Ciclismo
El arte de rematar, por Simon Yates
Ciclista de instinto, capaz de volar y hundirse al día siguiente, Simon Yates abre la lista de retirados ilustres de 2026
Simon Yates abrió este año la lista de despedidas antes de lo acostumbrado.
Rompió el hábito de esperar a septiembre u octubre para comunicar el adiós y lo hizo con el peso de ser uno de los nombres propios que cuelgan la bicicleta tras una campaña con bastantes bajas en el pelotón.
Hablamos de un ciclista con dos grandes vueltas en el zurrón, la Vuelta a España de 2018 y el Giro de Italia de 2025.
Siete años de distancia entre una carrera y otra en una época marcada por el dominio férreo de Jonas Vingegaard, Tadej Pogačar y algún otro contendiente.
Su mérito resulta enorme.
Solo ha sumado treinta y cinco triunfos a lo largo de su trayectoria, pero con un calibre indiscutible.
Echaremos en falta esa forma de correr, expuesto siempre al viento, buscando huecos y moviéndose en todos los terrenos posibles, bailando sobre la bicicleta.
Nos queda el consuelo de seguir viendo a su hermano Adam en carrera, aunque lejos de aquel nivel que le llevó a ser tercero en el Tour de Francia y ahora supeditado al trabajo para Pogačar y Del Toro.
De Simon guardaremos muchas postales, pero la etapa del Giro en el Finestre resume su figura.
Mientras Richard Carapaz e Isaac del Toro discutían sin ponerse de acuerdo, el británico marchó hacia adelante y se solapo a la rueda de Wout van Aert para sellar uno de los mejores días de ciclismo de los tiemosp recientes.
Nadie imaginaba entonces que sería su última gran conquista antes de retirarse pocos meses después, dejando abiertas preguntas sobre la dureza del oficio y el balance entre tanto esfuerzo agónico y la recompensa real por mantenerse en la cumbre.
A sus dos rondas de tres semanas añade etapas en las tres grandes citas: seis triunfos parciales en el Giro, tres en el Tour y dos en la Vuelta.
Ganó la Tirreno-Adriático de 2020 disputada en pleno agosto por la pandemia, fue segundo en París-Niza ganando parciales, y sumó la general en el AlUla Tour o en Castilla y León.
Pero su paso por el pelotón deja dos lecciones claras.
La primera, que los dos hermanos supieron ganarse el sueldo y la gloria lejos de la estructura británica de Sky, labrando su camino desde las antípodas en el Orica, equipo tan mítico como admirable, lleno de cazadores de gloria.
La segunda, su carácter impredecible, capaz de firmar días pletóricos alternados con hundimientos estrepitosos.
Cierra su carrera el primer nombre de esta serie, un corredor británico que elevó el nivel de las islas y cuya sucesión queda ahora abierta.








