Ciclistas
Strade Bianche ¿Quién le pone el “cascabel” a Pogačar?
Los rivales de Pogačar en la Strade Bianche son muchos pero muy alejados sobre el terreno
Dejadnos que echemos mano del amigo Javier Ares y una de sus expresiones para arrancar esta pieza sobre la Strade Bianche 2026 y Pogačar porque cualquier desenlace que no incluya al esloveno levantando la bicicleta en la Piazza del Campo supondría una sorpresa mayúscula.
El de UAE ha convertido el sterrato en su jardín particular, obligando al resto del pelotón a pelear por las migajas de una gloria que parece adjudicada antes de salir de Siena.
En este escenario, la brecha entre el caníbal y el resto se acentúa al mirar una lista de inscritos donde conviven la nueva aristocracia del pedal y una clase media alta que empieza a oler a naftalina competitiva.
El choque de generaciones es crudo y no admite sentimentalismos.
Nombres que hasta hace dos telediarios eran las ruedas a seguir, los tipos que daban sentido a las apuestas, hoy deambulan por la previa con el aura de quien ha sido desplazado por un tsunami.
Hablamos de corredores como Jack Haig o Michael Valgren, hombres con motor y oficio que, sin embargo, han pasado a ese segundo plano tan ingrato donde el protagonismo se limita a la supervivencia.
Lo mismo le sucede a Valentin Madouas, un ciclista de una pieza que ve cómo su jerarquía se difumina ante la insolencia de tipos como Isaac del Toro o Quinn Simmons, quien a pesar de su juventud parece llevar una eternidad intentando descifrar el código de estas carreras mientras los nuevos talentos lo saltan por encima sin mirar atrás.
Incluso figuras como Tom Pidcock o Ben Healy, que sobre el papel deberían ser la alternativa real al dominio de Pogačar, parecen hoy más cerca de ese grupo de ilustres en declive que de la victoria absoluta.
Sólo aspiran si el campeón del mundo no está en liza.
El británico, ganador en Siena, se encuentra en esa frontera peligrosa donde la regularidad no basta para frenar a un corredor que corre contra la historia.
El análisis de los favoritos que llega desde el entorno internacional subraya una realidad incontestable: la hornada que crece, liderada por figuras emergentes como Paul Seixas, está jubilando de facto a quienes no hace tanto eran las promesas del mañana.
En la Toscana no habrá lugar para la nostalgia.
El polvo de los tramos blancos cegará a los que aún confían en los galones del pasado. Si Pogačar decide que la carrera se rompe a ochenta kilómetros de meta, nombres como los de Haig, Madouas o Valgren solo podrán ser testigos mudos de un cambio de guardia definitivo.
La Strade Bianche ya no espera a nadie y el ciclismo actual, voraz y sin memoria, se prepara para otra exhibición unipersonal del esloveno, dejando al resto la melancolía de lo que pudieron ser y ya no les dejan ser.





