Ciclismo en pista
El ciclismo ante el aplazamiento de Tokio 2020
El retraso de Tokio 2020 golpea sobre todo al ciclismo en pista
Decir Tokio 2020 es desde hace unas horas una anacronismo, en este mundo donde los acontecimientos nos pasan por encima, lo adecuado ya es meterle la coletilla temporal de 2021.
Y así, mientras todos los deportes buscan soluciones, mientras se renegocian becas, se habla de los clasificados y no, y todo eso, el ciclismo sigue en cuarentena obligada y necesaria sin decir mucho por que sinceramente, no nos parece un drama este aplazamiento.
De hecho hace días que deportistas se manifestaban a favor porque en estas condiciones mantener un entrenamiento normal.
La decisión caía por su propio peso porque ahora mismo, en esta situación, pensar en los Juegos Olímpicos es un jodido lujo que no nos podemos permitir.
Dejar Tokio 2020 para 2021 tiene un impacto más directo en el ciclismo por cuanto la presión crece sobre el Tour de Francia.
Salvar la París-Niza como se hizo fue un milagro, lo dijimos, pero no pocos corredores hablaron de ambiente irreal y fantasmagórico.
¿Eso queremos para el ciclismo?
¿Eso queremos para los ciclistas que cacareamos admirar tanto?
La decisión de posponer Tokio al año que viene es irrefutable.
Dijimos hace unos días que estamos ante la temporada más random de la historia, con tantas cancelaciones y suspensiones, de llevarse a cabo un calendario, aunque sea en parte, como el que va tomando forma, daría un palmarés dantesco.
Adivinar ganadores, apostar por uno o por otro, cuando las situaciones previas han sido tan diferentes es una moneda al aire.
El impacto del aplazamiento de Tokio 2020 en el ciclismo no es igual dependiendo la familia y especialidad.
Para lo corredores de carretera es importante, el oro olímpico se cotiza, pero para las otras modalidades es un golpe muy duro.
Para BTT es quitar la cita que da sentido durante cuatro años y para la pista más de lo mismo.
Entiendo que se respetarán los cupos y clasificaciones ya concedidos, ahí España sólo podría ir a mejor.
Si un corredor de carretera tiene una campaña para explayarse, incluso en estas circunstancias, y un fondista acostumbra a combinar pista con carretera, el golpe a los velocistas sí que es duro.
Para ellos los Juegos Olímpicos es la «Cita», el vértice de todo su trabajo durante cuatro años y el centro de cualquier ayuda que pueda recibir.
Para un velocista el mundo empieza y acaba en el velódromo.
El retraso de la cita olímpica les compromete más que a nadie.
No quiero imaginar cuál será la actividad en las mesas de los preparadores… en su mano está que esto sea lo menos posible.
Imagen: FB de la RFEC







