Ciclismo antiguo
Cuando Bartali aplanó el Izoard
La gesta de Bartali en el Izoard fue un antes y un después
En el debate de la historia del ciclismo, pocos dudan en situar a Gino Bartali entre los más grandes de siempre.
No tendrá el mejor palmarés, numéricamente hablando, pero sus triunfos, que no fueron pocos, y en entorno de su trayectoria, la Segunda Guerra Mundial, le hacen acreedor de un pedestal en el ADN de este deporte.
De su repertorio, queremos rescatar el día 22 de julio de 1938.
Mientras el mundo asiste asombrado a las pretensiones territoriales de Adolf Hitler, preludio de esa gran guerra, el Tour celebra su penúltima edición antes de caer en el limbo sin disputarse unos años.
La etapa alpina entre Digne y Briançon es la jornada que todos esperan.
Ya en el kilómetro 85, en el increíble Allos, Bartali toma el comando, le siguen unos cuantos -desde Vissers a Cosson pasando por Martano, Gianello y el amarillo Vercaecke-. Bartali no tiene suficiente y acelera el ritmo en Vars donde se va solo y acaricia el liderto.
Pero queda el Izoard, el más salvaje de los puertos del día, y Bartali abre y abre más y más hueco.
Lo coronaría solo y realiza un descenso memorable hacia Briançon.
Es el nuevo líder del Tour de Francia, algo que los italianos celebran hasta el amanecer. Hacía años que el país transalpino no brillaba en el Tour y ese día se vieron con cinco entre los seis mejores de la general.
Bartali no cedió el maillot.
El piadoso ganaría otro Tour, diez años después, por medio logró éxitos que no figuran en el palmarés, que ni siquiera se supieron en mucho tiempo, salvó la vida de muchos judíos durante la ocupación de Italia por los nazis.




