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El cazador de cimas

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Hoy vamos a tener el placer de presentaros a este amigo «cicloturista de leyenda» Ángel Morales. Pero… ¿necesita presentación? Más conocido como morgar, “Ángel es, junto a Mario Ruiz, el mayor fenómeno que hay en España en cuanto a puertos alpinos se trate, ya sea en Suiza, Francia, Austria, Italia o Eslovenia. Y es que ambos maestros coinciden en su apreciación de que esas montañas son mágicas”. Y esto lo dice otro maestro, Juanto, que lo define a la perfección. Ángel junto a Rubén Berasategui y Aitor Antxustegi, sus inseparables compañeros de fatigas, auténticos “cazadores e incansables devoradores de puertos”, nos han deleitado y de paso, por qué no decirlo, nos han puesto los dientes largos a todos con sus maravillosos artículos bajo el título “La vida es sueño”, donde nos han enseñado puertos duros y muy duros, otros “imposibles”, como el ya memorable reportaje sobre el Nebelhorn, puertos altos, largos, pero sobre todo de una tremenda belleza, con sus altimetrías correspondientes, confeccionadas por el propio Ángel, que nos muestra todas estas joyas después de un enorme trabajo de campo sobre el terreno.

Ángel considera su maestro al propio Mario, de quien lo ha aprendido todo y al que conoció hace ya muchos años, ya que en 1987 ya se carteaba con él, cuando aún no existía ni el correo electrónico. Son famosas, y muy valoradas, las altimetrías de Ángel hechas “a mano” en una libreta y a bolígrafo. Una auténtica delicia y una obra muy artesanal, fruto del enorme mérito que supone ir subiendo estos puertos, midiéndolos metro a metro y grabadora en mano, para darnos los mayores datos posibles: altura, curvas, rampas, desvíos… para luego cotejar con los mapas la información obtenida que casi siempre suele coincidir. Y es aquí donde empieza el verdadero trabajo para Ángel para obtener una buena altimetría, utilizando el coeficiente del propio Mario Ruiz.

Hablaros de la vida deportiva de Ángel nos daría para escribir un libro, así que vamos a describiros a grandes rasgos la intensa actividad de este escalador por naturaleza. Gran pobletà, nace en la Pobla de Lillet (Barcelona) en el año 1969 y lo hace así, en su hábitat natural, rodeado por los grandes puertos de montaña de esta bella comarca del Berguedà. Aficionado a la bici desde muy pequeño, sus padres le compran su primera “bicicleta de carreras” a la edad de 15 años, un “hierro” con el que se lanzó aquellos primeros años a “forjar” su leyenda ascendiendo aquellos grandes colls que tenía tan cerca de su casa y junto a los compañeros de su club, el que fue y será el de toda la vida: Els Amics del Ciclisme de Lillet.

Salía todos los domingos con su grupo y en seguida entabló amistad con Josep Puig que le acompañaba a ascender los grandes y cercanos puertos catalanes: La Creueta, Pal, Creu de Fumanyà, Rasos de Peguera… Con tan sólo 17 años se atreve a participar en la Marmotte, con anécdota jugosa incluida. Os preguntaréis cómo le dejaron inscribirse con esa edad. Pues por un error, no buscado por Ángel, en la licencia de aquel año constaba como fecha de su nacimiento el año 1959. Por tanto contaba con 27 años, ¡10 años más de los que tenía! Así pudo participar y acabar, con mucho sufrimiento, esta mítica marcha y quedar definitivamente enamorado de los Alpes y sus montañas, dándose cuenta que los tenía a tan sólo 700 kilómetros de distancia.

Y aprovechando muy bien el error en su licencia, también pudo finalizar con éxito otra épica marcha no menos dura: la desaparecida Isard-Bahamontes, la “reina” de los Pirineos en aquella época. Son unos años en los que Ángel se los pasa ascendiendo todo lo que se puede subir y en poco tiempo corona todos los grandes puertos pirenaicos y los asturianos de los Lagos de Covadonga y el Angliru, creyendo que no podían existir puertos más duros que el “muro” de Riosa.

Pero a él lo que le sigue atrayendo cada vez más son los Alpes y en el año 1989 inicia una serie de viajes para ir conociendo todos los grandes cols alpinos, algo que ha hecho, y sigue haciendo sin interrupción hasta ahora, todos los veranos durante el mes de agosto, que es cuando Ángel, ya en pleno pico de forma de la temporada, coge sus vacaciones y se va con sus amigos a descubrir grandes puertos. Son años de intensa actividad cicloturista, ya sea haciendo salidas y viajes o participando en marchas de renombre internacional como la Fausto Coppi (en tres ocasiones), de nuevo la Marmotte (4 veces más), Maratona de los Dolomitas, París-Roubaix, la Jordi Pérez de Andorra (3), la Campagnolo (2), la Quebrantahuesos (3), la durísima austriaca Radmarathon Otztaler Geliano (en dos ocasiones, ascendiendo puertos como el Kühtai, el Passo del Rombo o el Passo Giovo), la Louison Bobet, la Jacques Anquetil, el Tour de Flandes… y porque no queremos seguir porque el listado es enorme.

Para que os hagáis una idea, ahora que hace unos pocos años que han descubierto el Zoncolan para el ciclismo, deciros que Ángel ya lo había escalado nada menos que en el año 1992, cuando aún no disponíamos ni de Internet, pero de mapas sí, y es lo que hacía, y sigue haciendo Ángel, tirar de ellos, investigando nuevos puertos y rutas en busca de lo desconocido. De todas maneras, desde hace unos años se impone como norma no repetir ninguna marcha ni ascender los mismos puertos y siempre intenta participar en nuevas, con ascensiones inéditas para él.

Llegamos a 1995 y Ángel conoce a su mujer Raquel y se casan en la misma Pobla de Lillet, en el año 1999, que le seguirá acompañando en su locura por los Alpes hasta que nace en el año 2002 Luis, su primer hijo. Más tarde vendría la parejita, Judith en el año 2006. Precisamente es en el año 2002, ascendiendo el Manghen junto a un simpático italiano charlando sobre puertos duros, cuando éste le habla del Edelweiss, el Malga Palazzo y el Nebelhorn, tres puertos alucinantes, de dificultad “extrema”. Pero para Ángel no hay nada imposible y ya se marca como reto el poder ascenderlos. Después de hacerse con un mapa muy detallado de la zona ya no aguanta más y en junio del año siguiente, en 2003, se lanza junto a su amigo Eudald a “escalar” estos auténticos colosos. Los dos primeros, regulando mucho, no supondrán ningún problema para ambos, pero en el “Cuerno de la Niebla” sucumben a la tremenda dureza que supone enfrentarse a rampas entre el 30 y 40% de desnivel que impresionan y dan miedo. Pero esto sólo había sido un primer intento, porque la cuenta pendiente quedaba ahí.

Pero es en el año 2005 cuando para Ángel se abre un amplio abanico de posibilidades gracias a Internet y a la página web de Altimetrías de Puertos de Montaña (APM) de los amigos Juanto y Ander. A través de su foro empieza a conocer gente y es aquí donde hace amistad con Rubén, primero virtualmente, y luego ya aprovechando una feliz coincidencia de que aquel mismo año ambos estaban aquel verano en Suiza, ya que Rubén estaba allí de vacaciones y Ángel participando en el Alpenbrevet. Deciden llamarse para quedar e iniciar una gran aventura cicloturista. El punto de partida y comienzo de esta locura por los puertos será en Meiringen y ese mismo día superarán los 1961 m de altura del espectacular y duro Grosse Scheidegg. A partir de aquí ya no pararán, componiendo para nuestro disfrute una auténtica “sinfonía alpina” que nos han ido mostrando durante todos estos últimos años en estas mismas páginas.

Como la lista de puertos desconocidos que nos han acercado sería interminable, podríamos destacar el inolvidable viaje del verano de 2006 a Austria y Eslovenia donde ascendieron auténticas salvajadas como el austríaco Grossen Oscheniksse a 2394 m de altura, un puerto de unos 12,5 km con un desnivel medio cercano al 12%, de lo más duro de Europa, o los eslovenos Vrsic o Mangart, este último, según Ángel, un “puerto 10” que lo tiene todo: dureza y belleza, altura y longitud.

En 2007 se unen a Ángel, Rubén y Eudald, otros “grimpeurs” como Jordi, Aitor y Luis Miguel, que los acompañarán a las etapas diseñadas por Ángel, con auténticos puertazos, conscientes de lo que les espera pero no por eso llevándose tremendas sorpresas pensando que no puede existir nada más duro, pero siempre se superan y durante todos estos años han ido ascendiendo puertos como el Monte Crostis y otros con nombres casi impronunciables (¡y durísimos!) como los suizos Männlichen, Pragelpass, Haggenegg o los austríacos Kaunertal, Zirmsee, Zirknitzal, Gerlitzen, Lammersdorfer, y los alemanes Schlappoltalpe, Grüntenhütte, por destacar algunos. Eso sí, estos amigos, pudieron saldar cuentas con el Nebelhorn y en 2008 pudieron ascenderlo, a excepción de los tramos imposibles sin asfaltar.

Vamos a dejarlo aquí, porque si seguimos nos comemos todo el cuaderno, pero sólo deciros que Ángel entrena duro para alcanzar estos retos, con salidas de más de 100 kilómetros subiendo sus queridos puertos del Berguedà, empezando su temporada siempre en marzo y hasta septiembre. El invierno es duro en esta comarca y es tiempo de caminar por el monte o practicar algo de mountain bike, pero sobre todo de planificar nuevos proyectos como el siguiente que tiene en mente, conocer los Balcanes, de momento un sueño para él. Pero ya sabéis que “la vida es sueño” que él se encarga de convertirlo siempre en realidad.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

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Lacets de Montvernier: El Tour 2022 subirá esta maravilla

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Lacets de Montvernier no es el puerto + duro, pero sí uno de los + icónicos

«L’une des stars du prochain parcours» Christian Prudhomme dijo hace seis años sobre Lacets de Montvernier, novedad para el Tour 2015, coronado por Romain Bardet antes que nadie y hoy previsto para la recién presentada edición de 2022.

No tuvimos ninguna duda. La visión desde la carretera de esta escalonada ascensión nos impresionó desde el primer momento. Espectacular.

Pensamos que tenía que entrar con todos los honores en esta sección. Nos frotamos los ojos, nos miramos y una media sonrisa se nos escapó del alma.

Al ver la sinuosa cinta asfaltada que, de lado a lado de la montaña, se retorcía subiendo agarrada a la ladera salvando el tremendo desnivel, atravesando pasos naturales entre las rocas del abismo, lo tuvimos muy claro: ¡queríamos subirlo!

Una escalada de 17 curvas de felicidad, la que nos proporciona estos Lacets de Montvernier, haciendo de esta subida una experiencia única, muy vistosa, que hará las delicias de cualquier cicloturista.

Algunas fuentes hablan de 18 cordones, porque parece ser que uno de ellos está «cuestionado» como tal.

No seremos nosotros quienes le otorguemos la categoría de lacet o no, pero sí contaremos que las horquillas, sobrepuestas una encima de la otra, literalmente, que se aferran a la montaña en unos 3 kilómetros, dan como resultado una curva cerrada cada 150 metros.

Eso es mucho lazo continuado.

De acuerdo que Alpe d’Huez cuenta con 21, pero lo hace en una distancia cuatro veces mayor que en Montvernier.

Los ciclistas que las acometen a bloque comentan que tienen que frenar en sus curvas para luego coger velocidad para intentar ascender lo más rápido posible este corto y explosivo desafío.

No será nuestro caso.

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La contemplación «sólo para nuestros ojos» de las continuas herraduras nos seguían produciendo muestras de asombro y cada uno de nosotros exclamaba un adjetivo para intentar describirlas: «singular», «imposible», «diferente».

Sólo es un pequeño puerto (¿sólo?). Una menuda joya escondida que se está haciendo célebre porque su foto ya se está empezando a publicar en revistas de turismo y que ha recibido el espaldarazo definitivo con su inclusión en la 18ª etapa del Tour de Francia de hace dos años, aunque ya fue «vista» por los seguidores en el Critérium du Dauphiné también esa misma temporada.

Los lacets remontan los 286 m de desnivel desde Pontamafrey (departamento de la Savoia, región Roine-Alps) a 492 m de altura, salvando el valle bañado por el río Arc para llegar a la Chapelle Nôtre-Dame-de-la-Balmes antes de dirigirnos hasta la pequeña población de Montvernier a 778 m, situada en una gran meseta al abrigo de los grandes Alpes.

Así es. Toda esta zona es un lujo para el cicloturista, el hogar de cinco de las diez ascensiones más famosas de Francia: Galibier, Iseran, Madeleine, Glandon y Croix de Fer.

Y ahora el Col du Chaussy.

Un gran paso de montaña de difícil grado a 1533 m de altitud que se inicia aquí, en esta divertida, estrecha y empinada carretera que es sólo una cuarta parte de su ascensión y siempre pedaleando a un constante y mantenido 8% que nos llevará por una fabulosa ruta que nos pondrá en el camino hacia el Col de la Madeleine.

Mirando de nuevo estos especiales Lacets de Montvernier nos sigue pareciendo improbable que hayan podido construir un camino por ahí.

Pero sí, la encontramos trepando bruscamente por el acantilado esta asombrosa obra de ingeniería de caminos de montaña, que con total seguridad habrá seguido los pasos de una mula ascendiendo por esta ladera, como no podía ser de otra manera.

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Finalizada las obras en el año 1934, después de seis años de construcción, sus ingenieros poco o nada podían imaginar que iban a hacer tan dichosos a tantos seguidores del ciclismo que cuanto más cuesta arriba se hace más felices son.

Sólo nosotros, las vacas, las ovejas y el cielo azul. Y unas barandillas «donde agarrarnos» que nos protegerán del precipicio. Suerte que por aquí hay muy poco tráfico y además los vehículos de gran tamaño tienen prohibida la circulación.

Mucho mérito tiene el fotografiar los lacets. A no ser que montemos en helicóptero o dispongamos de un dron puede ser difícil plasmarlas en papel. Creemos que nosotros lo hemos conseguido y hemos intentado llevaros estas imágenes a vuestras retinas y por eso pensamos que el hecho de que sean «poco visibles» haya sido una de las razones por las que la subida se ha debido mantener en relativo anonimato hasta ahora.

Los Lacets de Montvernier son divertidos, entretenidos, enganchan, pero son sólo el glaseado de un gigantesco pastel de grandes ascensiones que es la vallée de la Maurienne.

Por Jordi Escrihuela

 

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Ciclismo antiguo

En el Pordoi de Fausto Coppi

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En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

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Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

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Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo, sueños ciclistas 

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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La Milán-San Remo 2004 fue El mejor milagro de Óscar Freire

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La imagen de Freire superando a Zabel en la meta de Milán-San Remo 2004 ha pervivido todos los tiempos

Aquella tarde de sábado, mes de marzo, año 2004, la Milán-San Remo entró en el imaginario eterno de Oscar Freire.

Aquella llegada era dura, una carrera lanzada 300 kilómetros, comprendiendo que cualquier rueda, en la Via Roma, podía ser la buena.

Oscar Freire en el caos hacía de la necesidad virtud, un camino que le dejó su primera Milán-San Remo, la de 2004, ganaría otras dos, en bandeja.

Le entretenemos un rato y nos cuenta…

Oscar ¿Cómo llevas estos días?

«La verdad es que estaba algo advertido, tengo amigos italianos que hace días me contaban todo lo que estamos viendo aquí estos días. Tengo la suerte de vivir en una casa y las horas pasan más rápidas»

Este sábado deberíamos estar mirando San Remo y lo que por sus alrededores pasara. ¿Qué sitio ocupa la Milán-San Remo en el corazón de Freire?

«Es una carrera única, la más especial, la que más quería. Visto ahora, y entonces, es una carrera que puedes perder en cualquier momento y ganar sólo al final»

Algo que a ti se te daba bien

«Siempre he sido hábil en estas circunstancias, en sortear los problemas durante la carrera, buscar la rueda buena. Siempre hubo gente con más físico que yo, pero no con la técnica suficiente para sacarle el mejor partido»

¿Eso se llama intuición?

«Posiblemente sí, sabía moverme bien, ahorrar fuerzas y la suma de todo eso acababa marcando las diferencias. Quien me haya visto competir de cerca, seguro que te lo puede decir. La experiencia también suma, ves los peligros venir. La primera vez que sufrí un abanico fue en una carrera juvenil, en Arévalo, me quedé en el penúltimo grupo. La siguiente vez que me pasó, ya de pro en una Vuelta a Castilla y León, lo vi venir y acabé en el grupo delantero ganando el sprint»

Grande…

«Es más, puedo decir que nunca me he caído disputando un sprint, en eso hay suerte, pero también intuición. Recuerdo una Vuelta, llevaba dos triunfos de etapa, que no me metí en un sprint por que pensaba que iba a ser peligroso y en efecto, hubo una gran caída al final»

Volviendo sobre San Remo…

«Es una carrera top, para mí la más importante tras el Mundial». 

Tú la conociste en Mapei

«Como italianos la tenían en alta estima, pero no la ganaron nunca. Curiosamente lo logramos ciclistas que llevamos su nombre en el pecho –a Freire sumarle Pozatto, Bettini y Cancellara

Menuda edición aquella del 2000

«Había mucho gallo en aquel equipo, yo era el campeón del mundo pero estaban Museeuw, Bartoli y otros con muchos galones. Era un equipo fuerte y a veces pasa que cada uno defiende sus intereses»

Han pasado ya veinte años

«Nos hacemos mayores, ves fotos de entonces, las comparas con ahora y…»

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«Era mi segunda San Remo con Rabobank. Ya no era el de cuatro años antes, conocía la carera, dónde estar, cómo moverse. Cada año es diferente, pero la experiencia ayuda. Sabía que era mi carrera»Freire en aquella Milán-San Remo de 2004

Rabobank era una historia diferente a Mapei

«Rabobank corría para mí. Tenía a Flecha, a Horrillo… con los años incluso pude tener la ayuda de uno que acabaría ganando, Alexander Kristoff quien seguro tomó nota de cómo afrontaba la carrera. La diferencia entre ganar y perder esta carrera era muy pequeña, a veces llevaba una sensaciones horribles y acababa ganando, pero también pasaba al revés»

Vamos a por la edición de 2004 ¿Cómo fue la aproximación?

«Recuerdo que hubo una pelea con Zabel por cogerle la rueda a Petacchi que llevaba a su Fassa tirando. Yo iba tras él, y Zabel se aproximó, intentó echarme dos veces y al final decidí que esa guerra no me convenía. Le dejé pasar»

Y luego

«Trentin lanzó el sprint, Petacchi saltó muy pronto y Zabel con él. Se precipitó, casi no había tiempo para remontarle, pero lo logré por levantar las manos. Le devolví la moneda»

¿Qué moneda?

«Unas semanas antes en la Vuelta a Andalucía cuando me ganó una etapa en Almería que yo celebré antes de tiempo»

https://www.facebook.com/misanremo/photos/a.618482351578651/618482364911983/?type=3

Aquella imagen quedó icónica…

«Sí, quedó para la historia. No fue la única vez que logré un triunfo así, una vez en Tirreno le gané una etapa a Cipollini por celebrarlo antes de tiempo»

¿Lo habéis comentado muchas veces Zabel y tú?

«Sí desde luego. Zabel fue un gran ciclista, pero también una gran persona y tuve una gran relación con él»

¿Estuviste con él en Katusha tu último año?

«Así es. Fue director técnico en Katusha la temporada que corrí con ellos. Recuerdo que en la primera reunión nos dijo que iba a ser nuestro instructor para los sprints y Purito le preguntó si podía enseñarme algo a mí»

Siempre tan cachondo… para acabar un deseo para este presente tan incierto

«Que el año que viene estemos disfrutando de nuevo de la Milán-San Remo»

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Sobre el potenciómetro 3 preguntas...
¿Lo necesitamos realmente?
¿El ciclista medio puede salir sin él?
¿Una vez lo compramos tenemos la disciplina de descargar y analizar pacientemente?

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¿Alguien da más que Wout Van Aert?

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Qué triste que el Tour haya marginado las etapas largas, sin ellas perdemos incertidumbre y factor sorpresa en el desenlace.
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Richard Carapaz me parece el ciclista más proporcionado del pelotón, con físico notable, aunque no súper, pero con una mentalidad y ganas de destacar fuera de norma.

Sólo hay que mirar su palmarés para ver lo lejos que está llegando...

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Vamos con el maillot Breakway by @shimanoes, una prenda que se vende de verano pero que sienta bien estos días de entretiempo, más frescos y húmedos

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