Connect with us
Leaderboard 1 XX
Leaderboard 2 XX
Leaderboard XX 2 – 2imagen

Síguenos y subscríbete

Como estar informado y participar en sorteos de carreras y productos, NO TE LO PIERDAS!

Ciclismo antiguo

Roger Walkowiak, el campeón que nunca quiso serlo

Publicado

en

DT – 2022 post

Quisiéramos cumplimentar o recordar en estas columnas que nos brinda El Cuaderno de Joan Seguidor la figura emblemática y hasta fugaz que apareció en los anales del deporte de las dos ruedas. Nos referimos hoy al protagonista de otros tiempos, Roger Walkowiak, sobre el cual queremos desarrollar el siguiente comentario que nos ilustre acerca de sus antecedentes deportivos y sus controvertidas ingratitudes que le tocó vivir en el curso de su carrera como ciclista profesional, que abarcó entre el año 1949 y 1960.

Tuvimos la oportunidad de conocerle personalmente y hasta simpatizar en nuestros coloquios aun teniendo en cuenta su carácter marcadamente introvertido. Parecía vivir en un círculo aislado que le hacía parecer un personaje anónimo y alejado de la realidad. Fue el Tour de Francia, competición inolvidable en los anales del ciclismo, la que nos permitió adentrarnos en los designios de este corredor un tanto singular, coincidiendo con nuestra labor obligada como corresponsal periodista seguidor de la ronda gala.

Nuestro trabajo cotidiano nos adentró hacia su persona, un poco, hay que decirlo, ante su debilidad al enfrentarse a los acontecimientos con que se encontró en su caminar por la senda de la vida como sufrido corredor del pedal, al desempeñar básicamente la función oscura como gregario, un oficio silencioso que no conoce la gloria.

El francés Roger Walkowiak no pasó de ser un ciclista de pocos vuelos, que tuvo la grandeza inesperada y explosiva de ser ganador del Tour de Francia del año 1956, un triunfo muy cacareado y hasta criticado de manera un tanto despiadada por parte de los medios informativos de aquella época, época que bien recordamos. Dentro de la esfera de las dos ruedas, no es historia nueva la exposición que plasmamos aquí en este medio de información variado en el cual se comentan tantas cosas en torno al deporte rodado, este atractivo mundo que magnetiza a miles y miles de aficionados entre los cuales nos encontramos nosotros.

¿Por quién tocan las campanas?

No han sido pocos los corredores que irrumpen de manera espectacular y que nos augura un lisonjero porvenir a raíz de alcanzar un triunfo en tal o cual competición de cierto prestigio internacional. El casualismo es un fenómeno que preside en no pocas carreras ciclistas. Hay que contar con este ingrediente que nos llega de la mano de la sorpresa. No han sido pocos los ciclistas, todos lo sabemos, que de una forma fulgurante o espectacular han surgido casi de la nada y cuyas campanas de gloria tocaron para difundirse a los cuatro vientos ante una actuación que no estaba escrita en los cánones esperados. Entonces todo es incienso y gloria.

Luego resulta que con el paso de los tiempos la prestación de mérito de tal o cual corredor en cuestión desaparece del firmamento como por arte de magia. Su figura ensalzada retorna sigilosamente al mundo de los olvidos. Es como una pompa de jabón que reluciente circula por unos instantes al son de los vientos, y que en un abrir y cerrar de ojos, instantes después, se desvanece al elevarse hacia los cielos. En un sentido amplio de la palabra resultará ser una ilusión truncada, una ilusión que no ha cumplido con las esperanzas anunciadas.

Retrocediendo al Tour de 1956  

Hagamos un poco de historia en torno a la senda trazada que llevó a Roger Walkowiak a vencer el Tour del 56, la prueba más ambicionada del calendario ciclista. Desde el principio su participación en el aludido Tour se vio rodeada de casualidades. Le llamaron a última hora para participar  en el equipo regional que representaba a la zona noroeste de Francia. Era el único corredor disponible que podía concurrir y obligado a sustituir a Gilbert Bauvin, quien había sido promocionado para formar parte del equipo nacional francés, una distinción que se hacía valer. Cabe recordar que en aquel entonces en el Tour no participaban equipos patrocinados por marcas de bicicletas o similares, las escuadras que concurrían representaban a cuatro regiones francesas y el resto se cumplimentaba en  función de los equipos que titulaban las naciones de cada país inscrito.

Una vez puesto en marcha el Tour en la ciudad de Reims, y más concretamente en el transcurso de la séptima etapa, Lorient-Angers, el  corredor galo, léase Walkowiak, en un golpe de azar fortuito, se encontró en fuga en compañía de una treintena de esforzados de la ruta, deseosos de darse a conocer. Adquirieron una abultada ventaja de dieciocho minutos que se hacía difícil el poder paliar así como así.

No era la primera vez ni mucho menos que acontecía un acontecimiento de estas características en una carrera de largo kilometraje, en donde las figuras estelares, sin percatarse de la peligrosidad que encierra una escapada  de esta índole, pierden sin quererlo toda opción de recuperar los minutos perdidos en un día catalogado de intrascendente. Walkowiak, efectivamente, se colocó automáticamente líder de la prueba y supo conservar parte de su renta de minutos, gracias a su entereza moral en las etapas que siguieron. Se sintió con voluntad férrea suficiente para atemperar los intentos llevados a cabo por los considerados sobre el papel como favoritos. Llegaron a fin de cuentas demasiado tarde para recuperar o rehacer lo perdido. Se dio la circunstancia de que Walkowiak se enfundó la elástica amarilla sin haber siquiera ganado una sola etapa, un factor que llama a la atención y que rompe con toda la lógica.

En la décima etapa, el holandés Gerrit Voorting consiguió arrebatar el maillot amarillo a Walkowiak. Sin embargo, en la decimoquinta etapa, Wout Wagtmans, un segundo holandés, logró el liderazgo. Tres días más tarde, en los colosos collados alpinos, Charly Gaul atacó con insistencia para reafirmarse en el Gran Premio de la Montaña. Wagtmans perdió un cuarto de hora y este contratiempo hizo que Walkowiak lograra hacerse de nuevo con el maillot amarillo, una quimera.

Durante las siguiente cuatro etapas “Walko”, así le solían apelar más familiarmente sus amistades, defendería su primer puesto integrándose en las principales escapadas que se hilvanaron en lo que restaba de Tour. Terminó finalmente en primera posición con un minuto con 25 segundos de ventaja sobre su compatriota Gilbert Bauvin, corredor gracias al cual Walkowiak, repetimos,  logró concurrir en el presente Tour, toda una otra casualidad.

2Walkowiak, sus orígenes y su historial 

Walkowiak nació en el mes de marzo de 1927, en una pequeña aldea no lejana a la localidad industrial de Montluçon (65.000 habitantes), que se sitúa en el centro de Francia, en la conocida región de Auvernia y que tiene fama en la elaboración de espejos y también en la preponderancia prolífera de Altos Hornos y varias fundiciones diseminadas en la zona, fuentes de riqueza económica. Sus padres eran polacos y emigraron a Francia con el deseo de alcanzar un nivel económico mejorable y más estable. Su padre era minero. El oficio de Roger Walkowiak, nuestro protagonista, aún dedicándose de muy joven a la bicicleta, era tornero de profesión, un oficio acusadamente duro y poco soportable.

No poseía un brillante y llamativo historial. Participó por seis veces en la ronda gala, retirándose en un par de ellas (1955 y 1957). Aparte de la citada victoria absoluta lograda en el año 1956, logró terminar en los años 1951 (57º lugar), 1953 (47º) y 1958 (75º). De ello se deduce que no pasó de ser más que un ciclista de los corrientes, sin muchos alardes y con recursos limitados. Lo suyo, lo principal, fue ser ganador absoluto del Tour, un golpe de suerte, repetimos, un tanto accidental.

Cabe consignar, en su limitada actividad, que se adjudicó dos etapas en la Vuelta a España, concretamente en la ciudad de Pamplona (1956) y en la jornada que finalizó en Cuenca (1957). En aquellos tiempos las victorias absolutas se habían decantado, respectivamente, a favor del italiano Angelo Conterno y del español  Jesús Loroño.

Conclusión

Son datos éstos a retener para los que le gusten de las estadísticas y de rememorar hechos del pasado, que siempre los hay en el libro de los recuerdas. Vale la pena, sinceramente lo creemos así, que tengamos siquiera un pensamiento retroactivo en torno a este ciclista llamado Roger Walkowiak, introvertido y encerrado en la modestia, que intentó conquistar a toda costa una fama que desgraciadamente no consiguió. Su vida fue una frustración, digan lo que digan. Nuestros encuentros con él me lo confirmaron plenamente. En realidad sentimos nostalgia y hasta una cierta tristeza al recordar esta faceta que aquí hemos expuesto de manera sucinta.

 Por  Gerardo  Fuster

World Fondo WT – Epic
Continuar Leyendo
2 Comentarios

2 Comments

  1. Gerard

    1 de diciembre, 2015 En 17:23

    Interesante relato sobre este ciclista -desconocido digamos-. El azar le llevó, junto con su tenacidad, a lucir el maillot amarillo al final de la ronda gala. Este episodio me recuerda aquel adagio algo versionado de que «la suerte acompaña a los tenaces».

Dejar Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ciclismo antiguo

Pra-Loup mató a Eddy Merckx

Publicado

en

DT – 2022 post

Cuando Thévénet vio a Merckx descolgarse de Gimondi supo que era su momento

Divaga Carlos Arribas, en su fenomenal “Ocaña”, como el protagonista conquense hablaba de “matar a Merckx.

La obsesión del recio y moreno ciclista de Priego por el mejor corredor de la historia le hacía hablar casi en clave penal.

Al menos así lo atestiguó Arribas.

Sin embargo,  aunque Ocaña hizo besar la lona al belga, lo cierto es que no fue hasta unos años después que un francés de segunda fila llamado Bernard Thévénet, uno de los rostros míticos habituales en la presente caravana del Tour, sí hirió de gravedad al caníbal y lo hizo en una cima que se ha distinguido por ser míticamente discreta.

Porque Pra-Loup es un enclave poquísimo frecuentado por el Tour de Francia.

Se sitúa en la zona meridional de los Alpes, en la Alta Provenza, quizá los menos frecuentados por la carrera y eso que ofrecen el puerto más alto jamás flanqueado, la Bonette Restefond, con sus más de 2800 metros, dejando atrás Iseran y Galibier en este ranking de las altitudes.

Cerca de Pra-Loup, un resort de esquí está Barcelonette, la localidad que marca el inicio de la subida a la mentada cima de Bonette.

Pra-Loup es un resort esquiable no muy alto sin excesiva dureza.

Desde Barcelonette parte una carretera medio llana que empieza a subir en el tercer kilómetro y rompen sus 1620 metros tras poco más de cinco kilómetros de ascensión en los que destaca el tercero, por encima del diez por ciento.

Hace poco menos de 50 años, el 13 de julio, el Tour tomaba la salida en un luminoso domingo hacia Pra-Loup.

La carrera afrontaba su última semana y lo hacía entrando por los Alpes.

Miles de personas aguardaban en las cunetas de Saint-Martin, Couillole, Champs y Allos antes de la cima final.

Millones de personas estaban pendientes de la carrera por la televisión.

Tras siete horas de carrera, Eddy Merckx manejaba el cotarro vestido de amarillo, una prenda que de conservar hasta el final le daría su sexto Tour, lo nunca visto ni entonces ni ahora, pues lo de Armstrong fue un espejismo.

Dos días antes, Merckx había sido agredido por un mal llamado aficionado. Le propinó un puñetazo en la boca del estómago como protesta ante su dominio, como si ganar fuera sencillo y fruto del capricho de un hombre.

En la ascensión final Merckx, a la estela de Felice Gimondi, caminaba destacado en tierra de nadie, la reacción por detrás la conducía Thévénet arrastrando los siempre “pestosillos” Van Impe y Zoetemelk.

El francés jadeaba, se movía graciosamente sobre la bicicleta.

Agarraba el manillar por la parte de abajo. Se refrescaba con una botella de una persona del público para acelerar sutilmente e irse solo.

De repente atisbó el horizonte y en si línea apareció el maillot amarillo.

Gimondi acababa de dejar a Merckx, Thévénet venía a cobrarse todas las facturas y todos y cada uno de los ataques que el belga había sembrado por el camino hasta el puerto final.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

El francés deja a Merckx y supera fácil a Gimondi.

En la cima gana la etapa y se pone a menos de un minuto del líder.

Lo más difícil estaba hecho. Thévénet, quien protagonizaría la primera gran confesión de dopaje de la historia, se viste de grande y el 14 de julio celebró a lo grande la fiesta nacional en el Izoard para jolgorio de Bobet.

Merckx había caído, su reinado tocó a su fin y Pra-Loup fue su tumba.

Imagen: Byenrique

World Fondo WT – Epic
Continuar Leyendo

Ciclismo antiguo

Roger Walkowiak, el campeón más triste de la historia

Publicado

en

DT – 2022 post

Vamos al Tour que ganó contra todo pronóstico el menospreciado Roger Walkowiak

Ganar a lo Walkowiak es algo que impuso en la historia el bueno de Roger.

En a historia hubo alguna victoria en el Tour que respondió a ese perfil, es decir, triunfar de forma sorpresiva y sin triunfo de etapa que adorne la general final.

Cuando Oscar Pereiro ganó la mejor carrera, muchos se acordaron de Roger y su triunfo «a la Walkowiak»

Pero no os engañéis, ganar el Tour implica muchas cosas, posiblemente años de salud, la alineación de los astros en forma de salud, suerte y rivales y en ocasiones el factor sorpresa.

Todos los grandes nombres tuvieron una primera vez, el destello que antecedió sus reinados, pero a veces esa chispa fue una gta en el desierto, una suerte de carambola que el tiempo demostró ser la excepción y no la norma.

El 28 de julio de 1956 el pelotón del Tour de Francia llegaba París con una mezcla de incredulidad entre los corredores, asistentes y los aficionados que se inclinan en las gradas del Parque de los Principes.

El portador del maillot amarillo era un ciclista del equipo regional Centre-Nord-Est llamado Roger Walkowiak, un corredor de perfil muy bajo, tanto que nadie en los pronósticos previos había puesto su nombre en papel alguno.

Marcel Bidot, ciclista en los años veinte y por aquellas fechas mánager del equipo francés, antes de dedicarse al bohemio negocio del vino, no podía creer que Walko ganara el Tour: “Es increíble como las circunstancias pueden beneficiar a un corredor con el que nadie contaba.

Si entre Luchon y Toulouse, Darrigade hubiera estado junto a Bauvin, hoy éste sería el ganador del Tour.

Pero Darrigade quiso buscar el triunfo de etapa”.

Bauvin sería segundo en París a poco más de un minuto del ganador.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

Y es que como dijimos todo se alineó para Walkowiak, que cogió la fuga buena y supo administrar la renta con penosa resistencia, aprovechando que Louison Bobet estaba recuperándose de una operación, Charly Gaul no volaba como en el Giro, Fede Bahamontes estaba inéditamente discreto y Stan Ockers se centró en la clasificación por equipos.

Ya entonces el ranking por escuadras era objeto de deseo.

En un país acostumbrado a la grandeza de Bobet e impaciente por la eclosión inmediata de Riviere y Anquetil, nunca se perdonó la forma de ganar de Walkowiak, quien fue diana de los comentarios más ácidos y descarnados que posiblemente nunca haya recibido un campeón.

Aislado del mundo, ya retirado del ciclismo, Walko, el sacrificado Roger, admitiría que ganar el Tour había resultado su peor condena.

Imagen tomada de Vimeo

World Fondo WT – Epic
Continuar Leyendo

Ciclismo antiguo

Un Mundial de ciclismo en la Italia de Mussolini

Publicado

en

DT – 2022 post

Así fue el Mundial de ciclismo de 1932 y la aventura de los españoles

Roma, 31 de agosto. Umbral del otoño. La ciudad eterna tomada por el fascismo. Italia, una potencia ya en esto de los mundiales, acogía por primera vez una edición de la prueba. Tres vueltas de 68,7 kilómetros por la Rocca di Papa, totalizando 206. Salieron 21 ciclistas, entre ellos una selección italiana que tenía en sus filas al campeón vigente, Learco Guerra, más a un doble campeón, Alfredo Binda, y al varesino Remi Bertoni. Artillería pesada para el mundial de ciclismo en casa.

Mussolini se presentó en persona para desearle suerte y éxito al vigente campeón, Learco Guerra, pues su sugerente apellido gustaba mucho. “Tutti per Guerra”, proclamaba el presidente de la Federación Italiana de Ciclismo, Garelli. Tiempos violentos aquellos. Pero el especialista en mundiales era Binda, que con su compañero lombardo, Bertoni, secó todos los ataques, entre ellos el de Montero, para irse juntos y hacer oro y plata con casi cinco minutos sobre Nicolas Frantz.

Dos acompañantes se sumaron a la delegación hispana: Juan Bautista Soler y Joaquim Rubio estuvieron allí, con los tres españoles. Ambos presenciaron la carrera en directo y pudieron incluso narrar la desventura de Mariano: “Estaba en el control de Frascati, situado a media cuesta. Montero y Cañardo pasaron con los primeros, formando un pelotón de ya siete hombres. Podemos confiar pues en que los dos llegarían a Roma en el grupo de cabeza, pero a Cañardo, al cual acababa de avituallar, le di un empujón para que reemprendiera la marcha, con tal mala fortuna que fue a chocar con Haemerlinck, cayendo. La caída no tuvo consecuencias, pero significó una estimable pérdida de tiempo en un momento en que se desencadenaba la batalla en plena cuesta arriba. A causa del empujón se le torció el manillar y se le descentró la rueda”. Pero Mariano se rehízo: “Con todo, Cañardo arrancó de nuevo y fue ganando posiciones, y cuando con Guerra marchaba a la caza de Frantz, no teniendo por delante más que a Binda, Bertoni y Montero, sufrió una avería, perdiendo todo lo ganado anteriormente”.

Roma, como Lisboa, la ciudad de las siete colinas, algunas de nombre mítico y legendario, había sido para Mariano una montaña rusa, un sube y baja emocional, en unos años en que lo complicado era mantenerse íntegro sin caídas ni lesiones.

Mariano estaba allí, llamando a la puerta, jugándose la suerte con ciclistas que crearon la palabra leyenda, pero le faltaba algo, la fortuna. Aquel día se clasificó duodécimo, pero había añadido una muesca a su palmarés en una carrera que se le daba bien.

Porque Mariano estaba entre los que inventaban el ciclismo en mayúsculas, el que germinó en aquella época, y lo hizo con compañeros de expedición de grandísimo bagaje.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

Juan Bautista Soler fue una de las grandes personalidades de los albores del ciclismo en España: árbitro en sus primeros días, fue presidente y máximo responsable de la Volta a Catalunya, siendo vicepresidente de la Unión Ciclista Internacional en los cincuenta, lo que le valió ser su presidente interino durante dos años por la muerte del entonces primer mandatario del ente, Achille Joinard.

Y luego estaba Rubio, Joaquim Rubio, una persona muy querida en el mundillo en aquellas décadas de aventuras increíbles. Primero ciclista y luego manager, fisioterapeuta, auxiliar y consejero espiritual de las vedettes, entre las que Mariano se contaba. Un empujón dado con todo el cariño y la pasión de Rubio le arruinó a Mariano aquella carrera romana.

Extracto de “El primer campeón”, próxima obra que Cultura Ciclista sacará en breve.

Imagen: Federazione Ciclistica Italiana

World Fondo WT – Epic
Continuar Leyendo

Ciclismo antiguo

El quinto fue el mejor de los 5 Tours de Indurain

Publicado

en

DT – 2022 post

No pudo haber mejor culminación a los 5 Tours de Indurain

En nuestro frecuente viaje al pasado que nos regaló Miguel Indurain con sus 5 Tours, queríamos acordarnos, ahora que ha transcurrido más de un cuarto de siglo, del que consideramos su mejor triunfo en Francia.

Y lo situamos en el último de la lista, el quinto, para nosotros sin lugar a dudas una obra de arte de abajo arriba.

Un  ejercicio de control y dominio, sublimado por quinta vez consecutiva, el más difícil todavía, pues no sólo seguía siendo mantenerse, también implicaba mejorar lo visto hasta entonces.

Ese año Miguel Indurain volvió al Tour con el dorsal uno, pero sin el Giro en las piernas, pero con la certeza de que entre Francia y el mundial en Colombia iba a estar el cogollo de la campaña.

Dicho y hecho.

Cualquier momento decisivo de ese Tour fue terreno abonado a Miguel

Si tenemos que ponernos pejigueros, posiblemente sólo falló una cosa a la que nos acostumbró, no hubo tarde de escabechina contra el reloj,  como sí que nos había ofrecido en Luxemburgo, Lac de Madine y Bergerac, la mejor de estas tres la dejamos a gusto del consumidor, para nosotros algo como lo de Luxemburgo fue único e irrepetible.

De hecho Indurain no ganó por aplastamiento la primera crono larga, en las Ardenas, nada menos que saliendo de Huy en un ejercicio que pareció de contención, pues mantuvo y mantuvo, en especial a Bjarne Riis, hasta ganarle por la mínima al final.

Pero era suficiente, más que suficiente.

Aquella crono formaba parte de un díptico belga, celebrado en fin de semana, que se había abierto un día antes, con la jornada de Lieja, aquella famosa que se escapó con Johan Bruyneel, donde emergieron dos cosas.

Por un lado el patriotismo sin fundamento de aquellos que pensaron que el belga debió dejar ganar a Indurain, pues éste hizo todo el gato y además se debía a un equipo español.

Por el otro la rivalidad con el equipo ONCE, un auténtico martillo sobre la resistencia de Indurain y su Banesto.

En La Plagne, primer día de Alpes, Alex Zulle lo puso todo al límite hasta desencadenar la reacción furibunda de Indurain en el que consideramos su mejor día sobre la bicicleta, aquella subida al coloso alpino.

Nunca he vuelto a ver algo como La Plagne.

Gran canaria 400×400
Endura 400×400
Cruz 400×400

Luego, unos días después en Mende, Jalabert, acompañado por Mauri y Stephens planteó órdago lejísimos de meta que puso al límite a Banesto.

Nunca, creo, nadie había puesto tal al borde del abismo al cinco veces ganador,  un día con el que  jamás hubiera querido  lidiar en el Tour, aunque visto ahora, añadió más brillo, si cabe, a su quinto triunfo en Francia.

El dominio y presencia de Indurain en el final de su serie de 5 Tours propiciaron que una carrera que era un avispero -allí convivían Jalabert, Pantani, Rominger, Riis y Zulle, entre otros- nunca pareciera fuera de control.

Y es que, más que nunca, pareció hacer fácil lo más difícil, encadenar Tours como quien aprendía a sumar.

Nadie podía imaginar que estábamos ante el epílogo de la mejor racha que hemos visto nunca y que creo nunca volveremos a ver.

Imagen: RTVE

World Fondo WT – Epic
Continuar Leyendo

Lo + leído

X