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Ciclismo antiguo

31 de agosto: El eterno encanto de Laurent Fignon

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DT – 2022 post

Imaginaros un vendaval como Laurent Fignon en este ciclismo

Laurent Fignon es un tema recurrente en este mal anillado cuaderno…

El 31 de agosto no es una fecha más. 

Es un símbolo, el final del verano, se acabaron las vacaciones, para una amplia mayoría, y se cruza la puerta de la rutina.

En ciclismo el 31 de agosto significa, desde hace doce años, la efeméride de la muerte de Laurent Fignon.

Fignon, apellido contundente, fuerte, suena duro, áspero, pero por eso no engaña, se le ve venir.

Laurent Fignon era un peligro, un mal necesario, que cada año que pasa, miramos alrededor y entendemos los motivos de porqué lo extrañamos tanto.

Su ciclismo era duro, directo, no aguardaba, no iba con subterfugios.

Fue un niño prodigio, ganó esos dos Tours, tan fácil, tan rápido, que la época duró poco.

Pero su imagen fue, es icónica, de ese ciclismo en el que un director como el suyo, Guimard, conducía el coche sin camiseta, pelo en pecho y a grito pelado.

¿Qué sería de Laurent Fignon en este ciclismo?

Su ciencia era total, un ciclista con dotado físicamente, que no hacía las cosas de forma azarosa.

Formó parte de una generación que seguro trascendió al ciclismo.

Laurent Fignon entre el americano que volvió de un accidente de caza que casi le cuesta la vida para ganar dos Tours, Greg Lemond, y Pedro Delgado, Perico, el ciclista que sacudió el ciclismo español al punto de hacer este deporte un asunto de estado, nunca mejor dicho.

Los tres son la punta de lanza de historias increíbles, posiblemente el ciclismo que mamamos de ellos fue el último que conectó con los grandes clásicos.

Con Laurent Fignon, esa lagrimita nostálgica de cualquier tiempo pasado rebrota en la entraña, es lo que hay. 

Aquel ciclismo de Laurent Fignon también tuvo etapas infumables, días de tedio, pero fue el primer ciclismo, y Laurent Fignon, con su eterna antipatía fue un cicerone genial, de esos que cada 31 de agosto recuerdas hasta con cariño…

Lo recuerdo ahí, en el asiento del copiloto, con la puerta entreabierta y los pies asomando por la ventanilla bajada.

Leía con atención un papelillo, no sé qué ponía.

Te ponías delante de él y no se inmutaba, no levantaba la mirada.

Pedías un foto y lo mismo.

El hombre de cera, vestido de esos colores tan característicos del Systeme U, los avispas les llamaron, en un diseño que el mismo trazó junto a su mentor, Cyrille Guimard para llamar la atención entre el pelotón.

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Poco después se levanta. Cruza unas palabras con Charly Mottet y pone rumbo al control de firmas por entre las callejuelas del mercado de Sants.

A su lado, perenne, Sean Kelly, vestido de líder, mira a los ojos a la afición los atiende, firma y se deja querer por las cámaras. Dos mundos, dos personajes, dos leyendas.

Fue muy odiado por una parte notable de la afición. Era el vivo espejo del mal en el pelotón. Se vio atosigado por medio mundo. Su carácter altivo y distante fueron señas de identidad.

“Cuando gané mi primer Tour -en 1983- me convertí en tipo indeseable” admitió en su fenomenal libro.

Pero ahí residió su encanto.

Su laberíntica personalidad se plasmó en las situaciones más inverosímiles en carrera.

Su físico no le acompañó siempre, pero cuando estuvo de su lado, fue incontenible. Se le conoce por atacar en los avituallamientos, quienes le vimos en directo sabemos que eso fue la anécdota, atacó donde pudo y cuando pudo, convirtiendo la victoria de otros en un calvario, pues no había curva que trazar tranquilo con él al lado.

Fue Laurent Fignon, un ciclista de los que marca a fuego, de esos que en este pelotón arrancaría el jodido SRM de los Sky y lo tiraría cuneta abajo. Hoy hace seis años que falleció.

Una pérdida irreparable, un tipo irrepetible, sin duda, alguien del que hablar a nuestros nietos como el ciclista más singular que nos tocó ver en directo y por la televisión.

El corredor del escupitajo a la cámara de televisión, el corredor que ganó un Tour sin preverlo y perdió otro en la misma puerta de casa por ocho segundos, el corredor que fue estafado por los italianos en un Giro, el corredor que puso aire intelectual en el pelotón con esas gafitas y alargada coleta, el corredor que una vez retirado probó cómo se las gasta ASO, cuando engulló sin más la París-Niza que él organizaba, el corredor que siempre llevaremos en el alma porque nunca nos dejó indiferentes.

Imagen: Información

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5 Comentarios

5 Comments

  1. eduardo

    31 de julio, 2021 En 18:37

    te leo y escribes muy bien … tambien siento nostalgia por Laurent – un grande de grandes

  2. Juan Manuel Padrón Morales

    31 de agosto, 2022 En 20:47

    Nací al ciclismo amando a este ciclista y aún hoy sigo llorando aquel Tour del 89 que si hubiera justicia poética debió ganar. Gracias por el sentido homenaje que le has brindado. Un abrazo muy fuerte.

  3. Gloria

    11 de septiembre, 2022 En 19:25

    Inolvidable Fignon, le professeur. Mi afición al ciclismo murió en aquellos años, con Fignon, Pino, Kelly…

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Ciclismo antiguo

Freddy Maertens fue estadística y sentimientos

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en

DT – 2022 post

Esta es la historia de un ciclista que trasciende su tiempo, Freddy Maertens

Quisiéramos exponer siquiera de una manera sucinta y dedicada a la figura de otros tiempos, el belga Freddy Maertens, un corredor emblemático que cosechó muchos laureles dándole a los pedales y que merece por nuestra parte unas líneas de recuerdo al haber cumplido la edad de 63 años. Tuvimos la suerte de seguir muy de cerca sus pasos en sus épocas de gloria que se decantaron en la década de los setenta.

Nació en el año 1952, en la localidad de Nieuwpoort, localizada en la región de Flandes Occidental, lindante al mar del Norte y junto al río Yser, en territorio belga. Queremos mostrar alguna que otra consideración en torno a este ciclista que en su tiempo catalogamos de fisonomía o silueta un tanto singular, de carácter un tanto chocante, que a través de nuestro trato nos llamó poderosamente a la atención. No se nos escapa  que se comportó siempre con nosotros con mucha educación y evidente caballerosidad. No podemos decir otra cosa.

El trampolín de la Vuelta a España

Era por encima de todo un buen y cotizado velocista. De ahí que conquistara un buen número de etapas en las prueba de largo kilometraje de varios días de duración. Por ejemplo, en la Vuelta a España del año 1977, sí recordamos, que se adjudicó como vencedor absoluto, superando al español Miguel María Lasa y al alemán Klaus Peter Thaler, tomándose el lujo como complemento a su magnífica actuación de ganar en nada menos trece etapas, todas casi de una tacada, un hecho insólito que nadie hasta la fecha ha podido igualar.

Aun siendo un hombre particularmente rápido, también se mostró especialmente belicoso en las competiciones de contrarreloj y en las carreras clásicas de un sólo día. Era un corredor de temperamento atacante por sistema. No se arredraba ante sus adversarios que bien le conocían.

Aclamado en el mundial de Barcelona

Fue campeón del mundo en los años 1976 y 1981, todo un mérito, aunque personalmente recuerdo con especial predilección su brillante exhibición que llevó a cabo en el Campeonato del Mundo celebrado precisamente en Barcelona (1973), en donde se inclinó en última instancia frente al italiano Felice Gimondi, otro ciclista muy valorado.

El malogrado corredor español, Luis Ocaña, que fue muy beligerante a lo largo de la contienda, consiguió en aquella jornada ser el tercero; mientras que Eddy Merckx, el gran favorito, no pudo imponerse en aquel día de tono festivo que se vivió en la popular montaña de Montjuïc, en la cual se dieron cita miles y miles de aficionados. Fue todo el entorno, aquel marco, un escenario majestuoso e inolvidable, que ahora bien recordamos con hasta una especial nostalgia. Ciclísticamente hablando, hay hechos que así como así perduran con más intensidad en nuestros pensamientos, en el común denominador de las dos ruedas.

Importante número de victorias

La carrera deportiva de Freddy Maertens fue más bien fugaz. Tal como se desprende viendo su historial, y que de manera muy somera publicamos en estas columnas. Dentro del profesionalismo, acaparó básicamente el período más destacado entre los años 1972 y 1981, que representaron nueve años de intensa acción, pero que supieron a poco. Siendo corredor aficionado copó nada menos 51 victorias y en el campo profesional cosechó la brillante cifra de 221. Son datos nada desdeñables y que hablan de por sí de su innata capacidad física y de empuje como ciclista. Siendo corredor amateur, es de señalar al consagrarse campeón de Bélgica a la edad de tan sólo 19 años, y, a la vez, alcanzar asimismo el título de subcampeón en el mundial.

Su carrera deportiva siguió una línea ascendente y hasta fulgurante. Los asesores técnicos en la materia llegaron a creer, a vaticinar, que iba a ser el sucesor o sustituto idóneo de nada menos el famoso y popular Eddy Merckx, que ganaba en el año 1975 su última carrera importante y que acabaría retirándose definitivamente en 1978. Por otra parte, la triste realidad es que Maertens no logró cumplir con las esperanzas o señuelos de los forofos del deporte de la bicicleta. Fue un espejismo que la realidad truncó con todas las esperanzas que se habían depositado en torno a él.

Un historial rico, pero corto

Cabe señalar los últimos pasos que asolaron la carrera de Maertens y que incluso supusieron una luz en su firmamento. En el Giro de Italia de 1977, sufrió un aparatoso accidente que le ocasionó una fractura de la muñeca y la obligación de abandonar la prueba por etapas. Con todo pudo sobreponerse ante la adversidad. Con cierta continuidad, pudo conquistar la clasificación por puntos en el Tour de Francia en los años 1976, 1978 y 1981, además de reconquistar, por segunda vez, el título mundial de carretera (1981), vistiendo en consecuencia la camiseta irisada, cosa que redondeó transcurridos cinco años después.

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Punto final e historial  

Podríamos escribir algunas cosas más sobre este tema que nos ocupa, pero hemos preferido realizar una simple síntesis acerca de este corredor un tanto llamativo que los buenos aficionados disfrutaron de sus actuaciones sobresalientes. Siempre es bueno el poder rememorar o traer a la memoria ciertos pasajes del pasado que constituyen un eslabón de interés para comentar en justa medida y merecimiento. Siempre nos satisface el poder exponer esa clase de relatos que ensalzan a fin de cuentas las grandezas que encierra nuestro ciclismo.

  • Palmarés abreviado

Campeonato del Mundo de fondo en carretera 1976 y 1981; Vuelta a España de 1977; Vuelta a Bélgica de 1975; París-Niza 1977; París-Bruselas 1975; Tours-Versailles 1975; Gran Premio de las Naciones contrarreloj individual 1976; Trofeo Baracchi por parejas 1976; Amstel Gold Race 1976; Flecha Valona 1977; Maillot Verde Tour de Francia 1976,1978 y 1981

Por Gerardo Fuster

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Ciclismo antiguo

La Vuelta que Melchor Mauri ganó a contrapié

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DT – 2022 post

Aquella Vuelta de Melchor Mauri siempre tuvo la duda de la etapa de Pla de Beret

Hace más de treinta años la Vuelta impuso una costumbre efímera, la crono por tríos que en 1991 empezó a enfocar a un ciclista hacia la victoria ya de inicio: a Melchor Mauri.

Cada equipo se partía en tres unidades y las situaba a su capricho en la parrilla horaria de salida, una salida que se hacía desde Mérida, desde la escena del teatro romano, donde los ciclistas desfilaron el día de antes que el pañuelo cayera.

De la ciudad romana que acogió parte de los jubilados de las grandes campañas del imperio, como digo salió de líder Melchor Mauri, ciclista catalán, de la bella Vic, la cuna de Osona, en el valle de piaras y nieblas casi perennes. Mauri, acompañado de Herminio Díaz Zabala y Anselmo Fuerte, cogía un maillot amarillo, que compartió con sus compañeros de trío los días siguientes y que parecía tan evanescente como la niebla de su querida tierra.

Los días pasaron, paulatinamente se quemaban etapas y la situación seguía siendo la misma.

La antesala del primer ciclo clave fue más proclive al líder, Mauri ganaba la crono de Mallorca y las diferencias empiezan a ser significativas.

Mauri literalmente volaba contra el crono.

Esos días era inalcanzable para todos y para uno en especial, Miguel Indurain, quien perdía esos días las ultimas cronos clave de su carrera, pues el navarro se hallaba en los días previos a su gran dominio en el Tour.

La consabida debilidad de Mauri en las montañas era la moneda de cambio para que muchos pronosticaran su ocaso en la punta de carrera, pero hete aquí que la Vuelta en primavera tenía esas cosas, que un día amanecía y resultaba que el cielo había roto sobre tu cabeza y había dejado caer toda la nieve del mundo, esa nieve que dejó impracticable la Bonaigua y el posterior ascenso a Pla de Beret. La etapa para muchos clave no se podía hacer.

“Etapa corrida, etapa perdida”

Al día siguiente, entre restos de la nieve que anuló la etapa reina, la carrera subió a Cerler de donde el líder sale vivo, muy vivo, a pesar del acoso de Indurain e incluso Marino Lejarreta, compañero del maillot amarillo, que en verdad era la baza de su equipo, como con los días se empezaba a astibar.

Pero Mauri estaba de dulce, y cada vez que la carrera entraba en la lucha individual, tomaba las riendas, incluso en terrenos sobre el papel hostiles, como la cronoescalada de Valdezcaray, donde el catalán seguía incrementando la cuenta y dejando a sus rivales con la responsabilidad de hacer todos los deberes entre los Lagos de Covadonga y El Naranco.

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En las cumbres astures, se comprobaron dos cosas, que el líder encajaba con éxito todos los golpes y que en la ONCE el cuadro si no de guerra civil, era próximo a ella, pues Lejarreta actuaba como jefe en una situación que invitaba a la prudencia por respeto a quien llevaba la casaca amarilla.

El acoso alcanzó su cénit en las tierras donde Pelayo empezó la reconquista, pero de ahí no pasó, no había más terreno, no más que otra crono, por Valladolid, donde Mauri acabó la faena que había iniciado tres semanas antes en Mérida, una Vuelta, toda una Vuelta a España que en Catalunya sigue siendo la última desde entonces y la segunda de la historia, tras que se llevó el discreto Josep Pesarrodona años antes.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

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Ciclismo español, 68 años para ganar el mundial

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Alejandro Valverde arcoiris JoanSeguidor
DT – 2022 post

Vamos a por el mundial, la gran asignatura pendiente del ciclismo español

Ayer lo dejamos en la antesala del mundial, una carrera que al ciclismo español tardó 68 años para ganar un Mundial..

Si en los años 50, un español ya vistió el maillot jaune en París, como síntoma del gran amor por las grandes vueltas a este lado de los Pirineos, tuvimos que esperar al cambio de milenio para estrenarnos en  carreras como Giro de Lombardía, Flecha Valona, Lieja- Bastogne- Lieja, Campeonato de Zurich, Giro de Lombardía o Gante- Wewelgem.

Un palmarés asimétrico entre clásicas y vueltas  que parece camino de corregirse.

Sin embargo, un hito algo lejano en el tiempo quiso darle, aunque de forma esporádica, continuidad a la obra de Poblet.

En 1992, Federico Echave ganaba el lejano Gran Premio de las Américas en Canadá, logrando así la segunda victoria española en los años de la Copa del Mundo. Si Miguel Indurain había abierto este capítulo en Donostia, un par de años antes, la del corredor de Kortezubi era la primera en terreno foráneo.

En la extinta Copa del Mundo, que la UCI dio sepultura en 2004, hubo otros tres triunfos españoles, los tres precisamente el año del sepelio de este ranking. En 2004 ganaban Oscar Freire, Miguel Ángel Martín Perdiguero y Juan Antonio Flecha, San  Remo, San Sebastián y Zurich, respectivamente.

Sin embargo para muro infranqueable, ninguno como el del Campeonato del Mundo.

No fue hasta Colombia en 1995 que el ciclismo español no inició la cuadratura del círculo en la que se halla inmerso.

Si Wewelgem necesitó de 70 años para ser española, el mundial necesito 68.

En 1935, en la novena edición, la localidad belga de Floreffe era escenario de un desenlace que ubicó a Luciano Montero en la segunda plaza.

Luego llegarían las preseas de Ramón Saez, Luis Ocaña, en la olímpica montaña de Montjuïc, y Juan Fernández.

Medallas todas ellas importantes, pero ninguna de matiz dorado y huérfanas de arco iris. En 1995, Abraham Olano, segundo en la anterior Vuelta a España, visitó por fin el preciado maillot acompañado por Miguel Indurain, portador al final de dos platas en esta cita, y Marco Pantani.

Luego vendrían tres títulos de Oscar Freire y otro de Igor Astarloa más el de Alejandro Valverde en Innsbruck, cuatro años han pasado.

Esos odiados adoquines

Cuando Igor –por Astarloa- y yo veíamos ciclismo por la tele siendo amateurs, disfrutábamos mucho más viendo la Roubaix que la Vuelta a España”.

Estas palabras de Pedro Horrillo, uno de los “abogados del diablo” por las grandes clásicas, resumen perfectamente el carácter universal de la generación que finalmente ha tomado las riendas del ciclismo en España. El cambio más sustancial ha sido sin duda, la variación de actitud ante las grandes citas del pavé.

En torno al Tour de Flandes y la París- Roubaix, creció durante muchos años una leyenda negra que alejaba los primeros espadas el ciclismo español de sus cunetas. Ahora parte de esos primeros espadas se atreve con el reto.

Hasta que Juan Antonio Flecha no probó los cajones de Roubaix y Flandes, sólo el legendario Poblet había estado en uno de ellos.

El mito catalán fue segundo en 1958 y tercero en 1960 en el “Infierno del Norte”.

Cuando Flecha se fugaba junto a Tom Boonen y George Hincapié en 2005 y arribaba tercero al velódromo, se zanjó una ausencia de nada menos que 45 años.

Un par de años después, el catalán oriundo de Buenos Aires, volvió al podio para ser segundo.

En 2008 Flecha rompió el maleficio flamenco logrando la tercera plaza en la Ronde.

Hasta esa fecha, el mejor resultado de un español en los muros de Flandes lo había firmado Jesús Del Nero sin pasar del top ten. Si Luis Otaño, 35º en 1963, hubiera levantado la cabeza. Con todo los larguísimos palmarés de Flandes y Roubaix carecen de nombres españoles entre sus ganadores.

En las semiclásicas belgas cabe anotar presencia española y también reciente.

La  Gante- Wewelgem cayó en saco hispano de la mano de Oscar Freire.

Hasta 2005, una vez vista la vergonzosa “persecución tras moto” protagonizada por Nico Mattan, ninguno había estado en el podio.

Entonces tuvimos a Flecha segundo, quien en 2010 rompió la squía en la antigua Het Volk, hoy Het Niueuwsblad.

Siguiendo con el calendario belga, originales han sido las tres victorias seguidas de Oscar Freire en la Flecha Brabanzona.

Tres triunfos que contrastan con la ausencia total de resultados en el  E3. Fran Ventoso logró en 2010 inaugurar el casillero en la París-Bruselas.

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Italia y Ardenas, pocas pero buenas

A pesar de haber sido siempre mucho más afines, las clásicas de las Ardenas junto a las grandes italianas habían ofrecido hasta hace bien poco un balance más bien pobre. E

n el caso de las transalpinas, existe un tremendo vacío desde las dos victorias en San Remo de Miquel Poblet, prolongadas por Freire hasta en tres ocasiones. Por el medio, muchas y meritorias actuaciones de corredores como Pérez Francés, Perurena, Juan Fernández e incluso Angel Edo, pero ningún podio y mucho menos, ningún éxito.

Para ausencia de triunfos por eso, el Giro de Lombardía, donde resaltaron los podios de Marino Lejarreta y Samuel Sánchez hasta que Joaquim Rodríguez hizo diana en la última edición. En otra de las citas notables, tradicionalmente en el otoño, del calendario italiano, la Milán- Turín, se impuso Poblet en 1957. Marcos Serrano lo haría en 2004, mismo año de la victoria de Juan Antonio Flecha en el Giro del Lazio.

Las Ardenas siempre han sido, dice la leyenda, un territorio más apropiado para el corredor español, históricamente agonístico, buen “grimpeur” y osado bajador, que los adoquines de la primera parte de la primavera. Eso es lo que dice el mito, por que la realidad ha sido más bien cruda.

Hasta 2003, con Igor Astarloa, no se logró mediar con éxito en la Flecha Valona. Y hasta 2006, con Alejandro Valverde, no se ganó la decana por excelencia, la Lieja- Bastogne. Lieja. ¡104 años después de su creación!.

A todo esto, la Amstel Gold Race sigue sin ganador español, aunque sí integrantes en el podio…

 

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Grandes victorias y asignaturas pendientes del ciclismo español

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Recordamos las primeras victorias del ciclismo español en las carreras de referencia

Aprovechando días de descanso ciclista, con los equipos repensando volver a la actividad de invierno, quería echar cuentas sobre algunas de las cositas que el ciclismo español ha logrado y otras que quedan por lograr.

Vamos a por ello…

Década de los 50. Años en los que la España de la época dura de la dictadura generaba su debate favorito entorno a dos de los grandes ciclistas de nuestra historia.

Unos apostaban por Bahamontes, los otros querían a Loroño.

Entre el toledano y vizcaíno, ese país recuperándose de las heridas de una tremenda guerra encontraba distracción ante males mayores e imponderables.

En esa España, como en la de ahora, aunque no en la misma medida, interesaban principalmente las grandes vueltas.

En el ocaso del citado decenio, el águila toledana ganó el primer Tour de Francia.

Hablamos de la edición de 1959.

Ese año el ciclismo español se graduaba entre las grandes potencias.

Y lo hacía en el único foro donde las podía igualar, en el terreno de las tres semanas y 21 etapas.

Antes de la victoria de Bahamontes en Francia, ya se contaban algunos podios en la más grande de las carreras, e incluso se había probado el sabor de los laureles en la Vuelta a España, como buenos anfitriones.

Sin embargo, en esos tiempos, un aislado halo de modernidad recorrió nuestro pelotón cuando en un par de ocasiones, Miquel Poblet hacía historia ganando la Milán- San Remo de los años 57 y 59.

La causa del catalán respondía a cánones excepcionales para el ciclista español de la época. Enrolado en un equipo italiano, el sprinter de Montcada surcó de cierta originalidad la evolución del ciclismo español. A sus éxitos en San Remo, unía otros hitos, como ganar numerosas etapas en el Giro o pisar el podio de Roubaix. Antes de él nadie lo había hecho y pasarían muchos años para ver algo igual.

Pequeñas y grandes vueltas, territorio amigo 

El ciclismo nacional no tardó en probar los laureles en la grande de casa.

En la Vuelta, con tres de sus ediciones consumidas, llegó el primer éxito de los anfitriones por medio de Julián Berrendero en 1941. Luego vendrían los éxitos de los hermanos Rodríguez, Delio y Emilio, Langarica, Ruiz,….

En el Tour de Francia, Bahamontes ganó al medio siglo de historia. No ha ocurrido lo mismo en el Giro de Italia. A pesar de los memorables momentos ofrecidos por personajes casados con el espectáculo, como el caso de José Manuel Fuente, se tardó la friolera de 83 años en ganarlo. En la olímpica edición de 1992 Miguel Indurain puso cerco a tal maleficio. Un año después repetiría.

Realizando un repaso a las principales carreras por etapas, salvado el capítulo de grandes vueltas, una vez más Miguel Indurain marca puntos de inflexión.

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En la París- Niza de 1989, mismo año en el que ganó el Criterium Internacional, el navarro sería el primer español en hacerse con el triunfo toda vez se habían quemado unas 60 ediciones.

No ocurrió lo mismo en la Tirreno que hasta 1991 no se la llevó para España Hermino Díaz Zabala, aunque con sólo 25 ediciones desde su inicio.

En la tradicional previa del Giro, el Tour de Romandía, a pesar de un podio de Bahamontes, allá por el 63, la primera victoria española la lograría Francisco Galdós en 1975. Un par de años antes, José Manuel Fuente zanjó la sequía en la Vuelta a Suiza, mientras que en su gemela alpina, la Dauphiné, Valetín Uriona halló fortuna en 1964, a los 17 años de su creación.

Esta revista repaso incluye carreras modernas por mucho que ofrezcan no ofrecen la perspectiva histórica de otras.

A las tres ediciones el Eneco Tour ya estuvo en manos de un cántabro, Iván Gutiérrez.

El Tour Dowm Under vio el éxito de Mikel Astarloza en 2003 con cinco ediciones a sus espaldas.

En la Vuelta a Alemania, una de las carreras más antiguas del calendario internacional, a pesar de ser pocos quienes lo saben, tuvo a David Plaza como ganador en 2000, es decir casi 90 años después de su inicio.

Ion Izagirre tiene en la Vuelta a Polonia una de sus grandes piezas, si bien carreras como los Cuatro Días de Dunkerque y Tres Días de La Panne, pruebas que vistas sus afinidades con las clásicas adoquinadas, han sido tradicionalmente ajenas a los calendarios de los nuestros.

Imagen: Aventura de la historia

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