimo y lacerado de dolor. Adiós al Tour que tenía ganado. Adiós desde el helicóptero que se lo llevó del lugar. De Muer y Darras estaban espantados por los quejidos del maillot amarillo. Luis no paraba de jadear. Pensaron en lo peor.

“Creyeron, literalmente, que se había partido la médula y llamaron rápidamente al helicóptero”, concluye Mir, con la imagen in mente de Roger Rivière, otro mito, inmóvil en una curva del Macizo Central once años antes. “Pero aquello no fue más que un escandaloso golpe en los riñones”, sostiene, que por suerte no pasó a mayores.

Anquetil, que no pertenecía al equipo, pero estaba siempre por allí, lo tachó de “accidente estúpido y desagradable” por haber corrido Ocaña “unos riesgos innecesarios”. Aquella noche la cena fue un funeral. A Mir, de natural dicharachero, le habían arrancado el alma. Nadie levantó la vista del plato. “Nunca hablamos de ese día en el Tour. No es que fuera un tema tabú para él, pero su carácter era cerrado. Había que sacarle las palabras”, recuerda Mir.

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Tour: El amor de Lale Cubino por Luz Ardiden

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Por

Lale Cubino Luz Ardiden Joanseguidor
Shimano 2021 Junio

Recordando el Tour de 1988, Cubino habla de la gloria que encontró en Luz Ardiden

El encadenado Tourmalet-Luz Ardiden es historia del ciclismo, una fórmula ganadora sobretodo en las ediciones del Tour a finales de los ochenta e inicios de los noventa, que también tuvo predicamento en la Vuelta a España de 1992 con un protagonista estelar, un bejarano llamado Lale Cubino

En la historia de cada uno, hay sitios que se quedan para siempre en la leyenda de cada uno, a Lale Cubino le vale el nombre de Luz Ardiden, tanto en Tour, como en Vuelta y Porvenir.

Recordamos esta conversación que tuvimos con él en la sobremesa del lunes de pascua del año pasado, es decir, en pleno confinamiento: Lale Cubino nos guarda un hueco para hablar de su triunfo en Luz Ardiden hace 33 años.

Lale, ¿qué tal llevas estos días?

«Lo llevo bien, me gusta la casa, y estoy a a gusto. preferiría poder salir, pero no lo llevo tan mal

Castelli GIRO

Aprovechas para hacer esas cosillas que…

«Sí claro, he aderezado el jardín que lo tenía abandonado, chapuzillas, he cocinado alguna cosa como lasagna, arroz y bastante pan”

¿Eres cocinillas?

“Me queda lo justo para decir que se puede comer”

Estos días estamos cargados de ciclismo ochentero ¿te gusta verlo?

La verdad es que lo estoy viendo casi todo, como las clásicas de Eurosport, Roubaix del año pasado. También Flandes

Lale Cubino, tres veces ganador en Luz Ardiden, viendo Roubaix

Ni más ni menos

Pero es carrera estaba en tus antípodas

Roubaix era totalmente diferente a mis características, como corredor no quería ni verla, pero me gusta seguir ese tipo de carreras, me gustan mucho, es un ciclismo, para mis cualidades muy complicado, pero que tiene un gran mérito con gran dificultad. Estéticamente, el paisaje, el pelotón, las carreteras de adoquines me atraen mucho

Por eso lo digo

Yo era todo lo contrario a aquello, etapas de montaña y de calor

¿Cómo se vivían las clásicas en tu equipo?

No eran importantes. Yo hice un año la Lieja y Flecha, con mal tiempo, y no me gustaron

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Vemos con ojos vidriosos aquel ciclismo de los ochenta…

En aquella época el ciclismo era muy seguido, era uno de los deportes más televisados, generando una gran afición. El aficionado medio, de la calle, nos conocía. Hoy el ciclismo compite con otros deportes, hay una gran variedad. El espectador es más diverso”

¿Tanto ha cambiado el ciclismo en este tiempo?

No tanto, quizá en lo que rodea a los equipos, los sueldos, los presupuestos, el material, pero en esencia es un deporte en el que el esfuerzo sigue prevaleciendo. Hoy hay mejores carreteras pero la velocidad es más alta. No teníamos el aficionado más cerca, nos movíamos entre ellos y los coches… esto no sucede hoy

¿Podemos decir que aquella fue la mejor época del ciclismo?

A mí me tocó una gran época de ciclismo, desde los ochenta hasta mediados de los noventa fueron grandes años. A partir de entonces, con escándalos de dopaje, la popularidad fue a menos. Ha costado recuperarse, la presión del doping y los castigos fueron muy altos, hubo gente que dejó de ser ciclista y este oficio es por amor y no por dinero. Todo este proceso ha dado sus frutos en cuanto a la limpieza del deporte, no quita que haya cosas como en otros muchos ámbitos

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Vamos a Luz Ardiden

Para mí tiene gran significado, no sólo gané en ese Tour, también en el Porvenir y en la Vuelta del 92

¿Qué estadística tiene Lale Cubino en Luz Ardiden?

Tengo que decir que acabé cinco veces en esa cima y gané tres

Menuda estadística, ni Mathieu Van der Poel

Son porcentajes importantes, aunque no deja de ser casualidad. Era una cima en la que me motivaba mucho. En el 87, por ejemplo, no estaba bien, pero al año siguiente salí con toda la idea. Era una etapa muy fuerte, con seis puertos, por eliminación

¿Cómo fue tu victoria en 1988?

Salí con intención de hacerlo bien, no sé si ganar. Según pasaban los puertos, la confianza iba a más. A partir del tercero, del Pereysourde, muy bien y en el Aspin, iba fácil campándome con la mayoría. Ataqué antes del Tourmalet, en el llano tras el Aspin

¿Cuándo dices que ibas fácil a qué te refieres?

A ver, fácil nunca se va, hablamos comparado con los demás, cuando vas a 180 pulsaciones y la gente se queda, es perfecto…” 

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¿Cómo fue aquel Tourmalet?

Con mucho calor, lo habían parcheado semanas antes con esa brea que se deshacía con el calor y se pegaba la bicicleta. No sólo era luchar contra la subida, también esquivar el parche de brea porque te frenaba un montón

¿Y la subida final a Luz Ardiden?

En Luz Ardiden, tras seis puertos, iba tocado, Mínguez me apretada, no sabía lo que sacaba. La moto daba referencias al segundo, Duclos Lasalle, respecto al resto. Yo miraba para atrás en las curvas y no veía a nadie. Cuando llegué a meta tuve que esperar seis minutos

Escuchando aquellas narraciones nos impresiona la cantidad de críticas a los franceses ¿había complejo de inferioridad?

Más que complejo de inferioridad nuestra, era de superioridad de ellos. Veníamos de Hinault y Fignon, estaban crecidos se notaba en las carreras y en las retransmisiones. Por ejemplo se dirigían a nosotros con desdén

Tu última victoria en la Vuelta fue bajo un frío tremendo

La Vuelta 92 fue en con un frío que no me iba bien, pero era Luz Ardiden y me motivaba. En Tourmalet había nieve en las cunetas, en la bajada hizo mucho frío pero…

… Lale Cubino volvió a ganar en Luz Ardiden su cima fetiche, un lugar que traemos al recuerdo este lluvioso lunes tras la Semana Santa más atípica, gracias David por el cable 😉

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Ciclismo antiguo

La memoria de Casartelli se cincela en la piedra de Portet d´Aspet

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Shimano 2021 Junio

Cuando el Tour pasa por Portet d´ Aspet, el apellido Casartelli surge de entre las cunetas

Este martes, el Tour pasó con cierto adelanto sobre el pelotón por las rampas del Portet d´ Aspet. A uno de sus costados, los ciclistas dejaron atrás el monumento dedicado a Fabio Casartelli. Se llama “La Stèle”, el lugar que es testimonio eterno del dolor que sacudió el Tour este mismo día, pero hace 20 años.

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#DiaD 18 de julio de 1995 

«L’heure s’enfuit, la vie s’arrête, la gloire reluit» («El tiempo vuela, se detiene la vida, brilla la gloria»)

El lema, grabado en el mármol gris de un reloj del sol, resume a la perfección la fugaz vida de Fabio Casartelli. En el reloj, tres símbolos marcan las horas: el alfa, fecha de nacimiento el 16 de agosto de 1970; los anillos olímpicos, medalla de oro el 8 de agosto de 1992 en Barcelona; la omega, 18 de julio de 1995, cuando muere trágicamente en el km 34 de la etapa reina del Tour (St. Girons – Cauterets) en una maldita curva de este puerto, el Portet d’Aspet.

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Cada 18 de julio a las 12 del mediodía, un rayo de sol penetra a través de un pequeño orificio proyectando la luz sobre la base del monumento. El astrónomo Danilo Fioretti fue el autor de este meticuloso cálculo.  Por eso su escultor, Bruno Luzzani, bautizó su obra como «Volo di Luce» («El Vuelo de la Luz») aunque todo el mundo conoce este monumento a la memoria de Casartelli como «La Stèle» («La Estela»), nombre que recibe este tipo de pedestales conmemorativos con símbolos y textos.

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Esculpido en mármol blanco y gris traído expresamente de los Alpes Apuanos, en la Toscana italiana, el monumento  representa una gran rueda blanca dejada al descubierto por la bandera olímpica. Fue erigido cerca del lugar del accidente por los miembros de su equipo, el Motorola, y por la Sociedad del Tour de Francia en octubre de 1995. Tan sólo unos días más tarde, el 22 de octubre, Annalisa Casartelli, esposa del corredor, bautizó a su hijo Marco, de pocos meses de edad y al que Fabio no llegó a conocer, en la capilla de la Madonna del Ghisallo. Su bicicleta fue colocada, tal y como quedó después de la caída,  en el altar de la pequeña iglesia en su memoria.

«La Stèle» por Fabio Casartelli está situada en la vertiente oeste del col del Portet d’Aspet, pasado el Pont de l’Oule y al inicio del tramo más duro de la ascensión, ya que sus cuatro últimos kilómetros son de una dureza extrema, alcanzando casi el 10% de media y con rampas del 17%. Si lo escaláis por el otro lado, con cuestas duras también en sus dos kilómetros finales, encontraréis el monumento casi al final del descenso, breve pero muy empinado, en una peligrosa curva a la izquierda, donde os será imposible evitar parar y rendir un pequeño homenaje al campeón olímpico de Barcelona 92. En el lugar nunca faltan flores frescas y otros recuerdos dejados a su paso por los ciclistas.

Todos recordaréis aquel 18 de julio.

Las imágenes por televisión conmovieron a todo el mundo del ciclismo. Las palabras de Museeuw, entre sollozos («he visto durante cinco minutos a Fabio morir delante de mí») en la memoria. Sin apenas llegar a cumplir los 25 años, Casartelli, sin casco aquel fatídico día, moría al caer y golpear con su cabeza en un muro de hormigón. La vida lo paró en seco en aquella curva y cuando lo trasladaban de camino al hospital escaló directamente al cielo.

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La historia de aquel día ya la conocéis, involucrados en la múltiple caída fueron Perini, Breukink, Baldinger y Rezze; el ganador de la etapa fue Richard Virenque, que se enteró en el pódium del accidente; y el ganador de aquel Tour fue Indurain, el quinto de Miguel.

Al día siguiente, lo recordaréis, los corredores no disputaron la etapa, entrando en meta todos juntos los integrantes del equipo Motorola. Días más tarde,  Armstrong pudo dedicarle su victoria en Limoges en la 18ª etapa alzando los dedos al cielo (“It’s for you”), igual que tú también podrás homenajearlo con tu presencia en la próxima edición del Memorial Fabio Casartelli, bien en su versión cicloturista ya en septiembre o en la ciclodeportiva, un día después.

Se trata de marcha que se celebra anualmente desde 1996 con salida y llegada en Saint Girons, en la que se asciende el Portet d’Aspet y el Col de La Core, con todo el apoyo de la familia Casartelli: sus padres, Annalisa y el joven Marco que, por cierto, es el vivo retrato de su padre.

Por Jordi Escrihuela

 

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La historia del oscuro trabajo de ludo Peeters

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Shimano 2021 Junio

Ludo Peeters corrió junto a Merckx, Ocaña, Hinault, Lemond, Fignon, Delgado o Induráin

Seguramente Ludo Peeters no sea el ciclista más galardonado de los años setenta y ochenta, pero sin duda, es uno de los más icónicos de ambas décadas. En el boxeo, a personajes con su perfil se les denomina «campeones sin corona». Merckx se refirió en alguna ocasión a Ludo Peeters como un gran corredor sin grandes triunfos, y creo que es una buena definición de su prolongada carrera. Sin duda la mala suerte se cruzó en su camino en demasiadas ocasiones, sobre todo en las clásicas
de primavera, pero él siempre asumió el fracaso con deportividad y altruismo a partes iguales.

Ludo Peeters que corrió junto a Merckx, Ocaña, Hinault, Lemond, Fignon, Delgado o Induráin, fue ciclista durante la primera mitad de los años ochenta.


ochenta uno de los grandes nombres del ciclismo mundial, según los rankings del momento, casi siempre entre los veinte mejores corredores del pelotón, año tras año. Profesional entre 1974 y 1990, entre sus triunfos se cuentan tres victorias de etapa en el Tour, vistiendo dos veces el maillot amarillo, en 1982 y 1984. Este libro hace un repaso de la evolución del ciclismo desde mediados de los años setenta hasta comienzos de los noventa, aprovechando la biografía del belga, y en sus diez capítulos incluye numerosas anécdotas inéditas con personajes tan ilustres como Joop Zoetemelk, Gerrie Knetemann, Brigitte Bardot, Peter Post, Alain Delon, Jan Raas… y, cómo no, Johan Van der Velde.

A día de hoy, Ludo se queda con una espina clavada, su controvertida participación en la Volta de 1983, una competición en la que durante la primera mitad de la década de los ochenta corrió lo mejorcito del pelotón internacional (Dejonckheere, Oosterbosch, Lubberding, Pollentier, Maertens, Van der Velde, Kelly, Van Impe…). Ese fue el punto de inflexión en su relación con el polémico Peter Post del TI-Raleigh.

Este pequeño libro es una auto-edición solo disponible solo a través de pedidos por correo electrónico, y que cuenta con la autorización del propio Peeters. El precio de promoción durante estas primeras semanas del mes de julio es de 8 euros, gastos de envío incluidos.

Castelli GIRO

Más información a través de libroludo@gmx.es

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Alessandro Petacchi: 0
Andre Greipel: 0
Tom Boonen: 2
Robbie McEwen: 4
Dylan Groenewegen: 4
Mario Cipollini: 4
Mark Cavendish: 12
Remco Evenepoel 16 (and counting)
Caleb Ewan: 22
Tadej Pogačar: 29

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