Ciclismo antiguo
Las casi 80 primaveras de Bernard Thévenet
Hoy cumple 78 años Bernard Thévenet
En la mitología del ciclismo, hay nombres que se quedan grabados por la estética, otros por el palmarés y unos pocos, muy pocos, por ser el brazo ejecutor de un cambio de era.
“Nanar”, como le conocían en el pelotón, fue quien tuvo el atrevimiento —y las piernas— de decirle a Eddy Merckx que su tiempo se había acabado.
Para entender a Thévenet hay que viajar a 1975, al Col d’Izoard.
Allí, el francés no solo ganó un Tour; destruyó la invencibilidad del “Caníbal”.
Mientras Merckx lidiaba con el puñetazo de un espectador y su propio declive físico, Thévenet se vestía de amarillo para llevarlo hasta París, en el primer año que la carrera terminaba en los Campos Elíseos.
Fue un relevo generacional a martillazos.
Repitió en 1977, confirmando que lo suyo no había sido un accidente, sino una realidad sostenida.
Nacido en una familia de agricultores en Borgoña, en un caserío llamado curiosamente “Le Guidon” (el manillar), su destino parecía escrito.
De ser monaguillo en la iglesia de su pueblo a ganar el Campeonato de Francia en 1973 y la Volta a Catalunya en 1974.
Pero su carrera no fue un camino de rosas: en el Tour de 1972, una caída espeluznante le dejó amnésico temporalmente.
Cuatro días después, con esa casta que ya no se fabrica, ganaba en la cima del Mont Ventoux.
Así era Thévenet: un tipo que olvidaba quién era, pero nunca olvidaba cómo se pedaleaba hacia arriba.
Sin embargo, en esta casa siempre miramos más allá del brillo del trofeo.
La figura de Thévenet también representa la cara más amarga de este deporte.
Su ingreso hospitalario en el invierno de 1977 reveló las costuras de un sistema enfermo: el consumo continuado de esteroides le pasó factura.
Thévenet no se escondió.
Admitió su dopaje públicamente, siendo uno de los primeros grandes campeones en romper la “omertá” y pedir el fin de esas prácticas.
Hoy, a sus 78 años, Bernard Thévenet sigue siendo una voz autorizada, vinculado al Dauphiné y presente en la memoria de quienes valoramos el ciclismo con todas sus aristas.
Un hombre que pasó por el equipo español Teka antes de colgar la bicicleta, dejando tras de sí 100 victorias y la certeza de que, para ser un gigante, primero hay que ser capaz de derrotar a uno.
Felicidades, Nanar. Por las luces y, sobre todo, por la valentía de explicar tus sombras.



