Ciclismo
A vueltas con la retirada de Simon Yates
En Visma el agujero de la retirada de Simon Yates es brutal
Hay noticias que no se explican con un comunicado de prensa, por mucho que el Visma-Lease a Bike se esfuerce en ponerle papel de regalo a la espantada de Simon Yates.
Y mira que los neerlandeses cumplieron la liturgia de enviar la info en su momento.
Que el vigente ganador del Giro de Italia cuelgue la bicicleta apenas estrenado el año, con un contrato en vigor hasta finales de 2026 y los galones de jefe de filas para la París-Niza sobre la mesa, no es un “punto final” cualquiera.
Es un síntoma.
En la casa de las abejas, donde todo se mide, se pesa y se optimiza hasta el paroxismo, la retirada de Simon Yates ha caído como un jarro de agua helada.
Una semana después siguen dándole vueltas.
Dice Grischa Niermann que esto no estaba en los planes.
Y es normal.
El equipo orange, esa estructura que presume de convertir el ciclismo en una ciencia exacta, se ha encontrado con la única variable que no puede controlar mediante algoritmos: el hastío del corredor.
Simon Yates no se va porque le falten vatios.
Se va después de una temporada 2025 de ensueño, con el Giro en el bolsillo y una etapa en el Tour.
Se va, precisamente, porque ha tocado ese techo de cristal donde la autoexigencia y los métodos militares de estructuras como Visma terminan por secar la garganta.
Escuchar a Jonas Vingegaard admitir que él mismo ha estado cerca del burnout da la medida de la tragedia silenciosa que vive el pelotón moderno.
Ya lo sé, nos repetimos: El ciclismo actual es una picadora de carne.
Ya no basta con ser el mejor escalador; hay que ser el mejor contable de calorías, el mejor monje en las concentraciones de altura y el más disciplinado.
Yates, un corredor de la “vieja escuela” en su esencia —valiente, impredecible y de ataques lejanos—, parece haber dicho basta al darse cuenta de que, para ganar hoy, hay que dejar de ser humano para ser un componente más de la máquina.
Para el Visma, el problema es deportivo y logístico.
A mediados de enero, el mercado es un solar.
No hay “sustituto” para un ganador de Giro y Vuelta, porque esos corredores no sobran.
Pero más allá de la París-Niza o del apoyo a Vingegaard en el Tour, la huida de Simon deja una pregunta incómoda en el aire: ¿Vale la pena ganar si el precio es perder las ganas de montar en bici?
La respuesta, a la vista de muchos, es que sí.
Yates se va con la paz de quien ha ganado lo que quería y la dignidad de quien no quiere arrastrarse por un sueldo que ya no compensa el sacrificio.
Se va el talento, queda el sistema.
Y el sistema, hoy, duerme un poco más solo.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters



