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Juanjo Cobo en la doble moral del sistema
El retrato de Juanjo Cobo es el de un sistema que no hay por dónde cogerlo
No soy el primero, ni seré el último en felicitar a Iñigo Zubeldia por su entrevista a Juanjo Cobo.
Tanto tiempo después, dos años largos que fuera desposeído de su Vuelta de hace una década, oír su testimonio, lo que tiene que decir nos recuerda cómo funciona este tinglado.
La línea entre el éxito y el fracaso, entre ser necesario o no serlo, es fina y difusa
A la presión brutal de competir, de someterse al juicio público, de los rivales, de la carretera, se suma ese mundillo subterráneo que pasa ciego delante nuestro, pero que pesa e influye, ya lo creo que influye.
Juanjo Cobo dice cosas que podíamos intuir, pero también calla otras de las que tenemos también certezas.
Su ciclismo bebe los años más oscuros de este deporte, de aquellos que muchos dicen que están lejísimos, aunque cueste creerlo, pues un tema tan básico como la renovación de ciertos nombres no se ha producido.
Y así es complicado avanzar o al menos transmitir una imagen sincera y creíble del cambio que acontece.
Entre lo poco claro que cuenta Juanjo Cobo, señala a Mauro Gianetti, ahora mismo nº1 en el organigrama del UAE.
No es poca cosa, es el equipo del ganador del Tour.
Va y viene en sus tratos con la UCI para admitir algo que él reitera nunca ha hecho.
Quienes seguimos su trayectoria sabemos que todo lo que rodea al cántabro es turbio y confuso.
Sus idas y venidas han sido una constante, entrando y saliendo de escena, dejando no pocos muertos en el camino.
Pocos se sorprendieron que en 2019 le quitaran la Vuelta 2011
Antes acordaros de las imágenes de dos Saunier dejando a Frank Schleck en Hautacam, donde le atribuyen el triunfo de etapa por el positivo de Leonardo Piepoli.
Días después el equipo salió por partas del Tour por el escándalo de Riccardo Riccò.
Cuando hace unos días Jordi Berenguer, ciclista de la época, se refería en nuestro entrevista a aquellos años como el «lejano oeste», aquel equipo asaltaba diligencias.
Y en aquel equipo estaba Juanjo Cobo, participando de lo bueno y de lo malo, engordando, con su presencia el pollo
Nadie le obligó a estar allí, ni a hacer lo que hizo, ni a ganar una Vuelta que desde el minuto uno nos olió mal.
Otra cosa es lo que vino después y lo que esta persona ha tenido que vivir y escuchar, la crueldad de un sistema de doble moral completamente amañado y hecho para que los de siempre salgan de rositas.
Que su Vuelta pasara a manos de Chris Froome tanto tiempo después habla de una justicia que no es justa, pues llega con un retraso lacerante.
En aquel podio de Madrid, se ve que hubo amenaza plante de Froome y Wiggins por no comulgar con el ganador y la fama que le precedía.
Con el tiempo Froome ganó la Vuelta en la carretera y casi la pierde en los tribunales.
Le salvó la corte de abogados que el Team Sky movilizó, eso sí que son ganancias marginales, la misma corte que Juanjo Cobo nunca pudo pagarse, pues estaba solo.
Esa es la moraleja con la que debemos quedarnos, Juanjo Cobo no fue un santo, pero le dejaron a la intemperie y han tenido suerte pues creo que ni ha cantado ni lo hará.
Él ahora dice ser feliz, cosa que celebramos, lejos quedan esos tiempos, aquella visita exprés con Matxin a Ana Rosa pidiendo sponsor para su equipo.
Él, mejor que nadie, retrata cómo funcionan las cosas en verdad.






