Mathieu Van der Poel
Van der Poel hijo en 5 esenciales
Ahora mismo no le veo límites al palmarés de Mathieu Van der Poel
No sé si es que el año le ha resultado muy intenso o que Mathieu Van der Poel ha querido pasar página rápido, pero su maillot irisado ha sido visto y no visto.
Unas cuantas carreras y cierre de Van der Poel en una París-Tours que merece a los mejores
Habrá que esperar a la próxima primavera para disfrutar a tope el buzo más especial del pelotón con más asiduidad en las espaldas de uno de los corredores con más flow del pelotón, un tipo que no deja indiferencia, despierta pasiones y genera afición como pocos.
Desde que diera el salto a la carretera, Mathieu Van der Poel ha demostrado una evolución tan brutal que nos cuesta reconocer en este campeón aquel mozalbete nieto de Poulidor recién venido del ciclocross, aunque con bagaje ya en carretera.
Con esta premisa, queremos dejar cinco básicos para entender y querer a Mathieu Van der Poel.
Una evolución tangible,…
Ver a Van der Poel «campeonar» en Glasgow y ponerlo negro sobre blanco con el que reventó en Yorkshire, cuatro años antes, es como degustar dos ciclistas diferentes.
El de entonces, un auténtico temerario, que se echaba las fugas a la espada y las arrastraba hasta caer destrozado.
El de este verano, un ciclista certero, con un golpe, sólo uno pero demoledor y suficiente para ser campeón del mundo.
Un cambio de ritmo brutal
Ahí reside la gran fuerza del neerlandés.
Cuando acciona el mecanismo de destrucción se acabó el plan para los demás, abre un pequeño hueco rápido y lo van ensanchando de forma paulatina e irremisibe hasta que decanta la carrera.
Lo vimos en San Remo, en Roubaix y en el Mundial, un tridente que habla del salto de calidad que le ha implicado el año que acaba.
Registros muy marcados
Si una cosa tiene el nene es que su programa se va concentrando y se centra en aquello que sabe le va a resultar.
Salió de la zona de confort del ciclocross para crecer en su entorno natural, las clásica, y en ello está.
Tiene claro el objetivo y se centra en él, todo lo demás que venga perfecto, como etapas o el amarillo del Tour, pero él la historia la escribe en sus terrenos.
Sólo se tuerce del renglón con el BTT, que no le sonríe, pero no creo que ceje en el empeño con unos JJOO en el horizonte.
Techo sin adivinar
Una vez abierto el melón de los monumentos, nos queda saber cuántos será capaz de coleccionar.
En clara competencia con Pogacar, que le ha pisado el césped en Flandes, ahora mismo cuelgan cuatro de su palmarés, pero a ritmo que va mira de tú a tú leyendas no tan lejanas como Boonen y Cancellara.
Si sigue con este registro anotador puede acabar entre los mejores de todos los tiempos en la materia.
¿Un día? El mundial mismo
Este Campeonato del Mundo escocés ha sido el culmen, la cuadratura del círculo para Mathieu Van der Poel.
Con presencias más contenidas y bien calibradas, su actuación en Glasgow ha sido sencillamente abrumadora, tanto como el cambio de ritmo que exhibió y la forma con la que se repuso de la caída posterior.
El coco ya viste de arcoíris, ¿qué será lo siguiente?
Por de pronto seguro que nos amenizará algunas sobremesas de Navidad y fechas aledañas.
Mathieu Van der Poel
Van der Poel también tiene y pone límites
El calendario de Van der Poel cada año es más pequeño y centrado
Hubo unos meses, no sé si por la salida de la pandemia, o por las ganas de estos chavales, que el ciclismo entró en un stress competitivo que nos hizo preguntarnos por la longevidad de estos corredores en el tiempo y espacio, corredores como Remco, como Van Aert, con Pogacar o el mismo Van der Poel.
Ciclistas que le metieron una velocidad más a este deporte, descolocando a otros que venían de liderar el ciclismo antes de la pandemia.
Una cambio de ritmo en el que Mathieu Van der Poel ha tenido mucho que ver.
Aquella famosa Strade Bianche de 2021 es un icono de esta nueva realidad, un ciclismo asilvestrado, corrido a pura fuerza, sin reserva ni rodeo, con siete grandes nombres metidos en la escapada y todos tirando como si no hubiera un mañana.
Van der Poel salió victorioso de aquella jornada en la que el propio Alaphilippe probó uno de los ataques más brutales que recordamos en mucho tiempo.
Ese Mathieu era campeón del mundo de ciclocross, brillaba en carretera y tenía billete para la carrera olímpica de MTB
Lo corría todo, doce meses al año non stop, incluso clásicas más pequeñas, en las que su sola presencia era invitación a ponerte la tele y disfrutar del espectáculo.
Estos tiempos tocan a su fin.
Mathieu Van der Poel hará el año que viene 29 años y admite que «un invierno sin ciclocross también estaría bien«.
Es decir que lo que le vamos a ver competir este invierno, ojo que si no está Van Aert, se queda sin interlocutor, habrá que disfrutarlo mucho y bien porque en el futuro nada está claro.
Y lo mismo sucede con MTB, pues Van der Poel en persona ha admitido que mejor centrarse en algo, y ese algo creo que va a ser carretera.
El Van der Poel que hemos visto este año ya anticipaba estos movimientos, pero creo que vamos a una selección más fina de objetivos y carreras para el neerlandés, carreras que si todo va a bien se va a hinchar a ganar varias veces, com Roubaix o Flandes, donde no se baja de la segunda plaza del podio desde hace cuatro ediciones.
Luego estarán los objetivos ajenos, que no aleatorios, Mathieu Van der Poel querrá etapas en las tres grandes, haber sido líder en todas ellas y firmar éxitos en los pocos sitios que le quedan por situar en su palmarés.
Nada que ver con ese ciclista de 2019, 2020 y 2021 que todo lo competía y casi todo para ganar.
Al final todos, también él, tenemos límites.
Mathieu Van der Poel
Moments23: Con Van der Poel emergió el arcoíris en Glasgow
La proeza irisada de Van der Poel en Glasgow nos dejó sin respiración
Me hablaba hace poco Flecha sobre su experiencia en la versión escocesa de Further de las sorpresas que guardaba Escocia para el ciclista, que en medio del temporal, el cielo podía dejar de descargar de golpe y regalarte un arcoíris memorable.
Un tiempo tan azaroso como cambiante, incluso en verano, incluso una tarde cualquiera de domingo de agosto cuando los mejores del mundo, con Mathieu Van der Poel al frente, se juegan el arcoíris entre Edimburgo y Glasgow.
El mundial, el supermundial de ciclismo, el que puso a Glasgow en el centro del universo de todos los ciclismos, disfrutó en exclusiva de la mejor versión de siempre de un Mathieu Van der Poel que mereció más que nadie el premio que se llevó a casa, el maillot más bonito de nuestro deporte.
La tarde la recordáis bien, mientras todos moríamos de calor en medio continente, Escocia recibía el pelotón con esa calidez gris, espesa y húmeda que le caracteriza.
El circuito ratonero y estresante hizo el resto, una carrera memorable que pasó a los anales mal que les pese a muchos que esperan recorridos en el desnivel por el desnivel sea el protagonista casi único.
Por suerte, en el ciclismo que se impone se premian virtudes como las de Mathieu Van der Poel, a priori encantado con el recorrido de Glasgow, aunque había que competir, mucho y bien.
Y lo hizo, vaya si lo hizo, en medio de un grupo de estrellas, reducido y selecto, sacando la cabeza en medio de tanto coco.
Atento siempre, dio el golpe final, uno y definitivo, en una penúltima vuelta que tuvo el susto de la curva y la caída para ponerle la zozobra que el supremo estado de forma del neerlandés no iba a conceder.
Incluso con la caída, con la maneta medio rota, las zapatillas con las boas colgando, incluso con todo eso, Van der Poel voló en una travesía suprema hacia uno de los oros más deseados del ciclismo actual.
Su triunfo fue la guinda a su temporada de francotirador y una muesca más en su cuenta privada con Van Aert.
Mirad los anales, porque yo de memoria no recuerdo un año con el mismo campeón mundial de ruta y ciclocross.
Si uno tenía que abrir ese capítulo, tenía que ser él.
Imagen: FB UCI– Ian MacNicol/SWpix.com
Mathieu Van der Poel
Mundial: La mejor carrera de Mathieu Van der Poel
Todo fue perfecto en el Mundial de Van der Poel
Haced un ejercicio, nada, en cuatro años de ciclismo, mirad el mundial de Mathieu Van der Poel hacer cuatro años en Yorkshire y ésta de Glasgow.
Ambas se desarrollan en la gran isla, en emplazamientos no muy lejanos, en condiciones algo similares, pero con desarrollo y resultado muy diferentes.
Mathieu Van der Poel se ha convertido en una máquina de matar perfecta, afinada y efectiva que, ahora sí, empieza a engullir un palmarés monstruoso: San Remo, Roubaix y Mundial, el mismo año.
El circuito, ay el circuito de Glasgow era un guante a su mano, pero lo era también al espectáculo y a una carrera abierta, llena de alternativas, cortes y giros de guión.
Todo aconteció justo cuando dieron caza a Alberto Bettiol, a unos veinte largos de meta.
Mathieu Van der Poel, acompañado de Pogacar, Van Aert y Pedersen, le dio la puntilla a sus rivales con un ataque, seco y certero sin necesidad de más.
Pogacar no era el de Flandes, Van Aert perdía metros -en una imagen con la que debe soñar, él quedándose de VDP- y Pedersen ya no tenía más.
La carrera pudo estar sentenciada desde ese mismo momento, ante la desproporción de ritmos si no llega a ser por la caída de Mathieu Van der Poel en una curva de derechas.
¡Caída de 🇳🇱 Mathieu Van der Poel! Ha vuelto como si nada pese a romperse la zapatilla.#GlasgowScotland2023 pic.twitter.com/23btsHOXiq
— Alpe__dHuezPT (@Alpe__dHuezPT) August 6, 2023
Qué costalazo, rasponazos en codo, rodilla y lateral derecho, zapatilla derecha con BOA rota, pero con lo suficiente para seguir con la marcha infernal y devolver la diferencia como si nada hubiera pasado.
El circuito, tan poca cosa para algunos, estaba abriendo unas diferencias brutales entre los ciclistas.
Los cambios de sentido, las cuestecitas, los látigos… la tensión en definitiva había sido demasiado hasta para los rivales directos para Van der Poel.
Antes de todo esto, y volviendo al principio, el nuevo campeón del mundo, medio año después de serlo de ciclocross, había dado una lección de gestión y enfoque en una carrera como ésta.
A diferencia de Yorkshire, el VDP de cuatro años después es un corredor fiable y anotador, un killer en esencia con un punto de locura, que espero nunca pierda, pero lo suficientemente controlado como para saberse el mejor cuando está bien.
El mundial de Glasgow ya figura en su palmarés, la leyenda continúa…
Mathieu Van der Poel
Van der Poel en la Amstel, cuando el ciclismo salió en las noticias
La Amstel de Van der Poel fue una de esas marcianadas eternas
Aquella Amstel Gold Race sigue siendo tema de conversación en muchos hilos de redes sociales y grupetas, la que Mathieu Van der Poel se embolsa in extremis, viniendo de atrás, de la nada, del vacío.
Corrían escapados dos de los mejores ciclistas de aquella primavera.
Ojo que hablamos de hace cuatro años, que con pandemia de por medio, parecen una eternidad, mucho más que un ciclo olímpico, pero cuatro años nada más.
Julian Alaphilippe lo ganaba todo esos días, dominó San Remo y Strade del tirón, con especial mención a la primera, que había ganado de forma soberbia.
Jakob Fuglsang estaba, sin saberlo, en capilla de imponerse en solitario en la Lieja-Bastogne-Lieja, una semana después.
Amstel Gold Race de 2019: una de las mayores marcianadas de Van der Poel.
🎥 https://t.co/2gGam4hFjZ pic.twitter.com/RgAHZUdV16— Iker Gallastegi (antes @ikguallas) (@ikgallas) April 14, 2023
Era el dúo favorito y se destacó rápido, ya veis entonces un ataque a 35 de meta nos parecía la hostia, pero más o menos por ahí atacó Alaphilippe.
Circulaban ambos con una distancia interesante que parecía definitiva.
Más de medio minuto a kilómetro y medio cuando aconteció el desastre para los de cabeza.
El francés, que ya había dado cuenta del danés en la Strade, vio cómo Jakob empezó a racanear sin disimulo en los relevos.
Ambos empezaron a vigilarse, a hacer eses prolongadas a lo largo de la carretera, sin reparar que los de atrás venían conducidos por un furibundo Mathieu Van der Poel, quien tomó el mano a seis de meta y de ahí ya no le quitaron hasta cruzar el arco de esa Amstel.
Lo que a kilómetro y medio parecía increíble, empezó a tomar forma a partir del triángulo rojo y a unos 400 metros ya nadie dudaba que aquello podía saltar por so aires.
Kwiatkowski también andaba por ahí y fue el primero en cazar.
Van der Poel condujo el grupo para susto de Alahilippe que se vio desbordado a tal punto que lanzó el sprint precipitado y sin gas.
El neerlandés los pasaría por encima, Simon Clarcke subió a la segunda plaza y Fuglsang, asómbrense, fue tercero.
Julian cayó fuera del podio mientras que Schachmann, el llorado Lambrecht, De Marchi, Madouas y Bardet, entre otros, no pudieron ni cogerle la aspiración al tío que llevaba un rato dejándose la vida en la persecución.
Ni rebufo, ni mierdas, Van der Poel sacó el ciclismo de la zona de confort y lo puso en los telediarios e informativos de día siguiente, en medio de los titulares del fútbol y esas cosas.
Sacar al ciclismo de su círculo íntimo, eso hizo Mathieu, lo puso alto, muy alto, en una de esas acciones que trascienden el deporte en cuestión.
Cuando hablamos de estos cocos, podemos decir que hubo una primera vez para su asalto, y si hemos de situarlo en algún punto, lo pondría en aquel domingo de abril de 2019.
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