Mundo Bicicleta
Ciclistas: ¿Por qué tenemos “fama” de drogados?
La palabra dopaje siempre sale cuando se habla de cilcistas
Hace un tiempo, un colega -del cual obviaremos su nombre- de un club amigo -que tampoco lo citaremos- me comentaba su desazón cuando escuchaba la manida frase de que “todos los ciclistas vamos hasta arriba”.
Dopados se entiende, claro.
Por aquel entonces mantuvimos una entrañable conversación, ya que él me explicaba sus experiencias en este sentido -negativas, por supuesto- y yo las mías, anécdotas como la que siempre yo cuento, cuando un día mi cuñado entró en la cocina de mi casa y vio una caja de Pharmaton Complex al lado de la cafetera.
— ¡Tío, tú te dopas! ¡Por eso tiras tanto!
Estas fueron las palabras que me espetó.
Sí, como lo estáis leyendo.

Y yo que me quedé con cara de pasta de boniato.
¿Qué le vamos a explicar a la gente que no tiene ni puñetera idea de nada, verdad?
En aquel momento, si hubiera tenido un sello de estos que ahora están tan de moda, esos que dicen: “Cuñado. Homologado 100×100”, se lo habría plantificado en la frente sin pensármelo dos veces.
Vaya tela.
En fin, siguiendo con el hilo de la cuestión, de por qué los ciclistas tenemos esta (mala) fama, mi amigo siempre me explicaba que cuando era muy joven siempre había escuchado algún comentario sobre algún corredor, más o menos reconocido, que se drogaba.
Era una época en la que era habitual oír que tal o cual ciclista, para destacar por encima de los demás, utilizaba lo que llamaban como “la bomba”. Imaginaos a qué se podrían referir.
Igual que siempre hemos oído que un burro no se puede convertir en un caballo de carreras de la noche a la mañana.
No surgen ciclistas ganadores de un burro
Desgraciadamente, algunos de los que salieron a la palestra, acabaron de forma trágica.
No voy a nombrar ahora a nadie, casi todos conoceréis casos más o menos mediáticos que han enturbiado la historia de este sufrido deporte.
Por no hablar del caso Festina en el Tour del 98.
Aquello también hizo mucho daño al ciclismo.
Mi amigo conocía a fondo además la parte oculta del iceberg del ciclismo amateur, y me explicaba con amargura que tenía algún muy mal recuerdo con algunos compañeros a los que veía actuar de manera extraña.
Decía que sudaban demasiado, que estaban muy nerviosos y que no paraban de ir al servicio.
También que hablaban más de lo normal, sin relacionar las palabras o dar ningún tipo de explicaciones.
En otras ocasiones, el que es acusado de dopaje es el director del equipo, sobre todo si los rumores los acaba de “confirmar” el periodista ¿deportivo? de turno que acusa sin argumentos sólidos y que sólo se acuerda de la bici y del ciclismo cuando su diario -futbolero, claro- lo publica en portada haciendo aún más sangre de un deporte herido ya de por sí.
Este tipo de (des)informaciones llegan a un público que prácticamente se cree todo lo que lee y es cuando se piensan que todos los ciclistas son potenciales consumidores de drogas o estimulantes.
Lo peor de todo esto es que este tipo de opiniones se extrapola a cualquier usuario de las dos ruedas que en su ánimo esté hacerlo de una manera deportiva o combativa… como puede que nos pase a muchos de nosotros cuando salimos ahí afuera a jugar un poco a ciclistas o bien nos apuntamos a marchas ¿cicloturistas? que nos invitan a comportarnos como pros fracasados que tienen que demostrar no sé qué a no sé quién.
Y ahí está el verdadero problema, a los que se les va de la mano en su deseo de mejorar su rendimiento, ni que sea para quedar en el puesto 2.500 de 8.000 participantes en la prueba destrozamachos por excelencia.
Me entendéis, ¿verdad?
Si es que, por poner un ejemplo, antes cuando salíamos de excursión quizás éramos muchos los que nos llevábamos el típico bocadillo de tortilla, una pieza de fruta y el agua, claro.
Pero… ¡ay! siempre había alguno que antes de salir a pedalear se tomaba una “barrecha” o algo parecido -un café doble-, porque decían que eso les daba fuerza.
Hoy en día, los almuerzos ya no son los de antes y son pocos los que se llevan el bocadillo, y algunos “ciclistas” tienen la oportunidad de ponerse morados, acompañando a la comida a base de vino, cervezas o copas de cava, para acabar de rematarlo con un “carajillo” (“y a correr” como decía alguno).
Como resultado de todo esto puede que muchos salgan con el “puntillo”, por llamarlo de alguna manera, con pocas ganas de pedalear, con pereza, y si pueden acortar por el camino más fácil no se lo piensan dos veces.
Un peligro, vamos.
Esto no es dopaje pero no es una práctica para sentirse orgulloso, claro, porque además de la mala imagen que damos a nuestro colectivo, en nuestras bicicletas compartimos carretera con otros muchos vehículos ¿verdad?, y podemos ser víctimas o por el contrario provocar nosotros un accidente.
Soy globero, ¿y qué? porque el objetivo era ir lo más rápido y lejos posible.
Tampoco podemos escapar al hecho de pasar un control de alcoholemia y dar positivo, por supuesto.
Por todo esto, los ciclistas ni somos ni queremos que nos digan que somos unos drogados, ni tampoco unos aficionados a la bebida o, lo que es lo mismo, unos borrachos.
La carretera, por tanto, es de todos, hemos de compartirla y ser los primeros en dar ejemplo en todo, respetando todas las normas y también seremos respetados… ¿o no?
Por Jordi Escrihuela





Dalmancio Cortes
14 de noviembre, 2018 at 22:59
Mi vecina cuando me veia salir con la BH me decia nen no facis bici qu´es de drogats. Esta frase lapidaria me dejo marcado para el resto de mi vida.Los que me conocen lo saben bien.A la tierna edad de 12 años cai en un equipo que alquilaba un bus para ir a la puta mierda a correr.Inmaginense en la salida se persono un manager que parecia mas de boxeo que de ciclismo, me metio un terron de azucar en la boca y un chorro de agua del carmen de 40º por lo menos.Mi estomago virgen no lo soporto,en medio de la cogorza pasajera cai medio pelotón, los de mi equipo se caian solos.A duras penas, muy duras supere el trauma, me halle en Salou, con mi maleta y mi bici en una triste estación de tren, ya no tenia equipo por que no servia ni para drogado.Me encontre el equipo Mekeulen-Flandria-All Stoks.Tipos duros de la zona de minas de Aremberg.Jovenes ya viejos inyectandose delante de mis ojos “vitaminen” El trauma del Doping se me hacia insoportable.No habia cumplido ni 15 años y estaba traumatizado para toda la vida.Llego la carrera de las 44 Copas.Por fin podria rascar algo (Continuara)Dalmancio Cortes