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Weylandt: Cuando una muerte debería despertar las conciencias colectivas

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Shimano 1024×140 – Ultegra
Shimano Dura Ace 2 – 1024×140
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La pérdida de un ciclista es algo que encoge el corazón al más pintado. Por suerte no son muchas las ocasiones en las que tenemos que lamentar tales noticias. Uno que lleva ya unos cuantos años en estos, vinculado de una forma u otra, ha vivido en directo varios desenlaces trágicos. El que más cerca presencié fue el día después del fallecimiento en plena competición de aquel fenomenal velocista castellano-manchego, Lolo Sanroma, en la Volta a Catalunya. También me tocó sortear el trago amargo de la pérdida de Isaac Gálvez en un velódromo en 2006 en medio de la familia ciclista catalana que justo el día después realizaba su comida anual en Martorelles.
Otras muertes también supusieron un shock, la más mentada fue la del campeón olímpico, Fabio Casartelli en el Tour de 1995. El tinte rojo que arrojaba por el asfalto quiebra la sensibilidad de cualquiera. No olvidar la pérdida de Kivilev durante una París-Niza. Como dije, para cómo les vemos, pocas para las que pudieran ser.
Las descripciones del momento en Weylandt cruzó el umbral no hablan de un momento complicado de carrera. Era un descenso como muchos que se afrontan a lo largo del año, sin más. Uno piensa entonces en auténtica mala fortuna, muy contraria a la que no hizo presencia en otras ocasiones que sí parecía seguro un fatal desenlace. Nos viene a la mente la inmensa suerte que acolchó la terrible caída de Pedro Horrillo también el Giro hace sólo dos años. Las caídas, la suerte, el ciclismo, la vida, … son sujetos sin matemática ni lógica algunas.
Sin embargo vuelve a subyacer el debate de la seguridad vs espectáculo, … quizá no es el momento, pero la espiral en la que se halla inmersa el ciclismo y el deporte en general no parece ayudar. Hace pocos días comentaba si el Giro trabajaba en “humanizar” el ciclismo. Parece que no está muy por la labor. Desde no hace mucho la faena de buscar parajes nuevos, intrépidos e incluso morbosos se ha vinculado al espectáculo que las audiencias demandan. No sé, el futuro pasa por este frágil equilibrio, si bien la mirada siempre estará puesta en esas cinco palabras tan asentada en el imaginario: “lo importante es el espectáculo”.
O es que pensamos en la integridad de los ciclistas cuando los vemos atravesar tramos adoquinados camino de Roubaix. Mucho me temo que la regla de tres se rige por el negocio, y en éste reside el objetivo del espectáculo, por mucho que al final acabemos obviando la seguridad de los auténticos protagonistas: el ciclista. 

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Ciclismo en Flandes, por las rutas que construyeron la fe

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Ciclismo en Flandes JoanSeguidor
Shimano 1024×140 – Ultegra
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Recortes peregrinos de una ruta que abrió para nosotros la profundidad del ciclismo en la tierra de Flandes

Nos cuentan que el «flandrien» es un ciclista duro, que compite hasta que su rostro se torna irreconocible, que cruza la meta con un brillo especial en la cara y el pelo húmedo, que angula sus brazos, acerca el mentón al manillar y baja la espalda porque no ve más acá del umbral del dolor.

Es un tipo que no se queja, que no mira al cielo cuando pone el pie en la ruta.

El «flandrien» auténtico» calzaba bicicletas de acero de trece kilos, llevaba el tubular a modo de chaleco y desparramaba su capacidad física, que no era poca, por el itinerario.

Oudenaarde JoanSeguidor

Ni Toni ni un servidor somos «flandriens», somos en todo caso, admiradores venidos del sur, para acercarnos lo más posible en esas sensaciones originales que cincelaron uno de los ciclistas más idealizados del universo de la bicicleta.

Nosotros no partimos hacia la conquista del Tour de Flandes, en todo caso, ser parte del lugar, donde no es difícil pasar desapercibido si vas en bicicleta.

El cielo está blanco, a veces azul «habéis traído el sol con vosotros» bromean, pero la lluvia nos va a respetar.

El frío flota en el ambiente, es noviembre, mediados, la hoja ha caído, y la que no mecha de ocre un paisaje por lo demás lineal, salpicado de alguna pequeña colina, que seguramente encierre algún adoquinado tramposo.

Son unos cinco grados.

Dries Verclyte, nuestro anfitrión de Cycling in Flanders, nos invita a una ruta por algunos de los parajes que cada año vibran no sólo con De Ronde, también con muchas de las grandes carreras del calendario belga y otras, las menores, que sirven para inocular este amor por el deporte, el paisaje y la tierra que en Flandes se llama ciclismo y que es una cultura que trasciende a lo meramente cotidiano.

ciclismo en flandes ruta en bicicleta JoanSeguidor

Los primeros kilómetros nos llevan de Oudenaarde hacia la base del Oude Kwaremont.

«Recibiréis un gratificante masaje y gratis» bromea Dries que aprovecha para señalar al horizonte: «Ahí, donde ese pequeño campanario blanco, tienes la cima del Koppenberg».

El ciclismo en Flandes es relajante: rodar sin más intención que respirar su aire, cortante por el frío, algo reseco, estamos a unos 100 kilómetros en línea recta de la costa, entremezclado con los «aromas» que vienen de las continuas granjas que dejas a los lados.

Es relajante por que no vamos enfilados en un pelotón con cien lobos jugándose el pan y por que el viento ese día estuvo en calma.

Los elementos también hacen el ciclismo de Flandes.

También lo es por el tráfico, casi inexistente en muchos tramos, con una completa red de carriles exclusivos para bicicletas que dejan ajeno a ese peligro que quita el sueño a muchos ciclistas.

Pronto llegaremos a la base del Oude Kwaremont, desde hace siete años, el punto clave en la decisión del Tour de Flandes, desde el momento que instaurara el circuito que actualmente decide la carrera.

Es una subida de dos tramos, unidos por un falso llano intermedio.

En él adivinamos que los laterales permiten «navegar» ajenos al adoquín, que es molesto, maltrecho, llevando tu ruta a un completo azar.

«Aquí no es tan importante la cadencia, como en los grandes puertos del Tour, aquí hay que tirar de cuádriceps, de fuerza, chepazos, parte central del manillar y para arriba» sugiere Dries en el asfalto que precede la subida.

El adoquinado tiene algo de «panza» por el centro, conviene irse a los lados, pero no mucho para no correr la suerte de Peter Sagan, a cuarenta por hora, cuando se enganchó a la valla y se fue al suelo Naessen y Van Avermaet con él.

Fue en la edición que ganó Gilbert, cincuenta kilómetros escapado, desde la escabechina de Boonen en la capila, Geraldsbergen, emblema que no podemos visitar, pues queda algo más alejado.

El Kwaremont queda atrás y viramos hacia el Paterberg

Si el primero se va a más de dos mil metros, éste no llega a los 400.

En su base, momentos antes de abordarlo, a nuestra derecha dejamos una granja, una más, podríamos pensar, per ésta es curiosamente de un animal andino, de llamas ¿qué haría ahí?

El Paterberg es un espejismo, una recta en mejor estado que el Kwaremont que parece una rampa de despegue, que gana desnivel según subes.

La inclinación final brilla, el sol ciego del otoño, casi invierno, flamenco, ilumina pero no calienta, le da al lugar un aspecto onírico que nos distrae de la verdadera dureza de la rampa.

En la cima del Paterberg tomaremos ruta a la izquierda, deshacemos por otra carretera el camino hecho, porque Flandes en estos lados, es estrecho, íntimo y revirado, un sorteo de curvas y contracurvas que pone en ventaja a la gente del lugar, de ahí que dos tercios de las ediciones De Ronde hayan sido para ciclistas del lugar.

De Ronde: Si el Kwaremont ha sido el muro + frecuentado el Paterberg tiene el desnivel + pronunciado, un 20,33% en su aliento final


Dries nos pone al corriente, vamos camino al Koppenberg.

Sobre el Kopperberg alecciona: «Ninguna otra carrera lo cruza, sólo el Tour de Flandes y eso que estuvo varios años sin subirse. Es sin duda el tramo más duro y en peor estado de todos los de la zona«.

Si una subida ilustra el ciclismo en Flandes es el Koppenberg.

Y así nos sumergimos en esa atmósfera que estrecha, recargada, no diría que asfixiante, pero sí mística, oscura, con recodos ponen en alerta nuestra máquina, una suerte de «toro bravo» que no se deja domar.

El Koppenberg es salvaje, el espacio es el que es, escaso y la estrechez obliga a ser certero en la trayectoria, más si eres parte de la manada de lobos que opta a la gloria en la meta de Oudenaarde.

Su pico de pendiente rebasa el 19%.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

Nos sentimos «flandriens», no tanto por nuestro rendimiento, como por formar parte del paisaje, participar de la tortura de un firme hostil, cuyo hormigueo te acompaña durante los primeros metros de llano que siguen cada adoquinado.

Pero al ciclista medio le gusta sentir ese dolor que le aproxima sus ídolos, en un escenario que tiene árboles por techo y restos del reciente Koppenbergcross, el de «todos los santos» que tuvo lugar días atrás.

Coronar su recta final es haber atravesado el tramo más auténtico de De Ronde, un espacio para la ensoñación que habla de lo complicado que es todo esto para un pro.

«Decididamente son de otra pasta» convenimos arriba.

La ruta, perfectamente señalada de forma perenne, prosigue hacia la calle del Tour de Flandes.

La sucesión de ganadores escritos en el suelo, con su año, nos advierte de lo trascendente del lugar.

ciclismo en Flandes estatua creador del Tour de Flandes JoanSeguidor

Antes de llegar a la mitad, el memorial de Karel Van Wijnendaele recuerda al creador de la carrera, hace más de cien años, siguiendo el patrón de otras grandes competiciones ciclistas: ante la necesidad de contenidos que ayudaran a vender más diarios, se organiza una carrera que no era otra cosa que una vuelta a Flandes, en el más estricto sentido de la palabra, con salida y llegada a la ciudad de las tres torres, Gante.

324 kilómetros tuvo aquella locura en 1913, años previos a la Gran Guerra que tantos capítulos se cobraría en los campos de Flandes, los que hoy mecen el mejor ciclismo del mundo.

La ruta prosigue por las flechas del Tour de Flandes dirección la cota favorita de Tom Boonen, ahí donde siempre gustaba tensar la cuerda.

El Taaienberg es una recta de medio kilómetro en la que la primera selección tenía lugar.

El sitio de Tom, el corredor que venera una esta región entregada al ciclismo, el digno portador del tesoro que un día guardó Johan Museeuw, como Stijn Devolder, como Peter Van Petegem y esos contemporáneos que un día nos abrieron la puerta de ese sueño que es el ciclismo en Flandes por un viaje que justo acaba de comenzar.

Continuará…

 

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Cuando la bicicleta desterró al caballo

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Shimano Dura Ace 2 – 1024×140
Shimano 1024×140 – Dura Ace 1

Entre los logros de la bicicleta, cabe reseñar cuando sacaron el caballo de las calles

El caballo fue un animal domesticado por el hombre desde tiempos de la prehistoria. Con los años pasó a ser un elemento clave en la movilidad individual, llegando a su apogeo en el siglo XIX. Sin embargo no todos podían permitírselo. Un caballo exigía unos cuidados de personal competente y entendido que sólo la aristocracia y alta burguesía podían costear. Con el tiempo hubo transporte colectivo movido por fuerza animal, pero los costes seguían siendo altos e incluso los espacios para atenderlos bien, en urbes a veces de plano medieval, escasos. El caballo además se fatigaba y el trayecto a pie se cubría en menos tiempo con frecuencia.

Llegaron entonces los ingleses con el pragmatismo que les caracteriza para sacar el “caballo mecánico” o también “hobby horse”, la evolución de la draisiana, el invento de Karl Drais que se demostraba más rápido que el caballo de toda la vida. Ese invento era el predecesor de la bicicleta y “galopaba” a buen ritmo en la mente de la sociedad con la popularización de carreras como la Burdeos-París o la París-Brest-París, incluso la singular Viena-Berlín en 1893 sobre el mismo trazado que se había cruzado tiempo antes a caballo.

DT – Swiss 400×100

Gordo Escapa

El resultado de aquella prueba fue concluyente. Los ciclistas fueron el doble de rápidos que los caballeros. Casi 31 horas de los primeros frente a las 72 de los segundos sobre nada menos que 582 kilómetros. Un medio el doble de rápido y cuatro veces más económico, los números se imponían y la gente empezó a valorar su forma de moverse por las ciudades.

El caballo había sido hasta el momento ejemplo de caché y prestigio, tenerlo era la evidencia de que la vida te había ido bien o que pertenecías a una familia adinerada, pero su profusión hacía invivibles las ciudades del momento. En 1902 París albergaba un parque “caballístico” de 102.000 unidades, aquello era insostenible, y no sólo en coste, también en higiene y suciedad, con la propagación de enfermedades que ello implicaba.

En contra la bicicleta crecía en prestigio. Asociaciones de velocipedistas y afines empezaron a hacer campaña, a desdeñar antiguos mitos del prestigio y poderío del caballo y divulgando las facilidades del nuevo transporte. Sería la primavera de la bicicleta, su primera explosión, en medio de ciudades donde nada sobraba y asegurar las tres comidas diarias era un reto. Sería la instalación de la flaca hasta que llegó la explosión del motor y los coches en los años cincuenta.

Hoy vemos muchas similitudes con aquella sociedad apestada por la suciedad e incomodidades que implicaba el transporte en caballo: cambiad este noble animal por el coche, mirad lo que son cada mañana nuestras ciudades en cuestión de atascos y veréis que el momento que algunos presumimos histórico se vivió hace cien años con un éxito…

Imagen tomada de Attelages-magazine.com

 

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En ciclismo el abanico es sinónimo de tortura

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Shimano Dura Ace 2 – 1024×140
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Hay diferentes perspectivas cuando hablamos de un abanico en ciclismo

Para los amantes del ciclismo, un abanico es un tipo de formación que dibujan los ciclistas en días en los que hace acto de presencia el viento, de forma lateral, por intentar resguardarse de él. Para los aficionados, un abanico es sinónimo de belleza, espectáculo, velocidad…

Para un corredor, es dureza, nerviosismo, tensión, sufrimiento, peligro.

La aparición de viento lateral no es siempre sinónimo de abanico. Para que se produzca, necesitamos un equipo o corredores con ganas de liarla, que aprovechen este aire para montar el abanico, o que la propia velocidad de la carrera, muchas veces ayudada por el tipo de carretera, lo provoque.

Si el abanico te lo montan, todo pasa muy rápido. Vas rodando en el pelotón y de golpe se acelera el ritmo. Buscas como un loco la protección del aire, para sufrir lo menos posible, no cortarte tú y rezando para que no se rompa el grupo. Cuando esto pasa los abanicos suelen hacerse rápido. Posiblemente acabes metido en uno de ellos relevando, no muy cómodo, pero irás haciendo.

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Si el abanico se produce de forma natural, sin que nadie lo busque, todo es más lento. Poco a poco el pelotón deja de ocupar la totalidad del ancho de la carretera y va decantándose por el lado contrario al que pega el aire. Estiras el cuello y miras a la cabeza. Todavía se ve el ancho de la carretera ocupado. Piensas en lo que darías por ir bien guardado ahí. Avanzan los metros, las fuerzas van escaseando, y ya se rueda enfilado. Algún corredor que no ha podido entrar en la fila, busca desesperado un hueco, pero nadie suele ceder ni un metro. Sin darte cuenta estas haciendo equilibrios por el borde del asfalto. Se rueda rápido, y de vez en cuando sientes como esas malas hierbas que viven al borde de la carretera se pegan en tu zapatilla.

Intentas como un loco meter la rueda delantera, entre el borde del asfalto y la rueda trasera del corredor que te precede. Cualquier mínima protección es buena. Algo ha pasado por delante, y el bandazo, que llega hasta la cola del grupo en forma de acordeón, casi provoca una montonera. Entre el esfuerzo y el susto, el corazón te sale por la boca. Vuelves a tu posición de tortura, estas hasta las narices de ver el culo del dorsal 104. Esa noche acabarás teniendo pesadillas con él.

Ya no sabes si formas parte del pelotón de cabeza, o de un segundo o tercer abanico. Tampoco sabes si llevas 20 minutos así o una hora. Sea como sea, se hace eterno. Al final ese dorsal 104, que ya “odias”, pierde unos metros. Se deja la vida por no cortarse, pero acaba rindiéndose para abandonar la cuneta de la tortura y buscar la del lado contrario.

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400×100 – Shimano Ultegra
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Estás vendido. Quieres cerrar esos escasos diez metros. Aprietas los dientes, las piernas te explotan y acabas optando por abrirte para encontrar el amparo del dorsal 104, ante tu incapacidad por entrar en la fila. Los corredores que vienen a rueda siguen tu estela, ese hueco es insalvable. Buscaran tener un mínimo respiro y relevar en un nuevo abanico, que les permita minimizar la pérdida de tiempo. Tu deseo de llegar a un cambio de dirección en la carretera no ha llegado a tiempo.

Ahí ya ves claro que si no hay un gran cambio te tocará perseguir hasta meta, pero por lo menos, lo harás con algo más de comodidad. Al cruzar la línea de llegada, la tensión, la sensación de peligro constante y la fatiga te han dejado para el arrastre. Los abanicos, eso que disfrutan muchos, pero sufrimos unos pocos.

Por Eric Monasterio

Imagen tomada Zarabici

 

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La Sea Otter Europe pondrá el foco en el ciclismo urbano

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El crecimiento del ciclismo urbano no será ajeno a la Sea Otter Europe

La edición 2021 de la Sea Otter Europe internacional será el punto de inflexión en la movilidad en las ciudades, ciclismo urbano en definitiva.

El festival quiere poner el foco y promover su crecimiento y concienciación junto al territorio Costa Brava – Girona y en especial este año también de la mano de Littium by Kaos como marca urbana. Y es que la urgencia climática es latente y poco a poco debemos buscar soluciones para mitigarla.

La edición 2021 del festival internacional será el punto de inflexión en la movilidad urbana, en la que el festival quiere poner el foco y promover su crecimiento y concienciación junto al territorio Costa Brava – Girona y en especial este año también de la mano de Littium by Kaos como marca urbana. Y es que la urgencia climática es latente y poco a poco debemos buscar soluciones para mitigarla.

Para ponernos en contexto, el Acuerdo de París es el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, adoptado en la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) en diciembre de 2015. A raíz de este acuerdo se describieron un conjunto de 50 acciones para alcanzar los objetivos del pacto para 2050.

Aun así, 2020 ha supuesto un año de reflexión y de autocrítica que ha planteado la urgencia y necesidad de ir más allá, estableciendo el reto de pasar de una reducción del 40 % de las emisiones para 2030, a una de al menos el 55 % para 2030.

La industria del ciclismo tiene un papel clave para esta transición ecológica

El compromiso por parte de la industria del ciclismo está hiendo a ritmo para formar parte de este cambio. Y a pesar de que la movilidad sostenible y el uso de la bicicleta todavía plantea retos, también es cierto que sus ventajas superan en creces los motivos por los que querer formar parte de este proceso de transición ecológica.

Sea Otter Europe quiere promover y motivar este cambio hacia un ciclismo urbano más sostenible. Como evento internacional y de carácter europeo, quiere servir de altavoz para todas aquellas marcas vinculadas a dicha causa, para que se siga construyendo este camino que a largo plazo supondrá una mejora sustancial tanto de calidad de vida, como de salud y de disminución de nuestro impacto al medio ambiente. Y es la industria del ciclismo, la que puede acelerar este cambio para poder alcanzar el nuevo objetivo para 2030.

Girona y la Costa Brava, el sitio perfecto para promover la movilidad urbana

Desde hace años, Girona y la Costa Brava se han convertido en una capital ciclista europea por ser la primera residencia de corredores profesionales en activo de las grandes citas ciclistas (Tour de Francia, Giro de Italia, etc), además de ser una ciudad adaptada a nivel de movilidad para el público ciclista (tanto en el ámbito de servicios como de infraestructuras).

Y en consecuencia se ha construido como el hub del estilo de vida ciclista europeo por su gran concentración de tiendas de ciclismo, coffee shop y empresas organizadoras de rutas ciclistas, entre otras, con una clara tendencia a ser una ciudad totalmente sostenible y amigable, y orientada a la movilidad urbana.

Littium by Kaos se suma en las acciones de movilidad sostenible del festival

Este 2021 la marca Littium by Kaos, una marca de pedigrí eléctrico y de origen vizcaíno, conocida por sus modelos de bicicletas urbanas, sumará fuerzas con el festival para seguir impulsando la movilidad urbana.

Tal y como explica el director de márquetin de la marca, Carlos Núñez «en nuestro país la movilidad es una carrera de fondo. No se trata sólo de vender bicicletas, sino de transmitir a la sociedad en su conjunto y la clase política y autoridades la necesidad de cambiar el paradigma de la movilidad hacia modelos más sostenibles y, además, más saludables.»

Ciclismo urbano en la Sea Otter Europe: Littium Girona Urban Ride

Es por esto, que para seguir promocionando la practicidad y beneficios de la movilidad urbana en bicicleta y con un aire lúdico, nace la Littium Girona Urban Ride.

Una actividad pensada por y para las visitantes más urbanitas, que se añade al programa deportivo de la Sea Otter Europe.

Una salida en grupos de quince personas, por el centro de la ciudad y en bicicleta eléctrica. Con un recorrido ideal para conocer sus rincones, descubrir sus monumentos, tomar un tentempié y hacer una foto de grupo para enmarcar la experiencia.

Una actividad pensada para disfrutar juntos de las bondades de pasear por Girona en bicicleta urbana y eléctrica, y en el marco de la Sea Otter Europe durante el fin de semana del 24-25-26 de Setiembre 2021.

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"Brotes verdes" en el ciclismo español
Vamos a ser optimistas y agarrarnos a todo ese calendario de febrero, a esos equipos que van creciendo sin prisa pero sin pausa, a esos nombres que empiezan a desfilar...

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