Opinión ciclista
Cuando la París-Niza era blanca
No creo equivocarme si digo que la París-Niza es una carrera venida a menos. Otrora importante, la estrella de la primavera, la competicion que bajaba la bandera hacia la parte sustancial de la temporada. Una carrera que se decía hacía el sol, pues partía de la capital, o sus banlieux, y buscaba el sol en el Mediterráneo. Una carrera que Sean Kelly hizo suya, que descubrió el presente inmenso de Miguel Indurain, una carrera que se decidía entre el Mont Faron y el Col d´ Eze, una carrera que era blanca…
Lo fue hasta que ASO decidió tomarla, tras asfixiar a Laurent Fignon, que la llevó hasta donde su situación le permitió. Creo que pocas carreras demuestran lo lejos que está el ciclismo actual de aquel que nos prendó hace treinta años. Aquel ciclismo bebía de fuentes recias, no entendía de planificaciones, ni remedios científicos. Aquel ciclismo era el de Ocaña y Merckx batiéndose en la Setmana Catalana como si fuera el mismísimo Tour de Francia, ese ciclismo era el de Kuiper, De Vlaeminck, Raas y Moser, corredores que no esperaban a Roubaix y sus inmediaciones, que sacaban el genio a mil de meta, esperando no morir en la cuneta.
Aquel ciclismo era blanco, como el maillot de la carrera que iba de París a Niza. Un maillot que era un símbolo, que se lo vimos puesto a un jovencísimo Eddy Merckx, que estuvo en las espaldas de los más grandes y que ahora, como casi todo en la vida, sucumbió a la globalización. El líder tiene que ir de amarillo, y la París-Niza fue como el Dauphiné o el Tour, una hoja más en el porfolio de ASO, la máquina de hacer dinero en base al ciclismo.
Ese ciclismo blanco de Niza es homenajeado ahora en esta serie de Mavic, sinceramente me parece acertado, pues recuerda que hubo un tiempo que no todo era igual, que el rodillo de la modernidad no llegaba a cualquier rincón. Como las llegadas en alto que hicieron única la Vuelta a España, Sollube, Urquiola o Lagos de Covadonga, como las señas de Flandes o Roubaix, porque en este alegato no queremos que el ciclismo dé la espalda a Qatar o Dubai o a quien quiera invertir en él, queremos que se respete la tradición más que centenaria que adorna las virtudes de este deporte, de un deporte que un día fue blanco, como el ganador que se coronaba en el paseo de los Ingleses de Niza cada mes de marzo buscando el recodo de sol que le anunciara la primavera.
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